México: Violencia cotidiana normalizada
Por Ana Alicia Osorio
(
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) 

México, enero (SEMlac).- "Como toda mujer, nos enseñan que debes esperar nuestro príncipe azul y no esperas esto", dice Maru, sentada en la sala de su casa, con su cuerpo adolorido todavía, a causa de las secuelas por las siete puñaladas que le dio su esposo, al atacarla afuera de su trabajo.
El 24 de noviembre del 2017 cambió su vida. La violencia que vivió durante cuatro años de relación, aún después de su separación, llegó a su máximo grado ese día, en que su esposo y papá de su hijo fue detenido tras intentar matarla.
Todo ese tiempo vivió una violencia que no podía ver; una violencia que confundía con amor; una violencia de la que intentó huir; una violencia que solo identificó plenamente, tras separarse de su pareja, tramitar el divorcio y buscar apoyo psicológico. Violencia que reconoció con certeza cuando sintió la sangre correr por su garganta.
"Sí", responde tajante al preguntarle si vivió violencia antes de terminar la relación. "Llevaba más de un año intentando separarme él; pero, normalmente, cada vez que tocaba el tema del divorcio […], él me comentaba que […] el divorcio no era una opción […], que donde quiera que yo fuera, siempre me iba a seguir", narra.
Para evitar la separación, su expareja, Antonio, amenazaba con demandarla penalmente por abandono de hogar, secuestro o cualquier otro cargo, cuenta María Eugenia Cruz Mejía. Sin conocer de leyes, solo recurría a su suegra, quien apoyaba la versión de su hijo y la disuadía de la anhelada separación.
Como ingeniera mecánica, Maru sabía de números, álgebra y certificaciones de calidad, pero en ese momento no conocía la Ley General de Acceso a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV), ni ninguna otra parecida. No sabía que en ese instrumento se considera violencia económica, el que estuviera obligada a trabajar y pedir ayuda a sus familiares para la subsistencia de su hijo, su esposo y de ella.
A Maru nadie le había dicho que los gritos, las amenazas, los menosprecios que le hacía su esposo, eran violencia psicológica. Inclusive, tampoco nadie le dio a conocer sus derechos ni los instrumentos para su garantía, como la Ley de Víctimas, la LGAMVLV o cualquier otra ley que la ayudara.
Pero sobre todo, nunca imaginó ser del 11,1 por ciento de veracruzanas que sufrieron violencia familiar, tan solo en el último año, de acuerdo con reportes del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), pues, para ella, solo tenía una relación deteriorada con su pareja, y creía que juntos podrían componer.

"Uno de los cuchillos de cocina que yo había comprado"

