Violencia de género

Violencia de género (423)

La Habana, diciembre (Especial de SEMlac).- La falta de un sistema integral de atención, apoyo y orientación especializada a mujeres víctimas de violencia fue identificado por expertas de diversas disciplinas entre los desafíos actuales para el tratamiento y prevención a este problema social en Cuba.

"Este asunto demanda acciones articuladas, desde distintas disciplinas, para que las mujeres encuentren respuestas efectivas a su situación", señaló la psiquiatra Ada Alfonso, quien integró el panel "Violencia de género en Cuba: desafíos en la atención y prevención", el pasado 9 de diciembre.

La Habana, diciembre (Especial de SEMlac).- Desde que, en la pasada década del noventa, se iniciaron las primeras investigaciones sobre violencia de género en Cuba, estas indagaciones han contribuido a visibilizar el problema en diferentes ámbitos sociales, a la par que han ayudado a reconocerlo y arrojar luces sobre algunas dinámicas que atraviesan su atención, prevención y tratamiento. Aunque se trata, sobre todo, de estudios descriptivos, locales, fragmentados e incompletos, que parten de muestras pequeñas y no permiten identificar la real magnitud de este fenómeno en el país.

Del valor de esas pesquisas y, fundamentalmente, de lo que falta aún por hacer, comenta a SEMlac la psiquiatra Ada Alfonso, colaboradora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y del subprograma de violencia del Programa Nacional de Educación y Salud Sexual (PRONESS), que coordina esa institución.

No solo los golpes y las agresiones verbales son expresiones de violencia. Son las más evidentes, pero no las únicas. Otra forma de maltrato hacia las mujeres de la que poco se habla, o en la que menos se repara, es la violencia económica.

"Existe violencia económica cuando uno de los miembros de la familia usa el poder económico para provocar un daño a otro", advierte a SEMlac la economista Teresa Lara, experta en materia de estadísticas e indicadores de género y una estudiosa de los temas de género, en particular vinculados al universo del trabajo y la economía.

 


La violencia por motivos de género tiene un fuerte basamento en la práctica y la cultura patriarcales, se sustenta en el desequilibrio de poder que destina a las mujeres el lugar de la obediencia y la subordinación, y ocurre, por tanto, en las situaciones más diversas: sin distinción de clase social, nivel económico, de instrucción cultural, color de la piel o creencia religiosa.

Pero los contextos en que tiene lugar añaden características particulares a este problema social. Ello hay que tenerlo en cuenta, según especialistas, para poder actuar, elaborar estrategias e intervenir ante estos casos. De ese modo, el ámbito geográfico pasa a tener también una connotación particular.


La Habana, diciembre (Especial de SEMlac).- La falta de una sección o acápite legal específico para la violencia contra la mujer por motivos de género y la poca preparación de quienes operan estos casos limitan una respuesta jurídica más efectiva a este problema social en Cuba, opinan especialistas.

"Nuestro Código Penal no recoge ni penaliza la violencia de género", asegura a SEMlac la jurista Perla Delgado, profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de Cienfuegos, a unos 250 kilómetros de la capital cubana.

Tras muchos años de naturalización e invisibilidad, la violencia de género ha ido ganando espacios en el debate social cubano, sobre todo en los espacios académicos. Pero especialistas, investigadores y estudiosos de perfiles diversos coinciden en la necesidad de una plataforma de atención integral, que concierte e involucre a todos los actores sociales e institucionales.

La psicóloga Mareelén Díaz Tenorio, coordinadora del Programa Equidad del Grupo de Reflexión y Solidaridad Óscar Arnulfo Romero (OAR), comparte ese criterio y asevera que, además, "nos sigue faltando el mapa: son necesarias estadísticas e investigaciones que permitan mapear la intensidad y características del problema en los diferentes territorios del país".

 


Más de 2.300 niñas y niños de Cuba requirieron protección policial al ser víctimas de abuso sexual en 2013, revela el Informe sobre el enfrentamiento jurídico- penal a la trata de personas y otras formas de abuso sexual (2013), que divulgó el Ministerio de Relaciones Exteriores del país hace dos semanas.

El dato resume 1.036 casos detectados de abuso lascivo, 553 de corrupción, 365 violaciones, 191 de ultraje sexual, 57 de pederastia y 29 de estupro, consumados contra el 0,09 por ciento de la población infanto-juvenil de la isla ,que suma más de dos millones 260.000 menores de 16 años.


La violencia contra las mujeres por motivo de género se reconoce y denuncia poco, se perpetúa como algo natural y acostumbrado, mientras sus víctimas precisan respaldos diversos para poder romper el ciclo del maltrato, recuperar su autoestima y retomar las riendas de sus vidas y decisiones.

Ello implica, necesariamente, apoyo y protección de diverso tipo: psicológico, de salud, afectivo y comunitario, entre otros. Pero estos casos necesitan también de una adecuada protección legal que evite la impunidad, ampare a las víctimas y sancione al maltratador.


Constantemente nos exponemos a ella, desde los medios de comunicación, el arte, el lenguaje y, en general, la cultura. Sin embargo, la violencia simbólica contra las mujeres pasa inadvertida, pese a sus altos costos sociales.

En Cuba, mucho se ha comentado en los últimos años sobre el contenido agresivo y denigrante hacia la mitad femenina que reproducen algunas expresiones de la música popular, videoclips o la incipiente publicidad estatal y privada.


La Habana, diciembre (Especial de SEMlac).- Las primeras llamadas de su novio al móvil para confirmar si estaba en el trabajo o la casa de una amiga le parecieron lógica preocupación de enamorado. Pero, con el tiempo, ya no pudo estar sola más de dos horas sin recibir un mensaje de texto o sentir el timbre del celular.

"Por cualquier motivo me llamaba, lo mismo para preguntar si adelantaba la comida, si iba a buscarme o para advertirme que no llegara de noche. Si no le respondía, se molestaba conmigo", recuerda a SEMlac una comunicadora cubana de 30 años que prefiere no exponer su nombre, por seguridad.

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