Reportajes y noticias de SEMlac

del 30 de julio al 5 de agosto de 2007

 

 

Perú: La venganza de los apus; nevados andinos se derriten

Por Zoraida Portillo

 

Lima, agosto.- Lonnie Thompson, geólogo especializado en glaciares y quien ha estudiado los nevados peruanos desde hace más de 30 años, dejó una vez más su gabinete en la Universidad de Ohio, Estados Unidos, y se trasladó raudamente al Perú.

 

Pero, a diferencia de viajes anteriores, esta vez no venía a medir sobre el terreno el deshielo de las imponentes masas de hielo, sino a advertir a las autoridades sobre la inminente desaparición de los glaciares en menos de una década.

 

De acuerdo con sus estimados, para el 2015, el Perú habrá perdido prácticamente todos sus glaciares y algunos, ni siquiera, llegarán a esa fecha: por ejemplo, el Qorikalis, en la vertiente oriental de los Andes, desaparecerá totalmente en los próximos cinco años.

 

Ese nevado forma parte de un cuerpo de hielo mayor, el Quelcaya, un glaciar muy especial pues, a diferencia de otras masas de hielo, está ubicado sobre un terreno plano y no en los picos de la Cordillera de los Andes, aún cuando pertenece a este sistema orográfico. Ha sido objeto primordial de estudio de los científicos desde que se percataron del fenómeno conocido como “desglaciación”.

 

En los primeros 15 años de mediciones, el glaciar retrocedía a un promedio de seis metros por año, pero a partir de allí comenzó a deshielarse a una velocidad 10 veces mayor, alcanzado los 60 metros por año, y no hay indicios de que esa tendencia disminuya, señaló Thompson, quien fue contundente en su exposición ante las autoridades peruanas. La desglaciación no es sino uno de los efectos del calentamiento global, afirmó.

 

El Perú alberga -aunque, dada la situación, más apropiado sería decir albergaba- la masa más extensa de glaciares tropicales del mundo. De los aproximadamente 2.500 kilómetros cuadrados de glaciares que se ubican en los Andes tropicales de Perú, Ecuador, Bolivia y Colombia, Perú posee el 70 por ciento.

 

En la categoría de glaciares tropicales también se incluye a los montes del Himalaya en el Asia y al volcán Kilimanjaro en el continente africano que si bien también están siendo afectados por el deshielo, no lo están al ritmo de los glaciares andinos.

 

Según el experto, quien asesoró al ex vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, en la producción del documental “La Verdad Incómoda”, los efectos del calentamiento global serán mayores para quienes viven en los trópicos (unos 6.500 millones de personas), pues tendrán que enfrentar problemas como el incremento del nivel del mar, por los deshielos en los polos, y el deshielo de sus nevados, donde los hay.

 

Sin embargo, advirtió que, como vivimos en una economía globalizada, los problemas que se confronten en una región, traerán consecuencias para todos. “Si algo va mal en Perú, China o África, el impacto será para todos”, remarcó.

 

Ante la prensa extranjera acreditada en el país reconoció que la desglaciación traerá serios problemas a un país como el Perú porque gran parte del agua dulce proviene de los Andes, especialmente Lima, considerada la segunda ciudad más grande del mundo, después de El Cairo, asentada en un desierto.

 

Otro riesgo latente es la posibilidad de avalanchas y deslizamientos que arrasarían con las poblaciones asentadas al pie de los nevados, debido a que el deshielo provocaría la formación de lagunas en las alturas que se rebalsarían fácilmente.

 

Pero Thompson no es el único experto que ha advertido sobre el fenómeno. Marco Zapata, especialista en glaciología del Instituto Nacional de Recursos Naturales, ha señalado, en reiteradas oportunidades, que el área de glaciares en el Perú se ha reducido en casi 22 por ciento en promedio en un periodo de 10 años.

 

Él ha estudiado por casi 40 años los nevados de la Cordillera Blanca, ubicada al norte del Perú, una imponente franja de casi 900 km2, de imponente belleza en la que, hasta donde se extendía la vista, sólo se apreciaba una blancura inmaculada que hería los ojos, y era el paraíso de los montañistas.