La relación terminó el día que -durante una pelea- el esposo de Maru la dejó en casa de sus papás, junto con su hijo y sus maletas. Llevaban solo 15 días viviendo juntos en un cuarto con muebles prestados, pero la pelea fue suficiente para separarse.
Tras el incidente, Maru buscó ayuda. Tenía la oportunidad de conseguir el divorcio que había querido desde hace mucho. Su mamá y su papá la apoyaron para contratar una abogada y comenzar legalmente el proceso de separación y custodia; mientras, los mensajes de su expareja continuaban llegando, hasta que lo bloqueó. Entonces percibió que vivía violencia.
Maru recuerda que no tuvieron comunicación hasta aquel 24 de noviembre, mientras se acomoda un poco en el sillón, por el dolor en la espalda. Muestra cómo la mano derecha no la puede cerrar, pues una de las puñaladas le dio cerca de la médula espinal, por lo que perdió movimiento.
Sus ojos se llenan por ratos de melancolía; en otros, de rabia contenida que ahuyenta rápidamente y se recompone para fingir comer la galleta que su hijo le ofrece jugando.
Fue por su hijo, asegura, que permaneció durante mucho tiempo con Antonio, pues creía que era lo mejor. Ahora está convencida que no era así.
"Ese día estaba yo trabajando […] Vino mi jefe a comentarme que me buscaban en la entrada de mi trabajo. Normalmente nadie va a mi trabajo a buscarme, solamente si sucede algo con mi hijo. Pensé que era una emergencia y salí. Al llegar a la entrada lo vi a él y me asusté", cuenta.
Su expareja le pidió hablar lejos de su trabajo, pero ella accedió hacerlo solamente frente al lugar, en la banqueta, donde hablaron sobre la custodia de su hijo, las convivencias y un posible convenio al que Maru se negó.
"Se molestó, y cuando vi esa reacción en él, le dije que ya no teníamos nada de qué hablar […] Me di la media vuelta y fue cuando él me jaló del brazo. Me jaló hacia él por la espalda y me comenzó a acuchillar. Me giró hacia su derecha y comenzó a hacerme la herida del cuello", recuerda, mostrando el corte cocido en la barbilla que es visible por la reconstrucción de la faringe que le tuvieron que realizar los doctores.
En ese momento, sus compañeros salieron y evitaron que el ataque continuara.
"No sabía con qué me había herido. Sentí toques eléctricos todo ese tiempo, hasta que mi jefe pisó su mano para que soltara el arma con la que me estaba lastimando. Me di cuenta que era uno de los cuchillos de cocina que yo había comprado", detalla antes de suspirar para recomponerse, como con la fuerza de voluntad que tuvo y que la ayudó a llegar viva en una batea de camioneta a la Cruz Roja y soportar una intervención quirúrgica que requirió de 10 médicos en un quirófano.
Eso le evitó ser una más de las víctimas mortales de feminicidio, que en Veracruz, de acuerdo con el proyecto Asesinatos de Mujeres y Niñas por Razón de Género, de la Universidad Veracruzana, ocurrieron 177 en el 2017, a los que se suman 84 homicidios de mujeres.

No siempre fue un cuento de horror
Maru y Antonio se conocieron en el Instituto Tecnológico de Veracruz. Eran estudiantes de carreras similares por las que coincidían en pasillos de ese centro educativo.
Compartían algunos gustos en común, como videojuegos y cómics. El tiempo que pasaban juntos y un amor veinteañero hicieron lo suyo para que comenzaran una relación que más tarde los llevó a casarse, vivir juntos en casas de sus padres y tener un hijo.
Su relación era, a simple vista, como cualquier otra, y como en cualquier otra, pensaba, había problemas, pero en realidad era violencia: "Uno de los principales problemas que teníamos es que el dinero no alcanzaba y él no quería trabajar […] Mi universidad me la pasé vendiendo dulces para poder tener dinero para cualquier cosa que necesitaba mi hijo y, mientras me iba a la escuela, él a veces se quedaba durmiendo hasta medio día", dice, al recordar tres años atrás.
Como en otros casos, cuenta Maru, la familia y amigos fueron los primeros en reconocer esa violencia. Se lo dijeron, pero ella no lo creyó. Algunas amistades se alejaron y otros, como sus papás, le insistían en señalar que las cosas no estaban bien.
Eso pasó un día cuando se fueron juntos a la escuela en bicicleta, pero ella pasó antes con su abuela para arreglar asuntos de la guardería del niño. Cuando salió, ya no estaba Antonio, ni las mochilas que traían sus útiles escolares y los dulces que vendía ni su dinero, por lo que se quedó sola, sin poder moverse. "Era algo tan cotidiano que ya lo sentía normal", sentencia.
"En una ocasión, uno de sus amigos -enfrente de él- me dijo que yo no valía nada, que yo no servía para nada, ni para estudiar ni para trabajar ni para ser madre ni para ser esposa, y yo le reclamé a él que cómo permitía que sus amigos me insultaran así, y él me comentó: 'Pues es que es la verdad. De hecho, él lo dijo porque yo siempre lo he dicho'," recuerda.

