Reportajes y noticias de SEMlac

Del 24 al 30 de diciembre de 2007

 

 

Cuba: Diversidad sexual: abriendo paso a la comprensión

Raquel Sierra

 

La Habana, diciembre.- La sociedad cubana, tradicionalmente machista y homofóbica, comienza poco a poco a abrir los ojos a la diversidad sexual, un lado hacia el que, hasta hace no tanto, prefería no mirar. Incluso, se mueven algunos resortes para que su aceptación, aunque demore, llegue a lo legal.

 

La heterosexualidad, erigida durante siglos como norma “correcta” de conducta, ha cedido espacio a otras preferencias y comportamientos sexuales que la Cuba de inicios del tercer milenio no puede seguir desconociendo.

 

Homosexuales, bisexuales, transexuales o travestis constituyen un sector cada vez menos invisible y, si bien no existe una asimilación generalizada, es en parte aceptado o al menos tolerado en sectores académicos, universitarios, culturales y entre personas sensibilizadas con el tema.

 

Según la psicóloga Mayra Rodríguez, del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), aunque “todos estos comportamientos, identidades, orientaciones y expresiones sexuales diferentes a la heterosexual son rechazadas por la sociedad, en este momento hay una mayor aceptación”.

 

Rodríguez atribuye ese avance al trabajo del Cenesex, entidad gubernamental que trabaja el tema, lo promueve en otras instituciones y, desde su surgimiento como Grupo de Educación Sexual, en la década del setenta, comenzó a trabajar la temática con la formación de recursos humanos que hicieran comprender la diversidad sexual de una manera ética y humana.

 

“Nos dimos cuenta de que, paralelamente a eso, había que trabajar con la sensibilización de la población. Esto ha tenido un impacto social y ha repercutido en una mayor comprensión y aceptación”, explica.

 

“A veces me asombro cuando un hombre me da la mano para bajar de un ómnibus, nunca soñé que llegaría a eso. No sé si no se percatan o si me encuentran bonita, aunque no lo soy”, afirma un transexual de hombre a mujer.

 

“Me escondí durante mucho tiempo, pero en cuanto me dieron mi carné de identidad nuevo, donde se reconoce mi condición de mujer, más nunca me he puesto un pantalón, todo son sayas y vestidos”, dice. En la isla, a raíz del trabajo del Cenesex, un grupo de transexuales pudo realizar el cambio de identidad.

 

De acuerdo con Rubén de Armas, coordinador del proyecto de hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH) en La Habana, en la isla ha habido un poco de apertura para tratar el tema, pero persisten temores y tabúes.

 

“Encontramos personas de los medios que se sensibilizan con el tema y pretenden llevarlos a programas, pero luego chocan con incomprensiones que impiden una mayor información y promoción de esta temática”, agrega.

 

Diversidad

En Cuba, como sucede en otras naciones, la falta de debate público sobre el tema genera un desconocimiento generalizado, por lo que los estudiosos consideran pertinente profundizar en las explicaciones para una mayor comprensión.

 

Más que un concepto, la diversidad sexual es un principio de aceptar, respetar y vivir con la diferencia, señala la psicóloga Rodríguez.

 

Aunque es un concepto de la sociedad contemporánea, explica, desde hace muchos años diversos autores hablaron sobre el tema, entre ellos el padre del psicoanálisis, el austriaco Sigmund Freud, cuando se refería a la existencia de diferentes comportamientos sexuales.

 

Otros estudios que reconocían esa variedad y la lucha de los movimientos lésbicos y gay, influyeron en develar lo que se conoce hoy como diversidad sexual, señala la master en ciencias.

 

Para Mayra, quien estudia el tema desde hace 23 años, la novedad consiste en que antes se hacía referencia solamente a comportamientos sexuales diferentes al heterosexual. “Hoy la orientación heterosexual también forma parte de la diversidad sexual, porque igualmente son personas diversas, con diferentes comportamientos”.

 

Aunque enmarcar en grupo no es de su agrado, porque considera que todas las personas son seres humanos y separarlos en grupos forma parte de la discriminación y la estigmatización, Rodríguez emplea estos conceptos para una mayor comprensión de las diferencias.