 

“Ya casi no quedan glaciares y quizá deberíamos cambiarle de nombre, porque no es más la cordillera blanca”, admite con amargura.

 

Y cita un ejemplo revelador: el Pastoruri, uno de los nevados emblemáticos de dicha Cordillera, se redujo en casi 40 por ciento entre 1995 y 2005. En otras zonas de la misma cordillera Zapata afirma haber encontrado plantas fosilizadas de 5.000 años de antigüedad, lo que demuestra que desde entonces no se producía un deshielo de tales proporciones.

 

En otra parte del país, en los Andes centrales, se vive la misma triste realidad. Ticlio es un paraje famoso por ser el cruce ferroviario más alto del mundo. Ubicado sobre los 4.818 metros de altitud era, hasta hace menos de una década, el punto favorito de quienes querían conocer los nevados sin tener que recorrer grandes distancias, pues está a sólo tres horas de Lima, por una carretera espectacular, entre grandes abismos y profundas abras.

 

Hoy, quien va a Ticlio por primera vez tiene que hacer un enorme esfuerzo imaginativo para reconocer que esa mole terrosa, desde donde descienden unos hilillos de plata que no llegan a formar gotas de agua al tocar el suelo, fue alguna vez un nevado soberbio, que atemorizaba a los viajeros y despertaba la admiración de propios y extraños. Y hasta las lagunas que lo circundan se van secando inexorablemente.

 

“Algún día va a desaparecer por completo, ¿qué irá a pasar?, hemos ofendido mucho a los Apus y estas son las consecuencias. Por eso todo va mal en el país”, refiere, no sin cierto temor, Apolinaria Chuccra, una vendedora de productos típicos de La Oroya, la ciudad más cercana a Ticlio.

 

Y es que para la cosmovisión andina, las montañas son seres vivos, habitados por espíritus tutelares o Apus, que protegen a quienes los reverencian y cuidan. Para mantenerlos contentos, los indígenas que conservan intactas sus tradiciones ancestrales, les presentan ofrendas o “pagos”, les hablan, los tratan como a un semejante. Por eso, para ellos, el deshielo es una mala señal, pero de una manera diferente a como la interpretan los científicos o los políticos.

 

“No hemos tenido respeto, no hemos cuidado el mundo que nos han regalado (los apus) y algo muy malo nos va a pasar…”, añade Apolinaria, mientras se aleja con paso lento a ofrecer sus productos.

 

Y aunque sus palabras están inspiradas en sus particulares creencias, encierran una gran verdad: según Thompson, el deshielo traerá severas restricciones en el suministro de agua para el 70 por ciento de los pobladores de la región andina. Eso, sin considerar otros factores climáticos asociados a esa carencia, como sequías intensas, pérdida de cultivos alimenticios y un sinfín de cosas que aún no se conocen con exactitud.

 

 

Chile: Las mujeres denuncian: El machismo mata

Por Johanna Ortiz

 

Santiago, Julio.- Trescientos pares de zapatos inmóviles a lo largo del paseo más transitado de Santiago, la calle Ahumada, revelaron la magnitud del feminicidio en Chile y fueron el acto de partida de la campaña “Cuidado: El machismo mata”, que lanzó la Red Chilena Contra la Violencia Doméstica y Sexual el 26 de julio.

 

Entre las cerca de cien mujeres que participaron en la acción, había una que conocía el profundo significado del lema de esta campaña. Ana Morán fue apuñalada el 18 de junio por el padre de sus hijas y su compañero por 11 años.

 

“Cada vez que le pedía que me dejara vivir, me daba otra puñalada”, declara Ana María a SEMlac. Él la acusó de engañarlo y no era la primera vez que la agredía. “Una vez me golpeó y me reventó la boca, de ahí mis hijas decían que las manos del papá sacaban sangre”, relata.

 

Ana María soportó por años la violencia esperando que su pareja cambiara, dice que su error fue no pensar en ella, si no en mantener la familia y en el qué dirán los otros. Ella pide a las mujeres agredidas que denuncien, que no se queden calladas, que se quieran y respeten.

 

Entre el 2001 y 2007 han muerto alrededor de 300 mujeres a manos de hombres con los que tenían o habían tenido una relación de intimidad. Sólo en lo que va de este año ya van 39 feminicidios según la Red Chilena Contra la Violencia Doméstica y Sexual.

