Reportajes y noticias de SEMlac

del 30 de abril al 6 de mayo de 2007

 

 

Agro exportación: Ganan unos pocos a costa de muchas mujeres

Por Julia Vicuña Yacarine

 

Lima, abril.- Extenuantes jornadas de 12 a 14 horas, salarios paupérrimos, segregación y falta de seguridad laboral son algunas arbitrariedades que cotidianamente enfrentan las trabajadoras de la agroindustria de exportación en el Perú, pese a ser un sector productivo que, año tras año, arroja grandes ganancias económicas a los empresarios privados.

 

“El auge de la agroindustria de exportación no tradicional en el país se construye sobre la base de la semi esclavitud de las trabajadoras del campo”, afirma Celia Mansilla, integrante de la Marcha Mundial de Mujeres.

 

Mansilla explicó que, en la mayoría de las empresas, el personal femenino no goza de contratos permanentes, sino de sistemas temporales de corta duración, que se utilizan para condicionar la recontratación y se acepten abusivas condiciones laborales.

 

La Federación Provincial de Mujeres de Ica, en su investigación Mujeres asalariadas en la agroindustria del espárrago. El caso del valle de Ica, señala que las trabajadoras, además de ser explotadas en largas jornadas, con salarios bajos y condiciones adversas, deben enfrentar un sistema basado en la segregación laboral, que prolonga la división sexual y jerárquica hombre-mujer.

 

Los hombres acceden a puestos de trabajo más estables, a las tareas de control, vigilancia y a ocupaciones más calificadas, mientras ellas ocupan puestos de trabajo temporales, ocupaciones manuales y subordinadas (en el campo, cosecha y en las fábricas selección y corte), concluye el estudio.

 

En el valle de Ica, departamento ubicado a 300 kilómetros al sur de Lima, más del 80 por ciento de las mujeres labora un máximo de seis meses en la agroindustria del espárrago y sólo una minoría logra permanecer por más tiempo en épocas de poca actividad en las unidades productivas.

 

Durante los meses de trabajo, organizan su vida en función de la actividad de la empresa, y en los meses en que se está al margen de ella, vuelven al punto de partida: labores de ama de casa, trabajo agrícola, trabajo ambulatorio, entre otros.

 

“El trabajo en sí es fuerte, estar 12 ó 14 horas paradas es horrible y más cuando el pago no es justo. Trabajamos hasta 16 horas, pagan 11,50 nuevos soles el jornal (3,6 dólares). ¿Horas extras?, ellos decían que pagaban el 50 ó el 25 por ciento más, pero no salía así cuando se sacaban las cuentas, trabajamos de lunes a domingo sin descanso”, dice Juana, trabajadora de una de las fábricas.

 

Para las que laboran en el campo tampoco es fácil. Mirtha, madre soltera, día a día debe planificar su tiempo para no desatender a sus hijas. “Me madrugo bastante, me levanto a las tres de la mañana y les preparo la comida, su desayuno y dejo el almuerzo hecho”, dice.

 

“Es ganar tiempo, dejar la ropa lavada, a la mayor le voy enseñando. Entonces dejo todo listo y ella me ayuda. Le tengo que decir que le sirva el desayuno a su hermanita, que ya está lista, que caliente su comida a la hora de llegar del colegio”, añade.

 

Para Karim Flores, responsable interina del Área de Propuestas de Políticas Laborales y Educativas de la Asociación Aurora Vivar, las tareas y tecnologías utilizadas en este nuevo sector agrícola privilegian habilidades motoras finas, destreza manual y meticulosidad por sobre la fuerza física, por lo que el mercado del trabajo es mayoritariamente femenino.

 

“En un contexto de pobreza y desempleo, brinda a las mujeres una oportunidad de trabajo remunerado y se convierte para algunas en su primera experiencia laboral. A otras les permite pasar de una agricultura de trabajo familiar y de subsistencia, o de un trabajo socialmente poco valorado como el doméstico, a un trabajo agrícola asalariado, aunque en condiciones que vulneran sus derechos básicos y afecta sus condiciones de vida”, afirma.

