Reportajes y noticias de SEMlac

del 15 al 21 de octubre de 2007

 

 

Bolivia: Ser mujer en la cultura chiquitana

Por Liliana Aguirre F.

 

La Paz, octubre.- El chiquitano es un pueblo indígena que habita en las tierras bajas y tropicales de Bolivia. Su cultura se caracteriza por la influencia que tuvieron, durante la colonia española, de las misiones jesuitas que les inculcaron dedicación a la música y al arte.

 

En la actualidad, esta etnia es considerada como un pueblo caracterizado por poseer orquestas sinfónicas que ejecutan música religiosa barroca y por su acercamiento espiritual al catolicismo, al que también fusionaron su propio sincretismo religioso.

 

Los chiquitanos, como la mayor parte de los pueblos indígenas, tienen una forma diferente de entender el mundo en relación con la cultura occidental. Sin embargo, ser mujer dentro de esta cultura, al igual que el mundo occidental, representa enfrentarse a un sinfín de desigualdades.

 

Distribución del trabajo por género

La producción agrícola es el sistema económico que sostiene a este pueblo, dedicado a sembrar maíz, arroz, yuca, plátano y fríjol. Otras de sus actividades son la caza, la pesca y la confección de tejidos con material de algodón y fibras naturales.

 

Lomerío es una comunidad chiquitana, ubicada en Santa Cruz, donde la economía se sostiene sobre la base del trabajo comunitario y son las mujeres quienes tienen una sobrecarga laboral, pues están involucradas tanto en labores agrícolas y pecuarias, como en tareas del ámbito doméstico.

 

“Lo que más resalta en las comunidades chiquitanas es la sobrecarga laboral de las mujeres. Sus largas jornadas hacen de su vida cotidiana un trabajo sin casi ningún descanso”, escriben las investigadoras Graciela Zolezzi y Carmen Sanabria.

 

Además, estas dos académicas detallan en el libro Violencia Familiar en Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano que, desde niñas, las mujeres de esta etnia son destinadas a trabajos domésticos y agrícolas muy duros y son los hombres quienes les imponen estos roles, que ellas aceptan sin objetar.

 

“En Lomerío hay una división marcada del trabajo, esto se da porque en las culturas seminómadas, como fueron los chiquitanos, las unidades familiares son muy importantes y en estas economías las mujeres asumen gran parte del trabajo agrícola”, explica a SEMlac la antropóloga Zolezzi.

 

Otro aspecto necesario de mencionar es que hay labores exclusivamente de mujeres y otras sólo masculinas. Por ejemplo, ellas trabajan tanto en lo doméstico-familiar como en el campo con la siembra y los animales. En la época de la cosecha, ellas se encargan de transportar los productos hasta sus hogares, actividad física muy exigente en la cual el hombre no interviene porque socialmente sería mal visto.

 

“Ellas tienen la tarea de acarrear la cosecha desde el área de la chacra hasta sus casas y esto no queda a la vuelta de la esquina. Es un largo trecho para caminar, que significa un gran esfuerzo físico pues transportan gran cantidad de kilos en la cabeza. Pero las mujeres ven este hecho como algo positivo: es un orgullo entrar a la comunidad con los alimentos”, asegura Zolezzi.

 

Además explica que los hombres tienen menos carga laboral ya que, si bien trabajan en lo agrícola, no poseen responsabilidades domésticas y la única labor netamente masculina es cortar leña pues en todas las demás participan las mujeres.

 

Zolezzi y Sanabria apuntan en su libro que “la división sexual del trabajo absorbe a las mujeres mucho más tiempo al lado de los hombres, lo que significa que al sexo femenino le recae mucho más trabajo que al sexo opuesto”.

 

El peso de la tradición

“Hace dos años que migré de Concepción (a casi 24 horas de La Paz) a Santa Cruz ciudad porque soy soltera y no tengo hijos todavía, pero en mi pueblo es mal visto que las mujeres no tengamos hijos o andemos solteras”, explica a SEMlac Teresa, de origen chiquitano y quien prefiere no dar a conocer su apellido.

