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Arte / Cultura (135)

Por Lirians Gordillo Piña
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La Habana, abril (SEMlac).- El proyecto sociocultural sin fines de lucro Irreverencia Producciones apuesta en la capital cubana por el arte y la cultura como espacio educativo y de transformación comunitaria.
De manera autogestionada y a partir de apoyos puntuales, Irreverencia Producciones ha desarrollado talleres para infantes y público adulto, exposiciones de artes visuales, conciertos, cursos de yoga, lecturas dramáticas y estrenos teatrales.
"Financiamos las acciones a través de aportes voluntarios de los integrantes, tanto materiales, de equipamiento, uso de infraestructuras y labor ad honorem, así como colaboraciones generales y por proyectos específicos, auspicios de instituciones y organizaciones internacionales", dijo a SEMlac Eva González Guerrero, creadora principal de esta iniciativa.
Este proyecto nació en 2010, fruto de la persistencia y voluntad de la actriz, bailarina y dramaturga española que reside en la isla desde la pasada década del noventa.
"Hubo un momento en el que sentí la necesidad de contar con un espacio propio porque, lamentablemente, en muchos lugares existe la supremacía del No. Aquí, aunque no es el espacio ideal, se encuentra un Sí y luego el vamos a ver y negociamos", explica González Guerrero.
En la búsqueda de un espacio propio, la actriz y madre soltera de dos hijos vendió su casa y buscó un apartamento en la barriada habanera del Vedado que permitiera crear Espacio Irreverente, inaugurado en diciembre de 2015.
"Aquí relanzamos nuestro Café Teatro Irreverente, impulsamos encuentros nacionales e internacionales, talleres diversos con profesores cubanos y extranjeros, exposiciones plásticas, promoción de comunidades artísticas, proyecciones y debates, conciertos (usando ocasionalmente la azotea vecinal que está a nuestro cuidado). Intentamos enriquecer el entorno vecinal y comunitario, colaborar con su mejora y, en lo posible, integrarlo, si bien eso es tarea lenta", comenta.
Su trayectoria militante de feminista y educadora popular imprime al colectivo creativo el compromiso ético con el arte y con la transformación social frente al machismo criollo.
Por estos días, la puesta teatral que les mantiene activos es El Diccionario, de Manuel Calzada (Premio Nacional de Dramaturgia española 2014) y con dirección de la propia González Guerrero.
La obra rinde homenaje a María Moliner Ruiz, la autora del Diccionario de Uso del Español, quien dedicó 15 años a la redacción de esta obra monumental.
"Planifiqué la puesta en escena de manera íntima y comprometida, que creara, en lealtad a la labor de María Moliner, una comunicación testimonial del hecho teatral cercana al fenómeno reality show/voyeur, donde la CASA es el lugar valioso e imprescindible en que, históricamente, las mujeres han desarrollado sus aportaciones creativas y sociales, de forma ninguneada o evidente, conjugando espacio íntimo, social, creativo, familiar, laboral y público", detalla la dramaturga.
En la pieza intervienen dos personajes masculinos: el esposo de María Moliner y el médico que diagnostica la arterioesclerosis que padece la destacada intelectual.
Además del declarado homenaje al "valioso legado de amor a las palabras" y "ejemplo indispensable" de la Moliner, El Diccionario ofrece reflexiones sobre la vejez, la libertad interior conquistada por las mujeres y los conflictos que les genera la conciliación entre la realización profesional y familiar.
"El reto es mantener el apoyo y la compañía. Ahora cuento con un equipo comprometido, pero es difícil. Es complejo buscar fórmulas para mantenerlos y creo muy necesario construir y promover redes de apoyo entre iniciativas afines", reflexiona Eva.