 

Por otro lado, desarrollan su labor sin condiciones mínimas de seguridad. “No nos dan nada, ni botas nos dan. A veces el espárrago estaba todo mojado y en la mañanita trabajaba en todo el barro, a muchas nos daba tos y se nos hinchaban los pies, pero así es el trabajo, hay que aguantar”, comenta Teresa, otra operaria.

 

Josefina, trabajadora de campo en Ica, comenta: “a veces, echan insecticidas a los espárragos dos días antes de la cosecha, no les importa si nosotras estamos cerca o que no estamos protegidas con guantes para agarrar el espárrago, a veces los estamos cortando y le echan el insecticida, nada de protección nos dan, no tenemos guantes, botas ni un pañuelo”.

 

Diversos estudios científicos advierten sobre el grave riesgo que corren los trabajadores del campo que están en contacto permanente con insecticidas sin equipos de protección adecuados, pues las trazas de éstos son absorbidas por la piel y pueden causar diversos tipos de daños, que van desde las lesiones cutáneas hasta problemas neurológicos graves.

 

Para las mujeres en edad fértil, los riesgos son aún mayores pues, dependiendo del principio activo del insecticida, pueden causar malformaciones en el feto.

 

“No les importa si llueve, quieren que nos quedemos hasta tarde, así estemos mojadas o como estemos, porque si salimos temprano nos amenazan o al otro día nos castigan haciéndonos deshierbar por más horas”, añade.

 

Para algunas, el trabajo es tan fuerte que ha repercutido en su salud. “Cuando llegué a este trabajo estaba más llenita, ahora estoy pesando 45 kilos, por lo mismo de ir y venir, caminar agachada, te enfermas. Yo me he enfermado de anemia, de los bronquios y también de los riñones. También hace frío porque estás bajo el agua, te duelen las piernas, las rodillas, los huesos”, relata Mirtha.

 

La experta de la Asociación Aurora Vivar sostiene que los abusos de parte de las agroindustrias exportadoras tienen respaldo en la Ley de Promoción del Sector Agrario.

 

El régimen laboral general de la actividad privada indica que la jornada de trabajo comprende un máximo de ocho horas al día o 48 semanales. La mencionada norma establece que pueden darse jornadas acumulativas y que se pagará sobretiempo sólo cuando en el plazo del contrato exceda en promedio los límites máximos previstos por la legislación.

 

“La finalidad de la ley fue declarar de interés prioritario la inversión y el desarrollo del sector agrario; es decir, se beneficia al sector empresarial a costa del desmedro económico directo de los trabajadores, lo cual es anticonstitucional”, explica Karim Flores.

 

El Colegio de Abogados de Ica, la Asociación Aurora Vivar, el Centro de Asesoría Laboral, la Comisión de Derechos Humanos de Ica y la Secretaría de la Mujer y la Niñez de la Confederación General de Trabajadores del Perú, entre otras organizaciones, están trabajando conjuntamente para llamar la atención de los legisladores.

 

Consideran que dicha ley es contraria al principio de igualdad y no discriminación consagrados en la Constitución Política del Perú y en los instrumentos internacionales de derechos humanos ratificados por el país.

 

La especialista señaló a SEMlac que, el 27 de junio de 2006, durante el gobierno de Alejandro Toledo, los parlamentarios ampliaron la Ley de Promoción Agraria hasta el año 2021, sin tomar en cuenta que, al hacerlo, prorrogaban las compensaciones y beneficios tributarios y el régimen laboral que recorta derechos fundamentales de las y los trabajadores.

 

Recuadro

Según el Banco Central de Reserva del Perú, las exportaciones no tradicionales están creciendo sostenidamente. Desde 1990 hasta 2005 se ha multiplicado 4,3 veces su valor.