 

Teresa asegura que la vida entre chiquitanos es armoniosa, pero hay cuestiones únicamente hechas para las mujeres y otras para los hombres.

 

“A nosotras nos dicen mamás desde cierta edad porque cuando una ya es joven tiene que tener hijos y ser mamá es muy importante. Mujer que no es mamá no es mujer”, concluye Teresa.

 

Zolezzi comentó a SEMlac que esa cultura destina a las mujeres el papel de mujer-madre, al punto que es inconcebible dejar de lado la maternidad. De haber algún impedimento biológico que no le permitiera procrear, la chiquitana se encargaría de sus sobrinos u otros niños para conservar esas funciones tradicionales.

 

“Las misiones, en su proceso cristianizador, generaron una fuerte ideología de sumisión de la mujer y ensalzaron su papel de mujer-madre y mujer esposa; por ello es casi inconcebible que una mujer autodetermine no asumir la maternidad”, precisa la especialista.

 

“Su reconocimiento parece estar más vinculado a la labor agrícola, a su capacidad de trabajo y ello no la coloca en una relación de equidad con el hombre. La posición de la mujer en la unidad doméstica no destaca por su poder de decisión o autonomía”, añade.

 

Además, a la hora de tomar decisiones o gastar dinero, las chiquitanas deben consultar a los hombres, lo que las limita y les crea dependencia.

 

No obstante, la investigadora Zolezzi asegura que, poco a poco, las cosas están cambiando y que ahora hay más mujeres que estudian y pueden acceder a la toma de decisiones.

 

 

Argentina: Marcha por una ley de obesidad

Por Norma Loto

 

Buenos Aires, octubre.- La del miércoles 11 resultó una tarde ideal pues, por un rato, la Ciudad de Buenos Aires dejó de estar presa por las lluvias que afectaron por estos días la existencia porteña. Fue una oportunidad que 8.000 personas aprovecharon para reunirse frente al Congreso de la Nación y reclamar a los legisladores la sanción de una ley de obesidad.

 

La Organización Mundial de la Salud considera que la obesidad es la "epidemia no transmisible más grande del mundo”. Afecta a 1.200 millones de personas a nivel global, un número similar de las que sufren de desnutrición.

 

El Programa Médico Obligatorio de Argentina (cobertura básica de salud pública y privada) no contempla los diferentes tratamientos para esta enfermedad, a pesar que algunas obras sociales y prepagas ya empezaron a dar los primeros pasos para dar tratamiento a esta patología. A la vez, existen algunas provincias, como Misiones y Catamarca, que han sancionado leyes en este sentido.

 

El sobrepeso y la obesidad son padecidas por 20 millones de argentinos y, después del tabaquismo, es la segunda causa de muerte evitable. Además, afecta a 500.000 menores de cinco años, “por lo tanto esta futura generación será la primera que vivirá menos que sus padres”, advirtió ante la multitud el doctor Alberto Cormillot, famoso médico de la televisión, especialista en obesidad y director de la Clínica que lleva su nombre.

 

Una encuesta realizada por el Programa de Vigilancia Nutricional de la Sociedad Argentina de Nutrición sobre una muestra de 2.202 personas reveló que el 26 por ciento tenía sobrepeso y el 21,4 obesidad.

 

El promedio de edad de los encuestados fue de 29 años para los hombres y 37 para las mujeres, y la tendencia a acumular kilos de más se presentó con más frecuencia entre ellas, y a mayor edad.

 

La marcha fue convocada por segunda vez por el programa televisivo Cuestión de peso que, en un formato reality show, brinda tratamiento a personas obesas y, a la vez, intenta sensibilizar sobre la importancia de la lucha contra este mal.

 

Frente a la multitud, la actriz y conductora de Cuestión de Peso, Andrea Polliti, manifestó: “la obesidad no es un decisión, sino una enfermedad que se ramifica en nuestros cuerpos y que discrimina socialmente (…). Los tratamientos son costosos, los hospitales no están capacitados para atender a un enfermo de obesidad y tampoco hay una ley de talles a nivel nacional que los contemple. Por eso, pidamos nuestro derecho a tener salud, por eso queremos la ley”.