Por Alba Trejo
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Guatemala, julio (Especial de SEMlac).- A las mujeres mayas de Guatemala les incomoda que su indumentaria sagrada y espiritual sea cosificada. Que las formas bordadas con sincretismo sean utilizadas en zapatos, bolsas, manteles, pantalones y camisas.
Les molesta cuando ven a modelos occidentales que visten los trajes ceremoniales de sus sacerdotes mayas posando en una revista, o que en un concurso de belleza sus huipiles se luzcan en cuerpos de personas occidentales.
Las carteras y los zapatos también son accesorios con cuadros de tela de huipiles bordados con aves, flores, lunas y otras figuras más que, en la cosmovisión maya, representan la historia de sus vidas narrada en la tela.
Por ello, mujeres mayas que forman parte de las 23 etnias existentes en el país llegaron hasta la Corte de Constitucionalidad a plantear un Recurso de Amparo que proteja la propiedad intelectual colectiva ancestral de su indumentaria. 
Y buscan que sean las propias comunidades las que decidan sobre cada una de las prendas tejidas por las manos de las mujeres, si estas pueden o no ser comercializadas por sus habitantes.
Sandra Xinico, activista maya, dijo a SEMlac que tratan de no se cosifique la cosmovisión indígena plasmada en cada uno de los huipiles, porque en ellos cada símbolo lleva implícitas la vida, la naturaleza, la alegría, la fertilidad y la tristeza por la que atravesaron y atraviesan los pueblos indígenas.
"Pero para los occidentales eso no es importante, porque ellos no ven más allá de los colores y el juego de figuras, lo que ven es una moda que exhiben en pasarelas sus modelos occidentales para ganar dinero. 
"La expresión concreta de nuestra espiritualidad y cultura, un idioma, una lengua que expresa humanidad, sabiduría y está llena de muchos secretos y significados; eso es nuestra vestimenta" destacó.
Sandra indicó a SEMlac que lo peor es que se obvia a quien elabora esas prendas, en este caso las mujeres, "porque somos nosotras quienes hemos mantenido la indumentaria maya a través de nuestros ancestros". 
La población maya conforma 5,8 millones de la población de 14 millones de habitantes en este país, según el Instituto Nacional de Estadística y la gran mayoría viste el traje que la identifica en su comunidad.
Pero es el huipil su vestimenta tradicional, el tapado que las mujeres mayas han conservado y con el cual se han cubierto el torso desde la era prehispánica.
En el Museo del traje indígena Ixel, se detalla que existen al menos 117 distintivos de igual número de municipios pertenecientes a 17 de los 22 departamentos de Guatemala.
Hay trajes de diario y trajes ceremoniales para hombres y mujeres. 
Para Angelina Aspuac, quien es una de las mujeres mayas que encabeza el movimiento para la protección de la vestimenta, el traje indígena da valor a la vida en la casa, a la convivencia familiar. "Porque las mujeres, cuando tejen, lo hacen juntas y se cuentan sus problemas o alegrías, ese es el gran valor tejer lo que sienten", señaló a SEMlac.
Hay muchos significados en los huipiles; por ejemplo, la figura de cuatro esquinas simboliza la faz de la tierra, en la tradición Maya, la tierra tiene cuatro esquinas y cuatro sostenes. 
Los puntos del centro de un huipil alrededor de la abertura para el cuello son elementos del espacio y, en algunas ocasiones, se identifican con una estrella.
Otro ejemplo es el pájaro viajero, que simboliza a la gente que emigra a otros pueblos o a otros países. Este pájaro es el náhuatl del ser humano. 
"Las mujeres hemos sido las guardianas de este elemento, las que nos hemos preocupado más por crearlos", agregó a SEMlac Xinico
De ahí la petición de la Asociación Femenina para el Desarrollo de Sacatepéquez (AFEDES) a la Corte de Constitucionalidad para que las comunidades decidan los tejidos que podrán ser comercializados para usase en accesorios y ropas.
Y que existan sanciones para quienes falsifican los tejidos y trajes, porque eso propicia que no se pague un precio justo en el mercado por lo que producen, indicaron en una de las audiencias celebradas la semana pasada.
Al decir de Hilda Morales, Procuradora de los Derechos Humanos de la Mujer, cada traje le pertenece a esa comunidad que representa. Y destaca que el huipil es la historia de un pueblo y las mujeres lo conservan y lo pasan de generación en generación; por tanto, tienen derecho a pedir que se proteja.
Aspuac indica a SEMlac que un solo huipil se logra terminar en dos a tres meses. Xinico agrega que ahora se abre un debate alrededor de la comercialización para colocarle a bolsas, zapatos y ropa.
Actualmente, la ley contempla la propiedad individual, pero en este caso se pide que se tome en cuenta una propiedad colectiva, porque la vestimenta maya no le pertenece a una persona individual ni puede registrarse a nombre de una persona como tal.
Actualmente, los comerciantes compran a las mujeres mayas sus huipiles usados a un costo de 20 dólares, después pasa por varios intermediarios y la prenda llega a tener un valor muchas veces de 150 euros.
Ellas se ven en la necesidad de vender, señala Morales, porque una familia maya intenta vivir en este país con dos dólares al día para alimentarse con frijol, tortilla y chile, comprar medicina y cosechar sus cultivos. 
Según el informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentado en Panamá, en Guatemala 51 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza y pobreza extrema.
"Al final, socialmente buscamos también que haya una justa compra de los tejidos y que las mujeres sean quienes se favorezcan, porque solo ellas saben hacer y contar sus historias en los telares", agregó Aspuac.

