Reportajes y noticias de SEMlac

del 8 al 14 de enero de 2007

 

 

Uruguay: Sistema de salud detectará casos de violencia doméstica

Por Ángela Castellanos

 

Montevideo, enero.- ¿Ha sido víctima de violencia doméstica o lo es actualmente? Esta es una de las preguntas que deberán formular todos los profesionales de la salud de los centros uruguayos de primer nivel de atención, tanto públicos como privados, a las mujeres que acudan al servicio médico general, ginecológico y de pediatría.

 

La interrogante forma parte de un formulario que busca detectar precozmente la violencia doméstica y que empezará a aplicarse dentro de seis meses a las mujeres mayores de 15 años, según lo establece la guía de procedimientos “Abordaje de Situaciones de Violencia Doméstica hacia la Mujer”, recientemente expedida mediante decreto ministerial.

 

En su argumentación, la norma establece la violencia doméstica como “un serio problema de salud pública”. En Uruguay se registran cerca de 7.000 denuncias anuales de violencia doméstica y cada nueve días muere una mujer por esta causa, de acuerdo con cifras oficiales citadas por el director de la División de Artes y Letras del Departamento de Cultura de la alcaldía capitalina.

 

El Programa de Salud de la Mujer y Género del Ministerio de Salud Pública, inspirador de la medida, espera que el formulario no se tramite como otro cualquiera, sino que el personal de salud lo asuma como un acto de promoción de los derechos humanos y no como una formalidad administrativa.

 

Cristina Grella, directora del Programa, afirmó en su presentación que el personal de salud tiene un papel fundamental en la detección de la violencia doméstica, y que se espera que actúe como un agente orientador de las mujeres para que cambien su autopercepción y la actitud ante la situación de violencia.

 

“Me parece que la guía está bien inspirada, pero no creo que todos los médicos estén capacitados para hacer una labor eficiente al brindar esa orientación, la cual requiere no de una charla, sino de un proceso de empoderamiento”, opinó a SEMlac Ana Laura Gómez, una profesional de la medicina.

 

Con esta disposición también se espera que el personal médico evalúe el riesgo en que se encuentran las mujeres sometidas a la violencia por razón de género, y que puedan remitirlas a los organismos especializados.

 

Los centros de salud deberán notificar mensualmente al Ministerio de Salud los porcentajes de mujeres encuestadas sobre las atendidas, así como el de respuestas positivas.

 

La directriz ministerial emula disposiciones similares de otros países y desarrolla el mandato de la Ley de violencia doméstica, adoptada en el año 2002, que obliga al Estado uruguayo a prevenir, sancionar y erradicar la violencia doméstica y sus manifestaciones en lo físico, sexual, psicológico, emocional y patrimonial.

 

La medida atiende una frase repetidamente escuchada en boca de mujeres que sufren violencia doméstica: “Yo no quiero que mi marido vaya preso, lo que quiero es que me deje vivir tranquila”.

 

 

Guatemala: Sumisas, obedientes y serviciales

Por Alba Trejo

 

Guatemala, enero.- Amorosa, servicial, obediente y sumisa son cuatro características que, según las guatemaltecas, se debe poseer para ser la pareja ideal que el hombre busca al decidir su vida marital en este país centroamericano.

 

Por si fuera poco, las mujeres mantienen la convicción de que son ellos quienes deben decidir cuándo hacer el acto sexual y el número de hijos que se deben procrear.

 

Estos datos fueron revelados en una encuesta realizada a 1.000 mujeres en 20 de los 21 departamentos de esta nación, poblada por 12 millones de habitantes. La investigación fue efectuada por la empresa latinoamericana Vox Latina, bajo el título La Equidad de Género.

 

Las respuestas de las encuestadas, entre las que había casadas, con pareja, divorciadas, separadas o madres solteras, pusieron en evidencia que las guatemaltecas siguen viviendo bajo el régimen patriarcal, establecido durante la colonización española en 1524, y en el cual las mujeres se consideran de valor inferior a los varones.