Del amor al miedo

Lo que ella creía que era amor, le bastaron unos años para convertirse en temor. La separación no era viable. Aunque la deseaba, Maru temía que eso implicara quedarse sin su hijo.
El niño, explica, tiene alergias y un problema en las rodillas, por lo que no podía ni remotamente pensar que se quedara solo con su papá, quien en algunos momentos optó por jugar videojuegos, antes que darle de desayunar.
"Tenía mucho miedo, mucho miedo, porque me daba cuenta que la mamá de él tiene muchas amistades, muchas amistades, y me he dado cuenta que parte de lo que me dijo es cierto: que este es un país muy corrupto", afirma.
Las amenazas de violencia de su esposo para obtener la custodia, se mezclaban con los intentos de recomponer una relación y tener esa familia ideal en la que su hijo creciera al lado de su madre y padre.
"Un amigo me contó que me iban a poner un cuatro: que su amigo iba a decir que cuando yo salía de mi trabajo me iba con hombres y [que] mi esposo tenía pensado decir que no atendía a mi hijo, que -de hecho- tengo muy mala relación con mi hijo […] Otro amigo me mandó una captura de pantalla de las conversaciones que tenían. Hablan sobre hacerme photoshop y tener imágenes mías donde apareciera desnuda […] para hacerme quedar mal", narra.
El miedo no termina. Antonio está preso, pero Maru teme que quede en libertad a causa de algún recoveco legal. Ese día del ataque, cuando estaba por ser detenido y ella sostenía su cuello intentando parar la hemorragia, él prometió volver a terminar lo que había comenzado: asesinarla.
"Temo que intente terminar lo que empezó y que intente quitarme a mi hijo", advierte, mientras baja la voz, cansada de los recuerdos y agotada por hablar, pues la lengua le quedó dañada tras el ataque.
"A veces se agrede tanto a una mujer, que ya no nota una cuando la están agrediendo", lamenta. Durante la conversación, uno de sus amigos vigila al hijo de Maru y a su hija que llevó para jugar; otro intenta darle ánimos.
Ahora, asegura, quiere superarlo, recuperarse físicamente, darle apoyo a su hijo para el momento en que se entere de todo. Quiere hacer aquello que en algún momento su pareja le dijo que nunca podría.
"Quiero cerrar este ciclo de mi vida. Espero que sea dentro de muy poco […] Deseo lograr todo aquello que en algún momento él me dijo que jamás podría hacer. En su momento, me dijo que una mujer como yo no sirve para manejar, no sirve para hablar más de dos idiomas, no sirve para muchas cosas. Y eso es lo que quiero hacer. Quiero demostrarme a mí misma que sí puedo", sostiene esta joven de 24 años, segura, decidida, dispuesta a sobrevivir a los recuerdos.

Cuba: Llegar a las mujeres que sufren violencia de género
Por Lirians Gordillo Piña
(
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) 