 

Una de las coordinadoras de esta Red, Soledad Rojas, explica a SEMlac que “Cuidado: El machismo mata” está dirigida en primer lugar a las mujeres para que “no toleren ninguna forma de machismo, abuso y agresión en su contra”.

 

Soledad Rojas puntualiza “que los asesinatos de mujeres no son crímenes pasionales, sino feminicidios, la expresión más extrema de violencia contra las mujeres, resultado de la descalificación, el abuso y la violencia como formas de poder sobre las mujeres”.

 

Por ello, dice Rojas, la campaña quiere apelar también los distintos sectores sociales, culturales y políticos, para que no sean cómplices del feminicidio ni de cualquier forma de violencia contra las mujeres.

 

Dos días antes de la acción de la Red, el 24 de julio, la joven de 21 años María Alvarado, embarazada de ocho meses, fue quemada encerrada en un auto por su marido, Carlos Muñoz. Ella se debate entre la vida y la muerte, y de sobrevivir, deberá ser sometida a 30 operaciones.

 

Tras este episodio, la ministra del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), Laura Albornoz, dijo que el gobierno pondrá urgencia a tres proyectos que intentan combatir la violencia contra las mujeres. Uno de ellos, presentado por el diputado Camilo Escalona, contempla poder aplicar la Ley de Violencia Intrafamiliar en el noviazgo.

 

Las otras iniciativas son impulsadas por la diputada Adriana Muñoz; una busca tipificar el delito de feminicidio, y la otra crear un sistema de alerta temprana y simplificar los trámites policiales y judiciales para que las mujeres en situación de maltrato accedan a medidas de resguardo de manera expedita y rápida.

 

 

México: Ecos de Oaxaca

Por Sara Lovera

 

México, agosto.- Silvia Gabriela Hernández Salina, originaria de Oaxaca, de 24 años, activa luchadora social, socióloga, estudiante ejemplar y articulista; poeta e investigadora, es una de las 10 personas que permanece detenida, tras los acontecimientos del 16 de julio en esa región mexicana.

 

Con ella, están otras tres mujeres, apresadas durante la realización de la Guelaguetza, una de las fiestas tradicionales de Oaxaca que se efectúa cada año en el mes de julio. Por la libertad de este grupo reclaman compañeros y profesores, mujeres de la Otra Campaña y estudiantes.

 

Silvia Grabiela colabora con Voces Oaxaqueñas Construyendo Autonomía y Libertad (,VOCAL), un espacio diverso y creativo, que busca unir los esfuerzos del pueblo oaxaqueño, mantener el movimiento social fiel a sus principios, independiente de los partidos políticos, y reivindicando la forma asamblearia como la más justa y armónica de llegar a entenderse, autoorganizarse y autogobernarse.

 

Esta mujer es la segunda detenida de VOCAL, tras el arresto del 13 de abril de 2007 de David Venegas Reyes, quien permanece hasta la fecha recluido en la Penitenciaría Central de Santa María Ixcotel.

 

Desde la noche del 15 de julio, se acordó una concentración en el zócalo para la mañana del día siguiente con motivo de la Guelaguetza Popular, cuya intención era celebrar, de manera totalmente pacífica, la fiesta popular en el Cerro del Fortín. Esperaba a la marcha un contingente de varios cientos de policías de diferentes corporaciones, entre los que se encontraban militares.

 

Los manifestantes llegaron con música de banda y bailables, e intentaron desde el inicio un diálogo con los oficiales para que permitieran el paso. Los policías negaron el permiso y la festividad se realizó directamente en la calle, en el crucero de la avenida Venus con Niños Héroes.

 

A la hora del baile del tradicional grupo de las chinas oaxaqueñas se recibió el primer proyectil de una ráfaga de gases lacrimógenos, lo que dispersó a los bailarines y a gran parte del contingente de alrededor de 3.000 personas, entre maestros, jóvenes, personas de edad mayor y niños.