 

Reflejaron, asimismo, que debe existir una ciega obediencia al cónyuge en todo lo que ordene y más de la mitad de las interrogadas supone, incluso, que deben seguir los consejos de sus abuelos respecto a ser dóciles, dulces, siempre condescendientes y sumisas con su pareja.

 

Seis de cada 10 dijeron que debían ser obedientes, mientras que cuatro de cada 10 creen que prima la opinión del hombre respecto a la ropa que deben vestir, aunque admiten que lo hacen para evitar golpes y maltratos.

 

En el caso de las indígenas, la situación empeora. A ellas, desde niñas, se les enseña que el hombre es superior en todo. Y en sus respuestas  muestran sumisión hacia el género masculino.

 

Tanto las mayas como las ladinas (no indígenas) piensan que les corresponde la exclusividad de cuidar a los hijos, preparar la comida y limpiar la casa y, aún más, nueve de cada 10 aseguran que se debe llegar virgen al matrimonio porque, de lo contrario, no se tiene valor ante la sociedad.

 

Una de las razones para explicar el pensamiento de la mujer maya estriba en el analfabetismo. De acuerdo con las respuestas recibidas, a menor nivel de escolaridad de las entrevistadas, mayor es la evidencia de sumisión.

 

De acuerdo con datos del gubernamental Instituto Nacional de Estadística, la tasa de ausencia escolar en las indígenas es alarmante, pues oscila entre el 50 y 90 por ciento. Sólo el 43 por ciento de ellas termina la primaria, el 5,8 la secundaria y el uno por ciento, la universidad.

 

A eso se agrega la cultura patriarcal acentuada en las 22 etnias mayas. Los indígenas consideran que los niños son quienes tienen el derecho de prepararse profesionalmente, porque ellos son los que salen a trabajar. Para las niñas, en cambio, existe el criterio de que hay que relegarlas al cuidado de los hermanos, la elaboración de las tortillas (plato típico elaborado con maíz), preparar la comida y lavar la ropa desde los siete años de edad.

 

Respecto a esa tradición cultural, la Relatoría de la Organización de las Naciones Unidas sobre la situación de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales de los indígenas ha reiterado que las mujeres de etnias autóctonas, por razones culturales, son discriminadas triplemente: como indígenas, como pobres y como mujeres.

 

Las ladinas, sin embargo, no marcan la diferencia. Nueve de cada 10 entrevistadas creen que cumplen una mejor función cuidando a los hijos y atendiendo a su esposo que trabajando, y esa misma proporción considera que las labores domésticas equivalen a tener un trabajo.

 

En las relaciones sexuales, la encuesta evidenció que el alto índice de nacimientos en Guatemala se debe a que el hombre es quien dispone del número de hijos. Más de la mitad de las 1.000 entrevistadas dijeron que él decide sobre los embarazos.

 

Según la no gubernamental Asociación Pro Bienestar de la Familia, todavía hay sitios en Guatemala donde el hombre impide a la mujer utilizar métodos anticonceptivos, como la píldora, porque los considera sinónimo de infidelidad.

 

Es cierto que algunas han optado por practicarse el método quirúrgico voluntario, aún contra la voluntad de sus esposos; sin embargo, todavía hay mujeres que tienen hasta ocho hijos a lo largo de su vida reproductiva.

 

En Guatemala, el índice de mortalidad materno infantil es de 153 por cada 100.000 nacidos vivos y alrededor de 50.000 gestantes del área rural no tienen atención médica, según el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social.

 

La pobreza es otro factor que obliga a la mujer a permitir el abuso, maltrato y poder que sobre ella ejerce el hombre, coinciden los grupos de defensa de los derechos femeninos.

 

De acuerdo al Banco Mundial, el 75 por ciento de los habitantes vive por debajo del umbral de la pobreza y el 81 por ciento de la población indígena es extremadamente pobre. El ingreso per cápita en 2002, para las mujeres, fue de 16 quetzales (apenas dos dólares) para comer, transporte, pagar el estudio de sus hijos y la medicina.

 

En relación con los bienes materiales, las mujeres dejan a sus compañeros las decisiones sobre la adquisición o venta de propiedades, y seis de cada 10 permiten que el cónyuge aparezca como el único propietario de la casa, cuentas bancarias o los bienes de la familia.