 

“Hay diferentes orientaciones sexuales que tienen que ver con la preferencia sexual, con la dirección sexo erótica del deseo sexual: Son tres: la homosexual —personas que se sienten atraídas por otras de su mismo sexo—, la bisexual —su preferencia se orienta hacia uno u otro sexo—, y la heterosexual —preferencia sexual hacia personas de otro sexo—”, explica.

 

Según la psicóloga, la orientación sexual se construye como cualquier comportamiento dentro de la sexualidad, que es también una categoría construida. “Nacemos seres sexuados, pero construimos nuestra sexualidad a través de la vida, en función de la educación, la influencia, las vivencias”, agrega.

 

Por otra parte, están los trastornos de identidad de género, que en el caso de la transexualidad se refiere a aquellas personas que sienten una incongruencia entre el sexo asignado al nacer y el sexo psicológico.

 

“Un travesti con orientación homo se diferencia de un transexual de hombre a mujer en que el travesti hombre homosexual es una persona biológicamente varón, lo asignaron como varón al nacer, psicológicamente se siente varón, pero prefiere a las personas de su mismo sexo. Sin embargo, el transexual, asignado varón al nacer, biológicamente es varón, pero se siente mujer”, detalla.

 

Este sentimiento de pertenencia hace que la persona tenga que adecuar su cuerpo a su mente, por lo que, en la mayoría de los casos, solicita una cirugía de reasignación sexual, un cambio a nivel de genitales, porque el sexo sigue siendo biológicamente el mismo.

 

Algunos no quieren dar ese paso, lo que suele interpretarse erróneamente como que es un travesti. “Antiguamente se decía que eran verdaderamente transexuales quienes se querían reasignar. Hoy se sabe que no es así, pues sí hay transexuales que sienten esa discordancia pero que, por diversas causas —son ya mayores, tienen miedo o un determinado estatus social—, no se quieren operar”, explica.

 

Surgió entonces el término transgénero, para personas transexuales que no se querían operar. Ese concepto cambió y alude hoy a todo aquello que traspasa las normas sociales, y en él se incluye cualquier tipo de preferencia sexual, sea el travestismo o la transexualidad, indica la especialista.

 

Para saber certeramente si se trata de un transexual, la persona se mantiene en estudio por parte de la Comisión Nacional de Atención a Personas Transexuales, que radica en el Cenesex, bajo el requisito de ser mayor de 18 años de edad —antes no se puede diagnosticar— y mantenerse al menos dos años en tratamiento.

 

“La apariencia externa no da realmente cuál es la identidad ni la orientación sexual de las personas, porque va más allá de eso, hay que estudiar psicológica y biológicamente cada caso. El diagnóstico diferencial es muy complicado”, expresa.

 

En el artículo “Trastorno de identidad de género y personas transexuales. Experiencias de atención en Cuba”, aparecido este año en el número 13 de la revista Sexología y sociedad, Rodríguez y otras dos expertas indican que estas personas sufren conflictos de diversa índole.

 

Entre ellos enumeran la dificultad para la permanencia en una díada amorosa; presiones de la familia de origen y del medio social; largos períodos de soledad; restringidas interacciones sociales y renuncia a experiencias erótico-afectivas.

 

Hacia lo legal

Poner fin al vacío legal de estas personas es una de las líneas de trabajo del Cenesex.

 

En entrevista a SEMlac en 2005, Mariela Castro, directora de esa institución, consideró que “cuando la persona no aparece ni en la ley ni en la política, queda de alguna manera excluida y en cierta forma desprotegida”.

 

Por esa razón, el centro propone una estrategia “centrada en brindar una atención integral a todas las personas que lo soliciten y contempla no sólo los aspectos inherentes a la salud pública, sino también la responsabilidad que tiene toda la sociedad de facilitar la integración y el respeto a la dignidad de las personas”.

 

Entre los aspectos de esta estrategia estaría la sensibilización en diferentes sectores de la sociedad cubana, proyectos para coadyuvar a la comprensión y el respeto social, así como facilitar el empleo de estas personas, respetando el aspecto físico que se corresponda con su identidad de género, aun cuando no se hayan realizado los cambios correspondientes en su documento de identidad.

 

Paralela a la estrategia, presentada al Parlamento en 2006, existen una propuesta de reforma al Código de Familia, entregada al Partido Comunista en junio pasado, y una resolución del Ministerio de Salud Pública.