 

Las exportaciones no tradicionales están formadas por productos agropecuarios, pesqueros, textiles, maderas y papeles y sus manufacturas, químicos, minerales no metálicos, sidero-metalúrgicos y joyería, metal-mecánicos, pieles y cueros, artesanías y otras partidas arancelarias de menor significación económica.

 

Las legumbres son los principales productos agrícolas de exportación no tradicional y agrupan 116 partidas de productos como espárragos, alcachofas y cebollas, especialmente.

 

El espárrago es uno de los productos que genera mayor valor exportado: sólo en 2004 registró 230 millones de dólares, lo que representa el 62 por ciento del valor exportado por todas las legumbres y el 29 por todos los productos agropecuarios de exportación no tradicional.

 

La actividad esparraguera se ha incrementado en el país en los departamentos de Piura, Lambayeque, Ancash, Ica, La Libertad y, en menor proporción, en Lima.

 

De acuerdo al primer censo nacional de productores y plantas procesadoras de espárrago, de 1998, del total de trabajadores (7.755) a nivel nacional, el 61 por ciento trabaja eventualmente. Las mujeres son las que mayormente tienen esta modalidad de trabajo (70 por ciento).

 

 

Colombia: Mujeres en junta por la dignidad de su trabajo

Por Fabiola Calvo

 

Bogotá, abril.- Inzá, en el sur de Colombia, fue declarado el pasado 17 de abril en estado de alerta por la erupción del volcán nevado del Huila. Ese fenómeno de la naturaleza quedó registrado por los medios de comunicación, pero no ocurrió lo mismo con el encuentro ni la marcha de sus mujeres, celebrados en ese lugar.

 

¿Por el difícil acceso? No, porque los helicópteros sobrevolaron la zona y la prensa estuvo en el lugar de los hechos.

 

A Inzá llegaron 1.500 mujeres campesinas e indígenas de Medellín, Bogotá, Popayán, de los resguardos, territorios de las comunidades indígenas con un régimen especial de autonomía que respeta sus tradiciones culturales; mujeres maestras, trabajadoras de la salud, de la Ruta pacífica, del Consejo Regional Indígena del Cauca; mujeres negras, blancas y mestizas; católicas y de otras creencias. Todas viajaron para encontrarse y declararse “Mujeres en Junta por la dignidad de nuestro trabajo”.

 

La preparación de la jornada se inició hace un año. De vereda en vereda, más de 30 organizaciones intercambiaron experiencias sobre su realidad cotidiana y reflexionaron sobre formas para dignificar su trabajo. Las mujeres abandonaron el 16 de abril sus cultivos, la cocina, dejaron a su prole al cuidado de otra persona, abandonaron el machete y apagaron los fogones para charlar, para continuar en su “Junta política organizativa”.

 

A Inzá, pueblo con cerca de 8.000 habitantes, se puede llegar desde Neiva o Popayán, ciudades capitales de los departamentos del Huila o Cauca. Desde ambos sitios empieza el periplo que se compensa con la majestuosidad del paisaje y la calidez de su gente.

 

Las horas de viaje dependen del estado de las carreteras, si podemos darle ese nombre a los caminos que conducen al pueblo enclavado entre las montañas, esas moles que desde el centro de la plaza que alberga el mercado, cada sábado, parece que pueden tocarse con sólo extender los brazos.

 

Muchas mujeres llegaron con sus bebés, no escatimaron esfuerzo ni se arredraron por el pésimo estado de las carreteras enlodadas por la lluvia, los derrumbes de piedras y tierra, por esa estrechez que dificulta el paso de los buses anchos, llenos de colores, con muchas entradas y sin puertas, que popularmente se denominan “chivas”.

 

Descendieron de las chivas con sus trabajos artesanales, los productos de la huerta, los tamales envueltos en hojas de plátano ahumadas, con sus cuadernos de apuntes, las denuncias y llamados, con su corazón puesto en la tierra que reclaman para trabajar y la exigencia de aparecer en los títulos de propiedad junto a sus esposos.

