Entregas especiales

Entregas especiales (61)

Por Ángela Castellanos Aranguren
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Bogotá, septiembre (SEMlac).- El Acuerdo Final de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla FARC-EP es el primero para la finalización de un conflicto armado en el mundo que escucha a las mujeres de todos los sectores y las víctimas, estudia sus propuestas e inserta el enfoque de género en el texto negociado.
En el año 2000, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la Resolución 1325, por medio de la cual se llama a la participación de las mujeres en la resolución de conflictos armados.
"La aplicación de la Resolución 1325 en los acuerdos de paz de otros países ha sido débil, hay algunas menciones en los de Sri Lanka y de Sudán del Sur, pero una inclusión del enfoque de género en unos acuerdos de paz, como lo hizo Colombia, es la primera vez en el mundo", afirmó a SEMlac Rosa Emilia Salamanca, coordinadora del Colectivo de Pensamiento y Acción, Paz y Seguridad, una agrupación de mujeres de diversos sectores de Colombia, como militares, religiosas, periodistas y excombatientes.
Con el acompañamiento del Sistema de Naciones Unidas en Colombia, en 2013 mujeres organizadas acordaron una estrategia común para incidir en la Mesa de Conversaciones de La Habana mediante la Cumbre Nacional de Mujeres y Paz, que reúne a nueve plataformas de colombianas, de las que hace parte el Colectivo de Pensamiento y Acción, Paz y Seguridad.
El lema de la Cumbre fue "Queremos pactar y no ser pactadas". Tras mucho lobby, lograron que se creara la subcomisión de género que estudió cada punto pactado en el Acuerdo Final de paz.
"Las mujeres valoramos el trabajo de incidencia que hicimos y hoy contamos con un Acuerdo Final, que si bien no recoge la totalidad de las propuestas que presentamos a las partes, sus puntos incluyen a las mujeres y a las personas de diferente orientación sexual, es decir, un enfoque de género", aseguró Salamanca.
"Doy una buena valoración al Acuerdo, es un buen punto de partida para la construcción de un país en paz", afirmó a SEMlac Adriana Benjumea, directora de la Corporación Humanas, capítulo Colombia, organización que integra la alianza que presentó un documento a los negociadores de las FARC y del Gobierno, con cinco claves para que le dieran "tratamiento diferencial a la violencia sexual en contextos de justicia transicional".
"La mesa de negociación también recogió nuestra solicitud de crear una subcomisión de género, siendo la única vez que un proceso de paz en el mundo la constituye", aseguró Benjumea.
La subcomisión, creada para insertar el enfoque de género al Acuerdo, empezó a sesionar en 2014 y estuvo integrada por 10 personas, cinco por cada una de las partes, bajo el liderazgo de María Paulina Riveros por el gobierno y Victoria Sandino por la guerrilla. De parte del gobierno también participó en la subcomisión Juanita Millán, teniente de navío de la Armada de Colombia, mientras en las negociaciones estuvo la canciller María Ángela Holguín.
En la subcomisión de género se recibieron propuestas de 18 organizaciones de mujeres y de grupos LGTBI, se escucharon recomendaciones de expertas en violencia sexual de Colombia e internacionales, y las sugerencias de 10 exguerrilleras colombianas y de otros países, además de la asesoría permanente de tres expertas de Colombia, Cuba y Noruega, así como de la Organización de Naciones Unidas.
También la subcomisión escuchó los aportes de las víctimas que visitaron la Mesa de Conversaciones de La Habana, 60 por ciento de las cuales fueron mujeres.
Luz Marina Bernal, cuyo hijo fue desaparecido por el Ejército y encontrado muerto en enero de 2008, afirmó: "sí, yo creo en la paz, ya que llevamos más de 50 años en un conflicto y ahora es el momento de tener esa anhelada paz. Y yo digo sí al Acuerdo de paz". 
En tanto, el profesor Gustavo Moncayo, cuyo hijo soldado del ejército nacional fue secuestrado durante 12 años por las FARC-EP, aseveró que "no entiende que si las víctimas perdonaron, por qué los que no han sufrido como las víctimas no perdonan", y acerca del plebiscito declaró que "es una obligación moral decir ´sí´ a la paz".

Perpetradores de violencia sexual: sin indulto ni amnistía
"Se incluyeron en el Acuerdo Final temas clave que propusimos, como que la violencia sexual sea considerada uno de los más graves crímenes; esto, además de tener repercusiones penales, es un mensaje a la sociedad toda.
"También quedó incluido que los delitos de violencia sexual no reciben indulto ni amnistía, en ninguna circunstancia. Y que al interior de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad se creará una subcomisión para investigar los crímenes de violencia sexual", puntualizó Benjumea, directora de la ONG dedicada a la justicia de género.
De acuerdo con la entidad gubernamental Unidad para las Víctimas, cerca de 16.000 mujeres y niñas fueron víctimas de violencia sexual por alguno de los actores armados del conflicto. Por ello, lo acordado sobre este tipo de delitos en el Acuerdo Final para la paz es aplicable tanto a la Fuerza Pública -ejército y policía-, como a los integrantes de las FARC-EP.
Desde el enfoque de género, destaca en el texto del Acuerdo Final un lenguaje no sexista e incluyente, así como medidas concretas, tales como las de "estimular la formalización, restitución y distribución equitativa de la tierra, garantizando el acceso progresivo a la propiedad rural de quienes habitan el campo y en particular a las mujeres rurales y la población más vulnerable, regularizando y democratizando la propiedad y promoviendo la desconcentración de la tierra, en cumplimiento de su función social". 
Igualmente incluye de forma explícita el enfoque de género como uno de los principios de los puntos uno, dos, cuatro y cinco del Acuerdo Final: "Hacia un nuevo campo colombiano: reforma rural integral"; "Participación política, apertura democrática para construir la paz"; "Solución al problema de las drogas ilícitas"; y "Víctimas: sistema integral de verdad, justicia, reparación y no repetición".

¿Más mujeres en la política?
Del punto dos, dedicado a la participación política y bajo el reconocimiento de que las mujeres enfrentan más barreras en este terreno, propone fortalecer las organizaciones de mujeres y potenciar su protagonismo en los partidos políticos y las organizaciones sociales. También compromete al gobierno nacional a crear un "programa para la promoción de la participación y liderazgo de la mujer en la política".
Igualmente se refiere a incluir medidas para garantizar la representación equilibrada de hombres y mujeres en la conformación de todas las instancias a que se refiere el Acuerdo, así como al interior de los movimientos sociales y partidos políticos.
Sin embargo, para Benjumea, "en este tema, el Acuerdo Final no va más allá de llamar a la equidad de género; lograrla en el ámbito político seguirá siendo una pelea del movimiento de mujeres".
Para Rosa Emilia Salamanca, del Colectivo de Pensamiento y Acción, Paz y Seguridad, el análisis de género también incidió en las mujeres de las FARC-EP presentes en La Habana, quienes probablemente lo harán valer con sus copartidarios varones cuando empiece a andar el partido político que reemplace a la guerrilla, de ser aprobado el Acuerdo Final en el plebiscito del 2 de octubre próximo.
Sin embargo, Salamanca es clara al afirmar que "nadie piensa que los Acuerdos van a lograr la igualdad ni equidad en las relaciones de género, pero sí es una ventana de oportunidad para que pueda haber un avance en estas relaciones. Y de nosotras depende aprovechar esta oportunidad".
El movimiento de mujeres, representado por redes y ONGs, votarán "sí" en el plebiscito para la refrendación del Acuerdo Final, e incluso algunas organizaciones, como la Ruta Pacífica de las Mujeres, se inscribieron ante el Consejo Electoral para ser promotoras del "sí" y, de esta manera, promover la aprobación del Acuerdo con todas las garantías de ley.
Salamanca explica que esta es una oportunidad para que las mujeres pasen de ser las que restablecen las relaciones para asegurar un entorno estable para sus comunidades, a ser actoras políticas.
"Las mujeres hemos jugado un papel permanente de construir y reconstruir los tejidos sociales que se rompieron en las regiones durante el conflicto. No pueden ser solo las manos de la paz, sino también la cabeza de la paz. Ser las manos es, por ejemplo, que a las mujeres les digan que deben cuidar a los heridos del conflicto, y ser cabeza es que se las convoquen para decidir cómo se va a manejar la atención de salud de estos heridos".
Por ello, para la II Cumbre Nacional de Mujeres y Paz -del 19 al 21 de septiembre-, más de 500 mujeres representantes de grupos de todo el país escogieron el lema "Queremos participar y actuar".