 

De aprobarse, el nuevo código reconocería los mismos derechos para las uniones entre parejas heterosexuales y homosexuales, incluidos los personales, patrimoniales, hereditarios y los inherentes a la vivienda, y flexibilizaría las regulaciones vigentes sobre la adopción, para favorecer el acceso a esa alternativa tanto a parejas heterosexuales como de homosexuales.

 

Según la directora del Cenesex, la idea que ha encontrado mayor resistencia en todas las instancias consultadas es el derecho de las parejas homosexuales a la adopción, por razones vinculadas al desconocimiento y los prejuicios.

 

En el caso de la Resolución de Salud Pública, implementa todo el proceso de atención integral de salud a personas transexuales de manera especializada, incluida la creación de una unidad asistencial para su atención.

 

 

Cuba: Amor en campo minado

Por Sara Más

 

La Habana, diciembre.- No sabe definir en qué momento su relación pasó del amor a la amargura, pero Magdalena Benítez asegura que los últimos cinco años de su matrimonio “fueron un verdadero infierno”.

 

Benítez, habanera, profesional y madre de dos hijos, reconoce que le fue muy difícil decidir el divorcio, asumir la soltería e iniciar una nueva vida: “A todo te acostumbras poco a poco, y un buen día te das cuenta de que, por ese camino, te da lo mismo que te griten o que te ignoren”.

 

La suya es una historia común y cotidiana, aparentemente normal y repetida: se enamoró apasionadamente a los 25 años, se casó a los 28 y parió el primer hijo al siguiente año. El segundo llegó justo antes de ella cumplir los 31.

 

“Primero pensé que mi suegra era la fuente de todos mis conflictos, porque siempre quería opinar y decidir sobre nuestras vidas. Pero luego nos fuimos a vivir solos, mi marido, mis hijos y yo, y todo en vez de mejorar, empeoraba”, relata a SEMlac.

 

Benítez hacía su jornada diaria como empleada en la red de comercio, pero igual seguía trabajando cuando llegaba a la casa: se encargaba del baño y las tareas escolares de los niños, de preparar la comida, las meriendas y los uniformes para el día siguiente; de recoger, limpiar y fregar antes de irse a la cama.

 

“Mi esposo siempre se complicaba en el trabajo y llegaba más tarde. Se fue desentendiendo de todo, creo que hasta de mí. Un buen día reparé en que casi ni nos hablábamos, yo casi era invisible para él, o sino, así me sentía”, confiesa.

 

“Jamás me pegó ni me gritó, pero no hacía falta. A veces el desdén, el silencio y la ignorancia calan más hondo y hacen mucho daño. Dejamos de hablar el mismo idioma”, dice ahora, cuando repasa mentalmente su pasado.

 

La violencia menos visible había hecho su entrada en la vida de Benítez y su esposo, como sucede a otras parejas, sin apenas darse cuenta. “Es el silencio tan profundo y soez que se puede cortar con un cuchillo”, según la define a SEMlac la periodista Aloyma Ravelo.

 

Especializada en temas de género y sexualidad, Ravelo agrega que la violencia invisible es también aquella que “queda cimbrando en el cuarto matrimonial, cuando un hombre obliga a la mujer a tener un sexo que ella no desea. Es una violencia no contabilizada de la que ella misma, muchas veces, no es consciente, pero de la que habla en susurro con la almohada”, señala.

 

“Se efectúa entre silencios hirientes, que insultan, aplastan la autoestima y te hacen sentir como un insecto”.

 

En su opinión, entre los conflictos más frecuentes en las parejas cubanas están “los de comunicación, que empeoran por día”.

 

Con varios años de experiencia e intercambio con lectores —mujeres y hombres—, Ravelo atiende una sección fija de la revista Mujeres, donde intercambia criterios y sirve de puente, muchas veces, entre público y especialistas.

 

Sin subestimar el peso de las penurias y dificultades diarias, la periodista apunta directamente a los motivos que se mueven detrás de los conflictos de pareja, a juzgar por las cartas que recibe.

 

“Si bien las carencias, las difíciles condiciones del vivir cotidiano en Cuba no generan violencia por sí mismas, crean un ambiente tenso, particularmente en las parejas disfuncionales, donde el modelo de comunicación es cruzada: ella habla de aguacates y él de limones. No se ponen en sintonía ni resuelven sus problemas porque no saben hacerlo, nadie los enseña, y se tratan a gritos, a ofensas, de manera habitual”.