Por Dixie Edith
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La Habana, junio (Especial de SEMlac).- ¿Debe la producción audiovisual o documental renunciar a principios estéticos o artísticos a la hora de sumarse al activismo social o por la igualdad de género? ¿Basta con ser mujer para que una creadora consiga una mirada de género en sus propuestas audiovisuales?
Interrogantes como esas volvieron este junio al centro de un debate, esta vez académico, con la discusión de una de las tesis de grado de la carrera de Periodismo, de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.
El estudio "La perspectiva de género en la mirada de documentalistas cubanas", de la ya periodista Claudia Martínez Camarero, sistematizó la producción documental realizada por cubanas, desde la década de los 70 hasta la actualidad, y puso la lupa en 10 propuestas específicas identificadas a partir de una encuesta entre expertos en la materia.
Así, la diplomante analizó los documentales Mi aporte (Sara Gómez, 1972), Mujer ante el espejo(Marisol Trujillo, 1983), Y hembra es el alma mía (Lizette Vila, 1992), Mírame mi amor (Marilyn Solaya, 2002), La deseada justicia (Lizette Vila, 2006), En el cuerpo equivocado (Marilyn Solaya, 2010), Guárdame el tiempo (Ariagna Fajardo, 2013), Abecé (Diana Montero, 2014), Mujeres… La hora dorada (2014) y Mujeres… El alma profunda (2015) de Ingrid León.
Según la investigación, entre las temáticas más abordadas en las obras estudiadas se cuentan "la inserción de la mujer a la sociedad cubana en los primeros años de la Revolución; la disyuntiva entre ser madre, esposa, encargada del hogar y una profesional destacada; los conflictos entre el sexo y el género de las personas transexuales y travestis, o la denuncia de la violencia de género en sus más disímiles manifestaciones".
Pero también, la crítica al desentendimiento y la falta de información con fenómenos tan cotidianos como el exhibicionismo; la exhortación al respeto y el amparo de las personas de la tercera edad y la alerta sobre el embarazo adolescente, un problema en crecimiento en Cuba hoy.
Según el tribunal de tesis, uno de los aciertos del estudio es superar la concepción de que la perspectiva de género se reduce a abordar temas "de mujeres" o de que sea una mujer la protagonista principal del conflicto que se muestra en cámara.
A juicio de Martínez Camarero, por obra y gracia de los muchos escollos enfrentados por las mujeres para acceder a espacios de producción y dirección en el cine, el documental se convirtió "en el vehículo de expresión privilegiado por las mujeres realizadoras por su práctica más accesible y cargada de conciencia crítica", explicó a SEMlac.
Sin embargo, "eso no quiere decir que el hecho de estar dirigidos por mujeres garantice una perspectiva de género consciente en todas las obras estudiadas", explicó la diplomante, ante una pregunta de la profesora y realizadora audiovisual Magda González Grau, su oponente en el acto de defensa de la tesis.
Según la investigación de Martínez Camarero, solo Lizette Vila, Marilyn Solaya e Ingrid León, realizadoras de algunas de esas obras y entrevistadas para el estudio, afirmaron realizarlas desde este enfoque.
En el caso de realizadoras como Sara Gómez y Marisol Trujillo, que hicieron sus documentales en las décadas de los setenta y ochenta del pasado siglo; es imposible hablar de una perspectiva de género consciente, pues en Cuba, en aquellos momentos, aún no se hablaba de estudios y teorías de género.
"En un inicio, las realizadoras describían a través de sus cámaras las desigualdades, discriminaciones y subordinaciones por motivos de género; sin embargo, no lo hacían desde conocimientos teóricos, sino que reflejaban una realidad que existía y era necesario denunciar", precisa el estudio.
Ariagna Fajardo, en tanto, confiesa que se considera una mujer feminista e interesada en mostrar los conflictos, preocupaciones e intereses de las mujeres, pero que no ha recibido en su formación académica estudios de género.
Y la joven Diana Montero asegura no asumir sus obras desde ninguna perspectiva, pues lo cree reduccionista, y se considera una realizadora que trabaja desde "los instintos y las emociones". 
Para González Grau, esta definición es importante porque la mirada cambia cuando una creadora parte de "reconocerse como feminista y mujer comprometida con los temas de género, a la hora de llevar sus inquietudes al lenguaje audiovisual, y no por el solo hecho de ser mujer", explicó a SEMlac.
"Ha habido un cambio absoluto en la manera de ver a las mujeres dentro del audiovisual y esto es muy importante, a pesar de que aún existe la controversia de que si filmamos diferente o no. La condición de mujer te sitúa frente a la obra artística de forma distinta: el mismo tema no se ve igual abordado por un hombre que por una mujer; no es lo mismo aprehenderlo que sentirlo, explicó a este servicio.
"Nos falta ganar más en conciencia de género, porque se puede ser mujer y, sin ese conocimiento, sin ese enfoque, no ofrecer en la propuesta audiovisual una mirada cuestionadora a las relaciones de poder que están detrás de las inequidades de género", precisó González Grau a este servicio.
La también especialista en género y audiovisuales, Danae Diéguez, ha asegurado que para garantizar una mirada de género, independientemente del sexo de quien realiza o produce, "es necesario cambiar el punto de vista de la representación audiovisual, algo que tiene que ver con la ética y la comprensión de que existe una inequidad entre los géneros que tiene que ver con las desiguales relaciones de poder".
Otro tema muy debatido en el ejercicio de defensa fue si el hecho de enfrentar la creación desde una perspectiva de género obliga a mostrar siempre a las mujeres como sobrevivientes, triunfadoras, y nunca como víctimas o como personas inmersas en una situación de desigualdad o vulnerabilidad.
Para Martínez Camarero, "lo importante en este sentido es no confundir que los personajes sean representados como víctimas con el revictimizarlos", explicó a SEMlac.
"En el caso del documental de Diana Montero que integra la muestra, Abecé, la protagonista es una niña de 12 años madre, esposa de un hombre de 31 años que la presiona constantemente, ha abandonado la escuela sin haber concluido su formación y vive en la Sierra Maestra en condiciones precarias. Leoneidi, sin dudas, es una víctima de, entre otras cosas, la violencia de género", detalló en sus respuestas a la oponente.
"¿Existe alguna razón para pensar que no debe abordarse el conflicto de esta muchacha que no ha logrado salir de esta situación para no mostrarla como víctima? Creo que no", concluyó.
Con ella coincide González Grau: "El arte, los audiovisuales, también son un vehículo para visibilizar, denunciar, realidades como estas. Pero hay que hacerlo desde el respeto, con un guión sólido, sabiendo muy bien a dónde se quiere llegar y teniendo presente que desde la posición de la cámara, hasta un silencio, puede transmitir un mensaje.
"Lo personal es político y en ese sentido es muy importante el compromiso de cada creador o creadora, porque el conocer sobre género implica también una manera de comprender el mundo y la propia vida", ha insistido Diéguez.

