Violencia de género

Violencia de género (423)

Por Alicia Mendoza
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México, febrero (SEMlac).- María de la Luz Estrada, coordinadora ejecutiva del Observatorio Nacional de Feminicidio, señaló que en 18 meses, 2015 a julio de 2016, fueron asesinadas 195 mujeres en la Ciudad de México, y que sólo el 43 por ciento de estos casos están siendo investigados como feminicidio.
En el caso de las niñas, advirtió Teresa Incháustegui, directora general del Inmujeres en CDMX, "la violencia que se ejerce contra las niñas y las adolescentes no es denunciada, está debajo de la alfombra, porque la familia la tapa, es un delito que no se ve".
Esto fue dicho durante el Foro "CDMX, dos décadas del Derecho de las Mujeres a una Vida libre de Violencia", organizado por el Gobierno de la Ciudad de México, a través de la Secretaría de Gobierno y el Instituto de las Mujeres (Inmujeres CDMX), en donde se analizaron los avances y retos en materia de legislación con perspectiva de género y políticas públicas de prevención de la violencia contra las mujeres. 
Incháustegui afirmó que el derecho a vivir sin violencia es el número uno para las mujeres y las niñas, "es la puerta de entrada a todos los derechos, vivir sin violencia nos permite desarrollarnos como personas".
Recordó que la Organización Mundial de la Salud considera la violencia contra las mujeres como una pandemia, y que el 90 por ciento de esta ha sido ejercida por personas conocidas, familiares, parejas y exparejas de las mujeres.
Al reflexionar sobre las mejoras necesarias a las políticas públicas que llevan más de 20 años en el país para atacar la violencia contra las mujeres, Incháustegui indicó que hace falta armonizar la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia en la Ciudad de México (LAMVLV), los reglamentos y disposiciones.
Además, la presidenta del Inmujeres CDMX expuso dos nuevos instrumentos que el Gobierno de la Ciudad de México implementó en noviembre del año pasado para fortalecer el derecho a vivir sin violencia.
El primero es el Sistema Informático de la Red de Información de Violencia contra las Mujeres y las Niñas en la Ciudad de México, que está establecido en la LAMVLV, donde a través de una Cédula Única de Registro se integrará una base de datos con todas las mujeres que acudan por estos casos a solicitar atención en las cinco redes de servicios que hay en la capital mexicana.
El segundo, explicó, es el Sistema para la Identificación y Atención del Riesgo de Violencia Feminicida en víctimas recurrentes de violencia, el cual está integrado por la Secretaría de Salud y la de Seguridad Pública capitalinas, la Procuraduría General de Justicia de la CDMX, el Inmujeres CDMX y el Tribunal Superior de Justicia, que cuentan con información dura sobre las mujeres, sus agresores, el lugar de la agresión y el número de denuncias.
Con estos datos identificarán a las víctimas que tengan varias denuncias, se presenten de manera frecuente con lesiones en los servicios de salud o tengan órdenes de protección, para valorar el riesgo de ser privadas de la vida por sus agresores y ofrecerles atención personalizada.
Al admitir que aún no se tienen "todas las soluciones para muchas mujeres", la directora del Inmujeres CDMX explicó que estas nuevas herramientas son perfectibles, que requieren recursos, de la participación de expertas y de organizaciones de atención a víctimas; "ahorita se necesita capacitación del personal, afinar y probar" dichos instrumentos, puntualizó.
Por su parte, María de la Luz Estrada, del Observatorio Nacional de Feminicidio, señaló que el contexto de la violencia contra las mujeres ha cambiado, por eso es importante reconocer las características de los asesinatos de mujeres, tener la radiografía clara sobre qué pone en riesgo a las mujeres, para tener claro quién es el agresor.
Además, citó datos de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México que las delegaciones que concentran el mayor número de asesinatos de mujeres son Iztapalapa, Xochimilco y Tlalpan.
En su participación, María de los Ángeles López Peña, subprocuradora de Atención a Víctimas del Delito, Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, hizo un balance de la ampliación de los servicios de atención a mujeres y niñas víctimas de violencia en la CDMX, para los cuales hace falta una capacitación mayor de los servidores públicos a fin de ofrecer una atención diferente a las víctimas de violencia feminicida.
También, dijo, falta mayor coordinación de todas las instituciones de gobierno para proteger la vida de las mujeres.
De igual forma, la investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH-UNAM), Martha Patricia Castañeda Salgado, destacó que un elemento necesario para erradicar esta violencia es la ciudadanización y el auto reconocimiento de las mujeres como sujetas sociales, políticas y de derechos. 
En la última mesa, Carlos Javier Echarri Cánovas, investigador de El Colegio de México, explicó que los registros, bases de datos, cifras y datos de los casos de feminicidio en la CDMX aún no están actualizados o no son precisos y desglosados, lo que limita la posibilidad del análisis.