 

Más de la mitad de las entrevistadas aceptan que en más de una ocasión sus parejas las han lastimado con un arma, las han amenazado con matarlas o bien les han pegado y gritado, actos que –por lo general– no son denunciados ante las autoridades competentes por temor a represalias futuras.

 

Grupos defensores de los derechos femeninos han confirmado que algunas mujeres han sido asesinadas después de presentar denuncia por amenazas de muerte por parte de sus parejas.

 

Según la activista Hilda Morales, del Grupo Guatemalteco de Mujeres contra la Violencia, en Guatemala el número de asesinadas se ha incrementado en los últimos cinco años a por lo menos 2.500, muchas de ellas víctimas de la violencia dentro de sus casas.

 

La activista de la Red No a la Violencia contra la Mujer, Giovanna Lemus, asegura que mientras exista una cultura patriarcal y no cambie la cultura conservadora, se seguirán repitiendo esos patrones de conducta.

 

 

América Latina: La economía no es neutral

Por Ángela Castellanos

 

Montevideo, enero.- Las estructuras de poder en América Latina permanecen incólumes. Ayer, las elites le apostaron al Estado; hoy, al mercado. Sin embargo, hay un quiebre del racismo y del sexismo y un espacio abierto para el desarrollo, como consecuencia del fracaso de los modelos económicos únicos, que las mujeres pueden llenar.

 

Estos son algunos de los planteamientos del libro América Latina, un debate pendiente. Aportes a la economía y a la política con una visión de género, recientemente presentado en Montevideo por la Red de Educación Popular entre Mujeres de América Latina (REPEM), y que próximamente se presentará en Washington.

 

El volumen, escrito por las expertas Cecilia López Montaño (colombiana), Alma Espino (uruguaya), Rosalba Todaro (chilena) y Norma Sanchís (argentina), es fruto de la Agenda de Investigación sobre Macroeconomía y Género, formulada por la Iniciativa Feminista de Cartagena (IFC).

 

La IFC surgió del seminario de redes regionales organizado por REPEM, Alternativas de Desarrollo con Mujeres para una Nueva Era y el Fondo de Desarrollo de la ONU para la Mujer en Cartagena de Indias (Colombia), con el objetivo de formular una estrategia para participar en la conferencia Financiamiento para el Desarrollo, (Monterrey, 2002) de las Naciones Unidas con un planteamiento sobre el tema, con perspectiva de género.

 

Posteriormente, se realizaron encuentros en Lima, Monterrey y Buenos Aires, durante los cuales se esbozaron los temas de los capítulos del libro: nueva concepción del desarrollo, liberalización comercial y financiera, cambios en lo laboral y aspectos institucionales de las tendencias económicas.

 

La obra, que es un vínculo entre el activismo feminista y la academia, tiene dos objetivos específicos, según explicó a SEMlac la economista y senadora López Montaño.

 

De un lado, “se buscó escribir un análisis económico social que pudiera servir para influir en los principales organismos financieros, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Y, paralelamente, llegarle a las mujeres, para que piensen más en el tema de la economía y el desarrollo”, dijo la promotora de la primera política pública para mujeres en Colombia.

 

En sus páginas se pone en evidencia los efectos diferenciales de las diversas medidas y políticas económicas en hombres y mujeres. Asimismo, es un llamado para estudiar más dichos impactos y demostrar que la economía no es neutral en términos de género.

 

La experta colombiana analiza, en el primer capítulo, cómo el Consenso Keynesiano (proteccionista) provocó la “discriminación de las mujeres”, que entraron muy lentamente al mercado laboral, mientras que con la aplicación del Consenso de Washington (programas de ajuste estructural) no sólo accedían a trabajos precarios, sino que vieron aumentada su carga en el hogar, con el cuidado de enfermos y adultos mayores.

 

Es decir, se convirtieron en proveedoras de última instancia de los servicios que el Estado ya no ofrecía, explica la consultora internacional y ex ministra de Agricultura, Medio Ambiente y Planeación de Colombia.

 

La economista Alma Espino examina el comercio internacional y sus impactos desiguales entre países y grupos sociales, debido a la existencia de relaciones desiguales de poder.

