Reportajes y noticias de SEMlac

Del 5 al 11 de noviembre de 2007

 

 

Colombia: El desafío de prevenir el embarazo deseado en adolescentes

Por Ángela Castellanos

 

Bogotá, noviembre.- Una de cada cinco jóvenes menor de 19 años en Colombia es madre o está embarazada, revelación que ha suscitado la reflexión nacional y sacado a la luz divergencias en las interpretaciones sobre las causas y modos de prevención de la maternidad en adolescentes.

 

Entre 1986 y 1995, la tasa de embarazo adolescente fue de 70 a 89 por cada 1.000 jóvenes, y para 2005 había aumentado a 90 por 1.000, según datos de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS).

 

Esa tasa es aún más preocupante porque el 42 por ciento de las adolescentes manifestaron desear el embarazo, reveló Profamilia, entidad privada pionera en servicios de salud sexual y reproductiva de este país, que ha realizado un estudio al respecto. Este dato, según la entidad, implica una preñez consentida en una proporción importante.

 

A esto se suma que, cada año, las colombianas se inician sexualmente a más corta edad. La proporción de mujeres entre 25 y 49 años que tuvo su primera relación sexual antes de los 15 años pasó de ocho por ciento en 2000 a 11 por ciento en 2005, de acuerdo con la ENDS.

 

La gestación en adolescentes se considera de alto riesgo, pues el tamaño de los huesos de su pelvis, la madurez de su cuello uterino y el desarrollo de su vulva (genitales externos que incluyen labios, clítoris y abertura vaginal) no son aptos para un parto vaginal. Por tanto, la mortalidad materna, en estos casos, es alta.

 

Pero quienes sobreviven tienen riesgos de tipo socioeconómico. Investigaciones internacionales y regionales han revelado que las madres a temprana edad tienen menos probabilidades de terminar la educación secundaria y completar alguna formación para el trabajo, lo cual limita sus posibilidades laborales a cargos de bajos salarios y, de este modo, se reproduce el círculo de pobreza.

 

El aumento de la maternidad adolescente es un fenómeno que afecta a toda la región. Por ello, el privado Centro Latinoamericano de Salud y Mujer (CELSAM) ha promovido la instauración del Día Nacional de Prevención del Embarazo en Adolescentes. El primer país que lo institucionalizó fue Uruguay, que en 2003 escogió como fecha el 26 de septiembre. Luego, en 2005 se creó en Ecuador.

 

Tras un intento frustrado para institucionalizarlo en Colombia, este año un decreto presidencial dio vida al Día Nacional de Prevención del Embarazo en Adolescentes, celebrado por primera vez el pasado 26 de septiembre, con una reunión a la que asistieron representantes de instituciones privadas del sector salud, entidades gubernamentales y adolescentes de diferentes ciudades, estatus socioeconómicos y experiencias de vida.

 

“Pensamos en unirnos todos como región para disminuir los indicadores de riesgo y propusimos celebrar un día para el comienzo de una reflexión que pueda unir a los entes involucrados, y que nos ayudemos entre todos los países, y así cada 26 de septiembre evaluar qué hicimos”, explicó Germán Salazar, coordinador de la Unidad de Adolescentes de la Fundación Cardio-Infantil y director para Colombia de CELSAM.

 

“La creación del día nacional tiene aspectos positivos, como es poner en el escenario público el tema de manera permanente, pero me preocupa que quede como un día más, pues no tiene un plan de acción con compromisos y responsables”, afirmó a SEMlac Susana Moya, coordinadora nacional del Programa de Jóvenes de Profamilia.

 

La Fundación Cardio-Infantil, Profamilia y varias entidades gubernamentales adelantan proyectos que apuntan a la misma meta, pero no siempre comparten las perspectivas desde las que se plantea el trabajo de prevención. Y es que no es fácil comprender por qué las adolescentes colombianas quieren ser madres, siendo este país líder en planificación familiar en la región.

 

La Fundación Cardio Infantil y Profamilia, ambas instituciones prestadoras de servicios de salud, consideran que no tiene sentido argumentar que ser madre adolescente es un proyecto de vida. “Ser madre es una opción, no un proyecto de vida”, aclaró Moya.

