Reportajes y noticias de SEMlac

del 8 al 14 de octubre de 2007

 

 

La feminización del VIH-Sida: Duele y mucho

Por Alba Trejo

 

Guatemala, octubre.- Confesar al esposo que se padece de VIH-sida podría condenar a cualquier guatemalteca a una vida de torturas físicas y psicológicas. Todo empeora si la mujer reclama a su cónyuge haber sido el responsable de contagiarla con la enfermedad, porque entonces ella es amenazada de muerte.

 

Así describe un grupo de seropositivas lo que tuvieron que vivir desde que descubrieron que sus maridos las habían infectado con el virus del sida. Por eso, cansadas de ser víctimas de la violencia, se agruparon para enfrentar ese lado oscuro que una mujer, sea esposa, madre o abuela, vive cuando el VIH-sida entra en su hogar.

 

La red de mujeres esposas seropositivas, la única en Guatemala, por primera vez se atrevió a desafiar el sistema patriarcal imperante en este país centroamericano. Sus integrantes contaron sus testimonios que, además, quedaron impresos en un estudio denominado “VIH-Sida y violencia contra las mujeres”, realizado por la Red Contra la Violencia hacia la Mujer.

 

Las entrevistadas señalaron que, en algunos casos, la enfermedad les llegó tras ser violadas por sus esposos infectados, y otras más porque tuvieron relaciones con sus cónyuges sin usar un condón.

 

Ellas, que son parte de los siete millones de mujeres que conforman esta población de 13,4 millones de habitantes, provienen de hogares pobres .donde la educación no supera el segundo grado de primaria, los hogares se suelen conformar por cinco o seis hijos y se sobrevive con un dólar diario para comer, vestir, transportarse y darle educación a los pequeños.

 

Sus edades oscilan entre los 26 y 35 años de edad: un período de vida en el que la guatemalteca tiene una familia formalmente establecida ya que la mayoría de ellas inicia la vida marital a los 20 años.

 

En algunos casos, indicaron que sus esposos recién habían fallecido víctimas del flagelo que ha socavado la vida de, al menos, seis mil guatemaltecos, mientras que persiste en el cuerpo de 78.000 habitantes más.

 

Arturo Echeverría, director de la no gubernamental organización Action Aid, entidad que financia proyectos en pro de la mujer y la niñez, señala que si para cada siete de 10 mujeres que sufren de violencia intrafamiliar en Guatemala es difícil la vida, para las que padecen de VIH- sida lo es doblemente.

 

Las mujeres que revelan ser seropositivas en este país vulneran su integridad y aumenta el riesgo de sufrir otras formas de violencia o abandono, señala Alma de Guerra, experta en género quien participó en las entrevistas realizadas a las seropositivas.

 

Por ejemplo, un buen número de las entrevistadas iniciaron su búsqueda de apoyo hasta que los esposos o convivientes murieron o cuando las diagnosticaron con VIH-sida y los niveles de agresión aumentaron.

 

Las razones de silencio pudieron ser más, agrega Giovanna Lemus, integrante de la no gubernamental Red de violencia contra la mujer, ya que la mayoría de las interrogadas expresaron haber sufrido agresiones desde muy pequeñas.

 

En el país, la niñez sufre de maltrato desde que está en la cuna. De acuerdo a la Comisión Nacional Contra el Maltrato Infantil, siete de cada 10 niñas y niños son maltratados física y verbalmente. A eso se agrega que el año pasado 5.200 casos de menores fueron reportados como víctimas de golpes y abusos sexuales.

 

En Guatemala no existe una ley que condene severamente a los abusadores, pero en el Congreso de la República se encuentra desde el 2005 una propuesta de ley de las organizaciones que velan por los derechos de la niñez, la cual propone tipificar los delitos de violación sexual, y cambiar las penas contra los violadores.

 

De acuerdo a la Red de Mujeres contra la Violencia hacia la Mujer, las guatemaltecas no tienen el poder de negociar relaciones sexuales protegidas con su pareja, tanto en el uso del condón como en las condiciones bajo las cuales se tienen relaciones sexuales, porque inmediatamente son agredidas.