 

El tercer capítulo, desarrollado por la también economista Rosalba Todaro, pretende poner en la agenda pública el tema de las relaciones laborales, un asunto que ha permanecido ausente en el debate económico de la región.

 

Cierra el volumen la socióloga Norma Sanchís, quien señala los retos “que implica superar la fragilidad institucional que quedó como saldo de las transformaciones económicas de fines del siglo XX”.

 

El libro es un aporte a lo que se ha llamado el “debate pendiente”, es decir, la construcción de pilares fundamentales –equidad, derechos, relaciones igualitarias de género y sostenibilidad económica, política y social– que puedan cambiar el rumbo de América Latina, como se expresa en su introducción.

 

 

Cine: Mujeres excluidas del Festival cinematográfico en Mar del Plata

Por Norma Loto

 

Buenos Aires, enero.- Mar del Plata, la ciudad balnearia más popular de Argentina, se prepara para la vigésimo segunda edición del Festival Internacional de Cine, que reúne a cineastas y cinéfilos de distintas latitudes del planeta.

 

Pero la  pantalla grande, siempre mágica, imponente y apasionada, a veces es víctima de ideologías estereotipadas y conductas discriminatorias: el próximo Festival Internacional, que se realizará del 8 al 18 de marzo de este año, no contará en su programación con la sección “La mujer y el cine”.

 

Esta categoría no estará más porque “las mujeres deben estar en toda la programación”, manifestó Miguel Pereira, presidente de la cita cinematográfica. Esta medida, que podría interpretarse como un paso hacia la igualdad entre varones y mujeres, en realidad es un intento por invisibilizar los aportes que ellas hacen a este arte.

 

La excluida sección fue generada por una Asociación homónima que tiene como objetivo estimular que la mujer ejerza papeles de liderazgo en el cine. Fue creada en 1988 por reconocidas figuras de la pantalla grande argentina, como la directora María Luisa Bemberg, la productora Lita Stantic y la fotógrafa Sara Facio, entre otras.

 

Respecto a la polémica decisión, SEMlac consultó a la presidenta de La Mujer y el Cine, la actriz Marta Bianchi: “Pereira me dijo que no estaba de acuerdo con la filosofía de la sección, que no tenía nada que ver con el Festival. Luego, en declaraciones al diario La Nación sostuvo que nuestra sección no estaría más porque es un ghetto”, comentó.

 

“No somos un ghetto. Las mujeres abordamos los mismos temas que los varones, tenemos una historia y una experiencia que nos coloca en un punto diferente”, remarcó Bianchi.

 

La actriz rechaza la disposición de excluir la citada sección, tildada de misógina por muchas referentes del cine nacional. “Entonces, con esa lógica, cualquier otra sección que tenga una especificidad; por ejemplo, el cine latinoamericano, también podría ser considerado un ghetto”, argumentó.

 

La Asociación Civil Mujeres de Películas difundió una carta en la que manifiesta su rechazo a la decisión de Pereira y ya consiguió varias firmas de adhesión en mujeresdepeliculas@hotmail.com.

 

La misiva hace referencia a las diversas acciones por parte del Estado Nacional destinadas a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres y, en ese sentido, concluye que esta medida no es coherente con la política actual del gobierno.

 

“Es lamentable que un colega varón al que le toca hoy, eventualmente, presidir el único Festival de Cine de Clase A de Latinoamérica (financiado con fondos del Estado) tenga el coraje de calificar de ghetto a un Colectivo de Mujeres de Cine que, desde hace 18 años, defiende el derecho de las Directoras a acceder a su público, y del público a disfrutar la mirada de la mujer”, manifiestan las firmantes.

 

La Mujer y el Cine habilitó un espacio para exhibir las obras de todas las  mujeres cineastas, sin lo cual esas producciones habrían permanecido ocultas para el público.

 

 

Cuba: Babalawos anuncian un año de justicia

Por Mariana Ramírez-Corría y Raquel Sierra

 

La Habana, enero.- La “Letra del Año”, como se denomina a  los vaticinios de los babalawos (sacerdotes) de la religión de origen yoruba, atrae cada vez a más seguidores en Cuba y el mundo, incluso, entre personas que no profesan tales creencias.

