México: Kenya, la vida con VIH

Por Gabriela Ramírez
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México, diciembre (SEMlac).- "Kenya" es una mujer trans. Es trabajadora sexual desde los nueve años de edad y esa labor, más la adicción a las drogas, derivaron en que a los 13 años de edad fuera diagnosticada con VIH. Pasó nueve años en prisión, donde enfrentó el estigma y la violencia institucional para quienes viven con este padecimiento.
Hoy, con más de 20 años de vivir con VIH, ha destinado parte de su tiempo a llevar información y atención sobre todo a las mujeres trans de la ciudad que se dedican al trabajo sexual.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las personas trans son el sector que corre mayor riesgo de contraer la infección por VIH, pero también quienes menos probabilidades tienen de acceder a los servicios de prevención, detección y tratamiento.
Kenya ha corrido con suerte, al menos luego de salir de la prisión, ya que en la Clínica Condesa ha conseguido acceso a los medicamentos y no ha tenido problemas por desabasto como ha ocurrido en casos de personas beneficiarias del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado o del Instituto Mexicano del Seguro Social.
En 2015, datos del Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH y el sida (CENSIDA) revelan que en la Ciudad de México hay registrados 10.910 casos de personas portadoras de VIH y 26.431 de sida; es decir, el 19 y 14,8 por ciento respectivamente del total de casos en el país.
El Informe Epidemiológico del VIH/sida 2013 de la Clínica Condesa refiere que el primer caso de este padecimiento se dio en 1983.
Esta clínica, única con un modelo de atención para personas Trans, ha ofrecido servicios especializados de manera gratuita a 725 personas trans desde el 2012. Ahí, casi 18 personas trans llegan por primera vez de forma mensual y de ellas más del 30 por ciento resultan VIH positivas.

Del trabajo sexual, las adicciones y la prisión
Kenya siempre supo que había nacido en el cuerpo equivocado. Viene de una familia disfuncional en la cual sus hermanos mayores la golpeaban por su forma de caminar y por que "era muy femenino".
"Mi madre se dedicó a viajar. Éramos seis hermanos, vivíamos con mi abuela, ella fallece cuando yo tengo nueve años y como ya no aguantaba los malos tratos, me fui de mi casa", explica Kenya.
Caminando conmigo por Avenida Juárez en el Centro de la Ciudad, al llegar a la esquina con Balderas ella emocionada me cuenta:
"¡Mira! -dice mientras extiende la mano para señalar. Aquí en esta esquina fue al primer lugar que llegué cuando salí de mi casa y aquí en esta esquina vi por primera vez a una mujer trans que se estaba prostituyendo. Me acerqué a ella y le dije - Yo quiero ser como tú-. Me sonrío y luego de unas horas me llevó con ella".
Antes de que anocheciera y luego de haber pasado unas horas con aquella mujer trans, Kenya tuvo a su primer cliente. - Yo creo que fue por mi juventud, pero me cayó y bueno me fui con él al hotel Mazatlán que está allá por Salto del Agua.
Ella le contó a su primer cliente que había salido de su casa ese mismo día y él le ofreció pagarle una semana de hotel y alimentos mientras encontraba algo.
Kenya se dio cuenta entonces que ese hotel albergaba a mujeres trans. De inmediato, se hizo amiga de algunas y la llevaron de compras para llevar a cabo su transformación.
- Fuimos atrás del zócalo a comprar pestañas, pelucas, vestidos, zapatillas y así al día siguiente, a los nueve años, estaba debutando en Insurgentes y Álvaro Obregón. 
Me llevaron con la madrota que se llamaba Angélica, a quien le tuve que pagar. 500 pesos (25 dólares). Esa noche, tuve dos clientes y gané 18.000 pesos (900 dólares). ¡Imagínate, para mí era la locura! No solo por el dinero, sino porque estaba por fin siendo quien yo quería".
Como a los dos años de vivir en hoteles, cuando ya tenía 11 años, Kenya entró en contacto con las drogas, sentía mucho resentimiento, coraje y se sentía sola. - Fue un periodo largo, le metía yo durísimo y fue entonces que tuve contacto con el VIH, no supe cuándo ni con quién.
A los 13 años llegó a la organización de Casa Alianza y ahí empezó a suspender la droga.
- Con el período de abstinencia me fue muy mal y terminé internada en el hospital psiquiátrico de Fray Bernardino, fue ahí donde me detectaron el VIH. Los médicos me hicieron una prueba y yo no había, ni siquiera, oído de esa enfermedad.
Cuando se enteró no tuvo miedo ni sintió coraje, por el contrario, pensó: - De algo tenía que morir-. Esos sentimientos vinieron meses después, señala.
Los primeros años los pasó sin utilizar ningún medicamento, aunque sí tomaba las precauciones en su trabajo.
Cuando cumplió 18 años, un cliente la acusó de haberle robado su cartera y su "StarTack". Kenya pasó nueve años ocho meses en prisión.
- Me llevaron al Reclusorio Norte, al pabellón de varones, pero cuando se enteraron de mi padecimiento me cambiaron a Santa Martha, al pabellón de los hombres con VIH.
Ahí comenzó a darse cuenta de las muertes de los internos y vivió en carne propia la discriminación por parte de otros reclusos y de las propias autoridades penitenciarias.
- Éramos los sidosos, los podridos. Entonces había 34 personas, al menos uno moría al día y otro nuevo entraba. A todas nos daban el mismo medicamento, la misma dosis, pero además eran medicinas viejas, de tratamientos que habían sido superados o que estaban caducos.
Pasaron los años y entraron diversas organizaciones a trabajar con esta población. Ahí Kenya se convirtió en promotora y llevaba información sobre prevención a las personas privadas de su libertad.
Al salir de prisión, colaboró en un proyecto con recursos del Fondo Mundial denominado Proyecto Rutas Nocturnas, en el que llevaban información y pruebas rápidas a mujeres trans trabadoras sexuales en la Ciudad de México.
Según datos de la organización Centro de Apoyo a Identidades Trans, este proyecto se desarrolló en 12 delegaciones con un alcance de 1.500 mujeres trans.