Por Mercedes Alonso
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Santo Domingo, abril (Especial de SEMlac).- En medio de una atmósfera intercultural afín, plena de profundas reflexiones, tuvo lugar el taller sobre Herramientas para la Prevención de Violencia de Género desde el Audiovisual y el Trabajo Comunitario, que reunió a mujeres y hombres de Cuba, República Dominicana, Estados Unidos, España, Haití y Francia, los días 18 al 20 de abril, en el Centro Cultural de España de la añeja zona colonial de esta capital.
Ni preguntas, ni respuestas, es la vida, una realización del Proyecto Palomas, Casa Productora de Audiovisuales para el Activismo Social en Cuba, que dirige Lizette Vila Espina, fue uno de los documentales presentados en este evento, auspiciado por la Fundación Nicolás Guillén representada en la nación dominicana, cuyo empeño esencial es el de fomentar espacios de análisis y debates.
En el encuentro trascendieron, además, las intervenciones de Heidi Notario, directora de Implementación y Cambio Social de Casa de Esperanza, institución líder en el movimiento contra la violencia doméstica y centro nacional para organizaciones que trabajan con latinas y latinos en los Estados Unidos, y la de su directora, Ruby White Starr, hija de mexicanos, quien estremeció con su historia de vida, por la manera extraordinaria en que logró transformarse en lo que es hoy, una defensora de mujeres sobrevivientes, tras haber sufrido ella misma maltratos, vejámenes y violaciones.
A este testimonio se sumaron otras estrategias comunicacionales, como los documentales de Ingrid León y Lizette Vila: Estoy viva… lo voy a contar y Mujeres…la hora dorada, entre otros, en los cuales predominaron las semblanzas de mujeres violentadas, el debatido tema de la exclusión social y la violencia de género vistas desde ángulos diversos.
Sobresalió en este taller la necesidad de compartir herramientas y protocolos necesarios para dar apoyo a mujeres que sufren violencia, con el propósito de que organismos internacionales y nacionales que se encargan de esta problemática, junto a activistas que cada día se suman a esta empresa, puedan emplearlas para salvar vidas en su entorno.