 

La policía continuó lanzando gases y piedras contra la multitud y, tras persecuciones, practicó arrestos en diferentes puntos de la ciudad. Como resultado de esta acción, se reportó un muerto, varios heridos, incluyendo reporteros de medios nacionales, 30 detenidos (ahora solamente quedan 10) y varios desaparecidos.

 

Silvia Gabriela, al decir de sus compañeros, se ha caracterizado por su apoyo a la lucha de los pueblos y la sociedad de Oaxaca, y ha contribuido con actividades sociales y culturales de distintos tipos. Al momento de su detención, el 16 de julio, se encontraba haciendo un documental de la fiesta popular.

 

Fue vista por última ocasión cuando trataba de abordar un autobús en un sitio bastante distante al lugar donde se inició la agresión policíaca. Varios policías intentaron detener también a sus acompañantes, quienes al huir perdieron de vista a la joven.

 

Al día siguiente, su nombre estaba en las listas de detenidos de la Procuraduría de Justicia. La última noticia es que se encuentra recluida en la Comandancia de los Grupos Investigadores de la Policía Ministerial del Estado, ubicada en Domicilio Conocido, Los Pinos, Carretera Santa María Coyotepec, antes Dirección General de Seguridad Pública del Estado de Oaxaca.

 

Allí la pudo ver un activista humanitario, en respuesta a una denuncia interpuesta ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos. Se desconoce en qué condiciones se encuentra.

 

 

Aborto: Madre uruguaya clama solidaridad para con su hija

Por Cristina Canoura

 

Montevideo, agosto.- La madre de una joven uruguaya procesada sin prisión, en mayo último, por practicarse un aborto, ha pedido públicamente justicia para su hija y consideración para su familia.

 

En una carta entregada a Agustina Navarro, productora del programa "A Conciencia", que se emite por Canal 12 de la TV local, la madre de la joven de 20 años confiesa sentirse muy dolida porque, detrás de toda la situación creada en torno a su hija, “hay una familia destrozada” y una muchacha a la cual han condenado penal y psicológicamente.

 

La joven fue procesada a inicios de mayo de este año, después de comprobarse que el motivo de su internación en el Hospital Pereira Rossell, la mayor maternidad del país, era una infección originada por maniobras abortivas efectuadas en una clínica clandestina de Montevideo, por las cuales la paciente pagó 700 dólares.

 

El médico que la había atendido en primera instancia en una policlínica denunció su sospecha de aborto a la policía y, cuando la joven arribó al hospital, ya las autoridades estaban sobre aviso.

 

“Yo pregunto, ¿se preocuparon primero por saber por qué lo hizo?; ¿en qué situación está la chica?; ¿En qué situación está la familia? Me gustaría preguntarle al médico que la atendió, dónde quedó el secreto profesional”, cuestiona en su misiva la madre de la muchacha.

 

El caso ha concitado gran atención desde que, el primero de junio, comenzó a circular por Internet una campaña de recolección de firmas en apoyo a la joven procesada.

 

Con la consigna "Nosotras y nosotros también", quienes han rubricado la convocatoria reconocen haber infringido la Ley 9763 de 1938, ya sea porque se han hecho un aborto, lo han financiado, han acompañado a una mujer a practicárselo o han conocido la identidad de muchas en ese caso y lo han callado.

 

“Todas y todos somos la mujer de 20 años procesada”, sostiene la proclama y añade: “O todas y todos somos delincuentes o esa ley es injusta".

 

Junto a los comentarios publicados en el blog ideado para apoyar la iniciativa (www.despenalizar.blogspot.com), figuran más de 7.850 firmas de parlamentarios, ministros y ministras y ciudadanos, hombres y mujeres de diferentes sectores del quehacer nacional. Ahora, además, puede leerse la carta de la madre de la joven condenada.

 

Al dirigirse directamente al juez que condenó a la chica, la madre lamenta que este se haya guiado por una ley de 1930.

 

“Yo reconozco que ella es culpable y no estoy de acuerdo con lo que hizo. También reconozco que tiene poca experiencia de vida. Pero me pregunto si la partera, la médica y la ayudante, todas mayores de 60 años, ¿no sabían lo que hacían? ¿Sólo les importa el dinero?”, increpa la madre.

