Reportajes y noticias de SEMlac

del 9 al 15 de abril de 2007

 

 

República Dominicana: Campesinas opuestas al mercado de la tierra

Por Mirta Rodríguez Calderón

 

Santo Domingo, abril.- La certidumbre de que la tierra no es recurso para vender, sino patrimonio de la humanidad y de cada país, es la convicción esencial de una Articulación del Campesinado Dominicano, que se fortalece para acudir con propuestas específicas a un Congreso programado para el día 25 por la Comisión para la Reforma del Estado.

 

En República Dominicana se está gestando, desde las estructuras oficiales, el propósito de poner en práctica las políticas del Banco Mundial, encaminadas a crear un mercado de la tierra, como el existente en otros países del Continente por influjos del neoliberalismo abarcador.

 

El primer paso sería, eventualmente, desaparecer al Instituto Agrario Dominicano, encargado hasta ahora de aplicar una Reforma Agraria que, aunque tibia, parcial e insuficiente, dio tierras a un número de productores y productoras.

 

En esa Articulación participan 13 organizaciones, progresistas en su casi totalidad, de las cuales tres son femeninas y donde la Confederación Nacional de Mujeres del Campo, la única con alcance nacional, tiene voz cantante.

 

“Liquidar el Instituto Agrario Dominicano equivaldría a sepultar las posibilidades de desarrollo de los pequeños productores, y las mujeres seremos las más perjudicadas”, expresó a SEMlac Juana Ferrer (Negrita), coordinadora nacional de esa agrupación.

 

“Entendemos que la Reforma Agraria no es sólo interés del campesinado, sino de toda la sociedad. Tiene que ser una reforma que distribuya la tierra y también los recursos, una política social necesaria para que podamos producir en condiciones competitivas”, añadió.

 

El aspecto competitividad agobia al campesinado pequeño o sin tierra, porque el país acaba de poner en marcha la implementación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y todos están conscientes de que la nación carece de condiciones, en el campo pobre, para competir, no ya frente a productos importados sino tampoco con las grandes empresas y terratenientes poderosos que disponen de insumos y tecnología.

 

Las tierras agrícolas del país estaban concentradas, en un 45 por ciento, en fincas de entre 300 y 1.000 hectáreas, propiedad del uno por ciento de terratenientes, según datos de 1998. El resto de la superficie cultivada estaba sólo, en un cinco por ciento, en usufructo o tenencia de productores con menos de cinco hectáreas.

 

De casi dos millones de hectáreas bajo explotación agropecuaria, apenas 240.000 eran tierras distribuidas por la Reforma Agraria de 1962.

 

Un informe circulado por la Articulación por la Unidad del Campesinado Dominicano afirma que “parte importante de los productos agrícolas demandados por la población dominicana son cosechados en predios correspondientes a beneficiarios de la Reforma Agraria, sobre todo en rubros como tubérculos, hortalizas, legumbres y arroz”.

 

Las dificultades del campesinado se encuentran también agravadas por el partidarismo político, pues cada vez que cambian los gobiernos, cambian también los funcionarios y los programas de, prácticamente, todas las instituciones. El ejercicio de volver a empezar, a veces sin respetar acuerdos precedentes, convierte la producción agrícola en una batalla dramática para este paupérrimo sector.

 

Una parte de los productores –y en particular productoras– termina por vender sus parcelas o pequeños lotes, agobiados por créditos impagables: exiguos, insuficientes y con altos intereses.

 

Mayoritariamente, esos desposeídos –a quienes casi nunca se les entregaron títulos definitivos de propiedad, sino documentación transitoria– acaban emigrando a las ciudades y sus cinturones, a asentamientos marginales, o se dedican a otras actividades.

 

Ellas se convierten en productoras y vendedoras de alimentos, empleadas domésticas y, con mucha suerte, trabajadoras de zona franca donde sólo pueden ocupar los empleos peor pagados por su poca calificación en materia de estudios y habilidades.