Por Lirians Gordillo Piña
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La Habana, febrero (SEMlac).- Un grupo de narradoras cubanas llaman la atención sobre la violencia machista desde sus relatos en la antología Sombras nada más. 36 escritoras cubanas contra la violencia hacia la mujer, presentada el pasado 11 de febrero en la XVI Feria del Libro de La Habana.
"En nuestro país el tema de la violencia contra la mujer es aún tabú, y pensarlo como un tema de discusión pública todavía parece una utopía demasiado irreal", destacó la ensayista Zaida Capote Cruz durante la presentación del volumen.
Para la crítica literaria esta iniciativa representa una muestra de solidaridad y un "gesto colectivo contra la violencia instaurada como práctica cotidiana".
La antología es fruto de la idea original de la escritora y poeta Marilyn Bobes y contó con la selección de la narradora Laidi Fernández de Juan. 
El volumen reúne autoras de diversas generaciones y estilos, quienes presentan un mosaico de temas y puntos de vista sobre la violencia patriarcal en el país.
Una de las autoras, la escritora Carla Suárez, llamó a sacar la violencia de la "normalidad" al intervenir en la presentación.
"Para mí es muy importante participar en esta antología. Hay muchos debates en el mundo sobre este problema que se ha vuelto 'normal' por cotidiano y de esa 'normalidad' tenemos que sacarlo", declaró Suárez a SEMlac.
Entre la diversidad de temáticas y estilos, aparecen como constantes el compromiso social de las autoras y la referencia a la realidad como fuente de experiencias e historias que luego vuelcan en la ficción.
"Yo me baso mucho en la realidad, en historias que conozco y experiencias que he tenido como mujer", declaró Lourdes de Armas, otra de las autoras.
De Armas opina que los cuentos y fragmentos de novelas reunidos hacen "un llamado a la sociedad para que atienda la violencia de género" desde lo social y lo jurídico.
"Quien lea estas historias no encontrará un programa político, un estudio psicológico o un manifiesto, aunque en conjunto la obra tribute con creces a esos fines", opina la periodista Helen Hernández en la contraportada del libro.
Sombras nada más se suma al esfuerzo de intelectuales y artistas cubanas que han denunciado con anterioridad la violencia de género. 
Durante su presentación, Capote Cruz recordó la acción virtual de Tod@scontralaviolencia, una convocatoria que circuló en 2014 por internet y que abogaba por la aprobación de una ley que sancione la violencia machista en Cuba.
En aquella ocasión también se reunieron un grupo de intelectuales, escritoras, artistas y académicas, pero la respuesta de las instituciones cubanas no fue favorable a sus demandas. 
Capote Cruz apuesta por insistir, pese a las dificultades y resistencias que aún genera la lucha contra la violencia hacia las mujeres en el país.
"Y no por eso debemos aceptar que la agresión de cualquier tipo es una práctica individual, basada en la subjetividad de las personas, sin entender que la violencia contra la mujer es una práctica social diseminada en todos los espacios de nuestras vidas, con profundas raíces estructurales, y perceptible en muchos espacios, además del privado", resaltó.

Por Zaira Hernández
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Oaxaca, México, enero (SEMlac).- Irma Aguilar Raymundo, presidenta municipal de San Pedro Atoyac, municipio ubicado en la región de la Costa de Oaxaca, no ha podido ejercer sus funciones en el municipio por la negativa del síndico, quien se ha empeñado en que la presidenta renuncie.
La alcaldesa de esta comunidad del distrito de Jamiltepec expresó su cansancio y molestia, porque el machismo sigue vigente y las mujeres carecen de garantías.
"Ellos ya tienen su costumbre de eso del machismo y el hombre encargado de ese puesto es el síndico municipal Gabriel Ángel Guzmán Miguel, quien quiere subir a mi puesto. Él no me deja que yo llegue a gobernar y aconseja a todos los del cabildo a que no me hablen", abundó.
Desde el primer momento, a Aguilar Raymundo le han pedido su renuncia. "Me piden que presente renuncia, licencia o que me vaya, es más, que pase al domicilio del síndico para que le pague mis mensualidades", señaló.
Entrevistada por SEMlac, previo al acto de firma de un convenio de colaboración entre el Instituto Nacional de las Mujeres y el gobierno estatal, la presidenta aseguró que está en la mejor disposición de trabajar y clamó el apoyo del gobernador Alejandro Murat Hinojosa.
"Ya no quiero problema con ellos, que pongan a Gabriel Ángel (Guzmán Miguel) en su lugar, que acepte su cargo como síndico y que ya no manipule al cabildo en contra mía", abundó.
Y es que por el cabildeo del síndico las regidoras de Educación y Hacienda ya están en contra de la alcaldesa.
E incluso, ahora que ya abrieron la cuenta bancaria del municipio y aunque le dieron acceso al despacho de la presidencia de San Pedro Atoyac, carece de las garantías para ejercer las funciones que le corresponden.
"Pido al gobernador Alejandro Murat para que el síndico reconozca su lugar porque tenemos muchos problemas y no estamos avanzando", indicó.
La alcaldesa tiene apoyo de algunas agencias y aunque la población la eligió, en este municipio que se rige por el sistema de Partidos Políticos, no la respaldan abiertamente por temor a los hombres.
Mientras tanto, este miércoles el gobernador Alejandro Murat Hinojosa informó que una comisión de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial acudirán a esa comunidad para respaldar a la presidenta.
Aseguró que se respetará la determinación del pueblo de elegir a una mujer y ella tendrá que ejercer sus funciones.