 

Para muestra, el Programa de Acción para el sida en Centro América (PASCA) señala que en Guatemala cerca del 60 por ciento de los habitantes con una vida sexual activa, no utiliza condón al momento de tener relaciones sexuales.

 

A eso hay que agregar que la mayoría de los habitantes inicia su vida sexual a partir de los 13 años, según la Encuesta de Salud Materno Infantil.

 

PASCA detalla, además, que 42 de cada 100 personas nunca usan condón con sus parejas regulares y que una de cada cinco mantiene relaciones sexuales tanto con una pareja masculina como femenina.

 

Aunque no existe un número que cuantifique las denuncias de mujeres que viven con VIH o SIDA en Guatemala, el grupo de seropositivas evidencia las agresiones sufridas tanto en el ámbito privado como el público: cambio forzado de domicilio, aumento de las agresiones verbales y físicas, exclusión de eventos sociales, pérdida del apoyo económico familiar.

 

El Ministerio de Salud Pública reportó el primer caso de SIDA en junio de 1984. Desde entonces, los totales aumentaron a 78.000 personas oficialmente reconocidas con la enfermedad. De acuerdo con el Programa de la Organización de las Naciones Unidas contra el SIDA (ONUSIDA), la cifra podría llegar a 100.000.

 

De igual forma, se ha logrado establecer que el grupo etario de 20 a 34 aporta el 52,11 por ciento de todos los casos de infección y que la vía de transmisión más frecuente es la sexual (94,43 por ciento).

 

Para el Gobierno, el aumento obedece a un mayor registro de los casos detectados debido al "incremento de los servicios de salud que ofrecen la prueba de detección de VIH".

 

Karina Arriaza, coordinadora del Programa de Prevención y Control del VIH del Ministerio de Salud, agrega que las campañas informativas en Guatemala suelen ser controvertidas, dado el tabú sobre el uso del preservativo y la oposición a su promoción que ejercen las influyentes Iglesias Católica y Evangélica.

 

De hecho, las estrategias de prevención gubernamental incluyen el uso del preservativo como método secundario, precedido por la abstinencia y la fidelidad. Nunca se oirá a un ministro de salud recomendar pública y abiertamente el preservativo.

 

El tratamiento del VIH-sida es gratuito en el país, tanto el que se ofrece a través de organizaciones sin ánimo de lucro, como por medio de grupos no gubernamentales como Gente Positiva, Gente Nueva, Médicos Sin Fronteras y el Fondo Mundial de Lucha contra el sida, y el Instituto Guatemalteco de Seguro Social a sus afiliados.

 

El Ministerio de Salud brinda tratamiento a 3.699 personas adultas y a 620 niños en la capital y en los departamentos de Izabal, zona del Caribe habitada por los garífunas, y Quetzaltenango, en el occidente del país donde predomina la etnia maya, la cual conforma el 60 por ciento de los habitantes de esta nación.

 

Algunas ONG’s apuestan a la educación mediante acciones preventivas, como Action Aid, que respalda la campaña “las mujeres no esperamos”, la cual busca a través de afiches, medios de comunicación y folletos concienciar a las mujeres a no ser víctimas de la violencia familiar por el hecho de padecer la enfermedad.

 

 

Bolivia: Fotografías de mujeres tomadas por mujeres

Por Liliana Aguirre F.

 

La Paz, octubre.- Un cuerpo femenino desnudo y delicado, que refleja sensaciones íntimas desde Uruguay; manos antiguas y generosas de una anciana francesa; recuerdos de la infancia en Italia y hasta lo cotidiano del aseo hogareño en Chile integran el Foto Encuentro 2007, que se disfruta en La Paz y que este año difundió imágenes de mujeres hechas por mujeres.

 

Mujeres de diferentes partes del planeta, en variadas actividades y roles, fueron retratadas por el lente de 15 destacadas fotógrafas, latinoamericanas y europeas que, mediante imágenes, dieron a conocer las historias y la realidad de los diversos mundos femeninos.