 

Quienes naveguen con mejor suerte pueden ser partícipes de algún proyecto de capacitación y desarrollo, auspiciado por la cooperación extranjera mediante una organización no gubernamental.

 

Ellas, las mujeres de los campesinos

Aunque la modernidad y el progreso se enarbolan en República Dominicana como paradigmas y logros, la percepción de las mujeres del campo es que los grandes problemas sociales siguen intactos o se han agravado.

 

“Y ahora vienen con este intento de vender la tierra, porque dicen que no la van a seguir regalando: ¡cómo si fuera de ellos!”, dijo a esta agencia Ana Flor Ramírez, una agricultora de El Llano, a unos 300 kilómetros hacia el suroeste de la capital.

 

“Lo que necesitamos no es mercado de tierras, sino mercado de productos y precios justos. Y que la gente se acuerde de que la comida de este país la producimos nosotros y nosotras”, insistió.

 

A nivel nacional, las mujeres son más de la mitad: el 50,2 por ciento. En la zona urbana: el 51,4. Pero en el área rural, donde vive el 35 por ciento de la población total, ellas son menos que los hombres: representan el 48,2.

 

El sector rural de la economía aporta al Producto Interno Bruto casi el 12 por ciento. Sin embargo, las precarias estadísticas, al no estar segregadas por sexo, impiden cuantificar el aporte femenino en el campo.

 

En muchos sentidos, la mujer del campesino sigue siendo quien cuida los animales, atiende el conuco (pequeña parcela de tierra) y reproduce la fuerza de trabajo de toda la familia. Y a esos aportes tan importantes no se les asigna valor.

 

De la población económicamente activa femenina, que representa el 34,9 por ciento, el 7,2 se ocupa de la agricultura y la ganadería. La inmensa mayoría son campesinas sin tierra.

 

Según la experta Fátima Portorreal, quien trabaja ahora en un estudio sobre la Reforma Agraria, “la tierra continúa concentrada en manos de unos pocos: hombres todos. Siendo como es la agricultura base fundamental del desarrollo, la expropiación de las mujeres de su Derecho a la Propiedad se traduce en el reforzamiento de su dependencia económica y en un factor catalizador del aumento de las migraciones femeninas del campo a la ciudad”.

 

Víctima de la desprotección oficial en mayor medida que otros segmentos poblacionales, el campesinado dominicano padece de pobreza extrema en un país donde el 13 por ciento de la población se hallaba, en 2002, por debajo de la línea de subsistencia, y 498.098, casi medio millón, ya pasaba hambre para esa fecha, de acuerdo con el Informe de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo de 2005.

 

Organismos de Naciones Unidas indican que la prevalencia de desnutrición en República Dominicana era del 27 por ciento en 1992 y 25 en 2001, por lo que de mantenerse esta tendencia el porcentaje sólo disminuiría a 21.7 entre 2014 y 2016.

 

De ocurrir así, la nación no cumpliría el primer objetivo de las Metas del Milenio para 2015, que postula la voluntad de reducir a la mitad el porcentaje de personas que padezcan hambre.

 

No es necesario adivinar que esta situación agrava las dificultades cotidianas de todos y todas pero, en particular, de las mujeres que tienen que bregar con el sostenimiento familiar y los avatares de la vida. Y entre ellas, de las más pobres entre las pobres, que son las campesinas sin tierra.

 

Todo esto explica la campaña emprendida por la Articulación por la Unidad del Campesinado Dominicano, que tendrá un hito el día 25 del presente mes, cuando se celebre el Congreso organizado por el sector oficial. Una parte de la gente del campo, con gran beligerancia de las campesinas, se prepara para pronunciamientos enérgicos.

 

Es posible que consigan, al menos por un tiempo, detener el desmantelamiento del Instituto encargado de la Reforma Agraria y frenar la privatización de la tierra.