 

En un ambiente tenso, disfuncional, “es sólo cuestión de acercar el fuego a la leña seca. Empieza el hombre golpeando, ella se defiende y araña y muerde. La mujer cubana no se deja atacar pasivamente, pero la fuerza masculina se impone y ella termina lesionada, callando su pena, sin denunciarlo porque se siente ante todo desconfiada de la ayuda que puede recibir, y muchas veces ni siquiera sabe a dónde acudir”.

 

De acuerdo con las misivas que recibe, es muy común el maltrato verbal. “Cuentan cartas de mujeres casi una idéntica situación: malestares contenidos por días, semanas, de los que no se habla hasta que, un día, salen en cascada, arrollando con toda delicadeza en el trato, la palabra.

 

“No hay entonces concilio, sino todo lo contrario: ofensas, insultos, cuestionamientos, agravios, que se clavan en el alma, en el recuerdo y que pesan como fardos al otro día de ser dichas”.

 

Otra forma de violencia que, en su opinión, va mostrando sus fauces de manera ascendente en la pareja, es la económica. “Quizá en este tipo de maltrato se aprecie mejor el silencio femenino, la docilidad, la humillación que profiere quien demuestra que, el que tiene la plata, manda”.

 

Lo cierto es que, este asunto se sigue viendo, socialmente, como un problema privado, “entre marido y mujer”, donde “nadie se debe meter”, al decir del refrán popular.

 

“La mayoría de las violaciones de género ocurren en la familia, la pareja o en el ejercicio de la sexualidad, lo que coloca a las mujeres en franca desventaja con los hombres, ya que lo que ocurre en este ámbito sigue considerándose social y jurídicamente, como asuntos privados”, asegura la psicóloga Lourdes Fernández.

 

Bajo el título “La violencia invisible”, la también profesora universitaria ofreció una disertación hace unos días, en la Universidad de La Habana.

 

“Las relaciones de pareja reproducen —en el ámbito privado— a la sociedad patriarcal, toda vez que los amantes se implican en la convivencia cotidiana a partir de desigualdades y de relaciones asimétricas, de dependencia y dominación”, señaló la psicóloga.

 

En ese espacio, “cualquier trasgresión origina fuertes conflictos que provocan vínculos negativos caracterizados por el odio, la envidia, la competencia, la agresión y el enfrentamiento”, agregó.

 

Sumidas en esa dinámica, muchas parejas pierden el rumbo o toman un camino sin retorno que, en el peor de los casos, desemboca en agresiones físicas y de palabras.

 

Como explica Ravelo, los centros asistenciales, como las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia, de la Federación de Mujeres Cubanas, y las fiscalías dedican sus esfuerzos a aconsejar y resolver de alguna manera el problema, pero estos sitios aún no son del total conocimiento público.

 

“Mientras las grandes verdades sobre qué cosa es la violencia contra las mujeres, la enorme injusticia que significa y todo lo demás que sabemos quienes trabajamos estos temas no se abran paso entre la gente común, no haya una verdadera cultura de la no agresión, se seguirá considerando incluso un ‘simple y trivial’ asunto doméstico o de pareja”, asegura a SEMlac.

 

 

Perú: La población no confía en la administración de justicia

Por Zoraida Portillo

 

Lima, diciembre.- La corrupción del poder judicial y la falta de honradez de los magistrados siguen siendo los principales problemas de la administración de justicia en el Perú. Esta situación es percibida en porcentajes más altos por las mujeres y por los estratos socioeconómicos medios, reveló una encuesta del Instituto de Opinión Pública de la Universidad Católica.

 

En ese sondeo, realizado en noviembre entre más de 500 personas de Lima, los abogados tampoco salen muy bien parados, ya que la población los considera, más o menos, “un mal necesario”, a los que se debe acudir aún cuando no se les tenga confianza.

 

Ese recelo se traduce en el alto porcentaje de personas que declaró preferir arreglar sus problemas “por las buenas”, sin la intervención de las autoridades o, a lo sumo, con participación policíaca.

 

Para el abogado Marcial Rubio, vicerrector Académico de la Universidad Católica, “arreglar por las buenas” significa “mantener al Estado lo más alejado posible de la pacificación de la vida cotidiana”.

