Redacción

SemMéxico. 2 mayo 2016.- Originaria de Montauban, Francia, fue actriz, dramaturga y precursora de los derechos de las mujeres, abolicionista, escritora, panfletista, filósofa y política francesa. Su verdadero nombre fue  Marie Gouze,

Olimpia de Gouges fue autora de la célebre Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, texto dado a conocer en pleno auge de la Revolución Francesa en 1791. Por su beligerancia, su crítica a los líderes de la Revolución y por  proclamar su insumisión a las leyes que discriminaban a las mujeres fue guillotinada bajo la acusación de “traidora a la revolución”.

En aquellos años, según la investigación de Karen Offen –Feminismos Europeos, 1700-1950- en el proceso revolucionario en Francia, habían surgido clubes de peticionarias de sus derechos; la ciudadanía para las mujeres resultaba una idea radical que Olimpia abrazó.

La autora señala que durante toda la Ilustración en Francia se creó una conciencia feminista entre mujeres que se comunicaron intensamente a través de medios impresos, cuyas ideas se enfrentaron una y otra vez a posiciones reformistas.

Olimpia de Gouges por sus relaciones intelectuales y su decidida posición contra la esclavitud, su defensa de la ciudadanía, participó en el proceso de organización masiva de mujeres, aún antes de la caída del Rey.

En ese tiempo circuló un panfleto anónimo denominado la Petición de las Mujeres  al Tercer Estado, que se dirigía al rey, con fecha del 1 de enero de 1789; éstas anónimas feministas solicitaron ser escuchadas y pidieron “ser instruidas, tener trabajo…salir de la ignorancia y mejorar su desventajosa situación económica. En este contexto otro grupo de mujeres conocido como las vendedoras de Flores lanzó numerosos panfletos y surgió un grupo denominado Madame B, desde donde se hablaba de “los prejuicios que nos hacen esclavas”.

Para octubre de ese año seis mil mujeres marcharon por Versalles, en medio de un intenso aguacero. La Asamblea Nacional que promulgó la Declaración de los Derechos del Hombre las había excluido.

Olimpia, sensible, escritora, defensora de los esclavos, se convenció que las mujeres eran igualmente esclavas. Leyó afanosamente lo que por toda Francia se repartía: un panfleto titulado la Petición de las Damas. Así se unió a los clubes de damas y durante los siguientes años escribió unos 30 panfletos en los que tejió el profundo razonamiento que le ha dado un lugar en la historia moderna: La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. Su asesinato generó, según Karen Offen, el nacimiento del feminismo.

No al matrimonio institucional

Olimpia nació dentro de un ambiente familiar burgués. Su padre era carnicero y su madre, hija de un negociante de telas. Recibió una educación esmerada y desde muy niña leía afanosamente.

A los 17 años se casó con un hombre mayor, con el que no fue feliz, quedó viuda antes de cumplir cinco años de casada. Tuvo un hijo, Pierre Aubry. Calificó al matrimonio como la “tumba de la confianza y del amor”, por ello se negó a volver a casarse.

A principios de 1770, se trasladó a París donde se preocupó de que su hijo recibiera una muy buena educación. Llevaba una existencia burguesa, y frecuentaba los salones literarios parisinos donde conoció a la élite intelectual del siglo de oro francés.

En 1774, su nombre figuraba en el Almanaque de París, el “Who’s who” de la época. Emprendió entonces una carrera literaria prolija.

Firmaba como Marie-Olympe u Olympe, segundo nombre de su madre, y añade una partícula a su apellido, cuya ortografía oficial aparecía tanto como Gouze o Gouge (su hermana mayor era Gouges).

Además de escribir obras de teatro montó una compañía teatral itinerante que recorría toda la región de París. No obstante sus ingresos apenas le permitieran mantenerse. Rápidamente sus obras empezaron a ser representadas en teatros de toda Francia.

Su obra más conocida, La esclavitud de los negros fue publicada en 1792, e inscrita en el repertorio de la Comédie-Française en 1785 bajo el título de Zamore y Mirza, o el feliz naufragio (Zamore et Mirza, ou l’heureux naufrage). Por su contenido  enfrentó a  la desaprobación de los actores de la Comédie Française, organismo que dependía económicamente de la Corte de Versalles, donde muchas familias nobles se habían enriquecido con la trata de esclavos. El comercio con las colonias de ultramar representaba entonces el 50 por ciento del comercio exterior del país.

Olympia de Gouges fue encarcelada en la Bastilla por medio de una lettre de cachet, pero fue liberada al poco tiempo gracias a la intervención de sus amigos. Con la Revolución, su obra pudo por fin ser representada en la Comédie Française.

Olimpia de Gouges mantuvo una intensa actividad a favor de la abolición de la esclavitud. En 1788 publicó el ensayo Reflexiones sobre los hombres negros que le abrió las puertas del Club de los amigos de los negros.

Los principales dirigentes del movimiento abolicionista, el abate Grégoire y el diputado girondino Brissot, dejaron constancia en sus escritos de la admiración que sentían por esta mujer.

En 1788, el Periódico general de Francia publicó dos de sus folletos políticos, tratando, uno de ellos, de su proyecto de impuesto patriótico que desarrollará más tarde en su famosa Carta al pueblo. El segundo dibujaba un amplio programa de reformas sociales. Estos escritos fueron seguidos de folletos que dirigía periódicamente a los representantes de las tres primeras legislaturas de la Revolución, a los Clubes patrióticos y a diversas personalidades como Mirabeau, La Fayette y Necker a los que admiraba.