 

También concuerdan en que los medios de comunicación, a través de la publicidad y de programas dramatizados, envían mensajes poco ejemplarizantes sobre el ejercicio de la sexualidad. “En las escenas de intimidad de las telenovelas no hay referencias al uso de métodos de protección”, aseguró Moya.

 

“Es que la sociedad ha cambiado, antes las mujeres desarrollaban (cambios biológicos de la pubertad y menarquia) a los 15 años y se casaban a los 16, por lo cual no era difícil llegar virgen al matrimonio. Ahora desarrollan a los 10 y se organizan en pareja a los 30, y por eso no podemos tenerlas dos décadas rezando y menos bombardeadas por medios de comunicación que las están induciendo a las relaciones sexuales”, declaró Salazar.

 

Añadió que es entonces cuando “debemos apoyar a nuestros jóvenes durante ese período y hasta cuando estén en condiciones de iniciarse sexualmente, o sea que estén convencidos y tengan los recursos para protegerse”.

 

A su juicio, no basta con tener derechos sexuales y reproductivos, sino que también hay deberes. “Y para eso hay que concientizarlos y hay que educar a los padres de familia y a los docentes, para que los primeros sean modelos y guías, y los segundos profesores que no atropellen a los jóvenes y más bien les refuercen la autoestima. No es hablarles a jóvenes de los condones, sino de valores, esa es la educación por la que estamos peleando”, agregó Salazar.

 

Sin embargo, la coordinadora del programa de adolescentes de Profamilia, se separa un poco de esta perspectiva. “Nuestra mirada está asociada a derechos, a fortalecer la autonomía y al ejercicio de la sexualidad con responsabilidad, y no hablamos de deberes”, aseveró Moya.

 

“El hablarles y facilitarles el acceso a los anticonceptivos no los está incitando a que sean promiscuos. Si esperamos a que los jóvenes tengan altos grados de autoestima, capacidad de decisión y autonomía para hablarles de métodos anticonceptivos, va a pasar más de lo que ya está pasando”, acotó.

 

Aunque desde la década del noventa Colombia viene incursionando en educación sexual, lo que parece evidente es que, o bien lo hecho es insuficiente o no ha sido de la manera adecuada. Actualmente, el Ministerio de Educación prueba en algunas ciudades piloto una nueva propuesta pedagógica llamada Educación para la Sexualidad y Construcción de Ciudadanía, que se desarrolla en todas las asignaturas.

 

Se trata de una propuesta basada en el ejercicio de los derechos ciudadanos, y tiene varios componentes, entre los que se destacan el de sexualidad, que comprende la parte afectiva, erótica, relacional y comunicativa, y el de salud sexual y reproductiva.

 

Una de las circunstancias que ha disparado el embarazo adolescente es la violencia. La información estadística revela que la tasa es mucho mayor entre las jóvenes desplazadas por el conflicto armado que vive Colombia.

 

“Nuestras adolescentes se embarazan escapando a un infierno que tienen en la casa, para dejar de ser abusadas. Escogen lo menos malo”, afirmó Salazar. “Además, al estar embarazadas, pueden acceder al programa del (gubernamental) Instituto de Bienestar Familiar, que les da comida, educación, techo, pañales y, además, subsidios por cada hijo”, aclaró.

 

Profamilia, que tiene un proyecto con jóvenes de familias desplazadas, ha observado otras motivaciones.

 

“Hemos visto que el embarazo de las adolescentes es un estilo de vida, cuándo se les pregunta por qué tienen un hijo, las respuestas muestran que no habían considerado la protección. Ven la maternidad como algo cotidiano y un deber para ellas”, opinó Moya.

 

”En muchos casos, el tener un hijo de un hombre casado, que da dinero para su casa, les permite ganar estatus social. Entonces si uno explora las razones, éstas son totalmente ajenas a la maternidad. El tema de tener un hijo es un recurso externo para llenar un vacío, afectivo, económico. Ellas dicen ’jamás he tenido nada para mí, y ahora ese niño es mío’”, explicó.

 

Para Salazar, además del desplazamiento interno y la falta de una adecuada educación sexual –que no se quede en lo biológico–, también contribuyen a la alta tasa de maternidad en adolescentes factores como el estrés que genera el trato dado por los docentes, el ausentismo de los padres y la falta de guía; mientras que Moya resalta la deficiente atención por parte de los prestadores de servicios de salud y la falta de información sobre el acceso a los métodos de planificación.