 

“Son cifras que demuestran que el Estado peruano no da seguridad a las personas en la vida diaria (más de la mitad no quiere verlo interviniendo) y, asentado eso, se nota también que la Policía Nacional tiene mucha más relevancia a ojos de la población para la solución de los conflictos que todo el aparato judicial”, comentó.

 

Según el destacado jurista, la encuesta demuestra que el aparato judicial del Estado necesita una reforma sustantiva, tanto en su organización como en sus procedimientos.

 

En efecto, los resultados de la pesquisa son alarmantes: más del 60 por ciento cree que los jueces no son independientes del poder político ni del económico, el 92 considera que los jueces “no miden con la misma vara” y administran justicia dependiendo de quién se trate, mientras que el 94 siente que la justicia no es igual para todos los sectores sociales y un 38 dice que para ganar el juicio hace falta pagar a jueces y secretarios más allá de tener o no la razón.

 

Una de las mayores críticas que se le hace al poder judicial peruano, además de la poca confiabilidad de los jueces, es al tiempo que demoran los procesos judiciales. Por ejemplo, un juicio de alimentos puede tardar hasta cinco años y, cuando finalmente se emite la sentencia, ya no hay forma de hacerla cumplir porque el sentenciado, varón en casi el 95 por ciento de los casos, ha desaparecido.

 

Ese malestar también se refleja en la encuesta, en la que más del 53 por ciento declaró sentirse insatisfecho con el proceso (no necesariamente con la sentencia). Resulta significativo que el mayor porcentaje de insatisfacción (56 por ciento) se dé entre las mujeres y en los sectores socioeconómicos más pobres (58 por ciento).

 

Pero quizá lo más significativo de este sondeo sean las pobres expectativas de la población respecto a una mejora de la administración de justicia: a la pregunta ¿cómo estará el poder judicial dentro de cinco años?, un 44 por ciento opinó que o permanecerá igual (34 por ciento) o empeorará mucho (10 por ciento).

 

 

Uruguay: Restaurante regional liderado por una mujer gana premio

Por Cristina Canoura

 

Montevideo, noviembre.- "El Camarón Alegre" es el nombre de un restaurante de comida regional comandado por una mujer, Elizabeth Rodríguez. Está instalado en Punta del Diablo, un pueblo de pescadores a 300 kilómetros de Montevideo, sobre la costa del Océano Atlántico.

 

Su dueña mereció el Primer Premio en el VI Concurso Latinoamericano de Emprendimientos Económicos Exitosos Liderados por Mujeres de Sectores Populares, organizado por la Red de Educación Popular entre Mujeres de América Latina y el Caribe (REPEM).

 

A la vez que centro de elaboración y servicio gastronómico, "El Camarón Alegre" es una escuela de cocina que, este año, tuvo la osadía de abrir un curso "online" para interesados en aprender la culinaria de esa región geográfica, dentro y fuera de Uruguay.

 

En su menú, figuran platos exóticos como tarta de sirí (cangrejo de la zona), centolla a la húngara, canelones de algas con salsa de mariscos, ravioles de algas con salsa salmón, jabalí con salsa "Elbio", agnolotis de Sirí con salsa verde o "Que Elizabeth mande..."un plato que concentra un muestrario de las diferentes especialidades de la casa para que el comensal se anime a pedir su preferida en una segunda oportunidad.

 

En una entrevista en el programa radial "Producción Nacional", de la emisora capitalina "AM Libre", Elizabeth contó que la crisis económica de 2002 le llevó todo. Ese año, además, murió su esposo pero, lejos de amedrentarse, ella se convenció a sí misma: "La cabeza y mis manos no me las puede embargar nadie".

 

Punta del Diablo forma parte de la orla costera del departamento de Rocha, uno de los 19 en que está dividido Uruguay. Radicada allí desde la década del noventa, esta emprendedora mujer instaló la primera escuela de cocina cuando no existía ninguna de ese tipo y poco después decidió mudarse al pueblo de pescadores. Ahí comenzó la historia de "El Camarón Alegre".

 

El nombre está unido a una jocosa anécdota familiar: la familia de Elizabeth acababa de instalarse en el rancho donde hoy funciona el restaurante. Estaba en el medio del campo, al borde de una ruta nacional, en un terreno tapado de malezas.