Por Ángela Castellanos Aranguren
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Bogotá, agosto (SEMlac).- Con la finalización de las negociaciones de los Acuerdos de Paz entre el gobierno de Colombia y las FARC, la mayor guerrilla de este país, se conoció el texto final, en el cual se establece como una de las medidas de reparación integral de las víctimas la ampliación y fortalecimiento de las estrategias de atención psicosocial.
Son seis millones 800.000 las personas que se han visto forzadas a desplazarse para poner a salvo su vida o la de sus hijos, según la autoridad gubernamental Unidad para las Víctimas. 
De estas, casi cuatro millones son mujeres y cerca de un millón y medio menores de 18 años; en su mayoría campesinas que tuvieron que dejar sus parcelas tras vivir hechos violentos por parte de los diversos grupos armados. 
Para promover la salud mental, la Organización Mundial de la Salud recomienda brindar a las víctimas de hechos violentos y de calamidades naturales atención psicosocial, la cual se basa en que la afectación que sufren estas personas es normal frente a hechos que no lo son. 
Por eso, tanto instituciones gubernamentales como no gubernamentales, y también organizaciones eclesiales están aliviando con apoyo psicosocial a las personas desplazadas.
Entre estas últimas destaca la labor de las iglesias menonitas en diversas regiones de la geografía colombiana, incluyendo algunas zonas muy peligrosas por la presencia de actores armados, como las Bacrim, bandas criminales herederas de los paramilitares, y por guerrillas minoritarias.
Las personas desplazadas generalmente huyen a ciudades capitales. Al llegar, no cuentan con nada y están afectadas emocionalmente por las experiencias de violencia vividas y por la pérdida de todo su entorno social, recursos productivos y patrimonio básico de subsistencia.
Marina, cuyo verdadero nombre omitimos por voluntad de ella, cuenta su experiencia de huida y asentamiento en Bogotá. ¨Yo vivía en el Cauca (departamento al suroccidente de Colombia) con mis siete hijos y mi esposo. Pero un día me dijeron (no dice cuál actor armado) ´nos vamos a llevar a su hermano´. 
"Yo dije que no. Entonces me dijeron ´o nos llevamos a su hermano o a sus hijos, usted escoge. Tiene 72 horas´. Y a mí me tocó irme para que no se llevaran a mis hijos. La guerrilla se llevó a mi hermano y a mi marido lo cogieron porque él era presidente de junta (que representa a la población frente al gobierno municipal). Y hasta ahora no sé qué le hicieron, ni dónde está", relata. 
"A las personas que han vivido experiencias de violencia muy fuertes, de trauma, se les dijo que la víctima no vale, que mejor estuvieran muertas o que se fueran de sus tierras. El mensaje que se quiere comunicar desde las iglesias es lo contrario: que todo el mundo vale y sí es bienvenido aquí. Y que tiene derecho a estar y a ser", explicó Pablo Stucky, coordinador de CEAS, Coordinación Eclesial de Acción Psicosocial, y PhD en psicología.
CEAS es un proyecto de la Iglesias "Menonita", "Hermanos Menonitas" y "Hermandad en Cristo", cuyo objetivo es acompañar a las iglesias en sus iniciativas de apoyo psicosocial a las víctimas del conflicto armado y de otras fuentes de violencia.
También ofrece atención psicosocial y espiritual a victimarios, "de manera que estos perpetradores de violencia puedan cambiar la orientación de sus vidas, reparar a las víctimas si es el caso, lo que en términos cristianos sería una conversión, con miras a la reconciliación y construir paz en el país", agrega Stucky.
En tanto, la Fundación Menonita Colombiana para el Desarrollo, Mencoldes, fundada por la Iglesia Menonita de Colombia y la Asociación de Iglesias Cristianas Hermanos Menonitas, desarrolla desde hace casi dos décadas proyectos para la población desplazada, entre los que incluye estrategias de atención psicosocial para afrontar el impacto emocional derivado de los hechos violentos experimentados en el marco del conflicto armado.
"Solo trabajamos a nivel de la emergencia, no es una intervención psicosocial propiamente dicha", aclara Ricardo Pinzón, su director. Es un apoyo para mitigar los impactos emocionales, mediante el cual las personas hacen una especie de catarsis. Los horrores de la guerra tienen impactos diferentes. Es distinta la afectación si se trata de una persona que vivía donde ocurrió una masacre, de aquella que sufrió violencia sexual, o de otra que es familiar de un menor que fue reclutado a la fuerza por alguno de los actores del conflicto".

¿Cómo encaja el enfoque de género en la atención psicosocial?
Tanto CEAS como la Fundación Mencoldes coinciden en la importancia del trabajo grupal para superar los impactos emocionales. "La atención psicosocial se da en el espacio comunitario para que las personas puedan reconocer las fortalezas que les permitirán salir adelante. Cuando se piensa en atención psicosocial se tiene a pensar en una relación individual, pero el espacio comunitario puede ser muy sanador y de empoderamiento, sin pensar en terapia colectiva¨, explica el Coodinador de CEAS.
Los talleres de la Fundación Mencoldes con desplazados se basan en tres enfoques, según explicó Johanna Angel, trabajadora social de la Fundación Mencoldes. El enfoque de "diálogo se saberes", que reconoce que la población desplazada cuenta con habilidades y capacidades; el de "acción sin daño", que plantea que toda interacción con la población desplazada tendrá un impacto, pero que estos efectos no deben generar perjuicios; y el enfoque "diferencial", que tiene en cuenta las diferencias de etnia, edad y sexo.
En este último se incluyen las diferencias de género, que implican adaptar las metodologías a las diferencias entre hombres y mujeres de manera que tanto unos como otras tengan igualdad de oportunidades de beneficiarse de los talleres.
Por ejemplo, las mujeres encuentran allí un espacio para expresarse, como lo explica Johanna: "Los talleres también son espacios para que piensen en sí mismas, porque siempre están pensando en los otros. También para que se desahoguen. Esto redunda en mejores relaciones familiares, pues hay menos irritabilidad".
Johanna, quien ha atendido a más de un centenar de familias, explica que la atención que brindan tiene tres aspectos: duelo, afrontamiento y resiliencia, fases que trabajan de manera simultánea o consecutiva según las familias. De allí que una persona no debe terminar de hacer el duelo, necesariamente, para empezar a desarrollar habilidades resilientes.
Según ella, el duelo tiene las etapas de negación, aceptación, reconstrucción y proyección, que no son consecutivas. A veces una familia avanza y luego retrocede a una etapa previa, o se salta otra. 
En tanto que afrontamiento es el proceso de ver los hechos en perspectiva positiva y no quedarse en el dolor causado por lo sucedido. Es cuando las víctimas dicen "esto me dolió, pero también me ha fortalecido". Esto va vinculado a la resiliencia, pues esta permite identificar y desarrollar habilidades para afrontar una situación perturbadora y, cuando esta cesa, salir del entumecimiento provocado por la perturbación. 
"Empiezan a visibilizar los avances que han logrado frente a las situaciones adversas, las cuales no solo son los hechos de violencia armada, sino también afrontar las situaciones adversas en los lugares de asentamiento como robos, estigmatización y acoso sexual de jóvenes", explica la trabajadora social.

Lo psico y lo social
Lo psicosocial está muy relacionado también con lo económico. Tanto el gobierno como las organizaciones eclesiales proporcionan ayuda humanitaria y atención psicosocial de manera paralela. 
Según Stucky, las personas necesitan recuperar esa estabilidad económica, ya sea por restitución de lo perdido o empezando de nuevo; es decir, superar la falta de salud, de educación, de vivienda digna, de fuente de ingresos, de red social.
La interacción entre lo económico y lo emocional es también reconocida por la Fundación Mencoldes. Johanna Angel explica la relación de manera muy gráfica: "Yo no le puedo decir a una persona cálmese, si no tiene qué echarle a la olla. Por eso Mencoldes también brinda apoyo humanitario y un bono para el mercado.
"Pero, antes de dar esas ayudas para la estabilización económica, hacemos la reflexión sobre las capacidades resilientes para que, al terminar la ayuda humanitaria, las personas hayan identificado esas capacidades que les permitirán generar ingresos y reconstruir su vida en el nuevo entorno¨, agrega Johanna.
Mariana da testimonio de la ayuda económica recibida de Mencoldes. "Pasé de bus en bus y al fin llegué al terminal de buses de Bogotá, y yo no sabía para dónde coger. Ahí una señora me ayudó, me fui con ella y me dio posada, pero vivía en una pieza y yo tenía mis siete niños. Así que cambié de barrio. Luego fui a pedir unas ayudas (ayuda humanitaria). Me llamaron de la Fundación Mencoldes y me dijeron que primero había unas charlas. Yo fui. Y luego me dieron unos mercados para mí y mis hijos", refiere.
"Empecé trabajando en abastos (mercado mayorista de víveres) con un bulto de arveja. Entonces Mencoldes me preguntó qué necesitaba. Les dije que no tenía báscula, ni bolsas, ni nada. Y fuimos con ellos y compramos todo eso, y arranqué¨, agrega Mariana.
"Fue difícil el cambio del campo a la ciudad. Yo allá trabajaba en el campo y llevaba a mis hijos conmigo, ellos jugaban o miraban cómo yo trabajaba. Aquí, en cambio, me toca dejarlos encerrados en la casa. Pero ahora yo me quiero quedar en Bogotá, seguir luchando para sacar a mis hijos adelante con su estudio", puntualiza con optimismo esta mujer que superó el impacto de la pérdida de su esposo, su hermano y su entorno, potencializó sus habilidades de vendedora y se adaptó a la urbe capitalina.
Según establecen los Acuerdos de Paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC, la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad creará espacios de audiencia pública para que las víctimas y los victimarios cuenten al resto de la población lo que vivieron, no solo en los espacios donde se da atención psicosocial, sino a lo largo y ancho del país. Esta sería una especie de catarsis masiva que, además de esclarecer lo ocurrido, promovería la convivencia en los territorios.