 

 

República Dominicana: Mujeres aportan coraje colectivo en tragedias por Noel

Por Mirta Rodríguez C.

 

Santo Domingo, noviembre.-Imaginar lágrimas, muertes, ruinas, deslaves, tierras anegadas, desolación, exige pensarlo todo bajo la lluvia. República Dominicana ha sido y es, durante la última semana, sólo lluvias, vientos y todo lo que ella trae consigo.

 

Se contabilizan, hasta el viernes último, 76 muertes y más de 50 desaparecidos, casi 100.000 evacuados, 21 puentes caídos, 17.000 viviendas destruidas y 62 poblaciones aisladas, a la mitad de las cuales sólo se podía llegar por helicópteros.

 

Las cifras revelan apenas la magnitud de la tragedia, casi seguramente la mayor que ha sufrido el país desde 1939 cuando un devastador ciclón, el de San Zenón, acabó con todo. Entonces la población dominicana era de tres y medio millones de habitantes. Hoy son más de nueve.

 

De sus 32 provincias, 30 fueron declaradas en emergencia. La humedad es tal que se toca sobre las paredes de las casas, sin contar los efectos de filtraciones y goteras. Cientos de personas perdieron sus equipamientos domésticos, colapsados por efectos del ambiente.

 

Otra vez el pueblo dominicano ha padecido por la imprevisión y el desenfado de las autoridades e instituciones encargadas de la defensa civil que no anunciaron, ni advirtieron, ni organizaron a la gente para enfrentar el desastre.

 

Aunque algunos medios han señalado que desde el miércoles anterior los canales extranjeros estaban dando cuenta de las características de Noel, a lo interno se han acallado las voces críticas, contraponiéndolas a la necesidad de solidaridad y de acción. Y esta fluye con creces.

 

Las universidades han pospuesto la docencia para que alumnado y profesorado se integren a labores de auxilio. Instituciones del gobierno y organizaciones de masa, entre estas la Colectiva Mujer y Salud y la Confederación Nacional de Mujeres del Campo, pidieron apoyo en colchones, mantas, alimentos enlatados, medicamentos.

 

Varias entidades, incluyendo supermercados, han generado lo que llaman “puentes de esperanza” para que se depositen los donativos. Nuevas páginas Web para informar y apoyar han cobrado vida.

 

Ce Mujer, el Centro de Solidaridad para el Desarrollo de la Mujer, que une a unas 8.000 afiliadas en el Este del país, ha puesto en marcha dispositivos de seguridad especiales y ha organizado brigadas de auxilio.

 

A esta organización, que cuenta con una Federación en Guerra, a unos 40 kilómetros hacia el noreste de la capital, cuyas integrantes tienen una fábrica de bloques operada por mujeres y con brigadas femeninas de albañiles ya fogueadas en muchos trabajos anteriores, le tocará seguramente un papel importante en las próximas semanas, cuando las reconstrucciones empiecen a dar frutos.

 

Pero la ausencia o deficiencia en la disponibilidad de energía eléctrica y de agua potable hacen difícil que la gente sepa de lo mucho que el país y la solidaridad internacional están tratando de hacer por ellos y ellas. Ojalá se informen de que ya hay brotes de paludismo a los que, irremediablemente, se sumarán las gastroenteritis y otros resultantes de las aguas contaminadas.

 

Las mujeres, en particular, están padeciendo los costos más altos de la tragedia. Son sus rostros compungidos, llorosos, aterrados, descompuestos, los que cubren las imágenes en noticieros y periódicos. Son ellas también las que alimentan el coraje colectivo.

 

Y sigue lloviendo en Dominicana.

 

 

Perú: El cuerpo, lugar donde habitamos y se encarnan los derechos

Por Julia Vicuña Y.

 

Lima, noviembre.- “El Estado y otras entidades, como las iglesias, se toman la atribución de inmiscuirse en nuestra sexualidad y reproducción, sin respetar la autodeterminación a la que tenemos derecho”, advirtió la abogada feminista Susana Chiarotti, al presentar en Lima el Manifiesto de la Campaña por una Convención de los Derechos Sexuales y los Derechos Reproductivos.

 

Para Chiarotti, integrante del Comité para América Latina y El Caribe de Defensa de los Derechos de la Mujer y del Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belem do Pará de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Manifiesto aporta nuevas miradas y propuestas para una democracia que incorpore la libertad de los cuerpos y la búsqueda del placer y la realización personal y social.