Por Sara Más
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La Habana, enero (SEMlac).- Si bien concuerdan en que la prostitución es una de las formas más agravadas de la violencia de género y conlleva múltiples revictimizaciones para quienes la ejercen, especialistas reunidos en la capital cubana abogaron por no criminalizar a las mujeres que la ejercen.
"No debemos criminalizar esas conductas ni asociarlas a la justicia penal", apuntó Rosa Campoalegre, al frente del Grupo de Estudios de Familia del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas y quien coordinó un panel sobre el tema durante el Segundo simposio internacional sobre violencia de género, prostitución, turismo sexual y trata de personas "Berta Cáceres in memoriam", realizado del 23 al 25 de enero en La Habana.
En opinión de Campoalegre, corresponde tomar una postura frente al fenómeno desde las políticas públicas para poder proteger y acompañar a las personas que viven en situación de prostitución.
Convocado por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), el encuentro busca promover el debate científico sobre las causas, implicaciones y alternativas de soluciones y compromiso de cambio respecto a la prostitución, el turismo sexual, la violencia de género y la trata de personas.
Estos posicionamientos tienen lugar en medio de debates dentro y fuera de Cuba en torno a la prostitución y varias interrogantes que suelen manejarse al respecto: ¿se trata de compra y venta de placer o de personas?, ¿es trabajo sexual o esclavitud oficial?, ¿es un delito?, se cuestionó la experta.
Estudios citados por Campoalegre dan cuenta de que la prostitución en Cuba se distingue por su carácter eventual y el rejuvenecimiento de la iniciación, aunque cada vez más se mueve a la adultez, con lo cual aparecen nuevas formas de prostitución y de asociación con delitos conexos.
"Debemos asumirla lo más alejado posible del sistema de justicia penal", reiteró la especialista y apuntó que uno de los aportes del feminismo en este tema es el de visibilizar las múltiples victimizaciones que viven las mujeres en situación de prostitución. 
En Cuba, donde esta práctica sexual no está legalizada ni tipificada como delito, sí se sanciona penalmente la figura del proxeneta, entendido como toda persona que saca provecho de la explotación sexual y se beneficia económicamente de ello. 
Sin embargo, en la práctica, las mujeres que ejercen la prostitución son retenidas en centros de rehabilitación bajo el precepto de que practican una "conducta de peligrosidad" y así son también limitadas de libertad.
"Esta doble victimización es aún más seria cuando las propias autoridades son permisivas con la práctica de la prostitución masculina", reaccionó desde su blog personal el médico Alberto Roque, activista por los derechos humanos y la diversidad sexual.
Según explicó el también integrante de la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (Socumes), a los hombres que ejercen la prostitución no los retienen, sino que los regresan a sus casas, incluidas otras provincias cuando es el caso.
Para Mariela Castro Espín, directora del Cenesex y presidenta del simposio, hay que partir de que "convertirse en mercancía sexual y someterse a la ley de la oferta y la demanda quita derecho a las personas, que pierden más sometiéndose a un dueño explotador que buscando otras alternativas de vida.
"Hay quienes creen que legalizando la prostitución disminuirá el crimen organizado alrededor de este fenómeno; sin embargo, algunas experiencias de ese tipo han llevado a que muchos proxenetas se conviertan en ricos empresarios", expuso como ejemplo.
Partidaria de trabajar para que esas personas sean sujetos de derecho y por crear mecanismos legales y de funcionamiento social que les permitan encontrar salidas y ayudas, Castro Espín se refirió a legislaciones que empiezan a abrirse paso en el mundo y desvían la atención hacia el cliente que consume los servicios sexuales y no a castigar a las personas que la ejercen.
Entre las más novedosas destacó la del Reino de Suecia, pionero en la penalización del cliente que demanda un servicio sexual remunerado e ilegal.
Suecia aprobó en 1999 una ley que penaliza al cliente de la prostitución como un paso para eliminar la demanda. "La ley prohíbe comprar sexo", explicó Per-Anders Sunesson, Embajador para la lucha contra el Tráfico de Personas en Suecia, durante una intervención especial en el simposio.
La ley se complementa con otras medidas y estrategias sociales que brindan a las mujeres apoyo, acompañamiento y formación para la búsqueda de empleo.
Como resultado, la prostitución en las calles se redujo a la mitad y cambió la forma de pensar y la actitud de los hombres acerca de comprar sexo.
"Las investigaciones científicas recomiendan no penalizar a quienes ejercen la prostitución, pues estas personas son en mayoría mujeres que quedan aún más vulnerables ante la violencia", acotó.
Con ello concordó Roque, para quien la práctica de la prostitución "cercena la libertad, la equidad y la autonomía de quien ofrece el servicio". 
Tampoco apoya el acuñado término de "trabajo sexual", por "pactar sospechosamente con las bases ideológicas del patriarcado, implementadas en un mundo crecientemente desigual y neoliberal", suscribió en su blog.
Desde ese espacio el activista se hizo eco de la polémica, tras abordarse el tema en un programa informativo de la televisión nacional, y apoyó la propuesta del Cenesex de penalizar al cliente y ampliar el debate sobre las causas e impactos de la prostitución.
Cuba mantiene una política de cero tolerancia ante fenómenos como la trata de personas asociadas a la explotación sexual, laboral y de otra índole, incluida la explotación sexual de menores, dijo por su parte Yoandrys González García, jefe Cooperación Operacional Internacional de la Dirección General de la Policía.
No obstante, se necesita dar a conocer más estos problemas para ayudar a la prevención y la denuncia, pues no siempre se reconoce, agregó. 
También se necesita de mayor experticia por parte de las personas que tiene que trabajar con estos casos, puntualizó.
De ahí que se insistiera en la necesidad de incrementar los conocimientos sobre estos tema en la población, por la baja percepción de riesgo que existe al respecto.


De la Redacción
(
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México, enero (SEMlac/Revista Enlace).- La defensora guatemalteca Laura Leonor Vásquez Pineda fue asesinada el pasado 16 de enero, cuando sujetos no identificados entraron a su casa en el suroriental departamento de Jalapa del vecino país.
Laura Leonor Vázquez tenía 47 años y actualmente estaba a cargo de dos nietos menores de edad y de un pequeño comercio de su propiedad.
En 2013, a consecuencia de su militancia en el Comité en Defensa de la Vida de San Rafael Las Flores y de su participación en la resistencia pacífica frente a la imposición del proyecto minero San Rafael, fue víctima de un proceso de criminalización que la mantuvo siete meses en prisión, sin que se demostrara ninguno de los delitos que el Ministerio Público le imputaba.
Tras su liberación empezaron una serie de rumores tendientes a estigmatizar y difamar su accionar como comerciante.
En un comunicado de prensa, la organización IM-Defensoras hace público su repudio ante este hecho y condena este crimen contra una defensora en Guatemala, el cual se suma a los 13 que tienen documentados desde 2012.
"Nos preocupa especialmente que al igual que en otros casos de defensoras de la tierra y el territorio en la región, como el paradigmático de Berta Cáceres en Honduras, el asesinato de la defensora se produce tras haber pasado por un proceso de criminalización acompañado de campañas de estigmatización y difamación".
Exigen al Estado guatemalteco que investigue debidamente los hechos para dar con los responsables materiales e intelectuales de este crimen, así como que garantice la seguridad y protección de la familia de la defensora.
Finalmente, llaman a las organizaciones e instancias internacionales para que expresen su condena al crimen y se unan a la exigencia de que no quede en la impunidad.