La Habana, enero (Especial de SEMlac).- Ante la ausencia de un sistema de atención nacional articulado, proyectos, servicios e iniciativas puntuales buscan llegar a las mujeres que sufren violencia de género, como punto clave en el abordaje integral de esta problemática social. 
"Las mujeres que consultan por una situación de violencia lo hacen luego de un proceso muy difícil de quebrantamiento del secreto, enfrentamiento de sus propios miedos, amenazas externas, sentimientos de vergüenza y desconfianza en el porvenir, lo que las ubica en una situación de alta vulnerabilidad", reconoce la jurista Perla Delgado.
Pero quienes se animan a buscar ayuda suelen encontrarse con trabas y dificultades en las instituciones que tienen el encargo social de brindarles asistencia.
En el artículo "Desafíos de la prevención y la atención de la violencia en Cuba: algunas consideraciones", la investigadora Magela Romero Almodóvar reflexiona sobre "la falta de capacidades y conocimientos especializados sobre este fenómeno del personal que presta servicios en espacios e instituciones destinados a la atención de las víctimas".
La experta identifica que "las intervenciones se quedan, por lo general, en el plano de la sensibilización o derivación del caso hacia otro servicio u espacio, en el que probablemente ocurra lo mismo, conduciendo de ese modo al proceso de revictimización que popularmente se conoce como peloteo".
Ante esta situación, algunas experiencias brindan orientación, como los Servicios de Orientación Jurídica del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).
Desde el ámbito psicológico, la Consejería para mujeres en situaciones de violencia del Centro Oscar Arnulfo Romero (CEOAR) ofrece apoyo emocional, orientación e información sobre la violencia de género, además de brindar herramientas para fortalecer la capacidad de las mujeres en la toma de decisiones.
Otras acciones convocan a especialistas y actores sociales de distintas áreas para ofrecer una atención integral. Son los casos de la Experiencia piloto de atención integral a la violencia contra las mujeres en el ámbito comunitario, que desde hace un año se realiza en La Habana, y el proyecto Cultura jurídica en clave de género: herramienta para la igualdad y la no violencia contra las mujeres en la provincia Cienfuegos, a 233 kilómetros de la capital.
De manera general, todas estas iniciativas, protagonizadas por especialistas con años de experiencia, tejen redes de trabajo común. Otra constante es el apoyo de organizaciones y organismos internacionales en la materialización de las iniciativas.
El proyecto Cultura jurídica en clave de género es fruto del trabajo sostenido desde 2000 por especialistas de Cienfuegos e integrantes de la Asociación de Juristas de Cuba en esa provincia.
A juicio de Perla Delgado, una de las coordinadoras, el proyecto adquiere relevancia "en términos de capacitación, educación, orientación y atención individual y grupal, propiciándoles a las mujeres las herramientas necesarias para enfrentar sus conflictos, tramitarlos con las instituciones procedentes y solucionarlos".
Llegar a las víctimas y apoyarlas en el complejo camino para salir del ciclo de la violencia de género es también uno de los objetivos de la Experiencia piloto de atención integral a la violencia contra las mujeres en el ámbito comunitario, en la capital cubana.
El proyecto convocó a actores sociales de cinco comunidades periféricas en La Habana (El Canal, Alamar Este, Párraga, Libertad y Buena Vista), a partir del trabajo de los Talleres de Transformación Integral del Barrio (TTIB) existentes en esas localidades, cuya misión es impulsar el desarrollo local.
Las expertas Magela Romero Almodóvar y Clotilde Proveyer Cervantes acompañaron procesos formativos, diagnósticos con perspectiva de género y el diseño en cada barrio de un sistema integral y articulado para la prevención y atención de la violencia contra las mujeres.
"La comunidad es un Estado en pequeña escala. Allí está la policía, el gobierno, la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y el sistema de salud con sus servicios comunitarios. Además, las redes de apoyo más cercanas a la víctima ofrecen mayor confiabilidad, porque ante una crisis o emergencia pueden llegar más rápido", afirma Proveyer.
A partir de un diagnóstico con perspectiva de género se levantó información sobre el número de denuncias hechas en la policía local, los espacios más peligrosos para las mujeres, los sitios de reunión de los hombres y las instituciones y personas a las cuales acudir.
Los cinco grupos gestores de las comunidades diseñaron un modelo de atención que incluye pasos a seguir, contactos y nombres de actores clave para dar acompañamiento a las víctimas.
Durante el primer año de trabajo fueron atendidas un total de 55 mujeres víctimas de violencia.
"Este es el resultado más importante porque son 55 mujeres que hoy sienten que tienen algún apoyo, acompañamiento, asesoría. De ellas, 13 mujeres de las distintas comunidades se encuentran fuera del ciclo de la violencia. Estos datos hablan de nuestro trabajo y, a partir de ellos, podemos diseñar los pasos a seguir", dijo Almodóvar durante la evaluación del proyecto, el pasado 19 de diciembre.
Fortalecer la articulación de actores es una de las intenciones de esta experiencia, que encuentra en el trabajo comunitario un espacio vital, pues "suple muchas veces las fallas de las instituciones que tienen como encargo social atender a las víctimas y que no siempre responden con la celeridad y la eficacia que hace falta", al decir de la académica y profesora Clotilde Proveyer.