 

Afirmó que, en el contexto de globalización neoliberal que vivimos, “los fundamentalismos religiosos y el mercado imponen su dictadura sobre los cuerpos de las personas, menoscabando su realización personal y social”.

 

“Lo que proponemos, desde las mujeres, es recuperar la autonomía de nuestro cuerpo, ese territorio enajenado, para ejercer nuestro derecho a la igualdad, la libertad y el placer”, agregó.

 

En la presentación del Manifiesto, los comentarios al documento estuvieron a cargo de Reyna Concha Renilla, dirigente de la Confederación General de Trabajadores del Perú-Arequipa; Ismael Vega, representante de Amnistía Internacional–Perú; y Maria Emma Manarelli, del Programa de Estudios de Género de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

 

Según Concha, “el reconocimiento y protección de los derechos sexuales y los derechos reproductivos hará posible un avance en la ciudadanía de las mujeres, principalmente de aquellas que, por su condición de pobreza, no tienen posibilidades de ejercerlos”.

 

Sostuvo que, desde hace algunos años, en su central sindical se está trabajando el tema de género, con el propósito de hacer visible la problemática de las trabajadoras dentro del movimiento sindical.

 

La dirigente lamentó que en las centrales sindicales no se aborden con profundidad los problemas de acoso sexual en algunos centros de trabajo, así como que las empresas agroexportadoras pidan a las mujeres certificados de no embarazo para darles trabajo, o el que las trabajadoras, bajo el sistema de servicio no personales, carezcan de derecho a la hora de lactancia, “vulnerando su derecho a la maternidad”.

 

Vega, en tanto, coincidió en la necesidad de avanzar hacia el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos.

 

Manifestó que su organización está a favor de que los Estados garanticen estos derechos a través de políticas que contribuyan a erradicar la violencia de género y a proporcionar amplia información y medios para que las personas puedan practicar su autonomía en estos aspectos de su existencia.

 

Añadió que la despenalización del aborto y su acceso en caso de violación sexual o de malformación congénita del feto, son medidas que contribuirán a que las mujeres puedan hacer realidad sus derechos.

 

Por su parte, la académica Manarelli consideró que el Manifiesto es un documento histórico, que recoge los anhelos y expectativas de autonomía y plenitud de diferentes grupos de la sociedad, cuyos derechos son conculcados por fuerzas que pretenden seguir tutelando la moral pública.

 

El Manifiesto es considerado uno de los más avanzados en su propuesta de darle dimensión política a los ámbitos de la sexualidad y la reproducción, colocándolos como componentes clave del sistema democrático.

 

Las diferentes organizaciones regionales de derechos humanos que impulsaron la iniciativa de la Campaña, se plantearon como objetivo la formulación y aprobación por la Organización de los Estados Americanos, de una Convención que defina y proteja los derechos sexuales y los reproductivos.

 

Otro aspecto relevante del texto es su abordaje del sexismo y la homofobia como dos expresiones que amenazan la democracia, ya que el primero asume la sexualidad femenina como complemento y sujeción a la masculina, mientras que la segunda afirma la heterosexualidad como la única forma válida y “normal” de vínculo sexual, condenando otras formas de placer.

 

La presentación del Manifiesto fue organizada por la alianza peruana de la Campaña por la Convención integrada por Demus, el Centro Flora Tristán, Campaña-28 por la Despenalización del Aborto, el Movimiento Amplio de Mujeres Línea Fundacional, LUNDU, Lesbianas Independientes Feministas Socialistas, Milenia Radio y Movimiento El Pozo.

 

Todas ellas tienen como objetivo principal, durante este año, dar a conocer su Manifiesto a otros movimientos sociales y tender puentes para el diálogo y la reflexión conjunta.

 

 

Cuba: Sara Gómez, de ayer y de hoy

Por  Raquel Sierra

 

La Habana, noviembre.- Era mujer y negra, pero esas características no fueron obstáculo para sumergirse en las aguas del cine. Todo lo contrario, Sara Gómez, la primera directora de cine del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos de Cuba (ICAIC), las convirtió en aliadas.