 

 

Derechos humanos: Atacan a Sonia Pierre en República Dominicana

Por Mirta Rodríguez Calderón

 

Santo Domingo, abril.- La virulencia de las autoridades dominicanas contra las personas de ascendencia haitiana se expresó otra vez contra la intelectual Solange (Sonia) Pierre, prominente defensora de los derechos de ese segmento de la sociedad dominicana.

 

A Pierre, la Junta Central Electoral amenaza con retirarle su nacionalidad y encausarla por supuesta falsificación de los documentos acreditativos de su nacimiento, a partir de los cuales obtuvo la identidad que ha tenido toda su vida.

 

La campaña ocupó titulares en importantes medios y ocurre horas después de que el Estado dominicano acatara la sanción que le fue impuesta por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y anunció que indemnizará a las niñas Yean y Boscio, violentadas en sus derechos. Entre estos derechos se encuentra el reconocimiento de su condición de dominicanas y el otorgamiento de la partida que lo acredita.

 

Ese hecho parece ser el detonante de los actuales ataques contra la intelectual de ascendencia haitiana, pues ella encabezó al grupo de humanistas que llevó el caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 2005, lo cual inició un largo proceso que apenas termina.

 

La Fundación estadounidense Robert F. Kennedy Memorial, que el pasado año condecoró con su más alta distinción a la presidenta del Movimiento de Mujeres Dominico Haitianas, emitió desde Washington una declaración denunciando la conjura.

 

La directora de esa institución, Monika Kalra Varma, subrayó que la acción está directamente ligada al trabajo de Pierre a favor de la comunidad dominico-haitiana y que sus implicaciones se extienden a los cientos de dominicanos y dominicanas de ascendencia haitiana amenazados por la medida.

 

En efecto, el anuncio de la Junta Central Electoral de solicitar la anulación del acta de nacimiento, la cédula y la nacionalidad de la defensora de los derechos humanos se apoya en una petición de una organización nacionalista, anti haitiana y minoritaria en militancia: el Partido Fuerza Nacional Progresista.

 

Los términos con que se ha dado a conocer la noticia afirman que la madre y el padre de Pierre vivían ilegalmente en el país y que habrían falsificado documentos para obtener la identificación de su hija. Sonia nació y creció en el batey Llaverías, a unos 40 minutos de Santo Domingo, la capital.

 

En Dominicana, como en otras zonas del Caribe, los bateyes son asentamientos aledaños a plantaciones azucareras.

 

Motivo de alarma, sin embargo, es el elemento de que la Junta Central Electoral podría emprender igual acción “contra cientos de haitianos con documentaciones dudosas”, lo cual estaría anticipando una verdadera cacería de brujas.

 

Entrevistada para SEMlac hace unos meses, en ocasión del Premio que le entregó la Fundación Robert F. Kennedy, Pierre recordó el acoso a que la han sometido desde siempre y cómo esto ha perjudicado a toda su familia, a sus hijos e hijas y a sus padres.

 

“Está claro que en el país hay una política de Estado frente a la población de inmigrantes haitianos y sus familias, y los gobiernos la aplican, unos con más saña que otros, pero todos la aplican”, comentó entonces.

 

“El sector oficial siempre ha sido adverso a nuestro trabajo, porque hay una situación real de malos tratos, de exclusión, racismo, discriminación y xenofobia que se acentúa cada vez más, pese a que nada justifica la situación de abusos e injusticias que se cometen”, abundó.

 

Los sectores más retardatarios de la sociedad dominicana y sus medios de prensa han reaccionado y revelado claramente sus posiciones: desde los que titularon en primera plana, con letras de 60 puntos, hasta los que hicieron un pase a páginas interiores con llamada desde la portada.

 

De consumarse el intento de la Junta Central Electoral Dominicana, que dice contar con una investigación a fondo, probatoria de la documentación falsa con que la destacada luchadora habría sido inscrita, para la comunidad dominico-haitiana se iniciaría un período de descarnadas persecuciones y abusos.