 

Saber qué deidades (orishas) rigen lo “bueno y malo” del año que comienza y qué recomendaciones seguir,  despierta creciente interés.

 

Fredesbinda López, residente en un remoto poblado de la provincia de Camagüey, 500 kilómetros al este de la capital, le imploró telefónicamente a su sobrina: “cuando sepas algo, avísame”.

 

Tal vez quiere corroborar sus malos augurios. “Como el 7 es un número `feo´, es posible que acontezcan desgracias”, predijo antes que los babalawos.

 

Como cada año, del 31 de diciembre al primero de enero, los sacerdotes de Ifá invocan a Orula para conocer signo, profecías, orishas gobernantes y acompañantes, bandera, ebbó (brujerías), refranes, recomendaciones, obras y consejos para el año.

 

Este oráculo ha sido utilizado desde hace milenios por el pueblo yoruba de Nigeria y  fue traído a América por los esclavos de esa zona de África. Cuba es  una de las naciones donde la religión de origen yoruba tiene más arraigo, por lo que se conservan las antiguas tradiciones.

 

Descendiente de la esencia yoruba, la Santería ha creado prácticas puramente afrocubanas. Esta es una tierra de `fundamento´. Por esa razón, quienes desde todas partes del mundo se adhieren a la Santería, buscan las raíces, palos y hierbas en la isla, explican los entendidos.

 

Aunque con matices diferentes, en Cuba hay dos grupos reconocidos que, el primer día de enero, emiten “La Letra del Año”: el grupo de Diez de Octubre y la Asociación Cultural Yoruba de Cuba. Esta vez alertaron sobre guerras, problemas de salud y en la familia. Así y todo,  una de las corrientes vislumbra mejoras económicas.

 

Los sacerdotes de la Comisión de la Letra del Año, conocida como el grupo de Diez de Octubre, aseguraron que 2007 estará marcado por guerras e intervenciones militares, aunque  se producirá una  apertura económica, debido al hallazgo de petróleo y recursos minerales.

 

El signo de 2007, Ofún Otura, es una oración profética, viene a vencer las dificultades y los enemigos, al pie del guerrero Ochosi, hijo de Yemayá, que tiene la habilidad de ver a distancia, premiar a los cazadores, proteger a los presos, escuchar el más mínimo sonido y actuar con celeridad.

 

Asegura la comida en las casas y se vincula con la policía para hacer justicia. Lamentablemente no pocos religiosos tratan de ensalzarlo para escapar de las persecuciones, lo que no se aviene con su significado real.

 

Esta vez, en 2007, Ochosi no viene solo, sino acompañado de Oyá, divinidad de las tormentas, diosa del río Níger, la favorita de Changó, anticipan los entendidos.

 

''El panorama que se nos presenta es un poco fúnebre”, dijo a la prensa el babalawo Lázaro  Cuesta.

 

Sobre la salud del presidente Fidel Castro, alejado del poder desde hace cinco meses por enfermedad, el babalawo Víctor Betancourt advirtió a los médicos que atienden al mandatario tener “cuidado de una infección” y que “se mantenga la salud neurológica''.

 

En un encuentro con periodistas, Betancourt aclaró que las “recomendaciones” son válidas para toda persona enferma y hospitalizada. “El mayor cuidado en la persona hospitalizada tendrá que ser no infectarse para evitar futuras complicaciones'', señaló.

 

El otro grupo, la Asociación Cultural Yoruba de Cuba, señala que Orula alerta sobre problemas de salud, trastornos del sistema nervioso, gastrointestinales y bucales, y enfermedades de transmisión sexual.

 

Por ello, se recomienda atender la higiene bucal; no comer en exceso, sobre todo en horas nocturnas; no ingerir comidas calientes, con picantes, muy condimentadas y con mucha grasa; así como mejorar, en lo posible, el nivel nutricional de los alimentos y, en particular, los destinados a niños y niñas.