 

La importancia de una pronta legislación sobre la materia radica, principalmente, en que la obesidad es una enfermedad que aumenta los índices de mortalidad, ya que contribuye al desarrollo de otras enfermedades crónicas.

 

”Sin una ley que contemple su tratamiento, el costo personal y social seguirá aumentando: significa una bomba de tiempo en cualquier sistema sanitario. Tanto es así que todos los estudios de costos indican que, a largo plazo, puede frustrar cualquier intento de contención del gasto en el cuidado de la salud, sostiene un comunicado de la Clínica del doctor Cormillot.

 

Mientras tanto, una comisión de la Cámara de Senadores presentó un proyecto de ley sobre prevención y .control de los trastornos alimentarios. El texto contempla investigaciones de causas, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades vinculadas con la alimentación, como así también la asistencia, prevención y rehabilitación.

 

 

Venezuela: Reclaman prioridad para la salud y la vida de las mujeres

Por Aline Castellanos

 

Caracas, octubre.- Tras la entrega formal al poder legislativo (Asamblea Nacional) de una iniciativa para reformar el código Penal y despenalizar el aborto en Venezuela, diversas organizaciones femeninas expusieron la urgencia de considerar la salud y la vida de las mujeres como asunto político prioritario del proceso Bolivariano.

 

Las muertes de venezolanas y las afectaciones a su salud deben ser un motivo suficiente para dar prioridad estatal a la situación de clandestinidad en que se encuentra el aborto, considerar su despenalización e impulsar una fuerte iniciativa de educación sexual, tanto en medios de comunicación como en escuelas, afirmó Martha Caluki, de la Juventud Comunista de Venezuela.

 

Organizaciones. como el Centro de Estudios de la Mujer de las Universidades Central de Venezuela y de la de los Andes; la Juventud Comunista de Venezuela, el Grupo F, Divas de Venezuela, Pachamama, el Grupo de Mujeres Manuelita Sáenz y representantes del Instituto de la Mujer de Venezuela, entre otras, se movilizaron por este propósito.

 

Estas agrupaciones pidieron públicamente a la Asamblea Nacional la reforma de los artículos que penalizan el aborto voluntario en este país, a fin de ampliar las causales no punibles para esta práctica.

 

Ante los abortos recomendados médicamente por malformaciones en el feto, riesgo de muerte para la madre y como resultado de embarazos por violación o incesto, la propuesta es incluir en los artículos 76 y 84 del Código Penal, motivos psicológicos y económicos para interrumpir legalmente un proceso de gestación.

 

Como en el resto de Latinoamérica, el aborto aquí es un grave problema de salud pública, que quita la vida a por lo menos a una venezolana cada semana, según cifras de 2002.

 

Los fallecimientos por interrupciones inseguras de embarazos representan el 31 por ciento de las muertes de adolescentes. La carencia de cifras oficiales actualizadas es una preocupación más para las mujeres organizadas, pues las estadísticas de 2002 representan ahora sólo una estimación de la gravedad del problema.

 

“Y son las mujeres de los barrios las víctimas de la clandestinidad, porque ellas recurren a abortos caseros o a veterinarias”, afirmó Caluki. “Como siempre, las que tienen cuatro millones de bolívares (1.900 dólares) en la bolsa pueden acceder a un aborto seguro”, recalcó.

 

En referencia a la falta de información que prevalece en los medios de comunicación, señaló: “el hecho de que no se mencione el problema no deseado, no quiere decir que no exista. El hecho de que haya compañeras dentro de cargos públicos que no estén de acuerdo con la práctica de interrupciones de embarazos, no quiere decir que las mujeres no pierdan la vida. Mentira, sí existe y sí se están muriendo las mujeres”, afirmó tajante.