 

 

Uruguay: Imagen de la primera senadora latinoamericana da la vuelta al mundo

Por Ángela Castellanos

 

Montevideo, abril.- La imagen de la primera senadora de Latinoamérica, Julia Arévalo, ya está circulando por el mundo entero, en una estampilla postal que lanzó la Administración Nacional de Correos de Uruguay a solicitud de las mujeres sindicalizadas de este país del cono sur.

 

“Este sello es un reconocimiento de las mujeres. Es el primero de una serie que rendirá tributo a otras uruguayas”, aseguró a SEMlac Noelia Millán, integrante de la comisión de género de la central de trabajadores PIT-CNT.

 

Arévalo encarna a la trabajadora, sindicalista, política y legisladora. Nacida en el ocaso del siglo XIX, en una familia de escasos recursos económicos, tuvo que abandonar la escuela para empezar a laborar en una fábrica a la corta edad de 10 años. A los 15, se afilió al Partido Socialista y comenzó su activa participación en el movimiento sindical.

 

Como pionera de las mujeres políticas, descolló convirtiéndose en fundadora del Partido Comunista de Uruguay, hacia 1920. Luego, en 1942, se convirtió en una de las primeras diputadas de la Cámara baja, junto con Magdalena Antonelli. Poco después, en 1946, fue elegida senadora, la primera mujer de Latinoamérica en ostentar ese cargo.

 

En su trayectoria como legisladora, defendió los derechos de los trabajadores y de las mujeres a través de la presentación de varios proyectos de ley sobre las condiciones laborales y el salario de las uruguayas, y el impulso a las normas que consagran los derechos civiles femeninos.

 

"Tuve la suerte que no tienen todos los luchadores sociales. La de ver coronada con éxito una etapa, un escalón importante y decisivo de la causa a la cual se entrega la vida entera", dijo Arévalo poco antes de su fallecimiento en 1985, según recoge uno de sus cronistas.

 

La estampilla muestra el rostro de Julia Arévalo elaborado por el dibujante Eduardo Salgado, tiene un costo de 15 pesos uruguayos (unos 60 centavos de dólar) y se emitió un tiraje de 15.000 ejemplares.

 

Este sello se suma a otros mecanismos a favor del reconocimiento de las mujeres y sus derechos, en lo que viene trabajando el PIT-CNT. Tal es el caso de la promoción del número gratuito de consejería sobre violencia doméstica a través de las tarjetas prepago de la empresa de teléfonos, que luego se extendió a las facturas de los servicios domiciliarios de electricidad y de agua.

 

Además, por medio de las mismas tarjetas se difundió la legislación sobre el día libre para hacerse exámenes de detección temprana del cáncer de mama y de cuello uterino, y otras normas contra la discriminación laboral.

 

 

Cuba: “Jazzistas” a escena

Por Dixie Edith

 

La Habana, abril.- En el mundo del jazz, dominado desde sus orígenes por los hombres, las mujeres cubanas están sentando pautas, sin prisa y sin pausa.

 

Nombres como el de Bellita Expósito, pianista y compositora; o los de la saxofonista Lucía Huergo; la vibrafonista Tamara Castañeda; la vocalista María Caridad Valdés y el conjunto vocal Sexto Sentido, entre otros, se escuchan, edición tras edición, en los festivales de jazz latino.

 

Desde hace alrededor de cinco años, espacios como “Mujeres en el Jazz”, del club nocturno capitalino “La zorra y el Cuervo”, van ganando cada vez más seguidores.

 

A juicio de Lilia Expósito, más conocida como Bellita, líder del cuarteto Bellita y Jazz Tumbatá y promotora de los primeros encuentros “Mujeres en el Jazz”, este es apenas el principio.

 

“Las cubanas serán cada vez mejores en el jazz. Entre las muchachas se está tomando conciencia de que la jerarquía no te la da con quién tocas, sino cómo lo haces”, precisa.