Por Sara Más
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La Habana, diciembre (Especial de SEMlac).- La sociedad cubana necesita de políticas públicas que se enfoquen a la prevención y atención integral de la violencia contra las mujeres y las niñas, señalaron profesionales, activistas y especialistas de diversos espacios y disciplinas durante el coloquio "Eres más que obedecer", el pasado 9 de diciembre, en La Habana.
"Las políticas son necesarias para que la justicia social y la atención a la violencia dejen de estar solo en el plano de lo formal y pasen al real", consideró la socióloga Iyamira Hernández Rodríguez, al intervenir en la sesión de trabajo convocada por el Centro Oscar Arnulfo Romero y la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (Socumes). 
Hernández reconoció que hay un camino recorrido, fundamentalmente, desde varias organizaciones no gubernamentales, pero insistió en que este problema social necesita de programas y políticas del Estado y sus instituciones para poderlo atender eficazmente.
Esa no fue la única propuesta derivada del encuentro, que dedicó uno de sus paneles al tema de las identidades no heteronormativas y la violencia hacia mujeres y niñas.
"Casi siempre, cuando se habla de esta violencia, en el imaginario, la representación y las políticas se piensa en mujeres homosexuales, casi nunca en las lesbianas y trans", dijo la psiquiatra Ada Alfonso, especialista del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y coordinadora del panel.
A juicio de la psicóloga Carolina Díaz Bravo, parte de las respuestas hay que buscarlas en las representaciones de mujeres y hombres del imaginario social compartido y la construcción de identidad nacional.
Estudios recientes entre jóvenes universitarios citados por Díaz evidencian que, más allá de algunos cambios y rupturas, la imagen masculina prevaleciente sigue siendo la del hombre macho a todo, que justifica la violencia hacia las mujeres y la agresividad frente a otros hombres.
¿Las relaciones que se están generando, entonces, son enriquecedoras? ¿Propician o no la violencia?, se preguntó la experta.
Para el médico Alberto Roque, integrante de la Socumes, la conformación de la identidad y los sujetos está determinada por esa relación y asimilación del poder.
"Está marcada por una matriz heterosexual, a partir de la cual se construyen todas las demás identidades; por una madeja de relaciones culturales, institucionales y estructurales donde se impone el poder de la heterosexualidad", sostuvo el activista por los derechos de las personas LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales).
Roque considera que, en el contexto cubano, las identidades trans y lésbicas están sujetas a la construcción de una masculinidad hegemónica. 
"Son las identidades que más precariedad sufren en sus vidas", recalcó. "Las trans son las más sufridas, las que más tienen que establecer mecanismos de supervivencia y lo hacen mediante la asimilación, tratando de ser aceptadas por un mundo heterosexual que no se pretende cambiar".
Se pide, por ejemplo, que se reconozca una cirugía de reasignación sexual como único modo de ser sujeto de derecho y ser una persona aceptada en la familia y la sociedad, detalló. Pero no se construyen los mecanismos de poder y el derecho al goce de una identidad
En el caso de las mujeres lesbianas, dijo, mientras sean más masculinas y radicalmente desafiantes del poder heteronormativo, serán más excluidas. Mientras más bellas y hegemónicas luzcan, mejor aceptadas serán.
Roque contrapuso a ello la teoría queer, la cual reconoce la fluidez del deseo sexual y de los géneros, aboga por el derecho a autonombrarse y por la despatologización y despenalización de los cuerpos, dijo. 
Lo queer lucha por la utopía de hacer del mundo un lugar habitable sin distingos en relación con las sexualidades y los géneros, concluyó.
Las discriminaciones y violencias adoptan otras aristas cuando se cruzan otras condiciones a la construcción de género, como el color de la piel, las creencias religiosas o las capacidades especiales, alertaron participantes en la sesión de trabajo.
"Las personas cristianas sufrimos doble violencia porque sufrimos la violencia por los conceptos culturales de la sociedad, pero también por los conceptos teológicos, que veces son mucho más fuertes", señaló Elaine Saralegui, teóloga y pastora de la Iglesia Metropolitana en Cuba. 
Con solo un año de creada, su iglesia da la bienvenida a todas las personas, independiente de su orientación sexual y su identidad de género.
"Profesamos un ministerio radicalmente inclusivo no solo con estas cuestiones sino con otras, como las diferentes espiritualidades", aclaró. Ello incluye a personas de espiritualidades afro.
"Hemos bendecido a parejas con personas trans y hemos bautizado a una trans, ya que a estas personas les cierran las puertas de las iglesias".
La literatura es otro espacio que, durante siglos, ha validado la violencia hacia las mujeres y las niñas con un enfoque misógino por excelencia. 
"Hay una construcción de la mujer en la literatura como ser negativo, peligroso, que crea destrucción y caos; un ser que el hombre no conoce y del cual debe dudar", explicó la filóloga Tersa de Jesús, al intervenir en el segundo panel de debate: Violencias hacia las mujeres. Perspectivas desde las artes.
"Resultado de una construcción del patriarcado, hay toda una literatura que justifica y privilegia como mejores las relaciones y el parecer de los hombres, que naturaliza la violencia y hace que no la notemos en nuestras casas, calles, centros laborales y escuelas", reconoció la especialista del Cenesex.
Silencios, tabúes y estereotipos se reproducen en los medios de comunicación y las industrias culturales a la hora de representar conflictos y escenas de violencia hacia las mujeres y las niñas, incluidas lesbianas y trans.
Para la periodista Mildred Obourke, se impone transgredir las barreras que hay en los medios, aprovechar aún más las redes sociales, humanizar las historias y profundizar en el conocimiento de estos temas, para poder abrirle paso a un nuevo discurso al respecto.
"Todavía hay mucha reticencia hacia los temas de género en las academias", sostuvo Karina Paz, profesora de género y audiovisual en las facultades universitarias de Letras y Medios Audiovisuales.
Los conocimientos y herramientas relativos a la teoría de género se mantienen como asignaturas optativas en la mayoría de las carreras de la enseñanza superior. Solo en Sociología se contempla como parte del currículo de formación regular de pregrado.
De ahí que se insistiera en la necesidad de superación y aprendizaje por parte de profesionales de la comunicación y equipos de realización de audiovisuales, para poder representar eficazmente la violencia de género en sus obras y mensajes.
Haber participado en espacios de debate sobre este problema le permitió a Lenna Pérez Cruzata, realizadora de televisión, acercarse a este tema con una apreciación concreta. 
Pérez Cruzata es una de las realizadoras de la serie "Rompiendo el silencio", que se estrena este fin de año en la televisión cubana de alcance nacional para tratar en nueve capítulos diferentes expresiones de violencia hacia las mujeres y las niñas.
"La visión de la serie fue cambiando según fuimos transitando por estos espacios de aprendizaje, desde el trabajo de guion, durante el rodaje y el intercambio con los actores", reconoció en entrevista con SEMlac.
La asesoría especializada cobra mayor valor porque la presencia de estos problemas en los medios no responde a una estrategia ni a una política específica. 
"Las personas que decidimos abordar el tema lo hacemos por compromiso puramente personal y en el camino logramos sensibilizar a personas que se percatan de la importancia del tema", comentó Marisel Pestana, asesora de la serie.
Propuestas de este tipo, que aúnan a creadores, creadoras y especialistas, es lo que nos va a permitir avanzar, expuso a SEMlac, como ejemplo, Mareelén Díaz Tenorio, subdirectora de OAR. "Ninguno de nosotros, trabajando solos, podemos lograrlo".
"Tenemos una misma meta frente al problema de la violencia hacia las mujeres y las niñas: una política pública mediante la cual el Estado centralice la atención, prevención y rehabilitación, en términos de salud, justicia, educación, protección y atención social", concluyó.