Arte como plataforma
Vila Espina conversó con SEMlac acerca de la importancia de los audiovisuales para abordar la violencia de género y la posibilidad de esclarecer el concepto de que se trata de un problema social y público y no una cuestión privada:
"Pienso que el arte es una plataforma de comunicación, todo el mundo tiene una empatía y una relación con las imágenes y los sonidos y el desarrollo tecnológico hace que llegue a más personas. En este caso, Proyecto Palomas ha querido recoger realidades que son sucesos, lamentablemente, universales. La estrategia comunicacional que es la información registra historias que al final son denuncias de las protagonistas e incursiona en una forma de sanar", expuso Vila Espina.
En tanto, Heidi Notario explicó a SEMlac que se necesita eliminar la barrera que existe entre las supervivientes y quienes brindan apoyo, como primer desmonte. 
"Por el hecho mismo de entender el ciclo de la violencia y ofrecer orientación, no debo juzgar a la afectada y creerme por encima de ella; mucho menos pensar que a mí eso jamás me va a pasar", subrayó la también socióloga y directiva de Casa de Esperanza.
Notario insistió en el requerimiento de protocolos de seguridad para las sobrevivientes de violencia doméstica, "que sirven para identificar las señales o indicadores que advierten de una posible descarga de ira o agresiones de su pareja".
Y agregó: "Si la mujer sabe que su marido la agrede cuando llega borracho, pierde la lotería, o no está de buen humor, y casi siempre lo hace en la cocina o en el baño, ella debe de evitar estar cerca de esos lugares para poder defenderse y tener en cuenta dónde están los menores antes del ataque. También, poseer el teléfono de una amiga o familiar que la pueda recibir y preparar una bolsa con los documentos personales por si tiene que pedir refugio para ella y los hijos".
La representante de Casa de Esperanza instó a crear redes de apoyo para darle seguimiento a la evolución de las sobrevivientes: "Hace falta voluntad política y cooperación económica de los organismos internacionales para abordar la violencia contra las mujeres, debido a que dejó de ser un asunto privado para convertirse en una prioridad del Estado".
"En esta lucha se deben incluir legisladores, funcionarios y jueces, para que entiendan cómo se da la violencia y que puedan atacarla desde todas las aristas que la componen. Hay que concientizar a todo el mundo", sostuvo.

Articular políticas, capacitar
Otras de las participantes que dialogó con SEMlac fue la coordinadora general del Movimiento de Mujeres Dominico-Haitianas (Mudha), Liliana Dolís, quien recordó que República Dominicana conmemora cada 25 de noviembre el Día de la No Violencia contra la Mujer, precisamente por la fecha en que asesinaron a las Hermanas Mirabal.
"Sin embargo, lo que podría ser un punto de acciones y verdaderas reivindicaciones, se convierte en repeticiones de estadísticas de denuncias y feminicidios. Lo que hace falta es articular políticas reales que ayuden a erradicar la violencia y el ofrecimiento de vías que salven hogares de este mal", enfatizó la dirigente.
Para Marí Bordenade, coordinadora de la Fundación Abriendo Caminos, ubicada en Villas Agrícolas, del Distrito Nacional, la aplicación de medidas prácticas para combatir la violencia de género no puede esperar: "Se necesita que cada activista se capacite y sea capaz de ofrecer ayuda inmediata a las mujeres agredidas", dijo a SEMlac.
Notario y Vila coincidieron en calificar de gran contenido e importancia el taller. "No es un problema que enfrenta un solo país o una región, es global. Estados Unidos lleva más de tres décadas de experiencias en el tratamiento del tema y no sabemos si los métodos que se han usado allá funcionan en otras naciones; pero lo importante es aprender de los errores de otros y usar herramientas, lecciones", alegó la directora de Implementación y Cambio Social de Casa de Esperanza.
"Pudimos integrar las voces de mujeres de diversos países, quienes a su vez se convertirán en defensoras y multiplicadoras de los conocimientos aquí adquiridos", concluyó la directora del Proyecto Palomas, no sin antes recordar lo imprescindible que resulta imprimir pasión a cada obra y acción que se dedique a la lucha contra la violencia de género.