 

Según la talentosa artista, en las escuelas de música de la isla, donde existe una representación balanceada de sexos y se practican todos los géneros y estilos, en los últimos años el jazz latino ha hecho furor. “En algunas especialidades, piano, flauta y percusión, casi siempre se deriva hacia la improvisación jazzística”, comenta.

 

Pianista, cantante y compositora, Bellita tiene una formación académica muy completa. Estudió piano en el Amadeo Roldán y se graduó de Musicología en el Instituto Superior de Arte (ISA).

 

También adquirió experiencia en agrupaciones de prestigio dentro del panorama musical cubano. Antes de crear su propio equipo, fue tecladista de los grupos Mezcla, Manguaré y Zarabanda y se insertó en los terrenos del jazz por todo lo alto. Su primer disco con Jazz Tumbatá fue nominado al Grammy en 1998.

 

A ella se debe, además, la organización del Primer Encuentro de Mujeres Jazzistas en Cuba, hace un lustro, para promocionar el género y debatir sobre los aportes de las cubanas.

 

En su opinión, ha llegado la hora de demostrar que, entre las mujeres del patio, hay buenas instrumentistas y que, en la medida en que el fogueo crezca, ellas crecerán todavía más.

 

El desempeño de jóvenes figuras como Tamara Castañeda, premio del JOJAZZ de 2001, da la razón a la Expósito. Considerada la única vibrafonista en la historia del jazz cubano, Castañeda también se ha dado a conocer como compositora.

 

Es graduada de percusión en el Conservatorio Amadeo Roldán y ha estado en varias formaciones musicales como la Orquesta Sinfónica Juvenil y TCI Trío, que ella misma fundó en 1998 y donde debutó en el vibráfono.

 

Su especial talento la ha llevado a compartir el escenario con figuras míticas del jazz como los estadounidenses Ateve Colleman, Roy Hargrove y Bol Chilson; o el cubano Chucho Valdés, director de Irakere.

 

En 2001, Castañeda se alzó con el Grand Prix del Festival de Jóvenes Jazzistas, JOJAZZ, y es presencia habitual en los Festivales de Percusión PERCUBA y en los festivales del Jazz Plaza de La Habana.

 

Desde estudiante apostó su talento a la percusión, a pesar de ser considerada “cosa de hombres”. “Siempre los hombres lo vieron como algo fuerte, pero los prejuicios han disminuido. En lo personal conté con una enseñanza libre de tabúes y muy femenina”, explicó durante una presentación reciente en la ciudad de Santa Clara, a unos 300 kilómetros de La Habana.

 

El reto no es broma. Tradicionalmente, incluso en Estados Unidos, considerada la cuna del jazz, a las mujeres se les dejó sólo el espacio de vocalistas. Las grandes del género, Ella Fitzgerald, Sara Vaughan, Carmen McRae, entre otras, trascendieron por ser magistrales intérpretes de jazz o blues.

 

Pero, con el tiempo, han ido apareciendo fenómenos como el de Regina Carter o la directora de bandas María Schneider, que van cambiando la tradicional distribución de funciones al interior de esta música.

 

En Cuba, la participación de las mujeres en la música se remonta a los primeros tiempos de la colonia. Por entonces, ante la escasez de profesionales, se utilizaban cantantes negras en las iglesias.

 

En un censo de 1582, realizado en La Habana y Guanabacoa, no aparece registrado ningún músico de profesión. Sin embargo, en Santiago de Cuba, una pequeña orquesta compuesta por dos tocadores de pífano y un sevillano tocador de violón llamado Pascual Ochoa, ya incorporaba dos negras libres en su nómina: las hermanas Micaela y Teodora Ginés.

 

Teodora se hizo famosa por sus canciones y precisamente una de ellas, El Son de la Ma Teodora, está considerada la más antigua composición cubana conocida.

 

Otras mujeres destacaron posteriormente, pero en la llamada música culta, limitada a los salones más selectos.

 

Ya en el siglo XX, los nombres de María Teresa Vera, considerada figura esencial dentro de la trovadoresca cubana, y Rita Montaner comienzan a repetirse entre los amantes de la música en la isla. Intérpretes como Esther Borja y compositoras como Ernestina Lecuona, también trascendieron en esos años.