 

La Habana, 2 de noviembre (Especial de SEMlac).- "No permitas que te imponga el camino a seguir… eres más que obedecer", "No permitas que su control te asfixie... eres más que resistir", "No permitas que construya tu realidad…eres más de lo que te hace ver".
Con estas tres frases acompañando distintas imágenes, la campaña de comunicación "Eres más" quiere llegar a las cubanas con un mensaje que alude directamente a un tipo de violencia menos reconocida, más extendida y muy naturalizada: el maltrato psicológico.
"Esta es una contribución más que hace el Centro de Reflexión y Solidaridad "Oscar Arnulfo Romero" (OAR), como parte del trabajo de la institución, en estos momentos, para visibilizar y ayudar a erradicar la violencia contra las mujeres y las niñas", precisó a SEMlac María Teresa Díaz, especialista de Comunicación de OAR.
Calendarios, bolsas, carteles, delantales, llaveros, anuncios, audiovisuales, pegatinas y plegables son algunos de los soportes en los que han comenzado a difundirse mensajes e imágenes de la campaña, que este año estrenará una valla pública en la concurrida intersección de las avenidas Boyeros y Salvador Allende, en La Habana, a propósito de la Jornada Nacional por la No Violencia hacia la Mujer.

¿Y por qué una organización como OAR, cuyo eje central no es la comunicación, trabaja desde hace varios años las campañas comunicativas contra la violencia de género para el público cubano?
OAR es una organización de la sociedad civil cubana que potencia el trabajo comunitario y tiene como mandato favorecer relaciones equitativas en la sociedad contemporánea cubana, desde una perspectiva basada en los principios de la equidad social, la diversidad y el enfoque de derechos.
Actúa e incide básicamente entre actores sociales del ámbito comunitario y una de sus líneas de trabajo es la visualización de la violencia contra las mujeres y las niñas como una de las más graves desigualdades de género.
Para ello ha desarrollado estrategias de incidencia que van desde la capitación, el desarrollo de procesos de enseñanza, la promoción de espacios de reflexión, debates y el acompañamiento a experiencias comunitarias, hasta la producción y diseño de campañas de bien público, que son de gran valor para tratar de problematizar los discursos alrededor del tema, visibilizarlo y desnaturalizarlo.

Ya han recorrido un camino de varios años y campañas construyendo mensajes para el público cubano. ¿Cómo lo hacen actualmente?
Siguiendo la iniciativa comenzada en 2011 por un grupo de colaboradoras de OAR, convocamos a estudiantes universitarios de las carreras de comunicación social, periodismo, realización audiovisual y diseño gráfico, que preparan en el ejercicio de la comunicación social.
Tratamos de proveerlos de información y conocimientos sobre género, violencia de género, patriarcado, masculinidades y temas afines. Luego, en los Talleres Integrales de Transformación del Barrio tuvieron sesiones de intercambio con mujeres de la comunidad que narraron sus experiencias, lo que les amplió la dimensión del asunto. Con esas herramientas teóricas y prácticas, cada grupo interdisciplinar hizo una propuesta de campaña, cinco en total. Luego un jurado especializado tuvo a su cargo la selección de esta que desarrollamos actualmente, para un período de cuatro años.

¿Es un propósito de la campaña modificar formas de actuar?
Las campañas, por sí solas, no logran cambios conductuales, pero sí contribuyen a que esos cambios tengan lugar. Sabemos cuán difícil es desmontar en una persona una actitud. Las campañas no cambian a nadie, pero sí ayudan a que la gente empiece a pensar en el problema, se lo plantee de manera diferente a como lo había hecho hasta entonces; a que se trasladen ideas y pareceres de persona a persona, sea mediante soportes comunicacionales, mensajes de bien público o espacios en medios de comunicación.
Queremos fomentar en las personas actitudes y valores en favor de la no violencia, ayudar a desmontar mitos, estereotipos y conductas nocivas. La idea es contribuir a la sensibilización de la sociedad cubana hacia el tema de la violencia de género. Nuestro público meta son las comunidades urbanas y rurales del país, y trabajamos en alianza con investigadores, estudiosos del tema y líderes barriales. También hemos contado todo este tiempo con el apoyo y acompañamiento de entidades de la cooperación internacional como Cosude, Oxfam, Diakonía y varias agencias del sistema de Naciones Unidas, así como de iniciativas locales.
La campaña de OAR está apostando, además, a que esa información llegue a muchos territorios del país donde tenemos alianzas de trabajo con instituciones, comunidades, líderes barriales y otras personas. Tal es el caso de la Universidad Central Marta Abreu, en Santa Clara; la Universidad Agraria de Sancti Spíritus y varias comunidades en Camagüey, Jagüey Grande o Pinar del Río, por mencionar solo algunos ejemplos.

¿Por qué esta campaña se dirige principalmente a las mujeres?
El eje central es la violencia psicológica y el público meta son las mujeres porque son ellas quienes históricamente han padecido y hoy sufren también esa forma de violencia, la más extendida y la más naturalizada.
Cuando un hombre le dice a una mujer que está muy gorda, nadie ve que eso es violencia; cuando le prohíbe ver a su familia o salir con una amiga, tampoco. O cuando la devalúa, la descalifica, no le da participación, la amenaza, la insulta… Es una forma de violencia que hay que visibilizar.
Es verdad que los golpes pueden ser más peligrosos, impactan muy fuerte en las personas, pero también es un tipo de maltrato físico, visible, más fácil de reconocer e identificar. El maltrato psicológico queda en el espacio doméstico, íntimo, personal.
Por eso es tan importante ofrecerles herramientas a las mujeres para que reconozcan esas formas de violencia psicológica.

¿Cómo llevar entonces esta campaña y sus mensajes a un contexto local?
Siempre que estás trabajado una campaña hace falta segmentar al público porque nunca logras que sea tan abarcadora como para llegar a todo tipo de persona. Y lo contradictorio es que se trata de un problema que afecta a todas: la campesina, la citadina, la profesional, la obrera y la estudiante. 
Necesitamos entonces que el mensaje llegue a muchas a la vez, que incluya a mujeres desde las edades más jóvenes hasta la adulta mayor; la que trabaja y la que no; la que tiene pareja y la que está sola; las que sufren el maltrato en el espacio familiar, el laboral, el comunitario y en el ámbito público. 
En fin, que el mensaje sea suficientemente adecuado para alcanzar a todos los públicos, lo que se logra mediante la moderación del lenguaje. Debe ser bastante claro, preciso y adecuado, tres palabras clave en comunicación. 
En todos estos años hemos aprendido también y elegimos una visualidad acompañada de textos a los que pueda acceder cualquier persona.
Vamos a seguir enfocando acciones hacia las mujeres, también hacia hombres, líderes barriales y locales, púbico profesional y de la comunidad, del ámbito religioso…Estamos tratando de llegarles además con acciones particulares, pues no solo estructuramos la campaña en soportes comunicativos, también tenemos un plan de medios para insertar mensajes y otro de actividades. Por ejemplo, este año se harán foros territoriales en nueve provincias y otras acciones locales de acuerdo a las fortalezas de cada ámbito en particular.
¿Qué vemos en las comunidades? Una mujer es golpeada, maltratada y encuentra personas a las que acudir para llorar en su hombro, pero luego… ¿y si no tiene a dónde ir? A veces las acogemos en casas de familiares, en las redes informales, pues faltan espacios donde ofrecerles contención y fortaleza emocional. No tenemos la ruta de atención y debemos construirla.
Si cada quien gana conciencia del problema y hace un poquito en favor de la no violencia hacia las mujeres y las niñas, se podrían obtener resultados más importantes.