De lo local al país
Especialistas, activistas, instituciones y organizaciones comprometidas con erradicar la violencia hacia las mujeres y las niñas en la isla coinciden reconocen avances en los últimos cinco años.
Sin embargo, perviven retos e incomprensiones que limitan el alcance de estas iniciativas y la puesta en marcha de una respuesta integral e integrada que, desde una estructura estatal, convoque a los diversos actores sociales.
Para Delgado, el compromiso profesional y la articulación son elementos fundamentales si se quiere lograr un impacto positivo y duradero. Romper con los prejuicios y la discriminación también impone fomentar la cultura jurídica y un cambio de paradigma respecto a la víctima.
"Muchas veces la atención que reciben las mujeres maltratadas en las instituciones parte de una concepción asistencial y no de derechos, las tratan como personas necesitadas y no como ciudadanas. El punto de partida, en estos casos, es que estas mujeres necesitan un servicio y no que tienen derecho a recibirlo", afirma la abogada.
La aspiración máxima es llegar a todo el país. Según la "Encuesta sobre igualdad de género" 10 mujeres de cada 30 encuestadas (27,9 %) declararon haber recibido algún tipo de violencia física, psicológica, sexual o económica durante los últimos 12 meses, pero la cifra aumenta a 40,5 por ciento cuando el período se abre a "algún momento de su vida".
La investigación nacional realizada por el Centro de Estudios de la Mujer (CEM) de la FMC y la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) en 2016 incluyó una muestra representativa de 19.189 mujeres y hombres de 15 a 74 años e incluye otros temas relacionados con la igualdad de género.
A pesar de esfuerzos y proyectos puntuales que se han ramificado en varias provincias y el recorrido por distintos territorios de la Jornada Cubana por la NO violencia hacia las mujeres y las niñas, las principales experiencias aún se concentran en la capital del país. 
Proveyer cree esencial "llegar a las zonas de silencio", aquellos lugares de la geografía nacional de los que no se tiene información, en los que no existen proyectos, ni acompañamiento.
"No podemos seguir trabajando de manera esporádica, por iniciativas, tenemos que hacerlo en sistema, organizados con una institución del Estado que coordine con intención un trabajo en todo el país. Una entidad que preste servicios de prevención, atención, seguimiento y acompañamiento; que contribuya a cambiar lo que hay que cambiar", convoca la reconocida especialista.

Dominicana: Alta cifra de feminicidios
Por Mercedes Alonso Romero
(Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

Santo Domingo, enero (SEMlac).- La sociedad dominicana está consciente de que 2017 concluyó con una de las más altas tasas de feminicidio, penosa situación que le hará ascender aún más entre los primeros lugares que ocupa en la región.
En tanto que el informe "Del compromiso a la acción: políticas para erradicar la violencia contra las mujeres en América Latina y el Caribe", presentado por el Programa de las Naciones Unidad para el Desarrollo (PNUD), indica que dos de cada cinco muertes ocurren por violencia doméstica.
Dicho informe, dado a conocer fines del año recién terminado, amplía que el 30 por ciento de las mujeres ha sido víctima de violencia por parte de su pareja o expareja, y el 10,7 por ciento ha sufrido violencia sexual.
Basado en la experiencia de 33 países en materia de prevención, atención, sanción y reparación de la violencia contra la mujer, el documento plantea como obstáculos comunes "la baja asignación de recursos para la implementación y monitoreo de los planes nacionales de prevención y atención a la violencia contra las mujeres, así como la falta de un compromiso político robusto que incida en una mejor coordinación interinstitucional en el entendido que esa problemática amerita de un abordaje multisectorial".