 

La poca información en los medios de comunicación venezolanos en materia sexual proviene de empresas farmacéuticas que promocionan sus productos, dijo Caluki, quien además consideró urgente el impulso de una campaña informativa sobre temas de sexualidad y reproducción.

 

Pero, sobre todo, señaló como indispensable que el gobierno de Venezuela coloque la vida y la salud de las mujeres como un asunto prioritario, de Estado.

 

“A lo largo de estos 10 años —de administración chapista— se han ido resolviendo asuntos sociales prioritarios, pero es momento de considerar prioritaria la salud de las mujeres, de tomar cartas en el asunto, de llevar la discusión a las bases”, insistió.

 

Y en ello va incluida la despenalización del aborto y la difusión masiva de información sexual, a nivel de conocimiento de la reproducción, de acceso y control de los embarazos. Es decir, que las mujeres tengan todas las posibilidades para decidir sobre su reproducción, comentó.

 

A casi dos semanas de entregada esta propuesta a la Asamblea Nacional, el grupo de organizaciones promotoras se encuentra a la espera de una respuesta del legislativo sobre cómo será el proceso de discusión.

 

“Estamos aquí, a la espera de que la petición sea tomada en cuenta, que en el marco de la reforma constitucional, las mujeres tengamos una importancia vital para este país”, concluyó Caluki.

 

 

Cuba: Jóvenes trabajan estudiando

Por Dixie Edith

 

La Habana, octubre.- La combinación del estudio y el trabajo entre personas muy jóvenes, excepcional hasta hace poco más de una década, se ha hecho habitual en el panorama cubano de los últimos años.

 

“Cuando era pequeña, siempre pensé que del preuniversitario (bachillerato), seguiría directo para la universidad, pero terminé dando clases de teatro en una escuela primaria y estudiando Comunicación Social por encuentros, de noche o los fines de semana”, contó a SEMlac Adianet Ruiz, de 19 años.

 

Ruiz es graduada de la Escuela de Instructores de Arte, que ofrece un nivel equivalente al bachillerato, pero con un fuerte componente de preparación en diversas manifestaciones artísticas.

 

Al terminar esa enseñanza, todos los egresados deben ejercer como instructores durante algunos años, pero, a la par, pueden cursar estudios universitarios en especialidades afines.

 

“Al principio no me gustaba la idea. Quería estudiar una carrera sin más preocupaciones, pero ya me acostumbré. Los niños de primer grado a los que enseño a actuar son muy divertidos, estudio lo que me gusta y, además, conseguí independencia económica”, completa.

 

Como Ruiz, muchas personas de estas edades en la isla cubren las plazas de maestros en la enseñanza primaria, secundaria y la especializada en arte o informática, sector muy deficitario de mano de obra, a la par que cursan estudios superiores.

 

Pero cuando terminan la carrera universitaria, suelen abandonar su posición al frente de las aulas para dedicarse a sus nuevas profesiones, y otras muchachas y muchachos, también estudiantes, cubren esas plazas.

 

“Siempre quise diseñar campañas de publicidad y espero poder hacerlo cuando termine de estudiar. Me encantan los niños y el teatro, pero no es a lo que quisiera dedicarme en el futuro”, deja muy claro Ruiz.

 

En los últimos cinco años, hasta diciembre pasado, en Cuba se habían generado más de 380.000 ocupaciones para estos jóvenes en la educación, pero también en la salud, la cultura, el trabajo social y la enseñanza de la computación, según cifras oficiales divulgadas durante el último período de sesiones del Parlamento cubano, celebrado en julio.

 

Reportes del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), fijaron la tasa general de desocupación en la isla en 1,9 por ciento, al cierre de 2006.

 

Además de los nuevos puestos de trabajo, la aplicación del estudio como un nuevo concepto de empleo, con la ejecución del llamado Curso de Superación Integral para Jóvenes (CSIJ), también incidió en el descenso de esa tasa.