Camagüey, 12 octubre (SEMlac).- La incorporación de mujeres desvinculadas laboralmente al trabajo de producción de alimentos, atención a personas mayores y confección de manualidades es uno de los cambios promovidos por el proyecto Comunidades por la vida, desarrollado por el Área de Diaconía del Consejo de Iglesias de Cuba.
Organizado desde 2013 con financiamiento de la Agencia de Cooperación Alemana PAN para el Mundo, ese proyecto se propuso contribuir al mejoramiento de las condiciones de vida en familias de cinco provincias del oriente cubano, con un enfoque de equidad de género, derechos y desarrollo social. 
"Al inicio solo eran seis y ahora suman 28 las mujeres que tienen sus propios ingresos y contribuyen a la economía del hogar", detalló a SEMlac Elsy Álvarez Pérez, del poblado de Chaparra, en Las Tunas, provincia a 660 kilómetros de la capital cubana.
En su opinión, ha sido una ganancia el incipiente empoderamiento que ellas van alcanzando, una vez que se sienten independientes desde el punto de vista económico.
"Generalmente son los esposos quienes manejan las finanzas, lo que muchas veces limita la toma de decisiones por parte de las mujeres. Pero el respeto y reconocimiento que ellas logran de sus parejas es otro avance, pese al predominio de una cultura machista", comentó.
Asimismo, en la medida que va creciendo la producción y elaboración de artículos manuales, las nuevas trabajadoras han ido creando un fondo que les permite adquirir materias primas para garantizar la sostenibilidad productiva, ahora que concluye el financiamiento externo. 
Álvarez es una de las representantes de las 12 comunidades religiosas de la región oriental del país que compartieron sus experiencias en el encuentro nacional Comunidades por la vida II, efectuado en Camagüey, a unos 530 kilómetros de La Habana, del 6 al 8 de octubre. 
La reunión sirvió para evaluar la última etapa del proyecto, enfocada en incorporar a mujeres y hombres a la vida comunitaria en igualdad de derechos, aprovechar los recursos locales y el reciclaje de desechos, mejorar la seguridad y soberanía alimentaria de las familias con acceso equitativo y sensibilizar a las comunidades en temas de equidad, violencia y VIH-sida. 
A Vivianne Díaz Rodríguez, del municipio Nuevitas, en Camagüey, la experiencia de participar en un taller de atención a personas adultas mayores le abrió nuevos horizontes.
Comenzó a ver mucho más allá que el cuadro cotidiano al que estaba acostumbrada en su hogar, donde debía asumir, entre otras, la responsabilidad del cuidado de sus nietos.
"Compartir con otras mujeres de mi edad me ayudó a comprender mejor muchas de mis necesidades en esta etapa de la vida", relató. 
En tanto, Elsida Abreu Varona, de la comunidad de Río Verde, también en Camagüey, encontró en el proyecto una oportunidad no solo para dedicarse a la elaboración y venta de condimentos secos mediante un secador solar.
Además de ser una de esas mujeres vinculadas directamente a la producción de alimentos o asumir la responsabilidad de la secretaría en la iglesia a la que pertenece, Abreu no ha dejado de superarse en temas de género. 
"Gracias al CIC y otras instituciones, he recibido cursos y capacitaciones dentro y fuera de la provincia. Mi esposo asume las responsabilidades de los hijos y la casa durante mi ausencia, aunque no siempre ha sido fácil", declara. 

Deudas por saldar 

La política de género fue eje transversal en el trabajo que, durante los tres años del proyecto, desarrollaron las comunidades. Sin embargo, aún persisten inequidades asociadas a los preceptos que promulgan algunas de las denominaciones de la iglesia. 
Creencias asociadas a que "el hombre es la cabeza de la familia" persisten en el lenguaje y la acción de no pocas mujeres. También hay situaciones de violencia que se invisibilizan por los mandatos religiosos fundamentalistas y mitos relativos a la sexualidad.
Elina Ceballos Villalón, coordinadora del área de Diaconía del CIC, señala que la intención de desarrollar el proyecto en la zona oriental del país respondió, entre otros aspectos, a la presencia de rasgos culturales machistas que se transmiten de generación en generación y con mayores estigmas y estereotipos al interior de la iglesia. 
Sin embargo, en esta ocasión las problemáticas de mayor prioridad se abordaron desde la experticia de cada uno de sus integrantes, en áreas como la medicina, la agricultura, entre otros, sin profundizar en las bases bíblico-teológicas.
Ceballos también se refirió a la baja participación de las comunidades en los programas de género y VIH-sida. La violencia fue más abordada desde la perspectiva de otras temáticas, como la atención al adulto mayor, las personas con discapacidades y la prevención de adicciones, acciones tradicionalmente desarrolladas por las iglesias.
No obstante, aclaró, las mayores ganancias estuvieron asociadas a la vinculación de la iglesia en su encargo social con la comunidad.
Con vistas al futuro, considera fundamental seguir trabajando la sensibilización en equidad de género en dos áreas: el trabajo entre biblistas y profesionales de las ciencias sociales y la sensibilización de las pastoras y los pastores.

Ganancias en femenino 
Tradicionalmente, las iglesias han sido mantenidas por mujeres, quienes se acercan mucho más que los hombres y constituyen una fuerza representativa dentro de esa institución.
Una de las ganancias del proyecto Comunidades por la vida II fue la capacitación en temas de actualidad y la difusión de herramientas metodológicas conceptuales que ellas recibieron para desarrollar mejor su trabajo, señaló Ceballos Villalón.
"No se trata solo de que participen numeralmente o se incorporen a la labor de una iglesia local, aspecto que en ocasiones constituye una sobrecarga, pues también llevan la responsabilidad del hogar. Se trata también de que conozcan y compartan sus derechos", comentó la coordinadora del CIC.
Alianzas entre iglesias de diferentes denominaciones, apoyo de las organizaciones locales y la sostenibilidad de muchas de estas iniciativas comunitarias garantizan la perdurabilidad de un trabajo que no solo beneficia por igual a mujeres y hombres, sino que deja abiertas las puertas para emprender con equidad, subrayó.

Guatemala, octubre (SEMlac).- Ninguna mujer en la historia política de Guatemala, que se declarara feminista y lesbiana, había pisado el suelo del Congreso de la República como diputada. 
Sandra Morán Reyes, de 56 años, lo ha logrado y el 14 de enero de 2016 ocupará una curul para encauzar, entre otras acciones, la agenda del sector colectivo de Lesbianas, Gay, Transexuales y bisexuales (LGTBI).
Pero también promoverá la agenda de las comunidades en resistencia, ya que Morán ha militado en la izquierda desde siempre. Esta guatemalteca, quien fuera además integrante de la guerrilla, es percusionista y se apoya en su instrumento para emitir voces de protesta.
Buscará ser presidenta de la Comisión de la Mujer para apoyar el tema, que en esta legislatura ha sido olvidado, al mismo tiempo que la aprobación de la ley de identidad. 
En esta entrevista da a conocer su percepción de lo que será su trabajo de 2016 a 2019, en el órgano legislativo.

¿Cómo cree que será aceptada una feminista y lesbiana en el Congreso, por la mayoría conformada por hombres?
No hay necesidad de aceptación. Seremos 158 diputadas y diputados, todos con la misma responsabilidad de servicio al pueblo de Guatemala, y espero que de esa forma todas las personas actuemos y espero que nos respetemos. Por supuesto que la diferencia es desde donde actuamos, es decir, cuál es el objetivo para el cual estamos allí.

¿Qué significa para Sandra Morán entrar como diputada al Congreso de la República, tras haber sido quien se manifestara contra los diputados meses atrás?
Es una manera de continuar los esfuerzos de que las leyes y las políticas resuelvan las problemáticas que las mayorías enfrentan y que no necesariamente tienen eco en las instituciones públicas.
También es un acto de representación. El Congreso se supone que lo es y las mayorías hasta ahora no nos hemos sentido representadas, por lo que creo hemos dado un pasito en ese sentido.


¿Pesará el reconocerse como lesbiana e integrante del sector LGBTI en un Congreso de hombres machistas, conservadores y con prejuicios?
Las identidades implican pensamientos y propuestas, pero también representación. Hay parte de la comunidad LGTBI que se sentirá representada en mí y otra parte quizás no, pero al final soy una diputada electa, que estará cumpliendo con sus obligaciones y servicio para todas las personas y no solo para las comunidades que represento.
Efectivamente, en el Congreso hay personas conservadoras, machistas y prejuiciosas, como en la sociedad en su conjunto; pero también hay personas progresistas, con disposición a las diversidades y con apertura de pensamiento. Por lo tanto, si logramos respetarnos mutuamente y hacer los debates de ideas y propuestas, lograremos trabajar por el bien común, que es para lo que estamos allí.


La propuesta de introducir el tema del sector LGTBI ya ha sido vista someramente en el Congreso, ¿cómo considera usted que podrá lograr ponerlo en agenda como un punto importante?
Como convergencia tenemos que hacer el plan de trabajo en su conjunto, definir los momentos y las propuestas que haremos. Una de estas es llevar las propuestas de la comunidad LGTBI. Una forma de trabajo que tendremos es que seremos canal de las propuestas, seremos intermediarios de las demandas, denuncias y fiscalización hacia las autoridades diversas.

¿Qué ley considera que discrimina a la comunidad LGBTI?
No sé si hay una ley que discrimina, pues la propuesta de prohibir el matrimonio gay, por ejemplo, no caminó.
El matrimonio no es una demanda de la comunidad, me parece terrible querer hacer leyes que prohíban derechos inherentes a la persona, que en todo caso sería inconstitucional.
Una de las propuestas que están elaborando es la ley de identidad.
Pero la problemática de discriminación y violencia que sufren las y los jóvenes, por sus definiciones personales, es impresionante.
Somos una sociedad que le tiene miedo a la diferencia. Necesitamos aprender a convivir, a respetarnos, ya basta de tanta discriminación, racismo, violencia.
Algo cambió en estos meses, espero que podemos juntos hacer cambios para todas las personas, que tenemos que vernos como ciudadanos que estamos pidiendo a gritos que nos dejen vivir y desarrollar nuestras capacidades para aportar a la sociedad. Hasta ahora lo que tenemos como respuesta es violencia, falta de oportunidades y exclusión. Esto tiene que cambiar para todas las personas, pues la mayoría de la población está en esas condiciones y es terrible.