 


2 de diciembre de 2016
 
 
 
               
           
  8 DÍA
DE ACCIÓN
     
 
De la paz en el hogar a la paz en el mundo: 
aseguremos la educación de todos y todas
     
 
16 ideas 
para 16 días

La campaña de 2016 invita a todas las organizaciones a organizar alguna actividad durante cada uno de los 16 días. Para ello, sugieren una serie de ideas:
Día 8:¡Apoye a las sobrevivientes!

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El Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe (SEMlac) tiene su origen en 1978 como una iniciativa de la UNESCO para darles voz a las mujeres periodistas. SEMlac sigue siendo hoy un proyecto de comunicación con perspectiva de género. Somos una red de periodistas promoviendo "una mirada diferente a la información".
 
     
 
 
     
 
Biblioteca Digital
 
     
 
"Violencia en espacios rurales: Miradas más atentas", No a la Violencia, junio de 2015.

"Contra el mobbing… mejor precaver", por Irina Gutiérrez Pérez, No a la Violencia, mayo de 2015.

Solicitudes a:
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Directorio 
de Mujeres 

Una iniciativa de SEMlac para ampliar la presencia de la mujer en los medios de comunicación.
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El silencio hacia las mujeres lesbianas y trans es violencia 
Por Lirians Gordillo Piña / Foto: SEMlac

Abordar de manera amplia e inclusiva la violencia por motivos de género es un reclamo de grupos de mujeres lesbianas, bisexuales y trans en Cuba. Para la activista Mercedes García Hernández, la lesbofobia y la transfobia también son expresiones de violencia machista y la vida cotidiana da muestra de ello. 
La integrante de la red Humanidad por la Diversidad (HxD), que acoge el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), cree importante romper el silencio que invisibiliza a quienes no cumplen con la norma heteropatriarcal.

¿Por qué podemos afirmar que las mujeres lesbianas, bisexuales y transgénero también sufren violencia de género?
El género es una construcción cultural que pauta rígidamente lo que “es” un hombre y una mujer; se nace mujer o varón y la sociedad te construye como uno u otro género. Desde este concepto, las personas con identidades no heteronormativas están excluidas. 
La violencia que sufren mujeres homosexuales, bisexuales y trans está totalmente invisibilizada en las campañas dirigidas a eliminar la violencia contra la mujer, pensadas desde la heteronormatividad hacia la mujer de pareja heterosexual, que siempre es violentada por un hombre: su padre, el marido, un amigo, etc. 
No solo el golpe es violencia. El silencio, el no ser reconocidas, son actos de una violencia real. Las mujeres trans existen muchísimo menos que las lesbianas. Lamentablemente, muchas veces son expulsadas de las escuelas desde temprana edad, no terminan una carrera universitaria como tal vez la terminamos otras mujeres. 
Los casos de violencia de mujeres en parejas o uniones homoeróticas no están visibilizados ni estudiados, y mucho menos protegidos por la ley. La mujer heterosexual que denuncia la violencia puede ser protegida por la institución policial, atendida en las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia, puede tener protección en el hospital; existe una red que, si bien es insuficiente, brinda cierta ayuda.
En nuestro caso, cuando sucede un hecho de violencia doméstica y alguna se llena de valor y hace una denuncia, no es considerado por la policía como algo que realmente merece estudio y ayuda. 
Muchas veces la misma homofobia puede ser utilizada para violentar a la pareja diciéndole: ¡te voy a denunciar, voy a ir a tu trabajo, voy a decir que tienes sexo conmigo! y así obligan a las personas a permanecer en el closet o a salir violentamente de él de una forma que puede causar un trastorno físico o emocional. 
Yo pienso que la violencia de género es excluyente, es cárcel en sí misma, y estaríamos cometiendo un error político imparable con la propuesta de iniciativas, legislativas o no, que dejen fuera a otros seres humanos, como por ejemplo las mujeres trans y lesbianas.