 

En su manifiesto final expresaron que su trabajo “es acción de resistencia. Cuando las cosechas de café se acaban, cuando ya no tenemos ni un peso en el bolsillo, entonces velamos para que las ollas siempre estén llenas; los sancochos que preparamos con los productos del huerto resistan el mercado global capitalista, a los tratados de libre comercio y a la explotación de las multinacionales“.

 

“…Cuando el gobierno ya no contrata profesores para las escuelas, nos encargamos de educar y transmitir saberes a nuestros hijos e hijas; cuando nos niegan el derecho a la salud, ahí están nuestras manos, nuestros saberes de médicas tradicionales y parteras para cuidar y curar”, añadieron en el documento.

 

Las asistentes marcharon por las calles del pueblo para recordar que la sociedad, la familia y sus parejas obstaculizan su trabajo comunitario cuando les dicen que “no vale la pena”, que “son malas madres” y que las reuniones de mujeres “no sirven sino para chismosear”. Marcharon porque querían denunciar que se han enfrentado a los malos tratos y a la violencia de sus compañeros.

 

Al paso de las mujeres y de algunos hombres que acompañaron la marcha, niñas, niños y maestras aplaudieron, mientras otros miraron con sorpresa la presencia de cuatro mujeres de la Ruta Pacífica que caminaron con los pechos desnudos, pintados de diferentes colores y con denuncias escritas sobre la espalda.

 

Delante de ellas, una inmensa suma de trozos de coloridas telas con frases alusivas a las condiciones de la población femenina en Colombia.

 

Durante la marcha y el encuentro, las colombianas gritaron consignas contra la guerra y por la paz, contra el cierre del hospital de Inzá y la pérdida de la soberanía alimentaria si el país firma el tratado de libre comercio con Estados Unidos. También llamaron la atención para que sus trabajos sean reconocidos y valorados, y las tareas de crianza de los hijos e hijas sea responsabilidad de todos los seres humanos.

 

Proclamaron su deseo de continuar trabajando en colectivo con propuestas de acción política, en el cultivo de la solidaridad y el respeto, dicho con la propiedad de sus palabras: “Nos juntamos pa´charlar, nos juntamos pa´cambiar, nos juntamos pa´decidir”.

 

Al caer la tarde, ellas empezaron a salir nuevamente para sus lugares de procedencia, con el manifiesto firmado en sus manos y el deseo de promoverlo en cada comunidad. Quedó el sabor de una necesidad: “continuar juntas”, así lo dijo Felisa, la mujer Mayor, así con mayúscula, del pueblo indígena Nasa.

 

 

Bolivia: Crisis mediática

Por Helen Álvarez Virreira

 

La Paz, abril.- La polarización que viven los medios y los periodistas bolivianos ha generado una sensación de desinformación y de manipulación que se está propagando entre la gente de a pie. Los primeros están siendo percibidos como vehículo de transmisión de intereses políticos y empresariales particulares, y los segundos como un gremio desacreditado que se presta a ese juego.

 

“Bolivia vibra con un intenso debate en el que los medios de comunicación son actores protagónicos”, afirma International Media Support (IMS), organización danesa que analizó la situación de los medios masivos de comunicación en el informe Medios y conflicto en Bolivia: Caminos para fomentar el papel constructivo de los medios en una gobernabilidad vulnerable, difundido en marzo de este año.

 

“Los medios aparecen como víctimas y agresores; algunos son punta de lanza de consignas e intereses que parecieran no corresponderles, otros llaman al entendimiento y reafirman que su obligación es ayudar a construir una Bolivia en la que todos puedan convivir en paz, pero con equidad y de forma inclusiva; los más beligerantes son acusados de jugar un papel nefasto, tomar partido y aplicar una abierta manipulación informativa”, precisa el estudio.

 

La situación no es sencilla. Por un lado, la ciudadanía en general está descontenta con el trabajo de algunos medios de comunicación, e incluso hay sectores que ya no quieren saber de ellos y, desde el gobierno, se alientan las generalizaciones negativas sobre todo al gremio periodístico.