 

Pero son las agrupaciones de mujeres, al estilo de la célebre Anacaona, el antecedente más directo de las jazzistas de hoy.

 

Fundada en febrero de 1932, por Concepción Castro Zaldariaga y sus hermanas Olga, Ada y Ondina, Anacaona primero surgió como septeto y luego se convirtió en jazz-band, con un amplio repertorio de música tradicional cubana.

 

Tuvieron que luchar duro, sobre todo contra las incomprensiones propias de la época. Según anécdotas históricas, un profesor del Conservatorio Municipal expulsó de ese recinto a una de las muchachas de Anacaona porque se había atrevido a tocar lo que llamó ese “vulgar tipo de música”.

 

También enfrentaron la discriminación contra la mujer que trabajaba en la calle, más aún en cabarets u otro tipo de centros nocturnos. Todas ellas contribuyeron a dignificar la presencia femenina en la música cubana “aunque en circunstancias más adversas para el despliegue de sus dones”, ha escrito la musicóloga Alicia Valdés.

 

Anacaona continúa sonando en la actualidad bajo la batuta de otras hermanas, Georgia y Dora Aguirre, quienes en la pasada década del ochenta, al graduarse en el conservatorio Amadeo Roldán, fueron invitadas por las fundadoras para integrar la agrupación.

 

Georgia Aguirre, la actual directora, define la sonoridad de Anacaona como “femenina, pero fuerte” y asegura que los hombres no tendrán cabida en el grupo. “Nosotras somos las continuadoras de un patrimonio que tiene un prestigio, una historia y ese es nuestro compromiso”, asegura.

 

“La música es una sola, no es femenina ni masculina”, sentencia, pero argumenta que muchas veces se duda de las mujeres que la hacen pues “lamentablemente, este mundo de la música popular es eminentemente masculino”.

 

“A la orquesta de mujeres se le exige mucho también en la imagen, casi es lo primero, y eso no es justo, aunque tengamos que cuidarla. Existen grupos que venden caras bonitas, coreografías, ropa de moda... y luego te quedas frustrado cuando los escuchas”, argumenta.

 

Con Aguirre coincide, en parte, la muy joven y multifacética Yusa, tresera, bajista, cantante y compositora, quien es integrante de la agrupación Interactivo, ganadora del Gran Premio del festival Cubadisco 2006.

 

“Me parece que lo único que ocurre es que, en general, hay menos mujeres haciendo música que hombres, si descontamos a las que no hacen propiamente música sino exhiben su figura (cosa que, por cierto, podrán hacer sólo unos años)”, declaró a la revista La Gaceta de Cuba, de la Unión de Escritores y Artistas de la isla.

 

“Está claro que ser mujer implica una sensibilidad especial, pero sólo eso, distinta”, precisó.

 

Para ella, la mayoría de los hombres músicos “tiene el machismo histórico sentado cómodamente en su silla turca”. Pero el talento, finalmente, se impone: “Para cada uno de ellos, dejé de ser una mujer músico para ser, a su lado, un músico”.

 

 

Sexualidad: Principios de Yogyakarta, instrumento de la diversidad

Por Ángela Castellanos

 

Montevideo, abril.- La comunidad uruguaya de lesbianas y homosexuales empezaron a estudiar los Principios de Yogyakarta sobre la orientación sexual, la identidad de género y las leyes internacionales de derechos humanos. Con esto pretenden continuar incidiendo en las políticas públicas, a fin de que sean reconocidos sus derechos en todos los ámbitos.

 

Lanzados el pasado 26 de marzo, inmediatamente después de la sesión del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, los Principios de Yogyakarta fueron elaborados en noviembre, durante un encuentro en Indonesia entre varios representantes de organismos LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales) internacionales y expertos en Derechos Humanos.