 

“En el estado en que la dejaron estas bestias, ya era suficiente condena”, añade dolida la mujer, quien describe parte del calvario que ha vivido su hija, a quien “destrozada e inocente con su corta edad, que tenía que estar en reposo debido a las heridas provocadas por estas ‘personas’ sin corazón”, finalmente “la tuvieron todo el día ‘metida’ en un juzgado sintiéndose mal y sin alimentación”.

 

Fuentes no oficiales indican que cada año en Uruguay se registran 47.000 nacimientos y se efectúan 33.000 abortos, una práctica penada por una ley de 1938. El aborto clandestino es la primera causa de muerte materna en el país.

 

En alusión a quienes se dedican irresponsablemente a la práctica ilegal e insegura del aborto, sin las garantías necesarias, la madre asegura: “No parecen seres humanos. Destrozan a mujeres desesperadas, aprovechándose de la situación. ¿Qué le hace a esta profesional, si es que se la puede llamar así, que le hayan incautado 19.000 dólares? Mañana sigue en lo mismo y no pasa nada, porque lamentablemente con plata y un buen abogado se arregla todo y aquí no ha pasado nada”.

 

Me siento impotente ante esta situación porque se cometió una gran injusticia contra una joven que se equivocó, sí, pero creo que con el trauma del aborto, y más en el estado en que la dejaron estas bestias, ya era suficiente condena”, denuncia la señora, quien únicamente tuvo palabras de agradecimiento para los médicos del Pereira Rossell y la directora del Hospital de la Mujer. “Gracias a ellos mi hija está con vida”, asegura.

 

 

Argentina: Polémica por intento de prohibir venta de sexo a travestis

Por Norma Loto

 

Buenos Aires, agosto.- Una protesta convocada por la Asociación de Travestís, Transexuales y Transgénero de la Argentina (ATTTA), y la red nacional integrante de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) exigió al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el 23 de julio, que desista de su intento de prohibir la oferta de sexo a las travestis, en el parque El Rosedal, en el barrio porteño de Palermo.

 

Bajo la consigna “contra la discriminación y la represión, por trabajo digno”, ambas organizaciones se manifiestan contra de la prohibición, dictada por el Subsecretario de Áreas Protegidas, Javier García Elorrio. “Los travestis se apropiaron del espacio”, dijo a la prensa García Elorrio, partidario de que el espacio verde sea destinado “para el disfrute de la gente”.

 

La prohibición creó asperezas en el interior del gobierno, puesto que García Elorrio no habría consultado a la cúpula ministerial, abriendo con esto una polémica considerada para muchos funcionarios “innecesaria”.

 

La medida tampoco especifica cuál sería el futuro lugar donde las travestis podrían ofrecer sexo. La ciudad de Buenos Aires posee un código de contravenciones, en el cual se manifiesta que la prostitución sólo se puede ejercer en la vía publica, a 200 metros como mínimo de viviendas, escuelas y templos.

 

Por su parte, la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgénero de la Argentina (ATTTA), red nacional integrante de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans, envió una carta dirigida al Jefe de gobierno, Jorge Telerman, en la que repudia la prohibición.

 

La misiva dice “a las personas trans nos gustaría ‘apropiarnos’ de espacios distintos al Rosedal. Nos gustaría apropiarnos de una carrera universitaria, nos gustaría apropiarnos de un trabajo digno, nos gustaría apropiarnos de una vivienda, nos gustaría apropiarnos de un documento que diga nuestro nombre, nos gustaría apropiarnos de la oportunidad de vivir una vida que no dependa de proxenetas, policías corruptos y funcionarios transfóbicos”.

 

“Queremos trabajar de otra cosa. ¿A usted le gustaría prostituirse? ¿Le gustaría estar en la calle, en alguna “zona roja”, esperando que aparezca un cliente? ¿Le gustaría ser extorsionado por la policía y tener que pagar con dinero o favores sexuales el derecho a sobrevivir, a no ser asesinado, golpeado o llevado a una comisaría? A nosotras no nos gusta”.

 

La carta refuta lo dicho por el legislador Jorge Enriquez, perteneciente al partido Propuesta Republicana, quien alegó que la oferta de sexo debe realizarse en los ámbitos privados y no en los espacios públicos. “La prostitución ejercida en espacios privados es el negocio de la esclavitud y la trata de personas, que regentean los mismos sectores que piden represión en nombre de “la moral y las buenas costumbres”, objeta la carta.