 

De hecho, es el mismo presidente de la República, Evo Morales, quien encabeza los reclamos y ataques, especialmente contra los canales de televisión, cuyos dueños son empresarios del oriente boliviano que promueven las autonomías departamentales en contraposición a las autonomías indígenas que propone el Movimiento al Socialismo, el partido del primer mandatario.

 

Por otro lado, el clima es cada vez más adverso para que los informadores puedan desempeñar adecuadamente su trabajo; además, más medios y periodistas están asumiendo posiciones en uno u otro lado, y personas ajenas al periodismo fungen como tales.

 

Ana María Romero de Campero, directora de la Fundación Unir, ex Defensora del Pueblo y periodista de larga trayectoria, considera que hay una gran presión sobre medios y periodistas, y que se está produciendo un “fenómeno que hizo mucho daño al gremio al final de los setenta: la militancia de los periodistas en uno u otro bando”.

 

Esa es también la preocupación del presidente de la Asociación de Periodistas de La Paz, Renán Estenssoro, y de la vicepresidenta de la Asociación Nacional de Periodistas, Sandra Aliaga, quienes observan que los medios han tomado partido en pugnas políticas y que algunos periodistas están haciendo más política que periodismo, incluso tergiversando intencional y abiertamente la información.

 

El secretario Ejecutivo de la Confederación Sindical de Trabajadores de la Prensa de Bolivia (CSTPB), Remberto Cárdenas, destaca, además, las deficiencias del trabajo informativo, que van desde lo técnico, como el inadecuado manejo de la noticia, hasta cuestiones de actitud que se reflejan en el hecho de que pocos periodistas opinen abiertamente, que no se utilice la columna sindical, establecida por decreto supremo durante el gobierno de Alfredo Ovando Candia (1969-1970), y que el análisis de la noticia sea realizado por profesionales de otras ramas.

 

Sobre este último punto, Romero critica a los “opinólogos” que fungen como periodistas y actúan con mayor “desparpajo”, en defensa de determinados intereses políticos y económicos. “Cada vez es más tenue la distancia entre el periodismo y la propaganda”, dice.

 

Recuento de medios

En el país se captan 194 canales de televisión, hay 236 repetidoras que garantizan la cobertura a las redes nacionales de televisión y 25 canales por suscripción, de acuerdo con el informe de IMS. También hay 805 radioemisoras y en total circulan 51 periódicos.

 

El Estado controla tres grandes medios: Radio Patria Nueva —antes Radio Illimani—, Canal 7 y Agencia Boliviana de Información (ABI). Además, como parte de su política comunicacional y con el apoyo de Venezuela, el gobierno lleva adelante la instalación de una red de radioemisoras comunitarias que enlazará a 30 radios en distintos puntos del país.

 

También está prevista la puesta en marcha de un nuevo canal de televisión para —según palabras del propio presidente, recogidas por IMS— enfrentar los ataques de los medios contra su gobierno, especialmente de la red nacional de televisión Unitel, de propiedad de Osvaldo Monasterio, ex parlamentario por el Movimiento Nacionalista Revolucionario, partido del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, quien renunció el 17 de octubre de 2003, tras una revuelta popular.

 

Acecha el peligro

A Estensoro, presidente de la Asociación de Periodistas de La Paz, le aflige especialmente el futuro de la libertad de prensa y de la libre emisión de ideas y de opiniones. Cárdenas, secretario Ejecutivo de la Confederación Sindical de Trabajadores de la Prensa de Bolivia, ve que algunos funcionarios del gobierno buscan restringir estas libertades.

 

Precisamente, ese temor ha llevado a que la Asociación de Periodistas de La Paz promueva un debate entre sus afiliados y otras organizaciones del gremio, durante casi seis meses, para elaborar una propuesta ante la Asamblea Constituyente. El texto ya está concluido y será presentado a los asambleístas para que estos lo incluyan en la nueva Carta Magna.