¿Qué propuestas tiene para llevar al Congreso?
Darles seguimiento a las demandas de este momento, que implica lograr hacer las reformas necesarias para evitar lo más posible la corrupción y avanzar en demandas que están planteadas incluso desde la firma de los Acuerdos de Paz. 

¿Es un reto muy grande para usted, feminista y lesbiana, la búsqueda para ocupar la Comisión de la Mujer en el Congreso en este país de doble moral?
Es un reto todo, no solo por ser mujer, por ser feminista, por ser lesbiana y por ser de izquierda. Es un reto estar en el Congreso porque es una institución que está totalmente desprestigiada, porque hasta este momento no escucha la demanda popular y los resultados del trabajo han sido leyes en favor de las empresas. 

El tema de niñez también estará incluido en su agenda. ¿Por qué?

Por supuesto, el trabajo tiene que incluir a todas las poblaciones, es un trabajo con mirada y compromiso nacional y no solo sectorial. 
La niñez y adolescencia necesitan de mucho en este país: educación, recreación, salud, oportunidades de desarrollo del deporte, del arte, de la creatividad y son casi nulos. Pero uno de los graves problemas, además de los mencionados, es la violencia que sufren y la violencia sexual que es un horror, el problema de la trata que es abominable.
La sociedad tiene que hacer el esfuerzo de decir basta a la violencia contra todo ser humano e incluso hacia la naturaleza. 
Hay que retomar una ley, que es la de la búsqueda de niños desaparecidos durante el conflicto armado. Guatemala no tiene una lista oficial de desaparecidos y esto es terrible, no solo porque el Estado lo niega, sino porque hay un vacío legal para las familias, pues no hay forma de comprobar dónde y cómo están estas personas. Esta herida hay que ayudar a cerrarla. Como dije, hay mucho por hacer.


Morán formó parte del movimiento de protestas pacíficas contra funcionarios del gobierno y el excandidato a presidente Manuel Baldizón, ¿cómo logrará que los diputados de ese partido, que será mayoría en el Congreso, avalen sus propuestas?
Fuimos miles que formamos parte de estas movilizaciones, fuimos miles y seguimos siendo miles que exigimos que las cosas cambien y que los funcionarios escuchen las demandas legítimas de la población. Entonces, las propuestas no son de Sandra Morán, las propuestas son de las organizaciones y de la ciudadanía, que espero se siga movilizando.
La respuesta a esas demandas debe ser de diputadas y diputados que quieren servir al país y no solo a los intereses de su partido o de su grupo
.

¿No le teme a la discriminación en el Congreso por ser lesbiana?

Espero respeto entre todas las personas que estaremos trabajando juntas a partir del 14 de enero y esto incluye a todas las personas que trabajan allí, no solo a las y los diputados.

¿Dará de qué hablar Sandra Morán en estos cuatro años como diputada feminista y miembro de LGTBI?
Espero hacer un buen trabajo y aceptaré las críticas, que hacen que nos demos cuenta si vamos por buen camino o no. El reto es enorme para Convergencia y espero que con el servicio que haremos en estos cuatro años se presente a la población como una alternativa política importante, que puede ser el instrumento tan deseado por los movimientos sociales y la ciudadanía en su conjunto.
Cualquier propuesta tendría que estar acompañada de movilizaciones y acciones diversas para lograrlo, es un trabajo conjunto, cada quien en su espacio y naturaleza, pero en conjunto y complementario.

México, 5 de octubre (SEMlac).- La presencia de las mujeres en la cadena productiva de mezcal era en apariencia, y hasta hace poco tiempo, un trabajo ajeno. Sin embargo, la realidad es otra, porque desde hace muchos años han sido parte de esta industria
Ellas han estado presentes, desde al menos cinco generaciones, en tres de los cuatro puntos de la cadena: como gerentas, maestras mezcaleras y en ventas, pero fueron las segundas las que recién rompieron el mito que les impedía entrar al palenque, pues se argumentaba que su presencia interrumpía el proceso de elaboración, más aún si estaban menstruando o embarazadas.
Graciela Ángeles Carreño, gerenta y representante legal de Mezcal de los Ángeles, el cual se produce en Santa Catarina Minas, distrito de Ocotlán, en el estado mexicano de Oaxaca, afirma que son pocas las mujeres que ocupan cargos de decisión, pues la gran mayoría se desempeñan en las ventas y otro porcentaje menor son maestras mezcaleras.
Las oaxaqueñas han estado en la producción de esta bebida alcohólica como sucedió con su tatarabuela, bisabuela y abuela, quienes a lomo de bestia iban de pueblo en pueblo vendiendo el mezcal en tiempos en que estaba prohibida su venta. 
La mamá de Carreño fue la primera administradora de la empresa, pero no podía entrar en el palenque, recuerda.
Hoy, Graciela Ángeles Carreño es la primera gerenta y, aunque tiene menos de 40 años, cuenta ya con una larga cadena de experiencias; ha transformado la empresa en una cooperativa y en ella ha impreso un sello distinto, producto además de sus conocimientos académicos, pues es Maestra en Sociología.
Al igual que en la familia de Ángeles, en Tlacolula de Matamoros doña Josefina Monterrubio fue quien impulsó la creación y registro de marca de la primera crema de mezcal en los años sesenta:El Mayordomo, y antes lo había hecho con el famoso mezcal Joyas Oaxaqueñas.
Su hija, Socorro León Monterrubio, recuerda que su familia comercializaba mezcal en una pequeña tienda. A su papá se le ocurrió poner miel y cáscaras de naranja a esta bebida que regalaban en Navidad a amigos y familiares, quienes insistieron en que ese mezcal dulce fuera comercializado. 
Fue doña Josefina Monterrubio la que tomó la decisión, pese a la oposición de su esposo, y de esta manera se adelantó al menos 30 años a muchas otras empresas que posteriormente produjeron cremas de mezcal.
En la familia productora de Joyas Oaxaqueñas, una de las más populares en Tlacolula de Matamoros, doña Josefina Monterrubio siempre tomó la iniciativa y conocía bien el negocio; a ella no le era necesario contar con un alcoholímetro para saber los grados de alcohol del mezcal. Le bastaba para ello su sentido del gusto.
De la misma forma, podía determinar con el olfato si el agave (planta originaria de América de la cual se extrae un sirope utilizado como endulzante) estaba ahumado de más o si no servía porque había sido cortado tierno.
Socorro León Monterrubio, antropóloga de profesión, afirma que en la producción de mezcal las mujeres han sido muy importantes, como lo fue su madre y muchas de ellas ni siquiera se reconocen, porque predominantemente era una actividad donde los hombres daban la cara.