 

Se trata de una serie de principios sobre cómo se aplica la legislación internacional de derechos humanos a las cuestiones de orientación sexual e identidad de género y que ratifican estándares legales mundiales vinculantes que los Estados deben cumplir.

 

“Estamos emocionados con el lanzamiento de los Principios de Yogyakarta, pues son un instrumento que podemos usar en las estrategias de cabildeo”, dijo a SEMlac Rubén Campero, codirector del Centro de Estudios de Género y Diversidad Sexual, una organización no gubernamental que aboga por los derechos de la comunidad de LGBTI desde el desarrollo conceptual y docente.

 

De hecho, la labor de cabildeo ante las instituciones gubernamentales permitió que, a lo largo de marzo, se desarrollara el ciclo de cine y debate “Mujeres Diversas-Diversas Mujeres”, con apoyo de la Intendencia (alcaldía) Municipal de Montevideo y la participación de entidades oficiales sectoriales.

 

La iniciativa fue acogida por la Secretaría de la Mujer de la alcaldía, que la insertó en la agenda de actividades del “mes de la mujer”, declarado por la instancia de poder capitalina.

 

Cada miércoles de marzo se exhibió (con entrada libre) un filme relacionado con la diversidad sexual, seguido de una mesa redonda temática. Así, por ejemplo, se realizó el debate "La salud de las otras mujeres'", en el que participaron representantes de la División de Salud de la alcaldía, del Ministerio del ramo, la Asociación de Travestis del Uruguay y del Colectivo Ovejas Negras, un grupo de LGBTI de Montevideo.

 

“Se está dando un dinamismo de interacción entre las organizaciones activistas LGBTI y los organismos oficiales”, aseguró Campero, quien participó en la sesión dedicada a la educación, junto con representantes del Consejo Directivo Central, organismo gubernamental del sector.

 

“Intentamos la incidencia política de varias formas: a nivel legislativo y en el educativo. En este último, hay mucho por hacer, como la formación de la actitud no discriminatoria en los docentes y la transversalización del tema en el programa de estudios, entre otros”, explicó.

 

“Pero entendemos que, si no hay un contexto jurídico que reconozca y proteja a los derechos de la comunidad LGTBI, no es posible el empoderamiento de sus integrantes. No basta con tener espacios de reflexión o de psicoterapia”, puntualizó Campero, quien es docente en sexología.

 

De todas maneras, reconoció que el cine es un buen recurso para difundir el tema de la diversidad sexual y para generar espacios de discusión.

 

 

Las mujeres “berracas” de Colombia

Fabiola Calvo

 

Bogotá, abril.- Sin entrar en disertaciones políticas o ideológicas, las mujeres en Colombia son unas berracas, según el hablar típico o popular. Y cuando son “misiá berracas”, quiere decir que “si no lo hacen ellas, no lo hace nadie”.

 

Ahora que los notables de la lengua castellana concluyeron el cuarto congreso de la lengua española en Cartagena de Indias, vale preguntarse: ¿qué habrán concluido sobre la palabra berraca? Mientras escribo la palabra, el sistema en el computador, rápidamente, me corrige la ortografía, pero en Colombia se debate si se escribe con b o con v.

 

La Real Academia no la admite en ninguna de las acepciones en que se utiliza en Colombia, pero el Instituto Caro y Cuervo de este país incluye en su diccionario los términos berraca, berraco, berraquera.

 

Para algunos, es una palabra vulgar; pero podríamos interpretarla como una innovación en esta parte del Atlántico. Digamos que es una aportación criolla, como otras tantas.

 

A lo que vamos: mujeres berracas en Colombia: Policarpa Salavarrieta, conocida como La Pola, organizadora y subversiva, luchó por la independencia de España; Manuela Beltrán, mujer de pueblo que lanzó su primer grito en la plaza contra el gobierno español; Manuela Sáenz, revolucionaria de origen quiteño, vinculada a la gesta libertadora que recorría la Nueva Granada; y todas las que no alcanzamos a nombrar, más las anónimas que tendremos que ir descubriendo.