 

La propuesta se basa en el derecho a la información y en la libertad de expresión, como principios fundamentales de toda sociedad democrática, explicó Estenssoro a la red de televisión ATB. Es decir, que no se restringe únicamente al ámbito periodístico, sino que hace énfasis en la libertad que tienen todas las personas de emitir libremente sus opiniones y en el derecho de todo ciudadano de acceder libremente a la información.

 

“El protagonismo político que tienen hoy los medios hace que los periodistas resulten más vulnerables a las presiones de diverso tipo y que sean blanco por actuaciones que vienen desde los medios -es decir, de directores y propietarios- como desde fuera, por parte de sectores sociales, gubernamentales y empresariales. El riesgo, entonces, es que aumente la autocensura y se creen condiciones propicias para limitar la libertad de expresión”, sostiene el IMS.

 

Y todo parece confabular contra el derecho a la información, la libertad de prensa y la libertad de expresión. La apreciación de los entrevistados por SEMlac, es que las presiones sobre los periodistas provienen de todas partes.

 

Vienen de parte de los dueños de medios de comunicación que dan la línea e imponen censura, y optan por contratar personal joven e inexperto para pagar menos y controlar más; de las fuentes que se niegan a otorgar información; de las condiciones cada vez más precarias de trabajo de los informadores, con salarios bajos, excesiva recarga laboral e inseguridad; del gobierno, de los movimientos sociales, de las organizaciones cívicas.

 

Lo que más preocupa es que estas presiones se están traduciendo, en algunos casos, en agresiones físicas.

 

Pero tampoco dejan de señalar con preocupación que en el gremio, obviamente con algunas excepciones, cunde la mediocridad, la autocensura va incluso más allá de lo que la censura exige, falta unidad y los principios quedan relegados.

 

La vida en riesgo

Los periodistas que día a día salen a las calles en busca de información admiten que muchos no están desempeñando bien su trabajo, aunque también lamentan que justos paguen por pecadores.

 

Durante el seminario internacional “Prensa, situaciones de violencia y acción humanitaria”, que organizó el Comité Internacional de la Cruz Roja en la ciudad de Cochabamba, entre el 31 de marzo y el primero de abril, se reunieron profesionales de Cochabamba y de Oruro.

 

Los primeros aún tenían fresco en su memoria el enfrentamiento del 11 de enero entre sectores campesinos y ciudadanos, que dejó dos muertos; y los segundos, viven pendientes de que se reactive la disputa entre mineros cooperativistas y asalariados, que en octubre del año pasado provocó la muerte de 12 personas.

 

En ambos casos, además del peligro de realizar la cobertura de disturbios donde los sectores en disputa llegaron incluso a utilizar armas y dinamita, los periodistas sufrieron agresiones directamente. En Cochabamba, el ataque fue más explícito y, el 11 de enero de este año, al menos una veintena de profesionales fue víctima de insultos y golpes.

 

Pero, al otro lado de la medalla, están medios y periodistas —sobre todo presentadores de televisión, aclararon en el seminario— que se han posicionado en las filas opositoras al gobierno. “Hemos vivido una fuerte guerra mediática marcada por los medios de redes de grandes empresas que quieren consolidar su hegemonía”, dijo a IMS Gastón Núñez, director Nacional de Comunicación.

 

Sin embargo, también es evidente que la formación de periodistas en Bolivia tiene falencias, como ocurre en los demás países de América Latina, y el egresado sale al mercado laboral con grandes vacíos.

 

¿Qué hacer?

El diagnóstico es desalentador y algunas tareas para recuperar la credibilidad de la gente son quijotescas, pero hay que hacerlas porque de ello depende también que el periodismo sobreviva.

 

Lo primero que debemos hacer es “ocuparnos de nuestro oficio en serio e informar con veracidad, más allá de las antipatías y simpatías; opinar con responsabilidad y analizar la noticia con ética”. Además, es necesario establecer con precisión el lugar de los intereses regionales, populares y nacionales para encausar nuestro trabajo, sostiene Cárdenas.