 

Se calcula que escribió cerca de 30 panfletos. Fundó varias Sociedades Fraternas para ambos sexos.

En 1791 escribió su famosa Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana que comenzaba con las siguientes palabras:

Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta.

Se adhirió y defendió a los Girondinos (como se diría a la izquierda), pero después de que éstos fueran eliminados de la escena política en junio de 1793, fue detenida en agosto bajo la acusación de ser la autora de un cartel a favor de éstos.

Sufrió una herida que se le infectó, tenía 44 años. Fue transferida a una enfermería carcelaria. Para que su detención le fuera más soportable, empeñó sus joyas en el Monte de Piedad consiguiendo así que se la trasladara a una pensión burguesa donde se recluía a los detenidos enfermos de la alta sociedad.

Olimpia de Gouges reclamó sin descanso que se la juzgara para poder defenderse de las acusaciones que pesaban sobre ella, y evitar así una acción expedita sin proceso del tribunal revolucionario. Diseñó dos carteles que logró sacar de su lugar de reclusión y que tuvieron una amplia difusión, en los  que denunciaba “Olympe de Gouges en el Tribunal revolucionario” y “Una patriota perseguida”. Esos fueron sus últimos textos.

El 2 de noviembre de 1793, 48 horas después de que fueran ejecutados sus amigos girondinos, Olympia fue llevada ante el tribunal revolucionario sin poder disponer de abogado. Se defendió con valor e inteligencia en un juicio sumario que la condenó a muerte por haber defendido un estado federado, de acuerdo con los principios girondinos. Fue guillotinada al día siguiente, el 3 de noviembre de 1793.

Según la declaración de un inspector de la policía y el periódico contrarrevolucionario Le Journal del editor Perlet, Olimpia de Gouges subió al cadalso con valor y dignidad, aunque el hijo del verdugo, Henri Sanson, y otros testimonios que recogió el historiador Jules Michelet, afirman lo contrario.

Su único hijo, Pierre Aubry, renegó de ella públicamente poco después de su ejecución, por temor a ser detenido.

Su pensamiento feminista

Sus trabajos fueron profundamente feministas y revolucionarios. Defendió la igualdad entre el hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida pública y privada, incluyendo la igualdad con el hombre en el derecho a voto, en el acceso al trabajo público, a hablar en público de temas políticos, acceder a la vida política, a poseer y controlar propiedades, a formar parte del ejército; incluso a la igualdad fiscal así como el derecho a la educación y a la igualdad de poder en el ámbito familiar y eclesiástico.

Escribió: Si la mujer puede subir al cadalso, también se le debería reconocer el derecho de subir a la Tribuna.

Se dirigió a la reina María Antonieta para que protegiera “su sexo”, que decía desgraciado. La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, es una réplica de  la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, en la cual afirmaba la igualdad de los derechos de ambos sexos. El texto de la réplica cambiaba en muchos casos la palabra hombre por mujer, y en otros artículos resalta el predominio del hombre sobre la mujer

También hizo planteamientos sobre la supresión del matrimonio y la instauración del divorcio, la idea de un contrato anual renovable firmado entre concubinos y militó por el reconocimiento paterno de los niños nacidos fuera de matrimonio.

 

Todo se le quitó, hasta en la época reciente

En vida Olimpia de Gouges tuvo que enfrentarse con la misoginia  de la época, fue desacreditada por sus ideas, por muchos de sus contemporáneos. Su obra cayó en el olvido, mientras el desconocimiento y mala interpretación de sus escritos contribuyó a convertirla en objeto de desprecio y burla a lo largo del siglo XIX. Gran  parte de la intelectualidad francesa rechazaba frontalmente la idea de que una mujer hubiera sido ideóloga revolucionaria.

Se dijo de ella que apenas sabía leer y escribir, se circuló la sospecha sobre la autoría de sus obras y se dudó de su capacidad intelectual hasta llegar a cuestionar sus facultades mentales.

No fue sino hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, que fue reivindicada y se convirtió en una de las grandes figuras humanistas de Francia.

Fue objeto de estudio en Estados Unidos, Alemania y Japón. En Francia, después de la publicación en 1981 de su biografía escrita por Olivier Blanc, quien investigó su vida a partir de documentos originales de la época, los actos del bicentenario de la Revolución Francesa en 1989 rindieron homenaje a su obra. Desde entonces, se han representado varias de sus piezas teatrales y sus escritos fueron reeditados.

En 1989, a propuesta de la historiadora Catherine Marand-Fouquet, varias peticiones fueron dirigidas al entonces presidente de la República Jacques Chirac para que el nombre de Olimpia figurase en el Panteón de París. El presidente, asesorado por el historiador Alain Decaux, descartó la idea.

Varios municipios franceses le han querido rendir homenaje  dando su nombre a colegios, institutos, plazas y calles. En Montauban, su ciudad natal, el teatro municipal lleva su nombre desde 2006. En el distrito XI de París, una sala de espectáculos situada en el emplazamiento de la antigua cárcel de mujeres de La Roquette también lleva su nombre. El 8 de marzo de 2007, una sala del Hotel de Beauvau, sede del Ministerio del Interior francés, le fue dedicada.

El 19 de septiembre de 2005 se estrenó en el Teatro Empire de Buenos Aires Olimpia de Gouges o la pasión de existir, obra de Margarita Borja y Diana Raznovich, editada en 2011 por el Instituto Universitario de Investigación Feminista y de género de la Universitat Jaime I de  Castellón.

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