¿Cuáles son los impactos más fuertes de la violencia machista para estas personas?
Pagamos un precio altísimo por nuestra orientación sexual e identidad de género. Primero está la invisibilidad, incluso haría un llamado a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) a que nos apoye. Las mujeres lesbianas y trans tenemos derecho a que nuestras especificidades sean tratadas, pues nos perdemos en ese mar de heterosexuales con necesidades propias a su orientación sexual y que sí son reconocidas.
No todas podemos ser madres, se nos arrebata ese derecho; no tenemos la posibilidad de la reproducción asistida o a una asistencia primaria de salud a favor de nuestras necesidades. Una va al médico y recibe violencia ginecológica, pues no se tiene en cuenta, por ejemplo, que algunas mujeres nunca han tenido relaciones sexuales con penetración y existen dispositivos ginecológicos invasivos para ellas. Muchas mujeres lesbianas no asisten a la consulta de ginecología por desconocimiento y porque lo sienten como una agresión violenta. Situación que las pone en riesgo de padecer cáncer cérvico-uterino y enfermedades relacionadas.

¿Cómo pudiera hacerse visible la violencia que sufren las mujeres lesbianas, homosexuales y trans?
Primero, reconocer que existe, aunque no se recoge estadísticamente por el enfoque actual. La violencia machista es un problema de salud, un problema social que afecta a muchas personas, no solo a mujeres heterosexuales. 
Hace falta reconocer que necesitamos una ley contra la violencia por motivos de género que no olvide estas realidades latentes, ni aquellas mujeres que quedan en el silencio.

¿Qué acciones pueden fortalecer a estas mujeres para luchar contra la violencia de género y la desigualdad?
Lo primero es empoderarse con información. Tenemos el derecho humano a la información basada en el conocimiento científico. Hay que comenzar desde edades tempranas a educarse en estos temas, pues hay mucho que desaprender y desde esas nuevas posturas de emancipación podremos construir otras relaciones, imaginarios y espacios.
Lo otro es que las estructuras del Estado, más allá de que exista una ley o no, atiendan las particularidades de las personas con identidades no heteronormativas. Así la mujeres lesbianas, trans, bisexuales se sentirán protegidas, apreciarán que la denuncia es importante y no estarán aisladas, solas, sin saber qué hacer ni a dónde ir. No existen redes de ayuda en estos casos y muchas no hacen la denuncia por miedo a no ser protegidas y a ser víctimas de mucha más violencia por su pareja o el medio social.

 

  1 de diciembre de 2016  
 
 
               
           
  7 DÍA
DE ACCIÓN
     
 
De la paz en el hogar a la paz en el mundo: 
aseguremos la educación de todos y todas
     
 
16 ideas 
para 16 días

La campaña de 2016 invita a todas las organizaciones a organizar alguna actividad durante cada uno de los 16 días. Para ello, sugieren una serie de ideas:
Día 7:¡Hágase política!

Envíe su iniciativa a:
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"Mitos acerca de la violencia intrafamiliar", por Yuliesky Amador Echevarria, No a la Violencia, Agosto de 2015.

"Violencia intrafamiliar: una mirada desde jóvenes universitarios", por Matilde Molina Cintra No a la Violencia, febrero de 2015.

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Se necesita una mirada integral desde los medios
Por Lirians Gordillo Piña / Foto: SEMlac

El tratamiento mediático de la violencia por motivos de género es tema de debate entre especialistas y profesionales de la comunicación en Cuba. Investigaciones y espacios de superación académica destacan la pervivencia de estereotipos y la falta de información y de una estrategia integral para la inclusión de la violencia machista en la agenda de los medios nacionales. Mayra García Cardentey, joven periodista y profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, abunda sobre estos temas.

¿Qué opinas del tratamiento de la violencia de género en los medios de comunicación masiva cubanos?
Es insuficiente. El gran dilema parte de que, en muchas ocasiones, se aborda la violencia de género como un aspecto puntual dentro de una campaña, o como el gran tema en una jornada mediática de varios días. Luego de esto, el fenómeno se silencia, se vuelve invisible hasta la próxima fecha. Cuando el personal de la prensa y la comunicación en la isla, desde quienes dirigen hasta las y los encargados de efectuar la política informativa, comprendan que la violencia de género es un aspecto transversal dentro del discurso social cotidiano que ofrecemos en los medios de comunicación, entonces será apenas batalla comenzada. No final. 
Por otro lado, no existe una preparación gnoseológica ni sicológica, mediática o metodológica para el abordaje de estos temas. En muchas ocasiones, se muestran productos que lejos de alertar sobre el fenómeno se convierten en reproductores de estereotipos y prejuicios.
A ello se le añade la creatividad a la hora de acercarnos a tan sensible fenómeno. Si el producto comunicativo se realiza desde la arenga política o el escarmiento educativo superficial, pues la audiencia y las y los lectores no aprehenden el mensaje. Falta originalidad y un discurso creativo pertinente que permita no un trabajo periodístico más, no la sobresaturación del tópico, sino una alerta comunicativa efectiva.

¿Crees que se comprende el alcance de la violencia simbólica que reproducen los medios en nuestro país? ¿Por qué?
No. Y no por falta de investigaciones o reclamos de especialistas. Pero todo, en un modesto entender, parte de que no existe en Cuba un protocolo integral para abordar, desde los medios de comunicación, los temas de género. Mucho menos, los aspectos relacionados con la violencia. Al no existir, cada entorno— digital, impreso, audiovisual— interpreta y realiza un discurso periodístico propio y, en muchas ocasiones, sesgado por prejuicios y estereotipos de diversa índole.