 

Para este grupo, en 2007 reinará Ochanlá (Obatalá hembra), acompañada por Ogún. Su bandera es blanca con ribetes morados. En un mensaje para los hombres, se les aconseja “tener cuidado en sus relaciones sexuales” para evitar “problemas de impotencia”.

 

En el plano familiar, señala que “hay que poner especial atención a los hijos, pues la desviación conductual de estos puede crear trastornos mentales en la madre” y “evitar cualquier tipo de violencia familiar”. Este oddun (camino) prohíbe el maltrato a la mujer.

 

Sobre la familia advierte de una seria crisis familiar por la falta de respeto e incomprensión dentro de ese grupo, aspecto que debe solucionarse en casa, incluida la familia religiosa.

 

Ante el vaticinio del incremento de malformaciones congénitas, las gestantes deben tener especial cuidado y deben evitarse las relaciones sexuales interfamiliares.

 

El  signo, señala la asociación, alude a problemas legales que pueden derivar en incremento de la corrupción y delitos en las esferas sociales y familiares.

 

Como si se tratara de una alerta oficial, se afirma que todas las ilegalidades deben ser castigadas con justeza y se recomienda la legalización de las propiedades y la comprensión familiar para resolver problemas de herencia.

 

Por otra parte, se aconseja “tener cuidado con la conducción de todo tipo de  vehículos, evitando el exceso de velocidad y la ingestión de bebidas alcohólicas”.

 

La “Letra” promueve buenas relaciones entre países vecinos, no inmiscuirse en asuntos ajenos y mantener buenos vínculos con los vecinos. Además, aconseja mantener cotidiana atención a los eggun (muertos), ofrendándoles comidas y bebidas hechas a partir de maíz, para alcanzar prosperidad.

 

El signo llama a la vigilancia religiosa, ante posibles guerras y hechicerías, e indica obedecer las indicaciones religiosas, para evitar dificultades en la vida.

 

“A los dos grupos hay que creerles”, opina Natacha del Río, coautora junto a su madre, la investigadora Natalia Bolívar, de varios estudios sobre la religión afrocubana. “Ambos están alertando sobre cuestiones parecidas”, dice.

 

En su opinión, los que más han acertado siempre han sido los del grupo de Diez Octubre. “Como familia, nosotras nos guiamos más por ellos”, dice.  En este caso, explica, “el que se sienta a hablar es el babalawo que acaba de salir del cuarto de Ifá, que no tiene malicia, no sabe nada, está crudo. Lo que ve es lo que dice”. En tanto, en el de la Asociación Yoruba lo hace “el mayor de la rama, que tiene sus mañas.  Puede tapar la adivinación”.

 

De cualquier modo, del Río sostiene que, según ambas predicciones, este año vendrá por el buen camino, “viene por Iré”, a diferencia de 2005, que “llegó por el mal camino, por osorbo”, explica.

 

“El 2007 será un año de precaución, de alerta, será el año de la justicia. Habrá que tener mucho cuidado, en el momento de hablar, qué vamos a decir. No hablar por hablar. Si estamos vigilantes, podremos actuar y prevenir los males a tiempo”, concluye.

 

 

Cuba: La población decreció en 2006

Por Dixie Edith

 

La Habana, enero.- Cuba cerró 2006 con cerca de 3.000 habitantes menos, según estimaciones de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), en su Panorama político y social, publicado en el sitio web de esa institución.

 

Si al cierre de 2005 la población totalizaba 11 millones 243.836 personas, las cifras del año recién concluido ubican la cuenta en 11 millones 240.121.

 

El Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE) había previsto que este fenómeno ocurriera en 2024, partiendo de haber alcanzado una población aproximada de 11 millones 484.786 habitantes en 2023.

 

Proyecciones anteriores de esa misma fuente habían pronosticado reducción de la población en términos absolutos. Sin embargo, los cálculos se adelantaron varios años.

 

Según el informe presentado por Cuba a la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (El Cairo, 1994), la fecundidad es "la variable demográfica que más ha incidido en el volumen y estructura de la población en las últimas décadas”, y esa realidad no ha cambiado.