 

La mujer, con ilusión, le dijo al marido: "Vamos a vender pan casero y empanadas", pero el hombre, un poco deprimido, le contestó: "Acá lo único que te funcionará es que pongas un cartel con una luz roja (que en la mayoría de los países suele anunciar los burdeles), que diga El Camarón Alegre".

 

"Yo te acepto la idea del cartel, pero no la de la luz roja. Lo mío es la cocina y me jugué a la gastronomía", contó Elizabeth a "AM Libre".

 

Elizabeth Rodríguez, de 54 años, se casó a los 35 y tiene dos hijos, Raísa, de 17, y Leandro, de 11. "Todo un desafío; Leandro nació teniendo yo 42 años, con mi marido ya muy enfermo”.

 

En conversación con SEMlac, recuerda que debió tomar el timón de la propuesta de vida que se había trazado. “En mi casa, restaurante, escuela de gastronomía, llegué a tener en tiempo de temporada alta hasta de seis a ocho personas trabajando, de las cuales, como mucho, sólo una era hombre”, rememora.

 

En la actualidad, tras sortear todo tipo de dificultades, el restaurante forma parte de la asociación internacional ecogastronómica sin fines de lucro "Slow Food" (comida lenta), fundada en 1989 como una forma de contrarrestar la "fast food" y la "fast life" (comida rápida y vida rápida).

 

El objetivo prioritario de esta organización "es impedir la desaparición de las tradiciones gastronómicas locales, combatir la falta de interés general por la nutrición, por los orígenes, los sabores y las consecuencias de nuestras opciones alimentarias", según lo divulgado por REPEM.

 

La gastronomía impulsada por Elizabeth Rodríguez parte de la base de que la culinaria autóctona no se restringe solamente a la carne asada a la parrilla, sino que está integrada por una rica variedad de productos y recetas que es preciso divulgar.

 

Así, la carta de "El Camarón Alegre", integrada por 50 variedades de platos, incluye tiburón con salsa de mariscos, carne de jabalí, de ciervo y de ñandú (tipo de ave) con diferentes aderezos.

 

La ganadora del VI Concurso convocado por REPEM participará en el Encuentro Latinoamericano de Premiadas (ganadoras de los otros países en donde se realiza el Concurso). Su experiencia será publicada y difundida a través de un libro editado por el Instituto Nacional de las Mujeres, del Ministerio de Desarrollo Social.

 

 

Cuba: Infantes danzarán con proyecto de la UNESCO

Por Dixie Edith

 

La Habana, diciembre.- Un ambicioso proyecto de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la francesa Fundación Repetto alcanzará a escuelas de baile de Cuba, Brasil y Sudáfrica.

 

Francoise Pinzón-Gil, coordinadora del Programa para la Educación de Niños con Necesidades, de la UNESCO, explicó a la prensa local que inicialmente tres escuelas de esas regiones se beneficiarán con subvención de material y apoyo financiero.

 

En el caso de Cuba, serán los Talleres de Orientación Vocacional hacia las Artes; en Brasil, la Academia de danza e integración social (Edisca); y Dance for all (Baile para todos), en Sudáfrica.

 

Danza por la vida, nombre de la iniciativa, fue presentada esta semana en La Habana y estará apadrinada por la primerísimo bailarina absoluta Alicia Alonso, directora del Ballet Nacional de Cuba y Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO.

 

Conocida internacionalmente por su interpretación del ballet Giselle y su labor como fundadora de la llamada escuela cubana de ballet, surgida en la década del cincuenta del siglo pasado, Alonso expresó, mediante un mensaje, la satisfacción por asumir esta labor, dirigida a la lucha contra la injusticia y la exclusión.

 

Según la directora del ballet cubano, el proyecto “refleja la importancia crucial del arte y la belleza en la vida a veces difícil de miles de niños y adolescentes, para quienes el baile sigue siendo un sueño inaccesible.”

 

Danza por la vida nació como una idea de la Fundación Repetto, creada en el sesenta aniversario de la marca del mismo nombre, productora de calzado y vestuario para ballet, con el fin de promover proyectos de desarrollo de la danza.

 

Con el apoyo de la UNESCO, la idea se hizo realidad en función de brindar apoyo material a diferentes escuelas de danza en diversos lugares del planeta.