 

Murió joven, con apenas 32 años. Sin embargo, su obra perdura. En las décadas de los sesenta y setenta del pasado siglo, Sara incursionó primero en los documentales y luego en la ficción, con su obra De cierta manera, de cuyo estreno se cumplen 30 años en 2007.

 

Su obra documental de los sesenta incluye títulos como Sobre horas extras y trabajo voluntario, La otra Isla, Una Isla para Miguel y Mi aporte, que se acercan, desde su mirada, a los cambios sociales tras el triunfo de la revolución cubana, en 1959, y su influencia en la vida de las personas.

 

En blanco y negro, aborda los prejuicios raciales, la discriminación, la marginalidad y sus consecuencias para las familias, el machismo, el rompimiento con el pasado y los programas sociales dirigidos a mejorar la vida y dignificar a cubanas y cubanos.

 

Los temas y problemas que escogió, el tratamiento que les dio y la originalidad de su enfoque la ubicaron entonces en la vanguardia y hoy, en el contexto de la sociedad actual, muchos de sus mensajes resultan contemporáneos.

 

Para Jorge Fernández, vicerrector del Instituto Superior de Arte de La Habana, en su obra hay artistas que se anticipan, que trascienden su tiempo. “No sólo se quedó en el lenguaje del cine; su lenguaje fue bastante vanguardista y trasgresor para su época”.

 

“El trabajo de Sara Gómez sigue dialogando con lo que se está haciendo en el cine joven, en el documental cubano y en la ficción”, agregó Fernández durante el coloquio “Sara Gómez: imagen múltiple”, efectuado la pasada semana en La Habana.

 

Para Sandra del Valle Casals, investigadora del Centro Juan Marinello y presidenta del comité organizador, el evento rindió homenaje a la obra y la figura no sólo de la primera mujer que hizo un largometraje en el ICAIC, sino también a quien llevó al cine temas de honda actualidad.

 

El encuentro también permitió apreciar el audiovisual cubano desde una perspectiva de género, “porque consideramos importante ampliar el espectro analítico y revelar los constructos de género que se manifiestan en el audiovisual cubano”, comentó del Valle.

 

“El trabajo de Sara Gómez es muy relevante, por las temáticas que abordó como mujer, negra y revolucionaria. En ella hay una preocupación por el proyecto social de la revolución cubana desde muchas perspectivas y es un legado como análisis de esa realidad”, explica.

 

A juicio de Del Valle, en esta directora hay una búsqueda y perspectiva antropológicas y sociológicas para acercarse a la realidad de su  época. Hay aspectos que son producto de su momento, pero hay otros que nos llegan de  cerca.

 

“El realizador cubano Tomás Gutiérrez Alea decía que se sentía feliz cuando su obra envejecía, porque significaba que los problemas que planteaba estaban superados. En los temas de las cintas de Sara, hay historias que no están superadas y por eso, entre otros aspectos, sigue vigente”, agregó la especialista.

 

Para la estudiosa canadiense Susan Lord, se trató de “una mujer muy valiente, muy avanzada para su tiempo en el tema de las posibilidades de cambiar las relaciones entre grupos sociales diferentes”.

 

“Todavía hoy día hay pocas obras con esa imaginación, con esa manera de filmar para hacer un mundo más democrático”, agrega. “Ella está en el grupo de la vanguardia. Su obra puede dar al mundo de hoy, lleno de globalización, maneras para inventar relaciones y hacer un puente, un diálogo entre los aspectos éticos, estéticos y políticos”, dijo a SEMlac.

 

Sara, imagen múltiple

Inés María Martiatu, escritora y amiga de Sara, tuvo el privilegio de conocerla desde la niñez. Juntas estudiaron piano y ejercieron el periodismo y juntas entraron a un seminario de investigación, en el que tuvieron como profesores a relevantes intelectuales cubanos.

 

“Ella siempre fue muy consciente de lo que hizo; deliberadamente, su cine fue inquisitivo, por eso es muy especial, muy de ella”, comenta.

 

“Cuando hubo problemas para el estreno de De cierta manera,  llevó al teatro la puesta Al duro y sin careta, basada en la película, que fue un gran detonador. Personas que nunca habían ido al teatro, lo hicieron para ver algo que reflejaba su realidad”, recuerda Mario Balmaseda, protagonista del filme.