 

Ese curso, nacido entre otros programas sociales en los albores del nuevo milenio, se ofrece a jóvenes que han abandonado sus estudios y no trabajan. Al matricular, se les paga un estipendio económico por estudiar. Más de 110.000 jóvenes se han sumado a esta opción, de los cuales unos 30.000 han ingresado a las aulas universitarias.

 

Frank Abel Domínguez, de 26 años y vecino del capitalino municipio de 10 de Octubre, pasó por esa experiencia.

 

“Terminé la secundaria, pero no seguí estudiando. Fui un tiempo mensajero, hacía los mandados de la gente de mi edificio que no tenían tiempo y así ganaba algo de dinero, hasta que me propusieron estudiar, cobrando un estipendio”.

 

Domínguez terminó el Curso de Superación Integral para Jóvenes el año pasado y este septiembre matriculó la carrera de Economía en una sede universitaria de su comunidad.

 

Aunque a nivel gubernamental se considera a estos jóvenes como empleados, algunos de los alumnos que reciben un pago por sentarse en el aula no se sienten trabajadores.

 

“Yo me estoy preparando para trabajar, pero aún soy un estudiante”, certifica Domínguez.

 

Tres grupos de edades entran en la clasificación de jóvenes que más comúnmente se emplea en Cuba: el que va de los 15 hasta los 19 años, el que finaliza a los 24 y el que cierra con el arribo a los 29.

 

Sumados, representan aproximadamente el 20,5 por ciento de la población total del país, según datos del Anuario Demográfico de Cuba, 2006, publicado por el Centro de Estudios de Población y Desarrollo, de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).

 

La juventud cubana está formada, principalmente, por estudiantes, obreros, trabajadores e intelectuales, con alto nivel de preparación, también aseveran informes de la ONE, adscrita al Ministerio de Economía y Planificación de Cuba.

 

Los hombres son mayoría y cerca de las tres cuartas partes del total viven en zonas urbanas.

 

Pero son las mujeres las que han apostado más fuerte por los estudios superiores. Así, era de sexo femenino el 64,7 por ciento de la matrícula universitaria, al cierre de 2006.

 

La III Encuesta Nacional de Juventud, una investigación desarrollada en 2004 por el Centro de Estudios Sobre la Juventud y que abarcó a más de 3.000 jóvenes de entre 15 y 29 años, de todas las provincias, aportó otras aristas de la relación de este grupo social con el trabajo.

 

Según la indagación, la mayoría de los jóvenes entrevistados dependían económicamente de otras personas, sobre todo las mujeres, y quienes integran el segmento entre los 15 y los 19 años de edad.

 

También presentan más dependencia económica los jóvenes de la zona oriental del país, en relación con los de occidente.

 

Entre los que reciben ingresos provenientes de su trabajo, figuran con mayor énfasis los hombres, los habitantes de las provincias centrales y los comprendidos en las edades de 25 a 29 años, según el sondeo, divulgado por el diario Juventud Rebelde.

 

El estudio demostró, además, que más del 36 por ciento de la juventud se encuentra estudiando y que el nivel medio educacional es el más vencido, con un índice superior al 50 por ciento.

 

El nivel medio superior fue terminado por el 35,5 por ciento de la muestra entrevistada.

 

Igualmente, el mayor segmento de la población juvenil, un 37,7 por ciento, está integrado por trabajadores, sobre todo obreros, técnicos y empleados de servicios; la mayoría de ellos, 78,7 por ciento, vinculados al sector estatal.

 

El estatal y los llamados sectores emergentes (turismo, empresas de capital mixto cubano y foráneo, y corporaciones) continúan siendo los sectores laborales más escogidos por la juventud.

 

Las personas entrevistadas aseguran que sus preferencias por los sectores ocupacionales están estrechamente relacionadas con la situación económica del país, la búsqueda de mejores condiciones de trabajo y las garantías laborales que ofrecen.

 

“Cuando termine, quiero empezar a trabajar en el turismo”, aseguró Domínguez a SEMlac, en línea con los resultados del sondeo.