Mezcalera por convicción
Gabriela Ángeles Carreño explica que la gran mayoría de las mujeres inmersas en esta industria son herederas de este conocimiento y que muchas, por su condición de pobreza pues eran viudas o separadas, se han hecho cargo de sus propias producciones. Incluso, hay familias que ante la falta de hijos varones, son las hijas quienes llevan adelante la producción, con lo cual la industria del mezcal constituye hoy una oportunidad para sacar adelante a las familias.
"Lo anterior incluso cambió el paradigma: hoy las mujeres podemos entrar al palenque, ya se rompió el mito: ya no somos responsables de que se rompan las ollas, la tina o de que se detenga el proceso de fermentación, como decían antes".
Ser mezcalera, dice esta joven empresaria que nació en el seno de una familia productora de esta bebida espirituosa, es una responsabilidad, "no te haces mezcalera por moda, se hace por identidad, por principios, por convicción, pero no por moda", sostiene frente a la proliferación de marcas.
Hoy la producción de mezcal no es solo un negocio que permite a las familias enviar a sus hijos a la universidad, agrega, en referencia a las posibilidades que en su familia tuvieron gracias a la producción de esta bebida, que se produce en al menos 4.000 comunidades de Oaxaca, como refiere el investigador Ulises Torrentera.
Gabriela Ángeles Carreño se involucró en esta industria a raíz de la crisis del mezcal de 2001, que de nueva cuenta azota a los productores y envasadores oaxaqueños debido a la falta de agave, que en su mayoría se vende a los productores de tequila de Jalisco, dejando sin materia prima a los mezcaleros.
Por otra parte, añade, en aquellos años conoció a Cornelio Pérez, con quien formó Mezcales Tradicionales y dio origen a la Logia de los Mezcólatras, un movimiento reivindicador de los mezcales tradicionales no comerciales. Esto la llevó a certificar el producto familiar y a registrar la marca, además de agregar otro plus al incluir información en las botellas que resultaron interesantes para sus consumidores.
En suma, dice que ha puesto en práctica una empresa que había vislumbrado en su cabeza, una empresa con visión de género, ya que por la figura empresarial las trabajadoras cuentan con prestaciones como caja de ahorro, con préstamos sin intereses y, sobre todo, ha sido pensada para que las mujeres puedan disfrutar de su tiempo y desarrollarse en lo profesional y con sentido humano. 
Quienes visitan Mezcal de los Ángeles, encuentran varios productos: mezcal, coctelería, sal y servicios turísticos, como la visita guiada, degustación de mezcal y la posibilidad de consumir alimentos muy tradicionales en el palenque, idea de Gabriela Ángeles.
La tarea no ha sido fácil. Recuerda que cuando iba a las primeras reuniones con mezcaleros, "puros señores grandes", le daban la palabra, la escuchaban y luego seguían con lo suyo, como si ella no hubiera hablado, pero los resultados obtenidos en la cooperativa han hecho que ahora la tomen en cuenta y busquen sus opiniones.
Por otra parte, en esta industria los hombres no estaban acostumbrados a recibir órdenes de las mujeres, pero su terquedad es positiva, y Gabriela no está ni estará dispuesta a dejarse vencer por nada.
Otro factor fundamental es la permanente capacitación y profesionalización del personal, sobre todo para hacer frente a la demanda a través de las llamadas mezcalerías que han ganado terreno en las grandes capitales del mundo: Distrito Federal, Nueva York, Los Ángeles, Berlín, Madrid, Barcelona, París, Tokio, Buenos Aires, Santiago de Chile y otras muchas, gracias a un sector de jóvenes con visión empresarial que desde el Distrito Federal impulsan la comercialización del producto.
Mezcal de los Ángeles tiene, además, proyectos comunitarios, como la biblioteca que actualmente se construye con una tienda de mezcales del Distrito Federal, un modelo que ojalá retomen otras empresas para beneficiar a la niñez, la juventud y las personas adultas, mediante un espacio de recreación y cultura, un área de cómputo y un vivero, pues "no se puede hablar de desarrollo si no hay calidad de vida".

Guadalajara, Estados Unidos y Europa
Gloria Tirado tiene 60 años, y fue con la familia de su esposo con la que aprendió todo el proceso productivo del mezcal hace más de 40 años. Durante mucho tiempo sólo produjeron para otras empresas encargadas de la comercialización pero desde hace poco más de una década está al frente de Mezcal Los Javis, que prioritariamente se vende en Guadalajara, donde compite también con los tequilas de ciudades de Estados Unidos y Europa.
Estamos constantemente frente a mucho trabajo, dice esta mezcalera de Santiago Matatlán, "la capital mundial del mezcal", a poco más de 30 minutos de la capital oaxaqueña. Los Javis es otra empresa familiar exitosa encabezada por una mujer que aprendió que no debía seguir malbaratando su producto.

Mashcali, mezcalito
En la misma población, hace 30 años, cuando enviudó, Gloria Santiago Romero se hizo cargo de Mashcali, palabra zapoteca que significa "mezcalito". Como otras mujeres, dice que no le costó trabajo entender todo lo que implicaba la tarea, porque creció en una familia de mezcaleros.
"Sólo si se trata de cargar cosas pesadas contrato hombres", expone en su expendio, ubicado sobre la carretera que atraviesa la comunidad.
Su pequeña empresa, como ella señala, produce 500 litros mensuales de mezcal que ella misma comercializa en Matatlán y en el mercado de Oaxaca. Actualmente está preocupada, porque la crisis del agave provocó que tan solo en el último año, el precio de la materia prima para la elaboración de mezcal se incrementara hasta en un 600 por ciento.
En ese sentido, su vecina cercana, Hortensia Hernández Martínez, afirma que el costo de una camioneta de tres toneladas de agave o maguey pasó de 3.000 a 23 mil pesos, pero a diferencia de la dueña de Mashcali, Hortensia Hernández y su familia lo siembran. Aun así, la crisis afecta.
En ese sentido, Ulises Torrentera, autor de la monografía Mezcalaria, señala que aunado a la poca producción de maguey, existe una gran demanda de mezcales elaborados con agave silvestre y advierte que, de no atenderse, podría ocasionar la extinción de algunas especies o el desabasto de materias primas; añade que no hay políticas públicas para preservar variedades endémicas, ni apoyos para los verdaderos productores.
Mientras, Gloria Santiago Romero ya emprendió el proceso de certificación y Hortensia Hernández sostiene que hace cinco años pidieron un préstamo bancario para cumplir con ese requisito exigido por el Consejo Mexicano Regulador del Mezcal; sin embargo, nunca tuvieron "el prometido cliente" y dejaron todo en santa paz. El problema es que para entonces, la deuda y los impuestos empezaban a ahorcar a su pequeña empresa, a la que lograron salvar con muchos sacrificios.
Por otra parte, Gloria dice que busca la certificación porque ahora que sus hijos ya son profesionistas desean exportar su producto, algo que a Hortensia no le preocupa y, pese a que sus botellas carecen de marca, las identifica porque cada una es cuidadosamente decorada por su esposo Juan Hernández.
Ambas productoras se encuentran ubicadas en la carretera y se quejan a su manera de la competencia desleal. Gloria Santiago Romero dice que en la entidad se comercializa mezcal adulterado que llevan en pipas a las poblaciones. En tanto, Hortensia Hernández asegura que la competencia de la mezcalería tradicional son todas aquellas personas que venden mezcal para que otras empresas las vendan a precios por demás estratosféricos.
En entrevista, Torrentera afirma que efectivamente hoy existen "aventureros europeos o gringos, o de cualquier lugar, que hacen su marca, envasan mezcal comprado a granel en Oaxaca y que venden un traguito de mezcal en Nueva York por 200 dólares, cuando aquí el litro lo compran 40 pesos".
De acuerdo con datos del Consejo Mexicano Regulador del Mezcal, organismo con más de 500 asociados, la ruta del mezcal incluye ocho entidades, todas con denominación de origen: Zacatecas, Durango, Guerrero, Guanajuato, Michoacán, San Luis Potosí, Tamaulipas y Oaxaca, pero es ésta la mayor productora de mezcal, con un 97 por ciento, además de controlar en un 80 por ciento el envasado y en un 90 por ciento la exportación.

La Habana,7 de marzo (Especial de SEMlac).- Cubanas jóvenes y mayoritariamente blancas muestran su figura tras un ajustado traje de baño o vestido de noche. Estas imágenes anuncian cafeterías, negocios de lavado de autos, bares y restaurantes que florecen en La Habana.
"Lamentablemente, la mayor parte de la comunicación que he visto con la intención de promover determinados tipos de trabajo por cuenta propia sigue siendo muy sexista", declara a SEMlac Isabel Moya Richard, doctora en ciencias de la comunicación.
La reforma económica emprendida por el gobierno cubano promueve la creación de negocios privados y algunas cooperativas en el sector de los servicios, principalmente. 
Frente a la competencia, los diversos emprendimientos buscan apoyo promocional en varios negocios de impresión y estudios fotográficos, actividades aprobadas para ejercer por particulares. La publicidad en los medios nacionales, de propiedad estatal, es limitada y en el caso de la televisión está prohibida. 
Los principales soportes publicitarios para los nuevos negocios privados son carteles, pegatinas, anuncios en páginas web y en el Paquete Semanal, una compilación digital que circula de manera informal e incluye un terabyte de contenidos diversos, entre ellos varias revistas hechas en Cuba y sin registro oficial en el país. 
Luis Mario Gell, propietario del estudio de producción fotográfica Estudio 50, opina que las revistas digitales independientes y la web son los principales espacios para ubicar la publicidad que se hace en la isla para cuentapropistas, como también se le conoce al sector privado.
VistarVenusGarbosPrimaveraEl Menú son algunas de las publicaciones incluidas en el Paquete Semanal. 
Independientemente de la política editorial y la inclusión de mensajes de bien público (Vistar y Garbos), la totalidad de estas publicaciones reservan varias de sus páginas a anuncios. 
Un análisis de algunas ediciones pone en evidencia el uso del cuerpo de las mujeres como herramienta y el racismo presente en la publicidad comercial actual.
Una revisión hecha por SEMlac de los anuncios publicados en 21 números de Vistar (de 2014 a 2015) revela la presencia de 53 anunciantes (dos de ellos marcas de cervezas comercializadas en el país, como Sol y Bucanero).
Del total de anunciantes, 19 (35.84 %) optaron por incluir modelos. Los anuncios publicitarios aumentan en número, pues se repiten y varían en su composición y propuesta estética. 
Llama la atención que varios restaurantes comienzan anunciándose con fotografías de los locales y luego pasan a presentar parejas de jóvenes disfrutando de sus servicios (se contabilizaron ocho anuncios con parejas heterosexuales y blancas).
En 17 anuncios se utilizan los cuerpos femeninos para promocionar, principalmente, servicios como bares y restaurantes. Los hombres, por su parte, aparecen en 14 ocasiones promocionando los servicios de una barbería, taller de electrónica, bebida y también centros nocturnos. 
La diferencia más notable es entre modelos de tez negra y blanca. Aparecen solo en tres promociones muchachas negras (17,64 %), mientras que los jóvenes negros se muestran en cuatro imágenes (28,57 %). 
Los tres números de la revista Garbos, también analizados, repiten la tendencia presente en Vistar. De 29 promociones publicadas, 19 (65,51 %) utilizan modelos; aparecen en 13 ocasiones mujeres y de ellas solo tres (23.07 %) son mujeres negras. Las tres parejas que se encontraron son blancas y heterosexuales.