¿Qué acciones pudieran contribuir a posicionar (más y mejor) el tema en la agenda mediática?
Ya lo decía anteriormente: lo que se norma, se debe cumplir. Pero si tú no tienes pautado cómo debe ser un discurso periodístico o comunicativo inclusivo, no tienes cómo regular las malas prácticas. Todo queda entonces en manos de la experticia personal de cada comunicador, periodista, asesor de programa, corrector o directivo. 
En ese sentido, aplicar una comunicación inclusiva, diversa, plural, corresponde no solo a los profesionales de la palabra, sino a diseñadores, fotógrafos, correctores, editores… Y como se puede comprobar, muchos de los que van a los cursos de capacitación sobre temas de género son apenas los primeros. 
Al abordar la violencia de género debe pensarse como una rutina integral, donde todas y todos estemos implicados. 

 
   

 

  30 de noviembre de 2016  
 
 
               
           
  6 DÍA
DE ACCIÓN
     
 
De la paz en el hogar a la paz en el mundo: 
aseguremos la educación de todos y todas
     
 
16 ideas 
para 16 días

La campaña de 2016 invita a todas las organizaciones a organizar alguna actividad durante cada uno de los 16 días. Para ello, sugieren una serie de ideas:
Día 6:
¡Sea visible! 

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"Acoso sexual en el trabajo: otro mecanismo de discriminación y violencia hacia las mujeres", por Dalia Virgilí Pino, Mujeres Emprendedoras, diciembre de 2014.

"Palabras que duelen y perpetúan la violencia",Mujeres Emprendedoras, noviembre de 2014.

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Nada justifica la violencia hacia mujeres y niñas 
Por Sara Más / Foto: SEMlac

La violencia hacia las mujeres y las niñas no es natural, se aprende. Por eso es posible trabajar por cambios que ayuden a prevenir, atender y eliminar ese problema de salud, social y de derechos humanos que ocurre dentro y fuera de casa y que provoca daños directos e indirectos a la vida de muchas, diariamente.
Pero desmontar mitos, falsas creencias y relaciones de poder ancestrales que sostienen el maltrato machista no es tarea sencilla.
“No se cambia en un día, pero cada día puede significar un paso de avance si se entiende la dimensión del ahora”, considera la psicóloga Mareelén Díaz Tenorio, subdirectora del Centro Oscar Arnulfo Romero, quien abunda en mitos, desafíos y salidas frente a la violencia machista.

¿Por qué se dice que la violencia hacia las mujeres y las niñas está naturalizada y se ve como algo normal?
Porque esa violencia está anclada, se sostiene y reproduce en construcciones culturales constituidas a lo largo de siglos. Se trata de la convivencia en sociedades que han fraguado sus relaciones humanas en asimetrías y jerarquías de poder impuestas y basadas en la primacía de lo masculino con características particulares. 
Las sociedades se organizan, estructuran y generan espacios de socialización y aprendizaje (familia, escuela, grupos de pares o coetáneos, organizaciones sociales y comunitarias, centros laborales, instituciones religiosas, medios de comunicación social, etc.) desde etapas tempranas de la vida, en los que se asigna un modo de ser hombre y mujer como los más “válidos”, condicionando desigualdades. Así, al hombre se le adjudica poder y capacidad para decidir sobre las más disímiles cuestiones de la vida de la mujer, su salud, su cuerpo, su tiempo, formación, recursos y sobre sus ingresos; la capacidad para descubrir y aventurarse; su trabajo es visible y genera remuneración económica; tienen la propiedad sobre los objetos y los recursos, deben tomar las decisiones.
Mientras, a la mujer se le adjudica subordinación, timidez y temor; incapacidad para enfrentar la vida; se duda de sus capacidades de abstracción, tecnológicas, de representación social y de mando. Todo lo anterior condiciona y lleva en sí formas de violencia que se perpetúan en hábitos, mitos, creencias y costumbres vistas como “legítimas” en la cotidianidad, donde se asumen y viven esas creencias y conductas de un modo que pareciera “natural”, porque ha existido durante mucho tiempo y se percibe erróneamente como lo normal y frecuente. En síntesis, se conforman patrones culturales en los que los imaginarios sociales se encargan de que se mire, acepte y construya la realidad de modo que mujeres y niñas están en desventaja.

¿Cuáles son los principales mitos que sostienen esa violencia?
En la Campaña por la no violencia hacia mujeres y niñas, ERES MÁS, trabajamos en desmontar o desmentir algunos de los mitos más frecuentes. Por ejemplo: “las mujeres que viven la violencia hacen algo para provocarla”. Este mito intenta culpar a las mujeres. El comportamiento de las personas puede provocar emociones como el enojo y la ira de otros/as, pero la conducta violenta es responsabilidad de quien la ejerce. Nada justifica el ejercicio de la violencia. 
Otro asegura que “entre marido y mujer nadie se debe meter”. La sociedad, las instituciones sociales y el Estado son responsables de que no se violen los derechos de los seres humanos, y esa responsabilidad se extiende al interior de las familias. Los conflictos y desacuerdos forman parte de la intimidad de la pareja pero cuando estás contradicciones tienen repercusiones personales y sociales en la salud, integridad moral, la vida de relación, el bienestar y los derechos de las mujeres, lo privado se vuelve público. Considerarla un asunto privado contribuya al aislamiento de las mujeres. 
También persiste la idea de que “los hombres son violentos por naturaleza, son así y no lo pueden controlar,”. La violencia no es hereditaria ni genética, sino aprendida. La violencia es aprendida como parte de los modelos de dominación, control y superioridad que se les impone a los varones en el ejercicio de su masculinidad. La violencia se elige, puede controlarse y desaprenderse.
Igualmente, se repite que “las mujeres deben acceder a los deseos sexuales de su pareja aunque no lo deseen”, cuando en verdad la mujer tiene derecho a decidir en qué momento y circunstancia desea acceder a un vínculo sexo erótico. Forzar una relación sexual indeseada es siempre un delito. La violación en la pareja es tan violenta como degradante y muchas veces más traumática que la violación por un extraño, la confianza y la intimidad son destruidas cuando quién debe ofrecer amor y cuidado comete un crimen tan brutal y violento.
Se dice, por ejemplo, que “las mujeres lesbianas bisexuales o transgénero no son femeninas”. Este mito conecta con una forma de discriminación muy injusta: la lesbofobia y transfobia. Aunque muchas mujeres no se sujeten a los modelos tradicionales y excluyentes de lo que la sociedad ha considerado que debe ser una mujer ,existen otras y diversas maneras de construir la feminidad que son igualmente válidas y merecen ser respetadas y consideradas.