 

 

República Dominicana: Despenalizar el debate sobre el aborto

Por Mirta Rodríguez Calderón

 

Santo Domingo, octubre.- Los enconados debates que durante los dos últimos meses involucraron a la sociedad dominicana y a sus medios de comunicación tuvieron el mérito de sacar el tema de la privacidad de los hogares, del silencio de los confesionarios y del universo de angustias perseguidas y penadas de casi 100.000 mujeres todos los años.

 

Convertido en agenda de la cotidianidad, el reclamo del movimiento de mujeres a favor de la despenalización del aborto terapéutico no está ya monopolizado por los planteamientos de las iglesias católica y evangélica, que han sido muy beligerantes, sino que otras posiciones más democráticas y diversas están cobrando espacios y ganando conciencias.

 

En la semana que concluyó, el público dominicano supo de la presencia y la palabra de Fray Julián Cruzalta, un teólogo mexicano que vino a dialogar, aún con religiosas agresivas, sobre espiritualidad y libertad de conciencia. Por ese camino, el conferencista llevó a sus auditorios a cuestionarse de qué verdad se habla, qué vida es la que se defiende, o cuáles temores son los que se enfrentan en torno a esta discusión.

 

En respuesta a preguntas, Fray Cruzalta dijo que “la jerarquía eclesiástica debería escuchar las voces de las verdaderas afectadas que son las mujeres”. Aseveró que la iglesia católica se “juega toda” en América Latina —de ahí la virulencia de sus posiciones— porque en este tema como en otros “a Europa ya la perdió”.

 

Aparte de sus votos de fe y su vocación religiosa, Cruzalta ha acompañado a la organización mexicana Católicas por el Derecho a Decidir, muy activa en ganar para todas las mujeres el derecho sobre su cuerpo y su libertad de conciencia.

 

En el Estado de México y en otros del país azteca, la interrupción de embarazos es legal por voluntad de la mujer, y en varios más lo es cuando concurran situaciones como las que ahora reclaman las dominicanas: violación e incesto, peligro para la vida de la madre, malformaciones fetales.

 

La impulsora de esta campaña, del lado del movimiento de mujeres, es la Coalición por un Código Penal Moderno y Consensuado, agrupación que ha levantado la consigna de Por la Vida de las Mujeres: aborto legal y seguro. Desde el 2003, ellas siguen de cerca que los derechos femeninos estén consagrados en las modificaciones al Código Penal sometidas al Congreso.

 

En la semana que concluye una delegación de la Coalición se entrevistó con el presidente de la Cámara de Diputados y con varios y varias legisladoras, entre éstas las más prominentes integrantes de la Comisión por los Derechos de las Mujeres. La dirigente de la Colectiva Mujer y Salud, Sergia Galván, y la prominente abogada feminista Susi Pola fueron las interlocutoras.

 

Pola dijo a SEMlac que se ha hecho evidente cómo el debate está viciado y que en tales condiciones es muy difícil que el Congreso pueda adoptar las decisiones más ponderadas, que tomen en cuenta los diferentes criterios.

 

Su impresión es que será necesario posponer la adopción del nuevo Código Penal, probablemente hasta después de las elecciones presidenciales de mayo del 2008.

 

En ese contexto, mientras las dos iglesias concertadas en contra han utilizado una campaña morbosa de, por ejemplo, imágenes de médicos con un feto destrozado colgando de las manos, o epítetos de asesinas para calificar a las mujeres y a quienes les apoyan, la Colectiva Mujer y Salud puso en marcha una campaña de reflexión:

 

“Qué la pasa a Juana” es una madre en pena por la vida de su hija embarazada a quien le han diagnosticado presión alta: ¿tú qué harías en un caso así?

 

Situaciones con problemáticas que justificarían acción terapéutica son los de Nini, forzada por un tío que la embarazó; y Tati, una muchacha violada. En cada caso la respuesta que se busca es ésa: ¿tú que harías en un caso así? La campaña está circulando en tarjetas y afiches creados por la diseñadora Lorena Espinoza, una muy activa militante por los derechos de las mujeres.