 

Romero cree que las organizaciones gremiales deben unirse para “preservar y, en su caso, recuperar los valores y espacios para el ejercicio pleno de la profesión”; además, es preciso mejorar la calidad del periodismo, trabajar por el pluralismo, potenciar la reflexión sobre el derecho a la información y educar al público para que luche por este derecho.

 

 

Cuba: Padres en temporada de cambios

Por Sara Más

 

La Habana, abril.- No son sólo, de forma absoluta, los patriarcas de la casa; ni llevan la única “voz cantante” en la familia. Aunque los padres de hoy, en esta isla del Caribe, se siguen pareciendo en mucho a sus antepasados varones, los más jóvenes empiezan a marcar también ciertas distancias y diferencias en el ejercicio tradicional de la paternidad, con una relación más abierta, afectiva y desprejuiciada con su descendencia.

 

“Para mí han sido un regalo de la vida”, dice convencido Frank Medina, electricista de 35 años y padre de dos hijos: una niña de 8 años y un varón adolescente. Medina habla a SEMlac durante una breve pausa, mientras espera a su pequeña, a la salida de la escuela.

 

“La vengo a buscar casi todos los días, me ocupo de que ella y el hermano hagan las tareas y luego jugamos un rato hasta que llega la hora del baño, la comida y el descanso”, dice, mientras habla de sus hijos y explica lo que le resta del día en la rutina familiar.

 

Medina agrega otras muchas tareas, actos y satisfacciones compartidas entre él y su esposa, en relación con sus hijos: estar juntos en el nacimiento de la más pequeña, las reuniones de padres, el disfrute de los primeros pasos y las palabras iniciales, los abrazos y las sonrisas, los regaños cotidianos, las fiestas de amigos, el susto por los golpes y las caídas, el tratar de aliviar los llantos de pequeños, las salidas apuradas para llegar temprano a la escuela, la preocupación nocturna cuando el mayor sale con amigos y demora en regresar…

 

“Mi esposa trabaja en un hospital y llega tarde a la casa, varias veces a la semana. Entre los dos nos repartimos los deberes como podemos, no hay de otra”, comenta.

 

Especialistas reconocen que los cambios sociales impulsados en Cuba desde hace más de cuatro décadas y la transformación de la vida de las mujeres han influido directamente en la vida familiar, aunque sin desterrar aún el modelo y la cultura patriarcales.

 

El acceso de la población femenina al empleo, su desarrollo profesional, la entera decisión sobre su cuerpo y su sexualidad, la feminización de la fuerza técnica, así como la promulgación de leyes que promueven la equidad entre mujeres y hombres han transformado la condición social de las primeras, con repercusión en la esfera familiar, social y la vida de los segundos.

 

Profesionales y especialistas que estudian estos temas en la sociedad cubana advierten que los signos de cambio más perceptibles en la vida de los hombres, al interior de la familia, se dan en el ejercicio de la paternidad, fundamentalmente entre personas jóvenes.

 

Entre otros cambios en las prácticas paternas contemporáneas, suele identificarse una relación más activa de los padres en la crianza y formación de sus hijos, en sus juegos y tareas escolares; una intervención más sistemática en las tareas del hogar y el desarrollo de una comunicación más frecuente y abierta, no sólo centrada en exigencias y regulaciones.

 

Sin embargo, muy pocos (cerca de 20) se han acogido hasta ahora a la “licencia de paternidad”, establecida desde 2003. El decreto posibilita que, una vez concluida la licencia postnatal, así como la etapa de lactancia materna, la madre y el padre pueden decidir de mutuo acuerdo cuál de ellos cuidará a su descendencia el resto del tiempo, hasta el primer año de vida.

 

Para la psicóloga Patricia Arés, “el primer cambio visible se aprecia en las parejas jóvenes, con formas de ejercicio de la paternidad muy cercanas y tiernas, en la primera etapa de desarrollo del niño”, comenta.

 

Entre los actos que los padres han comenzado a asumir con más naturalidad están el cambio del pañal, darle la comida al bebé, bañarlo, acariciarlo, llevarlo de paseo y hasta acunarlo.