Quien paga ¿manda? 
Encontrar los factores que inciden en la reproducción de prejuicios heterosexistas y racistas en la promoción de negocios particulares resulta complejo. 
"Habría que estudiar con profundidad. Puede ser que sea una exigencia de los clientes, producto de ideologías profesionales, y también puede estar incidiendo una reproducción acrítica de lo foráneo", dijo a SEMlac el especialista en semiótica Mario Masvidal.
El fotógrafo Luis Mario Gell apuesta por los clientes que saben lo que quieren, aunque afirma que "prefiere no hacer un trabajo cuando no está convencido".
"Nosotros tratamos de darle una solución de acuerdo a sus intereses y al público que quieren atrapar", comenta a SEMlac.
Gell no cree que la publicidad cubana actual sea machista, aunque una vez que comienza a dar su respuesta argumenta que "tal vez sí, porque esta es una sociedad machista y quizá es algo que nosotros tenemos incorporado".
La discriminación a personas negras, homosexuales y que no cumplen con la estética "correcta" ha sido tema de denuncias de algunos colectivos cubanos. En 2015, por ejemplo, el Proyecto Arcoíris denunció un acto de discriminación a la entrada de un bar habanero.

En busca de soluciones
En Cuba no existe una ley de medios que regule la comunicación pública, cuya necesidad queda en evidencia ante el sexismo y la discriminación racial y homofóbica que emergen en el contexto actual, con la aparición de nuevos actores no estatales en el espacio mediático.
Moya Richard alerta que muchas de las personas que se dedican a la comunicación promocional en el sector privado lo hacen al margen de instituciones reguladoras. Por eso se debe encontrar el balance entre las leyes y la autorregulación, asegura. 
"Independientemente del lugar donde se haga, esa persona está en un país que tiene una voluntad política y una concepción sobre la igualdad de género y se sobreentiende que no podemos estar de espaldas a esa postura gubernamental. Ahí está el desafío", afirma la experta en género y comunicación.
La Asociación Cubana de Comunicadores Sociales (ACCS), la Oficina Nacional de Diseño (ONDI) y la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) son organizaciones no gubernamentales que acogen a profesionales de la comunicación pública en el país.
Los estatutos de la ACCS expresan, en su artículo 7, que los miembros y colaboradores de la asociación "…prestarán especial atención y cuidado a la labor dirigida fundamentalmente al tratamiento adecuado de los símbolos patrios, el empleo ético de los temas de la familia, la mujer, los niños y jóvenes; contribuir a la educación ciudadana, la protección del medio ambiente y el uso correcto de nuestro idioma; así como lograr que la imagen de Cuba se corresponda con los elementos de nuestra identidad nacional y los valores de nuestra sociedad."
Por su parte, Gell reconoce la responsabilidad del trabajo de diseñadores, publicistas y fotógrafos. En su criterio, es necesario legalizar las revistas emergentes y ampliar sus posibilidades.
Trabajar en equipo e incluir a otros profesionales como sociólogos, psicólogos y periodistas puede contribuir, según especialistas, a generar mejores materiales publicitarios.
"El estilo del free lance que hace todo es lo que está primando en los mensajes comerciales, culturales y políticos. No tanto así en el trabajo de vocación social y de bien público, donde se encuentra otra dinámica más acorde a todo lo que en el mundo se está haciendo", opina el especialista en semiótica Mario Masvidal.
Activistas y grupos feministas también participan en la búsqueda de soluciones. A falta de un observatorio de medios de comunicación, varios blogs personales y de colectivos desarrollan una labor de vigilancia mediática.
En noviembre de 2015, la crítica literaria Zaida Capote Cruz publicó el post Havanatur y la imagen de las mujeresen el blog colectivo Asamblea Feminista. 
La activista propone un análisis de anuncios sexistas, entre ellos la propaganda de la cerveza Bucanero, que se anuncia en las revistas digitales antes citadas en este reportaje.
Capote Cruz convoca a promulgar una ley de comunicación con igualdad de género y propone la discusión sobre el tema en el espacio público y en el parlamento.
La feminista avizora que "seguirán proliferando ejemplos de malas prácticas o como sea que se llame ese relegarnos cada vez a esos espacios tradicionales, donde la libertad o la felicidad de la mujer resultan a menudo dependientes de la voluntad ajena".
El tema continúa preocupando a muchas personas que también identifican la imagen de las mujeres en la publicidad y los negocios privados como otro de los ámbitos donde también impactan los cambios que se suceden en la economía y la sociedad cubanas.

Santiago de Cuba, julio (SEMlac).- Era menos que utopía la ordenación de mujeres en la estructura eclesial protestante cuando Gisela Pérez Muñiz emprendió esa batalla en la comunidad bautista oriental, allá por los sesenta del siglo pasado, en Santiago de Cuba, a unos 860 kilómetros de La Habana.
La teóloga logró sensibilizar con su caso a otros líderes religiosos que defendieron la postulación y así pudo convertirse en una de las primeras pastoras bautistas de Cuba, ocupación que ejerció desde 1965 hasta 2014, cuando se jubiló.
En cinco décadas, Pérez Muñiz colaboró con la integración ecuménica de la región oriental mediante proyectos de capacitación que la hicieron fundar, junto a otros líderes religiosos, el Centro Cristiano de Servicio y Capacitación "Bartolomé G. Lavastida" (CCSC- BG Lavastida), en Santiago de Cuba.
Desde 1995, esa institución ecuménica vincula la formación con el servicio social para comunidades religiosas y grupos expuestos a vulnerabilidad social y económica, con proyectos que abarcan desde la prevención de salud hasta la permacultura, la ecología y la soberanía alimentaria. 
Aunque son varias las instituciones ecuménicas de este tipo en el país, el Centro Lavastida es la única que opera en la mitad oriental cubana y cubre con sus acciones la totalidad de esta región.
El interés de su directora por reivindicar el papel de las mujeres en la estructura social y ofrecerles oportunidades de empoderamiento convirtió la equidad de género en una de las líneas sostenidas de la institución.
Más de 30 comunidades rurales han sido beneficiadas por los proyectos de este Centro que, además de facilitar medios, brindar servicios y capacitar, promueve relaciones equitativas entre hombres y mujeres con la sensibilización en género y la creación de oportunidades para que ellas superen los roles domésticos tradicionales.
Con más de 70 años, la pastora bautista acumula una trayectoria en función de la equidad de género en la iglesia, que le hace referente en la transgresión de los dogmas patriarcales dentro de la fe cristiana en Cuba, tema sobre los que accedió a dialogar con SEMlac. 

¿Qué le hizo fundar el Centro Lavastida?

En la década de los noventa comencé a trabajar en el Consejo Mundial de Iglesias, en el Departamento de Renovación y Vida Congregacional, y allí se intentaba descubrir nuevas formas de "hacer iglesia". Tuve entonces la oportunidad de participar en un seminario ecuménico en Suiza sobre justicia, paz e integridad de la creación, con personas de 34 países, gracias a las cuales descubrí distintos centros laicos que renovaban la función de la iglesia. 
Con esa experiencia, comenzamos a pensar en cómo organizar algo similar en Santiago de Cuba y, en el proceso de descubrir cuáles serían las características de un centro de este tipo para el Oriente cubano, decidimos poner énfasis en la situación femenina.
Yo había participado en un curso de teología de la mujer en Costa Rica, en 1994, y al regreso quisimos replicar aquí ese contenido porque en la iglesia cubana era necesario releer la Biblia con perspectiva de género, porque esta puede ser muy descorazonadora para la mujer si no se tienen algunos códigos de interpretación que ayuden a comprender por qué dice lo que dice. 
Iniciamos con pequeños cursos que releían la escritura sagrada para mover el esquema tradicional de mujer dentro de la iglesia. A la par, hicimos un diagnóstico del contexto de Santiago de Cuba para determinar las necesidades a las que podíamos proyectarnos como centro ecuménico. 
Era la época de pleno Período Especial y nos encontramos demandas de todo tipo, porque eran muchos los problemas económicos. No obstante, concebimos dos áreas de trabajo: capacitación y servicio social.
Aunque en los primeros proyectos fuimos algo asistencialistas, poco a poco nos concentramos en áreas específicas como la línea alimentaria, la ecológica y la rehabilitación de viviendas, por ser esta última una las problemáticas más complejas de Santiago. 
La producción de alimentos ha sido centro de nuestro trabajo porque vivimos en un país con crisis económica y la alimentación preocupa a las familias. Luego, se han insertado aspectos como la permacultura, la armonía del ser humano con la creación, la conservación de alimentos, la nutrición, etc., todo con un enfoque de género transversal.