 

Luego de las manifestaciones, el gobierno porteño convocó a una mesa de diálogo integrado por travestis, prostitutas y vecinos de Palermo, con el fin de llegar a un consenso.

 

Por su parte, Maria José Lubertino, presidenta del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), expresó en un comunicado de prensa su voluntad de mediar en este conflicto.

 

Lubertino señaló que el Plan Nacional contra la Discriminación sostiene que la discriminación y marginación se potencian cuando las personas con diversa orientación sexual o identidad de género son, además, pobres, portadores de alguna enfermedad estigmatizada, miembros de grupos migrantes o pueblos indígenas y/o se adscriben a posiciones políticas críticas.

 

En el caso de El Rosedal, se trata de “un gran número de travestis, para quienes —al cerrárseles toda otra opción— la prostitución se convierte en la única salida laboral, aumentando la discriminación y la marginación”.

 

 

Cuba: Nosotras, también culpables

Por Ilse Bulit

 

La Habana, agosto.- Mi hijo, parado frente a la puerta del dormitorio, no pensó en mis tribulaciones. Con su voz chillona de adolescente, preguntó, como si los días para nuestra familia continuaran iguales: “¿Mamá, dónde están mis medias amarillas?”.

 

Las amarillas, las azules, las blancas o las negras, para mí todas eran iguales. Ciega había retornado de un hospital hacía apenas unos días, pero dominé el primer impulso: reprenderlo por su falta de comprensión hacia mi actual estado. Con serenidad, le respondí: “Ahora tendrás que aprender, al fin, a ordenar tus cosas, a saber en qué gaveta están”. No contestó, sentí sus pasos. Se alejaba. ¿Qué estaría pensando?

 

Lo supe algún tiempo después. Él me lo confesaba: “A pesar de tus griterías y peleas, siempre terminabas ordenando todo”. Era cierto. Antes de acostarme, con grado mayor o menor de agotamiento, revisaba mi hogar paso a paso, con la rigidez de un oficial que analiza el porte de sus soldados. Su uniforme escolar listo para el día siguiente, el televisor desconectado, el arroz y los frijoles escogidos, hasta velaba por el agua para la mascota.

 

En comparación con las vecinas del barrio, me sentía ayudada por los machos de la casa: mi marido, mi hijo y el perro: El primero cocinaba los domingos y, en otras circunstancias, buscaba los alimentos en el mercado, era capaz de quedar al frente de la casa si yo viajaba y, sobre todo, hacía de electricista, fontanero y hasta albañil. El segundo, a regañadientes, botaba la basura. El tercero era incapaz de ensuciar y regar el hogar.

 

Pero todo estaba bajo mi control. Yo funcionaba como un ordenador con un disco duro construido desde hacía siglos. Ahora reconozco su atrasada fecha de empaque, al cual se le modernizaban los programas para su mayor efectividad, acorde con las cambiantes circunstancias de la humanidad.

 

Aunque todos usábamos la ducha del baño, mi exclusividad sensorial detectaba cuándo disminuía el agua por algún escape encubierto. Ordenaba los menús y compras, teniendo en cuenta los gastos calóricos y los fondos monetarios. En una voluminosa carpeta mental, archivaba el lugar donde estaba cada cosa: la bolsita con los cordones nuevos para los zapatos, las llaves duplicadas de la casa, la fecha de vacunación de la mascota.

 

En mi disco duro estaba inscrito: Los hombres nacen con defectos constructivos que les niegan detectar, en los ojos de los hijos, el comienzo de una enfermedad, ni conocer por el olor que el arroz estaba a punto, ni por la presión del tacto desechar las papas con naciente pudrición.

 

Por lo menos mi programa de acción familiar era superior al de mi suegra, cuestión de generaciones. Ella ejercía la propiedad sobre los machos y las hembras. Cuando me visitaba, tomaba el mando. Todo lo pensado, imaginado, soñado, organizado y hecho en las tareas hogareñas por los demás, no tenía valor ni precio.