Mujeres trans y VIH
En la Ciudad de México, alrededor de 20 por ciento de las mujeres transgénero están infectadas con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), como lo dicen los resultados de la Encuesta de salud con sero-prevalencia de VIH a mujeres transgénero en esta capital.
Respecto a las que se encuentran privadas de su libertad en algún centro penitenciario de la ciudad, esta cifra aumenta a 32 por ciento según este sondeo.
De las mujeres trans que tuvieron un resultado positivo, sólo 26 por ciento conoce sus estatus.
Respecto a las mujeres trans dedicadas al trabajo sexual, en promedio, señalaron tener 11 clientes durante la última semana y el 90 por ciento dijo haber utilizado condón con el último cliente.
A pesar de que esta cifra puede parecer alentadora, en las conclusiones de esta Encuesta se hace referencia a la urgencia de diseñar políticas de prevención de acuerdo a sus necesidades.
"Dado el desconocimiento de su estatus de VIH, los resultados muestran la urgencia de diseñar programas de detección integrales y disponible para que puedan iniciar el tratamiento de manera oportuna quienes lo necesitan".
La OMS señala que los planes nacionales sobre el VIH todavía tienen deficiencias importantes con respecto a la atención de las necesidades de este sector de la población.
En el ámbito mundial, solo el 70 por ciento de los países encuestados abordan explícitamente las necesidades de los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres y trabajadores del sexo; con respecto a los consumidores de drogas inyectables, la cifra cae al 40 por ciento.
En esos planes raramente se mencionan las personas transexuales, a quienes resulta difícil acceder a servicios que las pueden ayudar, aunque sobre el papel existan políticas al respecto.
Kenya no pierde la fe. Ella cree que el estigma poco a poco se va reduciendo, sobre todo gracias a la difusión que hay sobre el tema.
- Yo ya llevo 20 años con VIH, estoy controlada, no tengo problemas, conozco mi condición y claro que tomo medidas en mi trabajo. Tengo una pareja estable, estoy sana y, sobre todo, con muchas ganas de ayudar a mis demás compañeras.
Por supuesto, ella no se pierde en la noche ni en las calles, como dicen algunos finales.

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