Desde la perspectiva de género
Las estadísticas suelen ser irregulares en el país a la hora de catalogar las muertes de mujeres víctimas de violencia. Hacia finales de 2017 la prensa nacional había reflejado alrededor de 90 feminicidios, dato que según publicó Listín Diario el 27 de noviembre, se acerca al promedio anual de 102 mujeres asesinadas.
La Policía Nacional ha orientado a las mujeres amenazadas presentar sus denuncias formales de violencia de género y no quedarse calladas ante las agresiones por parte de sus parejas; no obstante, el 19 de diciembreListín Diario publicó el crimen cometido por Alexander Sánchez, de 23 años, quien pese a tener orden de alejamiento, ahorcó a su expareja Yareimi Rosa Frías, de 19 años, a quien citó para la casa donde él vivía con su madre, con el pretexto de entregarle el dinero de la niña recién nacida que habían procreado.
Rosa Frías es otra de las víctimas que se suma a la alta cifra de feminicidios, que en julio fue de 15 crímenes; seguido de junio, con 12, y mayo con 10. El resto de los meses continuaron de tal manera que se habla de finalizar 2017 con la mayor tasa de feminicidios desde 2012, año que inició el primer mandato del presidente Danilo Medina.
Las armas de fuego son las más empleadas en estos crímenes (37 %), seguidas de las armas blancas (34%) y 29 por ciento otras armas e instrumentos, según apunta el digital Acento, en artículo publicado el pasado 2 de noviembre. 
El mismo medio agrega que "si a la clasificación de feminicidios se añaden los asesinatos a mujeres en contextos de violencia intrafamiliar y sexual que no son incluidos de momento, la tasa de feminicidios en República Dominicana aumentaría, como deducen los investigadores de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) en su boletín investigativo n. 84, por lo que llaman a la caracterización de los homicidios desde la perspectiva de género".
La Procuraduría General de la República (PGR) clasifica como feminicidios solamente los asesinatos referidos a conflictos de pareja. La ONE, por su parte, propone caracterizar los homicidios desde una perspectiva de género, que significa tipificarlo como aquel asesinato cometido contra una mujer por el hecho de ser mujer.
"Los feminicidios son la muerte violenta de mujeres por razones de género, ya sea que tenga lugar dentro de la familia, unidad doméstica o en cualquier otra relación interpersonal; en la comunidad, por parte de cualquier persona, o que sea perpetrada o tolerada por el Estado y sus agentes, por acción u omisión", señala la Organización de Estados Americanos (OEA) en su Declaración al respecto.

Programa y recomendaciones 
El informe "Del compromiso a la acción: políticas para erradicar la violencia contra las mujeres en América Latina y el Caribe", presentado por el PNUD, formula su propósito de analizar las experiencias más promisorias que se registran en la región, en particular en República Dominicana, con el fin de que las instituciones del Estado fortalezcan su capacidad de respuesta al flagelo. 
Entre las recomendaciones previstas se destaca la necesidad de incrementar la asignación presupuestaria a los ministerios de la Mujer de los distintos países para la implementación de los planes nacionales, y promover la creación de políticas que cuenten con un enfoque multidimensional y acciones que se puedan priorizar a nivel municipal.
También, trabajar con los hombres para cambiar la percepción de las masculinidades, llevar las discusiones a las escuelas y lugares de trabajo, y tratar de que unir a los jóvenes en la lucha para acabar con la violencia contra las mujeres.

México: Lanzan informe Violencia Feminicida 1985-2016
Por Gabriela Ramírez
(Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