 

 

La Habana, 18 de abril (SEMlac).- Intelectuales e integrantes de colectivos antirracistas denuncian la representación discriminatoria de mujeres y hombres negros en spots televisivos, telenovelas y videos clips cubanos.
"El racismo siempre encuentra la manera de transfigurarse y los lenguajes forman parte de ese mecanismo. Por eso se utilizan hoy frases racistas de siglos pasados", dijo la investigadora Yulexis Almeida durante la tertulia Reyita, que organiza el grupo feminista Afrocubanas.
Al encuentro, celebrado el pasado 15 de abril en la capital, asistieron líderes comunitarias, estudiantes, intelectuales y representantes de colectivos que combaten el racismo en la isla del Caribe.t
Durante el debate se denunció la reiterada representación audiovisual de personas de tez negra en roles, actitudes y espacios que se vinculan a delitos, la violencia y la indisciplina social.
Para el reconocido escritor y activista antirracista Tato Quiñones hoy existe una acumulación de saberes teóricos, políticos y sociales que aportan a la resolución de esta compleja problemática.
"El racismo es un prejuicio construido a conciencia y está ideológicamente instrumentado. Es por eso que a conciencia hay que combatirlo. Es un problema cultural y desde ese espacio debe asumirse", destacó Quiñones durante la reunión.
A pesar de que la Constitución cubana prohíbe la discriminación, y en los objetivos aprobados en la Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba (PCC), celebrada en noviembre de 2012, se establece la lucha contra todo tipo de prejuicio racial, los imaginarios sociales siguen reproduciendo el estigma racial. 
Muestras de racismo en los medios de comunicación han generado un debate intenso sobre la discriminación por color de la piel en la sociedad cubana actual.
"Aunque el departamento de propaganda y publicidad de la televisión cubana cuenta con asesores para la producción de los spots televisivos, sigue utilizándose un lenguaje racista", apunta Yunior Smith Rodríguez, estudiante de quinto año de la carrera de Comunicación Social, en la Universidad de La Habana.
A criterio del investigador Tomás Fernández Robaina, es necesario generar conciencia sobre el racismo en profesionales de la comunicación y también en los distintos sectores sociales, incluyendo la población negra.
"Es muy difícil acabar con 400 años de esclavitud en tan solo cinco décadas de Revolución, por eso son tan importantes estos espacios y proyectos, liderados en su mayoría por mujeres", reconoció Robaina en la tertulia.
Para Maritza López, de la Red Barrial Afrodescendiente, constituyen avances importantes la existencia de espacios de debate sistemáticos, el desarrollo de proyectos comunitarios y la publicación de investigaciones científicas.
López llamó a aprovechar los pequeños espacios de poder y de acción individual para promover discusiones sobre el racismo, sus causas y consecuencias.
Interpelar a las autoridades públicas, fortalecer la conciencia racial, promover la participación política, aprovechar la rica cultura afrocubana para generar discursos antirracistas y emancipadores, fueron algunas de las propuestas para estrategias futuras.

De la redacción
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La Habana, 7 de marzo (SEMlac).- El documental Estoy viva. Lo voy a contar, que se estrenará a mediados de marzo por el Proyecto Palomas, reúne testimonios de 14 cubanas que han sido víctimas de violencia de género en la isla. Para las protagonistas, superar el miedo, la vergüenza y el silencio forma parte del proceso de reconstrucción de sus vidas.
"Narrar desde las propias experiencias tiene mucha fuerza", afirma la realizadora Lizette Vila, quien dirige el filme junto a Ingrid León.
"Hablar de la violencia nos permite hacerla pública, sacarla del espacio privado y llamar la atención sobre un problema que ha estado invisible por mucho tiempo", agrega la realizadora y coordinadora de Palomas, Casa Productora de Audiovisuales para el Activismo Social.
"Por eso apostamos por el testimonio en primera persona", reitera.
El audiovisual reúne a cubanas diversas en edad, lugar de residencia, espacio laboral, orientación sexual e identidad de género, que viven con discapacidad o se recuperan de la adicción al alcohol, entre otras.
Para Vila, narrar la historia personal significa una reparación para muchas sobrevivientes, a la vez que muestra la fortaleza y estrategias de quienes hoy están vivas para contarlo. 
"Sí, tenemos que hablar, con dignidad y fuerza y sin esos tres elementos terribles y mutiladores para las víctimas que son el miedo, la culpa y el silencio", declara la realizadora a SEMlac.
Durante 45 minutos, las protagonistas revelan historias actuales de violencia sexual, económica, acoso laboral, violencia estructural, maltrato psicológico y físico. 
El montaje entreteje los testimonios en un discurso coral que habla además sobre la importancia de la información, la solidaridad, el valor de las redes de apoyo y la responsabilidad de las instituciones públicas.
En el filme se abordan temas como la cultura de la violencia y la desigualdad, la necesidad de un marco legal y la responsabilidad cívica e incluye un texto escrito por la activista y filóloga Teresa de Jesús Fernández, junto a otros de especialistas cubanas e internacionales. 
Estoy viva. Lo voy a contar da continuidad a la labor de Palomas y su proyecto "Mi clítoris es mío".
El compromiso con la realidad del país traza la ruta de esta iniciativa, que combina realización audiovisual y trabajo comunitario sobre temas relacionados con la igualdad de género, el pleno disfrute de los derechos humanos y la participación ciudadana.
"El arte puede sanar y puede sembrar. El audiovisual tiene una capacidad movilizadora y democratizadora fundamental. Por eso creo que podemos hacer un aporte a la transformación social en nuestro país", apunta Vila, quien creó el proyecto en 2002.
Para la realización de este documental, Palomas contó con el apoyo de varias instituciones y organizaciones que trabajan a favor de la plena igualdad de género en Cuba como Oxfam, mediante fondos delegados por el Embajada Británica; la Editorial de la Mujer; el Programa de Equidad de Género con Incidencia Nacional (Pegin) y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude).
El próximo 20 de marzo, a las tres de la tarde, la céntrica sala Chaplin, de la capital, acogerá la premier de la película y la inauguración de la exposición fotográfica Lo que se ve existe. Lo que existe tiene derecho, de Humberto Mayol, Laura Alejo y Javier Rodríguez. 