 

“Este evento tiene como fin acercar al pueblo a este lenguaje de creación contemporánea que es la fotografía y en Bolivia recién se está abriendo los ojos a este tipo de arte, que nos muestra mundos diferentes”, explica Sandra Boulanger a SEMlac.

 

Boulanger es una de las principales gestoras del Foto Encuentro y se encargó de organizar la exhibición de mujeres de imagen, que es su sección privilegiada.

 

Allí, los visitantes pueden transportarse a diferentes realidades femeninas, desde Irán -con mujeres que visten burkas- hasta Brasil -donde los cuerpos femeninos y exuberantes destacan a la vista. O de bolivianas -que habitan a más de 3.800 metros de altura-, a Holanda, donde mujeres lecheras viven bajo el nivel del mar.

 

“La fotografía femenina es como un espejo, refleja la intimidad de las mujeres. Definitivamente, esta exposición es una mirada femenina”, apunta Boulanger.

 

La muestra permanecerá abierta al público hasta el 12 de octubre, en el Museo “Tambo Quirquincho” de La Paz, Bolivia. No obstante, sus organizadores pretenden hacerla llegar a muchas personas, por lo que se tiene planeado expandirla y cruzar fronteras para llegar a un público más amplio.

 

 

Cuba: Mujeres contra mujeres

Por Ilse Bulit

 

La Habana, octubre.- Después de 15 años, María Peña se decide a contar su historia. Todavía titubea. Aunque en su cuerpo no existe herida que recuerde aquel lance, hay golpes a las creencias, a los sentimientos, cuyas cicatrices son invisibles y, a la vez, imborrables. Las palabras, sostén de las ideas, pueden desbaratar en minutos la confianza en los demás, los conceptos morales enarbolados.

 

Fue en aquella reunión cuando…Dejemos que María hable:

 

“Mis compañeras del taller lo sabían. Mi hijo me estaba dando muchos dolores de cabeza. No quería estudiar. Y el colmo fue cuando busqué el dinero que tenía guardado para el pago de la casa. No estaba. No pude contenerme y cuando le pregunté y se rió, le fui para arriba y le pegué. Fue sólo un galletazo (cachetada). El salió y yo me quedé llorando y llorando. Nunca le había pegado.

 

“Ellas lo sabían, como sabían también que yo estaba pasando por los males del cambio de vida, por eso que nos da calores y ganas de llorar aunque no tengas motivo, pero yo sí los tenía. Ellas me veían ir a los servicios sanitarios a menudo, a cambiarme porque me iba en sangre. Me atrasaba en el trabajo, trababa la máquina con mis nervios de punta.

 

“Sí. Al yo atrasarme, atrasaba a las otras. No era por mi gusto, nunca había sido así. A veces, cuando manejaba la máquina, no veía la tela, si no a mi hijo, pidiéndome lo que yo no podía darle. Y les daba a los botones con rabia, con fuerza.

 

“Nos reunieron a todas en el taller. La jefa del turno era mujer pero, por encima de ella, todos los jefes eran hombres. Primero se habló de las metas de producción que había que cumplir, que se estudiaba la reducción del personal, que este turno estaba fallando y, en un momento, escuché mi nombre.

 

“Yo salía como ejemplo de lo mal hecho, y yo no era la única culpable. Hablaba la jefa de turno. Las piezas incumplidas eran dinero dejado de ganar por todas porque los salarios eran a destajo. Miré a mis compañeras. Callaban. Era muy duro hablar, delante de hombres, de mis pantalones manchados de sangre.

 

“Ellas eran mujeres igual que yo. Padecían de los malestares mensuales, de la llegada cansada a la casa, a cocinar, limpiar, fregar. A terminar más cansada en la noche para, al otro día, volver a empezar con lo mismo. Cary, la que trabajaba en la máquina al lado mío, muchas veces me hablaba de su soledad, pues el marido se le había ido con una jovencita. Y yo la consolaba. Y ahora estaba ahí, callada.