México, diciembre (SEMlac).- México registró en los últimos 32 años 52.210 muertes de mujeres en las que se presumió homicidio y 15.535 de ellas ocurrieron en los últimos seis años, es decir, 29,8 por ciento.
La cifra más baja corresponde a 2007, con 1.089 casos y la más alta se registró 2012, con 2.769.
Así lo señala el informe Violencia Feminicida en México, Aproximaciones y Tendencias 1985-2016, realizado por la Secretaría de Gobernación, el Instituto Nacional de las Mujeres y ONU Mujeres, y según el cual la tasa de feminicidios en el país ha aumentado ya que actualmente 7,5 mujeres son asesinadas diariamente.
La índice de homicidios de mujeres se redujo en el año de 2007 casi a la mitad respecto a 1985, pero entre 2007 y 2012 hubo un repunte de 138 por ciento; es decir, no solamente se perdió el avance que se había alcanzado en los 23 años anteriores, sino que, además, se llegó a niveles nunca antes registrados.
Las entidades que registran las tasas más altas de homicidios por cada 100.000 mujeres en 2016 son Colima, Guerrero y Zacatecas. El municipio de Acapulco de Juárez, Guerrero, ocupó el primer lugar en 2016, con 107 de homicidios de mujeres que representó 3,9 por ciento del total nacional.
De acuerdo con el informe, de 2012 a 2016 se redujeron los asesinatos de niñas menores de 15 años, y hubo un aumento notable en asesinatos de las mujeres adultas, entre los 20 y los 40 años de edad, lo que coincide con la etapa reproductiva.
Las armas de fuego comenzaron a ser usadas más frecuentemente para asesinar mujeres desde 2004, cuando representaban 29 por ciento del total, para volverse el medio más utilizado, alcanzando 54 por ciento en 2010.
Se reporta que es cada vez más frecuente el uso de medios brutales para asesinar a las mujeres: en los últimos cinco años los objetos cortantes se usaron 1,3 veces más en los homicidios de mujeres que de hombres.
Asimismo, se recurre tres veces más al ahorcamiento, estrangulamiento, sofocación, ahogamiento e inmersión, y el uso de sustancias y fuego es el doble que en el caso de los hombres.
Los feminicidios ocurridos en el hogar muestran una tendencia al alza, hasta alcanzar un máximo de 47 por ciento en 2004. A partir de ese año, se redujeron hasta llegar a 25 por ciento en 2011, pero volvieron a aumentar hasta alcanzar un tercio en 2014 y 34 por ciento en 2015.
Las agresiones en la vía pública tuvieron una tendencia descendente hasta 2004; sin embargo, en 2004 aumentó, lo cual probablemente se relacione con el incremento en las actividades del crimen organizado, pues a partir de entonces se incrementa su porcentaje, al alcanzar 49 por ciento en 2012, y aumenta a 41 en 2016.
Las tasas de homicidios perpetradas en la vivienda han tenido muy pocos cambios, pero se registró el mayor número casos en 2004. Lo que llama la atención, de acuerdo con este informe, es que hubo un aumento en las tasas de asesinatos en las adultas mayores, después de los 70 años de edad.

Dominican Republic: Women’s murders and family violence on the upswing


By Mercedes Alonso

 


Santo Domingo, November (SEMlac). – The nine-year-old daughter of Fidel Adón, a sergeant in the Dominican Navy, will never forget his shocking confession: “I have come to ask your forgiveness. I have to kill your mother and grandmother.”

Six months earlier, Aurelina Báez had decided to get divorced and move with her mother Juana because she had been living under constant abuse and threat.

Adón did not only kill the two women, but also hurt his brother-in-law and the one-year-old son of Aurelina’s sister. He hanged himself shortly afterwards.

The first half of 2017 closed with 50 women’s murders, as compared to 47 in the first six months of 2016, according to the Public Safety Observatory.

Local press reports indicated that 15 women have been killed in the last quarter of this year and that another five have been murdered in the last seven days. One of the murderers (Daniel Alfonso) is on the run.

Last October 28, Listín Diario (newspaper) published an article entitled Children’s sufferings after their parents commit crimes, including anger, depression, anxiety, isolation, low self-esteem, shame, and guilt.

Should a specialized police force be established?

The need to establish a specialized police force for violence-affected women was highlighted last October 27 by former district attorney José M. Hernández.

“When these women show up at police stations to report their cases, they are not well attended to,” he regretted.

“Police officers should be properly trained and sensitized,” he emphasized.

“We need to allocate adequate funding for education and awareness-raising actions,” he noted.

He recalled that two bills have been under review by the House and the Senate.

“They seek to help formulate prevention policies under a comprehensive care, sanction and eradication system that includes sexual and reproductive health and other issues that are contained in the criminal and civil codes,” he indicated.

He made the statement at a panel on policy proposals for gender violence prevention, which was sponsored by the Foundation for a Violence-Free Society and the Iberian-American University (UNIBE).