RECUADRO:
Equipo de realización: 
Guión y dirección: Lizette Vila e Ingrid León.
Dirección de fotografía: José Luis Mayol.
Montaje: Ingrid León, Laura Alejo, Orlando Contreras, Jorge Luis Rodriguez. 
Diseño: Humberto Mayol.
Sonido: Antonio Tabares, Saulo Fernández.
Música: "Eres" de Ramiro Gutiérrez, interpretada por Elizabeth de Gracia.

La Habana, 29 de febrero (SEMlac).- Los cambios y tensiones que han vivido trabajadoras cubanas constituyen materia prima para varios cineastas de la isla. Un recorrido por filmes de factura nacional así lo atestiguan.
"El cine cubano ha demostrado ser un documento de época y en él podemos encontrar desde las variaciones que ha tenido el habla y la vestimenta en Cuba, hasta los cambios en las relaciones, el comportamiento humano y la participación de las mujeres", declaró la ensayista Zaida Capote Cruz a SEMlac.
En su ensayo "Cubanas trabajando (a 24 cuadros por segundo)", la reconocida intelectual ofrece una revisión de nueve filmes en los cuales la posición de las mujeres, el empleo femenino y los conflictos que genera el machismo constituyen líneas argumentales.
Capote Cruz compartió su análisis en el Coloquio Internacional "Mujeres y trabajo en la historia y la cultura de la América Latina y el Caribe", celebrado en Casa de las Américas del 22 al 26 de febrero.
Según la especialista, la percepción del trabajo como escape a la discriminación patriarcal aparece en varias películas que muestran la efervescencia de los primeros años de la Revolución y sus políticas para la inserción de las mujeres en la vida pública del país. 
El estudio incluye largometrajes que se aproximan a esta época, como Lucía (Humberto Solás, 1968), Retrato de Teresa (Pastor Vega, 1979), Hasta cierto punto (Tomás Gutiérrez Alea, 1983) y Otra mujer (Daniel Díaz Torres, 1986). 
"El trabajo aparece en todos los filmes como un espacio de realización personal donde las mujeres pueden existir por sí mismas, lejos del ámbito familiar que sigue constriñéndolas al servicio de los otros", destaca Capote Cruz.
Para la feminista cubana, aunque el empleo ha sido un agente importante en la autonomía y liberación de la mujer en Cuba, la incorporación al trabajo remunerado "siempre ha sido problemática" porque "no ha conseguido liberarse de la reproducción que implica sostener y organizar el núcleo familiar".
Es por ello que la pervivencia de la inequidad de género, el sentimiento de soledad y desesperanza abruman a las protagonistas de "Isabel" (corto de Héctor Veitía que aparece en el filme Mujer transparente de 1989) yMelaza (Carlos Lechuga, 2012) dos filmes incluidos en la investigación. 
Según la autora, la profunda crisis que vivió la isla caribeña durante la década del noventa del pasado siglo erosionó el valor del trabajo en lo monetario y también en lo simbólico.
Los cambios vividos en Cuba durante los últimos 20 años han tenido un fuerte impacto en el empleo y la vida de las cubanas. La investigadora alerta sobre las regresiones en algunas conquistas de las mujeres y el aumento de la desigualdad social en el país.
Estas realidades encuentran un correlato en filmes como La película de Ana (Daniel Díaz Torres, 2014), La obra del siglo (Carlos M. Quintela, 2015) y Venecia (Kiki Álvarez, 2015), todos analizados por Capote Cruz.
"Aquellas protagonistas aguerridas que participaban en asambleas y se sentían parte del proyecto colectivo, el de la Revolución, con derechos propios, han cedido paso a mujeres que buscan en la promesa de la propiedad privada, en el uso de su cuerpo como moneda de cambio, o en el engaño, un modo de sobrevivir. Y las más de las veces deben hacerlo solas, sin acompañamiento social", concluye la ensayista.
Durante los cinco días del coloquio, convocado por el Programa de Estudios de la Mujer de Casas de las Américas, especialistas e investigadoras centraron su mirada en las mujeres y el entono del trabajo, desde diversas perspectivas. 
Entre otros temas, el encuentro abordó los del trabajo de la mujer escritora en la Edad Media, la independencia femenina mediante la instrucción y el trabajo, la poesía escrita por mujeres y la profesionalización de la educación femenina.
El programa incluyó, además, ponencias, paneles y presentaciones acerca de la mujer y el trabajo en la escena cubana, la emigración de las mujeres africanas en la contemporaneidad y las cubanas tras las recientes reformas en la política de empleo en Cuba: nuevos retos para el alcance de la equidad social.
Estos coloquios se realizan desde 1994 con una frecuencia anual y para 2017 se anuncia como tema central el de mujer y medios de comunicación en la historia y la cultura de América Latina y el Caribe.