 

Aunque, por ahora, sólo fueron escogidos tres países, el proyecto debe extenderse a otras regiones e implica, además, la colaboración de músicos, plásticos, diseñadores y artistas en cada país.

 

El subdirector general de la UNESCO para las Ciencias Sociales y Humanas, Pierre Sané, dijo que esta es una oportunidad de trabajar por el bienestar de niñas y niños, a quines les abre nuevas puertas ante la vida.

 

Al final del primer año de trabajo, en octubre de 2008, se estrenará en París, la capital francesa, un espectáculo realizado de conjunto entre las escuelas seleccionadas para inaugurar el proyecto.

 

Pinzón-Gil subrayó que niños y niñas víctimas de la guerra y de males como el VIH/sida sentirán el estímulo de la danza para enfrentar las adversidades de la vida.

 

 

Cuba: Ocho mujeres en primera persona

Por Sara Más

 

La Habana, diciembre.- Grabadora y bolígrafo en mano, unos deseos enormes por conocer más de Cuba y la idea fija de hablar con sus mujeres le bastaron a la mexicana Eugenia Meyer para escuchar y grabar interminables horas de relatos a ocho cubanas, en la década del setenta.

 

Ese fue el origen, quizás sin ella saberlo aún, de El futuro era nuestro, un voluminoso libro de testimonios que por estos días acaba de presentarse en La Habana, con la presencia de su autora.

 

Tal como se anuncia en la contraportada, se trata de una obra que recupera las narrativas de vida de ocho cubanas “cuyos relatos oscilan entre la cotidianeidad y su participación en el proceso revolucionario, en un ejercicio de memoria colectiva que, sin proponérselo, abarca casi todo el siglo XX y finaliza en la actualidad”.

 

“¿Por qué ocho mujeres? Simplemente porque con el correr de los días y las horas ellas fueron las que el destino puso en el camino, a las cuales aprendí a conocer, entender, admirar y respetar”, comenta Meyer en la introducción.

 

Sin preguntas ni introducciones, cada capítulo abre paso a una voz diferente: la de la profesora Esterlina Milanés Dantín, con más de 70 años; la de la negra Norberto Rivas Ibáñez, una empleada doméstica devenida agricultora, maestra y líder comunitaria y la de “La guajira” Gladis Naimó Brito, trabajadora comunal.

 

Les siguen la historiadora Sonnia Moro Parrao; la más joven de las entrevistadas, Mireya Herrera Martínez, técnica y empleada estatal; Migdalia González Cruz, trabajadora de Comercio; Consuelo Rolo Hernández, obrera primero y costurera después; y finalmente cierra el libro la artista Antonia Eiriz Vázquez, bautizada como “la pintora de lo trágico” y no suficientemente reconocida en su momento.

 

De diverso origen social, racial y generacional, las ocho protagonistas nacieron durante la primera mitad del siglo XX, pero cada una desanda sobre sus pasos, trayectorias y vivencias muy diferentes entre sí. Tienen en común, sin embargo, que sus relatos permiten reconstruir una valiosa parte de la memoria social y cultural de la isla caribeña, que es parte también de latinoamericana y caribeña.

 

De acuerdo con Meyer, su propósito fue rescatar esas historias de vida y adentrase así en la forma en que cada una de esas cubanas, desde sus propias perspectivas, experimentaba las “transformaciones con y por la revolución”.

 

Esta profusa recopilación reúne, entonces, las voces diversas que se expresan, tal y como lo contaron, con amplia comunión de imágenes, sentimientos, ideas, contradicciones y vivencias humanas. “Cada historia de vida me significó un esfuerzo singular por comprender a la mujer que frente a mí ha desenredando la compleja madeja de su memoria”, ha descrito la autora, al reconstruir las entrevistas que, por mucho tiempo, fue realizando en Cuba.

 

Además de los testimonios, el contexto, la historia, lo avatares, enseñanzas, vivencias y antecedentes que por ellos se deslizan, El futuro era nuestro se inscribe en la tradición oral como válido método investigativo.

 

“Cada historia de vida me significó un esfuerzo singular por comprender a la mujer que frente a mí iba desenredando la compleja madeja de su memoria, en ocasiones con color y otras con alegría era capaz de hurgar en el pasado, recuperar del olvido situaciones supuestamente perdidas, a fin de que yo pudiera ordenar sus relatos y darles coherencia y ritmo, comenta Meyer.