 

El tamaño de las familias cubanas comenzó a disminuir desde finales de la década del sesenta del siglo pasado y, a partir de 1978, la tasa de fecundidad quedó por debajo del nivel de reemplazo poblacional. Quiere decir que por cada mujer en edad reproductiva no queda una hija que la sustituya.

 

Actualmente, Cuba es uno de los países con más baja fecundidad en la región, con una tasa de 1,49 hijos por mujer en 2005. O sea, como promedio, por cada dos cubanas no llegan a nacer tres descendientes.

 

Si durante las décadas del sesenta y setenta del pasado siglo el promedio anual de alumbramientos era de unos 250.000, en 2005 sólo hubo poco más de 120.000.

 

Aunque aún no están los datos definitivos, especialistas estiman que en 2006 la fecundidad debe computar un valor aún menor.

 

La situación se complica, además, porque en la isla se presenta una disminución paulatina de la población femenina, sobre todo en las edades más fecundas, entre los 20 y 29 años.

 

Las causas de la baja fecundidad son múltiples. Para Juan Carlos Alfonso Fraga, director del CEPDE, “hay un pivote muy fuerte en el cambio de la condición de la mujer, unido a la existencia de un mayor nivel educacional y favorables condiciones para garantizar la salud”.

 

Pero también influyen problemas materiales como la insuficiencia de viviendas, el costo de la vida, la carencia de guarderías o círculos infantiles, así como de servicios de apoyo al hogar y los enseres imprescindibles de la canastilla. Otro factor que repercute sobre la fecundidad es la migración hacia el exterior de mujeres en edad reproductiva.

 

Ciudad de La Habana, Villa Clara y Camagüey son las provincias con niveles más bajos de fecundidad y las que más inciden en la cuenta regresiva de la población cubana. En el caso de las dos últimas, también presentan saldos migratorios internos negativos.

 

Para el director del CEPDE, sin embargo, el decrecimiento poblacional no será totalmente irreversible. “El país debe oscilar en los próximos años entre crecimientos bajos o decrecimientos, en torno a 11 millones 240.000 habitantes, dadas las tendencias pronosticadas de sus componentes demográficos; es decir, nacimientos, defunciones y migraciones”, estima Alfonso Fraga.

 

Esta situación enfrenta a Cuba con su principal problema demográfico: el envejecimiento de la población.

 

Cifras del CEPDE constatan que el 16,2 por ciento de la población cubana tiene hoy 60 años o más. Estimaciones del Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP) indican que Cuba y Barbados serán los países más envejecidos de América Latina y el Caribe en un futuro muy cercano.

 

Para 2050, si no se ha modificado la situación, la isla estará entre los once países más envejecidos del mundo, según los pronósticos del Fondo de Población de las Naciones Unidas.

 

Los demógrafos advierten que el potencial laboral de la nación se contrae de año en año, lo que incidirá en la renovación de la fuerza laboral activa y del potencial científico y universitario.

 

La baja fecundidad y el envejecimiento también gravitarán sobre las cuentas de la seguridad social y la salud pública, entre otras esferas, por lo que se hace inminente el diseño de políticas que respondan a estas realidades.

 

 

Las reinas de las cacerolas sucias

Por Ilse Bulit

 

La Habana, enero.- Aún en medio de las peores circunstancias, cada principio de año llama a propuestas de cambios en actitudes y acciones. Colocamos metas a los sueños y nos repetimos que las cumpliremos.

 

Hay una tarea pendiente arrastrada por nuestro sexo de generación en generación, disfrazada con el barniz de las religiones y las culturas distintas. Y aunque esta deuda histórica no recae sobre nuestros hombros, sí la de asumir conscientemente el peso y cruzarnos de brazos en numerosas ocasiones.

 

La violencia hacia nuestra piel y psiquis se traslada de siglo en siglo. Sufre adaptaciones, inclusive mutaciones con anuncios de ciertas mejorías. En el año arrancado del almanaque, algunas pudimos votar por quienes levantaban proposiciones en nuestra defensa, salir a la calle con brazos alzados, gritando por leyes favorecedoras, sufrir prisión y vejámenes por nuestras ideas y hasta morir, destrozado el sexo por múltiples violaciones en castigo por nuestro afán de independencia.