Quito, 22 de febrero (SEMlac).- La Universidad Andina Simón Bolívar, en la capital ecuatoriana, es sede hasta el próximo 10 de marzo de la exposición Cuando las otras somos todas. Violencias contra las mujeres, luchas y resilencias, que reúne diversas manifestaciones para visibilizar diferentes formas de discriminación machista.
Esta muestra, la primera de ese tipo que se realiza en una institución académica, presenta más de 40 obras de artistas nacionales e internacionales, de acuerdo con la página web de Wambra radio.
Perfomance, teatro, danza, fotografía, pintura, instalación y literatura, entre otras, destacan como manifestaciones presentes en la expo, pensada como espacio de intercambio para denotar las formas discriminatorias en que se asume muchas veces las sexualidades diversas y la cotidianidad de las mujeres.
Un ejemplo de las obras son los tres cuadros de Ñusta Juliana Vega, artista cuencana, titulados "Archiveros de abuso", dedicados al tema del feminicidio y titulados así porque, según su autora, el desconocimiento de las leyes provoca que muchos de estos casos queden archivados, de acuerdo con una entrevista publicada en el diario El Mercurio.
Según la página web de la Andina, la muestra es organizada por el Colectivo Guerrilla Clitoriana, conformada por cursantes de la Maestría en Estudios de la Cultura con mención en Género y Artes Visuales de esta institución.
En la sala José Joaquín Olmedo, del mencionado centro de estudios, se reúnen además piezas de Esperanza Maldonado, Alex Schlenker, Isadora Parra, Inés Castro, Carolina Bertheau, Vale Chávez, María Mercedes Barahona, Angélica Torres y Fernando Ortiz entre otros.
Destacan también las propuestas de los colectivos Géneros Diversos, Palaminga, Plataforma Justicia para Vanessa, y Colectivo C.H.O.L.O.
La convocatoria para participar en esta muestra se realizó mediante las redes sociales, como alternativa para llegar a las más diversas propuestas artísticas y no limitar de ninguna forma su inclusión en esta propuesta.
Cuando las otras somos todas. Violencias contra las mujeres, luchas y resilencias es una puerta abierta a un arte diverso, pero también una denuncia a las sujeciones del cuerpo, las subjetividades y las formas de violencia que viven las mujeres a diario, no solo en Ecuador.

 



 

 

La Habana, abril (Especial de SEMlac).- En medio de la madrugada, la muchacha se despierta sobresaltada en su litera de una escuela preuniversitaria (bachillerato) interna. Su mejor amiga no está en su cama. Cuando finalmente llega, se desata la tragedia: fue violada por su novio cuando quiso separarse de él.

La Habana, febrero (SEMlac).- Un catálogo enjundioso de mujeres ilustres para la cultura e historia de Cuba en las primeras décadas del siglo XX constituye el libro Damas de social, presentado por la Editorial Boloña, de la Oficina del Historiador de la Ciudad, el 13 de febrero en La Habana, como parte de la 24 Feria Internacional del Libro.

La compilación de las escritoras Nancy Alonso y Mirta Yáñez se centra en 28 mujeres intelectuales que colaboraron con la revista Social, una de las más influyentes publicaciones culturales cubanas que vio la luz, mensualmente, de 1916 a 1933, y entre 1935 y 1938.

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