¿Y en Cuba en particular?
En Cuba están presentes muchos de los mitos universales antes mencionados, pero creo personalmente que existen al menos tres muy extendidos:
“Se exagera cuando se habla de violencia contra las mujeres. En Cuba eso no es un problema grave”. Nos faltan registros, indicadores y datos estadísticos para realizar comparaciones internacionales y temporales que den cifras exactas. Pero eso no impide afirmar que en Cuba existe violencia contra las mujeres. La importancia y gravedad radica en que constituye una violación de los derechos. Incluso, aunque existiera un solo caso, merece atención. Silenciarla nos aleja más de las soluciones al problema.
“Los hombres que maltratan a las mujeres son alcohólicos o drogadictos”. El consumo de alcohol y drogas desinhibe y limita el autocontrol, por lo que es un factor de riesgo; pero no es causa de la violencia. La respuesta violenta está aprendida con anterioridad al consumo. Existen alcohólicos que no utilizan la violencia, y violentos que no son consumidores de alcohol. Algunos alcohólicos son violentos con las mujeres pero no lo son con otras personas.
“A las mujeres que son maltratadas les gusta, de lo contrario se marcharían”. Se piensa erróneamente que los logros alcanzados por la sociedad cubana en el tema de igualdad de género son suficientes para que las mujeres puedan salirse de una situación de violencia; sin embargo, muchas circunstancias atentan contra esa alternativa. Algunas de estas circunstancias son: no tener disponible otro lugar donde vivir y/o recursos financieros; miedo, muchas veces los peores episodios de violencia suceden cuando intentan abandonar a su pareja; sentir culpa y vergüenza por lo que ocurre, lo cual puede impedirle pedir ayuda; dependencia psicológica, ilusión sobre posibilidades de cambio en la pareja, sentirse enamorada, sensación de pérdida del sentido de la vida si se separan; aislamiento y falta de redes para solicitar ayuda.

¿Hasta qué punto esos mitos frenan la actuación de diversos actores frente al problema? 
Para medir el alcance de este freno hay que entender las causas y mecanismos de reproducción de la violencia. Es aprendida en los diferentes espacios de socialización —que son muchos y no solo la familia—, e incluye a todos los grupos y sectores sociales. Una vez aprendidos y aceptados como reales los mitos o falsas creencias que la sostienen, su influencia se extiende desde los diferentes roles de personas e instituciones en la sociedad. Si no se desmienten, serán transmitidos por actores sociales diversos en su quehacer cotidiano, en la educación (en todo sus niveles incluida la formación de profesionales), en los servicios de salud, cultura, deporte, medios de comunicación social, organizaciones, instancias jurídicas y de gobierno, etc. Y también, por supuesto, las familias. Es por eso que se trata de un problema que implica a la sociedad toda. No se cambia en un día, pero cada día puede significar un paso de avance si se entiende la dimensión del ahora.

By Alicia Mendoza 

Mexico, November (SEMlac). - Ana Buquet, director of the Program on Gender
 Studies at the National Autonomous University (UNAM), indicated that the
 Mexican State finds it difficult to punish women’s murderers in the
 country.

 Speaking at the first session of the 23rd International Colloquium on
 Gender, Sexuality and the State, which was held last November 3-4, she said
 that a State that is corrupted and involved in serious human-rights
 violations cannot be consistent in its discourse on and defense of human
 rights.

 “The State is conducting no investigations into women’ murderers,” she
 stressed.

 In connection with the national conservative campaign against the so-called
 gender ideology, Buquet emphasized that feminist and gender studies seek to
 put an end to women’s subordination and subjugation.

 Conservative forces

 Leticia Sabsay, a researcher working for the London School of Economics and
 Political Science, explained that international campaigns against gender
 ideology threaten the achievements that have been made in this field.

 Delivering a master lecture on sexual imagery, she said that the current
 transnational policy is being deeply marked by conservatism.

 “In Brazil, for example, there are strong campaigns against sex education
 and, in Colombia, the people said no to the Peace Agreements because there
 were groups opposing the introduction of the gender approach into these
 instruments,” she stressed.

 “The Catholic Church in Latin America has strongly opposed the legalization
 of abortion,” she added.

 “Donald Trump is posing a real threat at present. There are already
 situations of racism and violence against Latin and LGBTI communities in the
 United States,” she noted.

 “In Europe, the Brexit has come after ultra-conservative, nationalistic,
 xenophobic and anti-immigration campaigns,” she commented.
 In her book on standards for desire, sexual imagery and communication, she
 wrote that the world is currently witnessing the most obscene forms of
 violence.

 She asked herself questions like what can we do to turn the sense of unease
 and indignation into political solidarity and active resistance?, and how
 can we effectively challenge this perverse logic?

 “We cannot give up and let the current conservative reaction do as it
 pleases,” she concluded.

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