 

“Sara trasladó al cine su propio contexto. Se situaba en el medio de los problemas, sin distanciarse. No montaba una historia, utilizaba el testimonio de las personas, el drama de su mundo, apartado del discurso oficial de cómo debían comportarse; se jugaba la vida con ella misma, se arriesgaba artística y emocionalmente”, agrega.

 

A juicio del realizador Jorge Luis Sánchez, director de la reciente y premiada película cubana La historia del Beny, “Sara es irrepetible y el cine que hizo nadie más lo ha podido hacer. Es una cineasta y no una documentalista, término que intenta reducir la obra de los cineastas y escamotearles su calidad. Ella se ubica en la punta de la vanguardia”.

 

De cierta manera

En la ópera prima de Sara, De cierta manera, una maestra es enviada a trabajar a un lugar donde fue demolido un barrio marginal y se han construido casas con mejores condiciones, con el fin de transformar la realidad y la mentalidad. La profesora comienza una relación sentimental con uno de los habitantes del lugar. Hay problemas con algunos alumnos, conflictos, incomprensiones y dudas en la pareja.

 

Según Fernández,  el filme tiene elementos muy interesantes, “se están mezclando la ficción, el documental y algo de lo que se habla hoy, el intergénero y lo intertextual, todos esos fenómenos que se analizan actualmente desde la teoría del arte y los estudios culturales. Todo eso Sara se lo estaba planteando en aquel momento”.

 

“Pero también esa manera de llevar el kitsch, esa mirada antropológica, de unir los procesos de la marginalidad, llevarlos a la alta cultura y hablar de ellos desde dentro, desde  sus vivencias. Era la idea de vivir el arte como experiencia”, explica a SEMlac.

 

“Fue un drama que muriera con apenas 32 años, que dejara inconclusa la película (fue terminada por otros realizadores), pero conocer su obra es parte de esta identidad, de la nación y del espíritu de esta isla”, agrega.

 

“La narrativa tiene un tono de caos, no sigue una estructura lineal y tiene digresiones constantes en todo el hilo narrativo. Hay una deconstrucción de la propia historia. Y todo eso era Sara. Ahí está el tema de la mujer, de la racialidad, que son fenómenos que hoy se están discutiendo y están más presentes que nunca”.

 

Para el realizador cubano Rigoberto López, en esa película Sara integró de manera vanguardista el testimonio, el documental, la ficción, el docudrama y el distanciamiento para lograr una obra de originalidad y  frescura, que aún hoy la convierten en una de las películas más actuales y contemporáneas del cine cubano.

 

Además, agrega Fernández, “coincide que es una mujer negra, con una conciencia de raza, que aparece también en un material como Crónica de mi familia. Allí están desde la abuela, que es la tradición; hasta la mujer más casta y una de las tías, la más hereje, que todos rechazan”.

 

“Y a partir de esa familia, de un hecho fragmentario y local, está reflexionando sobre la sociedad y los prejuicios raciales, la marginalidad, la discriminación, el derecho que tiene la mujer de amar, con una conciencia, una raigambre, una fuerza que todavía tiene mucho que decir”, considera.

 

“En el corto Mi aporte retoma el tema del negro, la marginalidad, que fue casi un recurrente, obsesivo, en su obra. Ni la película y ni los documentales se han puesto viejos”, afirma.

 

Abrir caminos

El camino que hace muchos años abrió Sara Gómez en Cuba, tiene sus seguidoras, aunque el parto ha sido difícil y largo. Aun cuando en estos tiempos crece el número de mujeres detrás de las cámaras de cine, no son tantas todavía.

 

Según el vicerrector del Instituto Superior de Arte, “el tema de los géneros es polémico. Hay quienes consideran que las obras de arte lo son, independientemente de que estén hechas por hombres o por mujeres. Pero creo que, evidentemente, hay una sensibilidad femenina, una mirada desde la mujer, desde su propia identidad”, señala.

 

Para del Valle, cada día más mujeres están haciendo una obra: se ven no sólo realizadoras, se ha abierto la gama a otro tipo de especialidades, como la fotografía -que ha estado muy vedada a las mujeres- o el sonido. “De pronto, las mujeres  estamos en todas las especialidades”, reflexiona.

 

Sin embargo, han tenido que pasar 30 largos años desde el estreno de De cierta manera para que otra cubana, Rebeca Chávez, esté filmando su primer largometraje de ficción, según trascendió en el Coloquio sobre Sara Gómez.