Speaking at the event, Foundation president Yadira Fondeur highlighted the need to promote equal rights for men and women, and foster knowledge generation, political will and commitment.

Estimates showed that over 60 per cent of victims had previously endured physical violence and 40 per cent, psychological violence.

“These acts have a very negative impact on boys and girls. In fact, 16 per cent of victims confessed that their children have also been abused by their sexual partners,” said PACAM president Soraya Lara.

One of the main recommendations of this local organization has to do with the provision of gender education since early childhood.

Uruguay: Siguen matando a nuestras niñas
Por Tamara Vidaurrázaga Aránguiz
(Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

Montevideo, noviembre (SEMlac).- Con acciones públicas y conferencia de prensa, organizaciones feministas y sociales llamaron la atención sobre la violencia de género como origen del crimen de Brissa González, pequeña de solo 12 años que fue encontrada el jueves 23, luego de tres días desaparecida, tras salir de su casa en dirección al colegio.


La conferencia se realizó en el Teatro Solís de Montevideo, donde la Coordinadora de Cotidiano Mujer señaló que "la ideología de género es este femicidio y no nosotras que estamos reunidas acá para combatir la violencia y gritarles nuestra indignación", y agregó: "Basta de hombres intelectuales de nuestro país que hablan de las feministas como el cuco. Lo peligroso son estas muertes".


En la misma actividad, la directora de Inmujeres Uruguay, Mariela Mazzoti, indicó que existe "un sistema de valores y de creencias que, de alguna manera, educa a los hombres y que permite que algunos de ellos asuman conductas agresivas y crean que pueden agredir el cuerpo de las mujeres".


La exlegisladora Carmen Beramendi convocó a la ciudadanía a evitar la respuesta de venganza violenta contra el culpable e indicó que lo relevante es condenar "el discurso que cosifica el cuerpo de las niñas y los discursos que validan la asimetría de poder".


La conferencia se realizó en el marco del 14º Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, realizado en Montevideo del 23 al 25 de noviembre en Rural del Campo, y en el que participaron más de 2.200 mujeres venidas de Latinoamérica y el Caribe.


Tras estar desaparecida durante tres días, en los que el rostro de la pequeña Brissa estuvo en los muros de la ciudad, su cuerpo fue hallado sin vida el jueves en el balneario Las Vegas del departamento de Canelones.
El Fiscal que investiga la causa definió prisión preventiva para el único sospechoso hasta ahora: un hombre que ya tenía antecedentes de abuso sexual; luego de que las cámaras de vigilancia evidenciaran que su automóvil se encontraba en el lugar donde se vio por última vez a la niña.


El mismo día en que la pequeña fue encontrada muerta, salieron cientos de personas al centro de Montevideo a mostrar su repudio por el crimen, mientras que en otros puntos del país se realizaron cacerolazos, acciones convocadas por el colectivo feminista "En Alerta y en las Calles". La misma organización realizó el viernes una vigilia en la que se recordó a Brissa y las otras 27 mujeres y niñas asesinadas en 2017 en Uruguay por la violencia machista.


Este domingo se cometieron otros dos femicidios, cuando un hombre asesinó a su expareja y la hija de ambos en Malvin Norte, y se suicidó posteriormente. La mujer vivía violencia, pero no había realizado denuncias. Ellas se convierten en las víctimas 26 y 27 de la violencia machista en el Uruguay durante este año.


En el estudio "Femicidios íntimos en el Uruguay. Homicidios a mujeres a manos de (ex) parejas", que publicó el Observatorio de Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior este año, se concluyó que la gran mayoría de ellos ocurren en el hogar, y que -del total de mujeres víctimas- lo fueron en sus propios hogares y por parte de hombres con quienes mantenían una relación cercana.

 
La misma investigación concluyó que las asesinadas se encuentran en un amplio rango de edad, entre los 12 y los 85 años, y que la gran mayoría de los feminicidas no tiene antecedentes penales al momento del crimen.

 

Volver