 

Pero ¿qué es una mujer berraca?

Para Adriana Hurtado, de 24 años, profesional en mercado y publicidad y funcionaria oficial, “es aquella que ha roto los esquemas que la vida le ha trazado, que logra superar sus temores y transmitir esa fuerza a los demás”.

 

“Y no sólo es una luchadora, porque creo que todas tenemos de esa lucha, diariamente. Una mujer berraca tiene una gran curiosidad y unas ganas de comerse la vida que hace que sobresalga por encima de otras. No todas somos igualmente berracas, porque esa barraquera se le adormece a una o se despierta de acuerdo a las circunstancias”.

 

En su entorno cercano, Adriana encontró, en su madre Erisinda, a una mujer berraca, “no sólo porque es mi primer referente, sino porque le tocó romper con el machismo de la familia y la tradición de un pueblo pequeño donde lo habitual es que una mujer se case y tenga hijos. Ella quiso ser ella, estudió, ha trabajado toda su vida y, sin dejar a la familia, la ha arrastrado con ella”.

 

Además de Erisinda, la joven publicista admira la berraquera de Pastora, la madre de su suegra. “Una ve en sus ojos cómo teje el futuro y no se ha quedado en un pasado doloroso ni se acongoja por las situaciones que le han tocado el alma, sino que ha seguido construyendo. ¡Es de una berraquera absoluta!”.

 

Nubia Edith Muñoz tiene 24 años y es estudiante de enfermería. Paga sus estudios y sostiene a su hijo trabajando como empleada del servicio doméstico. Así estudió también su bachillerato. Para ella, una berraca “es la que hace de todo para salir adelante, que no ve obstáculos para hacer las cosas”.

 

Con orgullo, Nubia dice que una mujer así es su madre, María Aladino. Lo dice poniendo énfasis y alargando cada una de las letras. “Ella quedó viuda cuando nosotras éramos muy pequeñas. Fue terrible. Él era el centro de la casa, quien trabajaba, llevaba el sustento a la familia. Ella era ama de casa, no salía a trabajar fuera y siempre estaba pendiente de nosotras”.

 

“Perderlo a él fue un golpe terrible para todas, pero mi mamá tuvo una gran berraquera para salir adelante. Yo, que soy la mayor, tenía diez años y mis hermanas menores, ocho y siete años”.

 

“Para ella fue muy duro irse a trabajar y dejarnos solas. Se enfrentaba a lo económico, sacaba adelante la casa y nuestros estudios. Empezó a trabajar en cafeterías, restaurantes, heladerías, en lo que le saliera”.

 

“Su idea fue siempre tener un trabajo que no le ocupara todo el tiempo para dedicarnos parte a nosotras, pero le tocó en lo que pudo”. María, la madre de Nubia, trabaja hoy en una empresa como aseadora, con las garantías que no tuvo entonces.

 

También Cristina Spetch, de 45 años, de nacionalidad suiza, con 25 años de residencia en Colombia, actriz de teatro y directora ejecutiva de la Fundación Cultural Los Funámbulos, comentó lo que para ella significa el término.

 

“Berraca es una mujer que encuentra caminos y supera todas las dificultades. Puede ser pobre, rica, con formación, sin formación. No importa”.

 

Esta europea, curtida en las tablas de la actuación, dice que en su trayectoria ha encontrado muchas berracas que no son famosas. Como su vecina de 80 años, que lleva 17 luchando por no dejarse sacar de su lote.

 

Así, mujeres berracas habrá no sólo en Colombia: son las que tienen talento, destreza, las que se destacan por su fuerza física, inteligencia, valentía, coraje. También puede decirse: ¡qué berraquera de trabajo! para significar que es muy, muy bueno, lo máximo, lo mejor.

 

Quizás concuerden conmigo: Es berraquísimo luchar por lo que queremos. Pero eso sí, cuidado, porque también una puede estar berraca cuando está enfadada.