 

Pero, ¿y las otras, las calladas, las sufridas, las de ojos fijos en el suelo o en nubes ilusas?

 

Semanalmente, hemos leído todo lo publicado en esta agencia. La lista de situaciones diversas, con matices propios de la herencia cultural y real estado de la situación económica y política de cada país, propone historias con colores propios.

 

Sin embargo, a pesar de estas representaciones individuales, la violencia es la misma y se ejerce sobre la chica manoseada en la oficina de lujo o sobre la mujer golpeada ante sus hijos por el marido alcohólico.

 

En los recovecos mentales de millones de hombres, estamos situadas en un escalón inferior con respecto a ellos, ya seamos cultas profesionales o trabajadoras sexuales analfabetas. Y lo más grave es que millones de mujeres también así lo creen.

 

Durante una agradable conversación con un grupo de periodistas cubanas, la desaparecida realizadora argentina María Luisa Bemberg, en los días del estreno en Ciudad de La Habana de su filme Yo, la peor de todas, señalaba:

 

“Yo creo que uno de los grandes problemas de la mujer es una identidad muy desdibujada. Porque los mensajes por los cuales ha estado bombardeada desde la infancia, que viene desde los cuentos de hadas con la estúpida de Blanca Nieves o la estúpida de la Caperucita Roja que ni siquiera sabe distinguir a la abuela de un lobo, pasando por los cosméticos, las modas, los boleros, las óperas, que son todas locas o asesinas, no hay dónde agarrarse para encontrar una imagen constructiva, positiva de un ser pensante, lúcido, autónomo”.

 

La creadora de la cinta Camila suavizaba la dura verdad apoyada en el humor. A humo de incienso, a letras de leyes, a normas hogareñas, vivíamos y viven otras, asfixiadas.

 

Unas, encerradas en el miedo a la celulitis y haciendo crecer o decrecer sus pechos según la moda, colocan el punto focal de su exigencia en recibir la aprobación visual. Otras, sin acceso al embadurnamiento oloroso del rostro, sueñan con las marcas vendidas por la televisión y en cada telenovela reviven el cuento de La Cenicienta en la posición de protagonistas.

 

Muchas, las golpeadas y maltratadas por los hombres de la familia, a pesar de ser las cuidadoras primeras de los hijos, reproducen en ellos los antiguos patrones de conducta que los privan hasta de llorar en nombre de la ternura; y aquellas, convertidas en emigrantes forzosas y forzadas en países ricos, comprueban, asombradas, las sutiles violencias del desarrollo.

 

En entrevista realizada el pasado 2006 en la emisora Habana Radio, la investigadora Daysi Rubiera Castillo, autora del reconocido libro Reyita, testimonio de una cubana nonagenaria, en una narración escuchada en la voz sollozante de su madre, explicaba cómo surgió esta obra.

 

Al comentarle a su progenitora que realizaba una investigación sobre la mujer negra en el período colonial cubano, ella se interesó y comenzó a contarle anécdotas de la vida de la familia. Y en esa historia de sus antepasados, Daysi advirtió, aún más, las diferencias marcadas por el sexo y se entregó con pasión a los estudios de género.

 

Al igual que la argentina Bemberg o la cubana Rubiera, tan dispares en su procedencia social, un día nos golpeó la importancia escondida de la mujer en el devenir humano y las múltiples y rebuscadas maneras de la violencia ejercidas sobre ellas.

 

Y comenzamos el camino difícil y honroso de abrir los ojos a nuestras congéneres, a la vez que continuamos aclarando los propios, pues el cinturón de la obediencia espiritual todavía nos ciñe y saca sus trampas de vez en cuando.

 

Posiblemente, no aceptaremos que, en nombre de la posesión sexual, un hombre nos marque el rostro. Sin embargo, a pesar del cansancio de un día agotador, somos capaces de acceder al reclamo del esposo, sin el más mínimo deseo.

 

A todas nos convirtieron en reinas de las cacerolas sucias. Como nunca vendrá un príncipe azul a librarnos del embrujo, en este nuevo año continuemos despertando a nuestras congéneres y denunciando las injusticias en su contra y también en las propias.