 

En lo tocante a cocinar, barrer, lavar, planchar… dioses y diablos le habían concedido la suprema sabiduría. Y si alguien se atrevía a ayudarla, se burlaba hasta del desconocimiento absoluto y la falta de maestría demostrada por el improvisado o improvisada al freír un huevo. Sentía lástima hacia ella, con su vida enmarcada en las paredes de su domicilio.

 

Sabía esconder sus inquietudes respecto a las alternativas alcanzadas por mujeres ahora en el estudio y el trabajo. Un día, cuando juntas observábamos un programa televisivo donde una psicóloga enfocaba este tema, se le destapó su inconformidad interior y susurró muy bajo, con una expresión en el rostro que nunca más me mostró: “Es verdad lo que esa dice, soy una esclava”.

 

Su programa no aceptaba actualizaciones. Al día siguiente, no permitía que mi hijo botara la basura. “No era cosa de hombres”, afirmaba. En la semana de su permanencia en mi casa, la veía afanarse en la búsqueda de polvos y otras suciedades, con el interés de un científico en pro de una droga salvadora. Y al hallar una cazuela manchada, me la mostraba con ojos de triunfo, aunque horas más tarde le suministraba un analgésico por los dolores musculares en sus muñecas, vencidas por tanto y tanto frotar.

 

En aquel tiempo, yo me sentía en un estadio superior a mi suegra. Era una profesional reconocida, maga en la combinación de las obligaciones caseras y foráneas. A veces, como ella, me derrumbaba en la cama, golpeada por el cansancio, pero eso sí, ante la absurda limpieza voluta por voluta de la antigua mesa de la sala, prefería leer un libro prestado por un solo día.

 

No había dudas, mi programa de mujer latinoamericana estaba actualizado. Con la frente muy alta, aconsejaba a mis compañeras de sexo, todavía encerradas entre escobas y frazadas y con maridos e hijos incapacitados para adelantar la comida, si la reunión en el centro laboral se demoraba.

 

Sin embargo, mi sorpresiva ceguera total demostraba mi endeblez de mujer emancipada. En el presente, al paso de los años, lo enfoco con tonos de humor en las conversaciones familiares. La verdad es que aquel hogar controlado con mi mando automático estuvo de cabeza durante unos meses.

 

Yo también consideraba la casa como mi reino; donde mi hombre ayudaba por su condescendencia hacia mí, no por la interiorización de los derechos y deberes comunes en la cristalización de la familia. La muestra mayor de mis rezagos la vertí en mi hijo. A él le había insertado las viejas costumbres desembarcadas de las naos de la conquista. Era más fácil recoger el reguero de sus juguetes en su habitación que enseñarle con dulzura y paciencia.

 

Tanto que yo defendía a las mujeres y la que le tocara como compañera, si es que alguna lo aceptaba con sus defectos hogareños, tendría que emprender su enmienda. El padre se sentía un héroe por la ayuda que me prestaba. Era un modelo de esposo que yo debía cuidar y mimar por sus características excepcionales.

 

De golpe y porrazo, las responsabilidades y tareas se distribuyeron entre ellos mientras yo permanecía internada en el Centro de Rehabilitación de Ciegos y Débiles Visuales en el municipio de Bejucal, en la provincia Habana. En la visita del domingo, después del beso de bienvenida y el “¿cómo andas?”, mi hombre me lanzaba una larga lista de preguntas: “¿Dónde está tal cosa y la otra y la otra…?” “¿Cómo se hace esto, lo otro y aquello?”.

 

¡Qué tonta yo había sido! No estimo que exista una condición genética para nuestra disposición en las obras hogareñas. La sociedad nos la ha impuesto en tal medida que el cumplirlas entra en los puntos oscuros a favor de nuestra autoestima, aunque, de cara al mundo, numerosas mujeres ya lo neguemos.

 

Nos hicieron creer en este reino de sábanas olorosas y postres exquisitos y no queremos abdicar. Conspiramos contra las futuras generaciones de mujeres, cuando repetimos en nuestros cachorros los errores y, por si fuera poco, combatimos contra la ternura cuando le negamos al hombre la hermosa posibilidad de leer en los ojos de sus hijos, la alegría o la tristeza.