 

“Esta Cary, sin levantar los ojos del suelo, pidió permiso para hablar. Y habló. Y dijo que yo había cambiado tanto que hasta le pegaba a mi hijo, que yo era una mala madre. Quedé paralizada. No podía ser. Ella sabía lo de mi hijo, que yo lo había criado sola, sin padre. El jefe principal se revolvió. Me miraba como si yo fuera una cucaracha. Aquello era peor que las telas rotas. Me aplastaban, me aplastaban.

 

“Y delante de mi estaba José, el mecánico. Su mujer, varias veces, vino al taller, a buscarlo, a reclamarle por qué no le daba nada para sus hijos. Nunca se lo habían dicho en una reunión, ni a Pablo, que una vez vino a verlo una mujer con un hijo regado que tenía por ahí. ¿Y el chofer de la camioneta? Él faltaba. No porque tuviera dolores en el vientre, sino por las borracheras y eso todos lo sabían. Pero eran hombres.

 

“Pero en verdad, lo que me partió el corazón, lo que me marcó para toda la vida, fue el silencio de las mujeres. Solo una, Mirta, una muchacha de la oficina, habló algo a favor mío. Con palabras bonitas, dijo lo que yo no sabía expresar. Que había que comprender cuáles eran los problemas personales que provocaban que yo no fuera la de siempre. Que las mujeres tenían que enfrentarse a muchas cosas y que la sociedad las arrinconaba”.

 

Desborda de Marías este continente. El nombre heredado de la madre de Jesús, hecha para el sufrimiento callado y la obediencia a los hombres, condiciona las actitudes que enroscaron el destino de esta María cubana.

 

Ella misma no comprendía los intereses mezquinos movidos a su alrededor y fundamentados en religiones y costumbres; en formas estipuladas para un pensamiento inmóvil, refrendado todavía por las leyes en numerosos países. Y aún, en aquellos donde la letra legal intentaba cambiar conceptos, la modificaba la atávica mirada de quienes la manejaban y hacían cumplir a su gusto.

 

Para estas Marías obreras u oficinistas, todavía cuentan, en su currículo laboral, las piezas de su vida personal adscritas a normas morales como el pecado por determinada orientación sexual o por las parejas tenidas fuera del matrimonio.

 

Es triste reconocerlo. Las opiniones adversas ruedan en la voz de las propias mujeres. Los remanentes atávicos de formas sociales heredadas, las convierten en voceras de las propias confabulaciones contra ellas. Ante esa mirada equivocada, será más digna la que se deja apalear por las noches por un estable marido borracho que la que cambia de pareja en busca de un ideal que ella ni siquiera tiene bien definido en su escala de valores, también reducida a los patrones establecidos.

 

Lo personal, lo íntimo, se incorpora a la clasificación laboral que deja afuera las reales diferencias físicas provocadas por sus condicionantes reproductivas. Para el ascenso profesional, nunca se tomará en cuenta que el aspirante haya abandonado a sus hijos. Esto sí influirá en el caso de la aspirante femenina. Se escuchará un comentario al respecto. No la enviarán a la hoguera, pero sí afirmarán que presenta inestabilidad emocional. Todavía lo mostrado en aquel filme del siglo pasado, Kramer contra Kramer está vigente.

 

Aparte de las especificidades provocadas en la visión del caso de esta obrera textil, por su condición de mujer, hay otras cuestiones que laceran a la sociedad, sin tomar en cuenta el sexo.

 

El egoísmo personal, provocador de una miopía que sólo advierte lo que nos daña o puede dañarnos en plazo breve y niega una imagen de futuro, donde todos estaremos implicados por la cobardía sostenida. Esa cobardía solapada en una actitud indiferente, que cierra los labios e inmoviliza las acciones, aunque el sentido innato de la justicia clame por la participación activa.

 

Aquella reunión, unida a su estado de salud y su relación difícil con el hijo adolescente, le provocó a nuestra María una fuerte depresión, que la condujo a un hospital. Físicamente se recuperó y labora ahora en otra fábrica. ¿Has olvidado, María, has olvidado? Sonríe con tristeza. Todas las historias no tienen un final feliz.