 

Estudios recientes con grupos de hombres confirman el criterio de la especialista y al menos, desde la percepción personal, establecen claras diferencias acerca de qué significa ser padre para diversas generaciones.

 

Una investigación realizada en Santa Clara, 435 kilómetros al este de La Habana, constató que, en ocho grupos de reflexión integrados por adolescentes y jóvenes, sus padres y abuelos, todos identificaron los mismos elementos en sus representaciones sociales acerca de las funciones paternas: ofrecer seguridad, dar afecto, transmitir valores, proveer el sustento económico y dar el ejemplo personal.

 

Sin embargo, la valoración que se tiene de estos aspectos varió de una generación a otra, según constató Ramón Rivero Pino, profesor de la Universidad Central de Las Villas y autor del estudio “Representaciones sociales del rol de padre en grupos reflexivos de Santa Clara, Cuba. Implicaciones psico-sociopolíticas”.

 

Para los abuelos consultados, por ejemplo, la autoridad se vincula, preferentemente, a la figura paterna. En otras palabras, no conciben una familia en cuyo seno no exista un hombre que ordene y mande, como forma de mantener el respeto y la valoración de la familia por la sociedad.

 

En los grupos de padres, estos patrones manifiestan cierto cambio, pues el papel autoritario no se ve centrado exclusivamente en el hombre, sino compartido en la pareja.

 

Por último, el ejercicio del autoritarismo no está contenido en el ideal de padre de los jóvenes y adolescentes, quienes cuestionan fuertemente los métodos de ese tipo y expresan un profundo malestar por tener que cumplir órdenes mal impuestas.

 

Con un patrón familiar que preferentemente sitúa al padre en el trabajo “garantizando el sustento” y a la madre en casa, “con los hijos”, los adultos mayores no reconocen la existencia y posibilidad de la comunicación con los hijos, aun cuando sí anhelan y desean ese tipo de relación.

 

Como expresión de un nuevo modelo, los grupos de padres identificaron, en su práctica, algunas dificultades como la insuficiente conversación sobre temas imprescindibles para el conocimiento y comprensión mutuos, para identificar conflictos esenciales, así como la falta de habilidades para solucionarlos constructivamente.

 

Los jóvenes, por su parte, otorgan la mayor importancia a la comunicación y se quejan de que sus padres no los comprenden ni les tienen confianza. De ahí que prefieran acercarse más a los amigos a la hora de las confidencias personales.

 

“Las visiones oscilan desde la paternidad tradicional (autoritaria, proveedora y representativa) hasta la no tradicional (empática y participativa)”, concluye Rivero, autor de la investigación.

 

El estudioso agrega que predomina la imagen de un padre que transita de la primera forma a la segunda, cuya característica esencial es la ayuda a la madre en la atención y el cuidado de los hijos.

 

Los especialistas advierten, sin embargo, que estos signos de cambio, más perceptibles entre los padres jóvenes, suelen desvanecerse muchas veces después que sobreviene un divorcio.

 

“Entonces, no sólo es un reto ser padre viviendo con los hijos, sino serlo cuando ya no se vive bajo el mismo techo. Es la parte más complicada de la paternidad en Cuba”, comenta Patricia Arés, profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana e integrante del equipo que atienden los temas de familia.

 

Cuba tiene una alta tasa de divorcio, que desde el año 2000 fluctúa entre 3 y 3,4 por cada mil habitantes, según datos oficiales. La mayoría de esas rupturas se produce en los primeros cinco años del matrimonio, cuando ya la pareja ha tenido descendencia, que queda generalmente a la guarda y cuidado de la madre. El tiempo promedio de duración de los matrimonios es aproximadamente de 10 a 14 años.

 

“Es muy frecuente la deserción del hombre de la vida familiar, mediado por el conflicto con la madre. Incluso, entre quienes se vuelven a casar, muchas veces un hombre ayuda a educar los hijos de su nueva esposa y los suyos los tiene en el lugar del olvido”, concluye Arés.