Ese enfoque desafía el mito de que en los espacios religiosos hay resistencia a transgredir las divisiones tradicionales entre mujeres y hombres. 
Es cierto que la iglesia no puede ser de avanzada en el desarrollo social, porque es más bien conservadora y el tema de la mujer es de las áreas más resistentes al cambio. Pero, como mujer, me resultaba inconcebible que la Biblia me dijera que tenía que hacer cosas con las que no concordaba, y aceptarlas como palabra de Dios, porque mi concepto de Dios era otro. 
El énfasis por transformar la posición social de la mujer lo vivencié como rebeldía y después lo he podido canalizar en la relectura teológica. 
En el Centro empezamos a trabajar primero el tema mujer y luego desde el género, porque queríamos que las iglesias descubrieran una misión más integral de su ministerio. Las mujeres en la iglesia siempre han sido las que más trabajan y las que menos dirigen, las que más hacen pero menos deciden. Intentamos romper ese esquema para que ellas valoren su trabajo y se capaciten para ello. 
Mantuvimos cursos sobre esos temas por más de una década y, a la larga, las graduadas fueron promovidas a cargos nacionales en sus denominaciones cristianas. 
Después nos dimos cuenta de que no solo podíamos estimular a las mujeres a releer la Biblia, porque se trata de una experiencia de relación y los hombres tenían también que estar presentes. Por eso, de una perspectiva de mujer pasamos a perspectiva de género y también incluimos renovación litúrgica, salud familiar, juventud, etc. 
El género se volvió un aspecto vinculante de todos los proyectos del Centro Lavastida, porque es oportuno aprovechar todas las intervenciones para estimular la participación de las mujeres en sus comunidades. 

¿Ha sido complejo insertar este punto de vista?
Una de las cosas más difíciles de nuestro trabajo ha sido que las personas religiosas descubran que el género no es amenaza, sino oportunidad para las iglesias. Si no lo ven así, se tensionan y se enfrentan.

¿Por qué amenaza?
Porque se rompe el patrón tradicional de que la mujer esté sometida, que sea un personaje de acompañamiento. Ese esquema lleva a pensar que si el hombre pierde su autoridad absoluta, la familia se va a pique. Para la iglesia conservadora, la promoción de la mujer atenta contra la estabilidad de la familia. 

¿Cómo lo entiende usted?
Para mí es distinto, porque en la medida en que hombre y mujer contribuyamos a la vida familiar en igualdad, esta será más completa y no habrá nadie en quien el edificio se apoye, sino que se equilibrará. 
Generalmente, la mujer lleva la carga y el hombre la representación y eso no es justo. Pero romper los sitiales tradicionales es riesgoso porque hay que crear las alternativas de sustitución. Por eso me parece oportuno enfatizar en la responsabilidad familiar compartida, porque esa es todavía una carga de la mujer y el hombre debe asumir la parte que le corresponde para que el edificio no se resquebraje. Por justicia y para que funcione mejor, la familia tiene que ser un trabajo de colaboración. 

En Cuba se ha incrementado la comunidad cristiana, pero no todas las denominaciones transmiten esta idea emancipada sobre el rol femenino. 
Es propio de la postmodernidad el énfasis en lo subjetivo y emocional, y eso en la vida de la iglesia es fatal. Alguien decía que cuando la iglesia crece de esa manera, no se desarrolla, sino que engorda, y la gordura no es salud. Insistir en el crecimiento es riesgoso, porque puede ser inflamatorio. 
No creo que sea fácil frenar los movimientos de crecimiento desorbitado y poco profundo porque responden a la época; pero no traen desarrollo, sino retroceso. Hay que tener paciencia y fe para seguir sustentando valores distintos a los conservadores, con la esperanza de que esas sean coyunturas a superar y que las aguas tomen su nivel. 

¿Dónde se localizan las resistencias y las alianzas al trabajo del Centro Lavastida?
Las incomprensiones dependen mucho de las personas que representan el nivel oficial. 
Dentro de la iglesia ha habido todo tipo de reacciones hacia nuestro enfoque. A veces ha sido interesante que representantes religiosos que han participado en actividades aquí se desvinculan del Centro, pero replican en sus denominaciones lo que aprendieron y eso nos valida.
También contamos con el apoyo de las universidades y todos los años realizamos un cónclave científico y teológico, que analiza un tema desde ambas perspectivas. A veces creemos que nuestras distancias son más grandes, pero no es así. Los objetivos pueden ser comunes y para ellos colaboramos.

La Habana, 22 de junio (SEMlac).- Si bien los medios de comunicación continúan siendo un espacio de legitimación de estereotipos vinculados a qué es ser hombre y ser mujer, los estudios críticos que observan esa realidad van siendo cada vez más numerosos y abarcan espacios más diversos, coinciden especialistas.
Los avatares de tres pastoras de la iglesia bautista; la representación de la mujer en medios de comunicación o audiovisuales y hasta la socialización de género en el consumo cultural adolescente, entre otros asuntos, integran el abanico temático de las tesis de pregrado que presenta este mes de junio la Facultad de Comunicación (FCOM), de la Universidad de La Habana. 
"Las investigaciones vinculadas al género de la Facultad de Comunicación, en particular, han dado un salto exponencial en los últimos cinco años", aseguró a SEMlac la doctora Isabel Moya, directora de la Editorial de la Mujer y profesora de la asignatura, aún opcional, que se acerca directamente a estas temáticas en ese centro de estudios.
"Pero es particularmente interesante que ya no se limitan al ejercicio del Periodismo, sino que se han extendido a la Comunicación Social y, muy recientemente, a las Ciencias de la Información, los otros dos perfiles que integran la Facultad", agregó Moya.
El curso actual cerró con una decena de investigaciones vinculadas a estas temáticas: seis en Periodismo, tres en Comunicación Social y una en Ciencias de la Información.
La cifra, incluso, podría crecer, porque unos pocos estudiantes fueron autorizados a prorrogar su ejercicio de graduación hasta el próximo diciembre y esos estudios aún no están entregados.
La propuesta desde las Ciencias de la Información resulta particularmente interesante, pues hace un análisis de contenido sobre los temas de género en 13 blogs cubanos, entre 2008 y 2014.
A juicio de Sulema Rodríguez Roche, magíster en ciencias y profesora de la facultad, tiene valor, además, porque "es la primera que aborda directa y explícitamente la temática de género. Antes hubo algún otro acercamiento, pero más indirecto", indicó a SEMlac.
La autora, Yaimara Posada, identificó entre los tópicos más reiterados en esos espacios digitales el feminismo, los derechos sexuales, la diversidad sexual y la homofobia, la discriminación racial, el activismo ciudadano y la violencia contra las mujeres y las niñas.
Además, confirmó que muchos de "los debates generados en los blogs están ausentes del foro público en Cuba", según las conclusiones de su informe escrito.
"Los resultados obtenidos son necesarios, aunque algunos ya sean conocidos en sectores especializados, pero puestos en blanco y negro pueden tener mayor impacto", explicó Rodríguez Roche, quien también fue tutora del estudio.
Aunque sus ejercicios docentes nunca interactuaron entre sí, ni abordan espacios similares de análisis, las conclusiones de la futura periodista Asalia Gort están bastante cercanas a las de Posada.
Gort examinó 10 audiovisuales seleccionados de la Muestra Joven ICAIC, entre 2007 y 2014, y encontró temas muy reiterados como la violencia o la diversidad sexual; pero otros "poco visitados, como la doble y triple jornada de las mujeres" o "el cuestionamiento a la distribución de los roles domésticos y las problemáticas de las mujeres en el espacio rural".
En general, dos elementos coinciden en los 10 ejercicios académicos ya citados: todas las autoras son mujeres, lo cual sigue confirmando que pocos hombres conocen estos asuntos, están sensibilizados con ellos o les interesa abordarlos.
Además, todas las estudiosas reconocen, de manera más o menos directa, el insustituible papel de la capacitación y la asesoría especializada a la hora de reflejar las temáticas de género en los medios de comunicación.
Un buen ejemplo es la opinión de Gort respecto a la conciencia de género que realizadores y realizadoras de los cortos analizados mostraron en sus obras.
"No tienen una mirada consciente del compromiso que una categoría de género reclama a la hora de construir sus personajes femeninos, los cuales a menudo son fruto de la experiencia más próxima, y no de una articulación con los resultados de una pesquisa social o la consulta a expertos", expresó en su tesis.

Recorrido por la academia
"Los estudios centrados en temáticas de género han adquirido mayor protagonismo en la agenda académica de la Facultad de Comunicación durante el último lustro", confirmó a SEMlac la psicóloga Ileana González López, vicedirectora docente del Instituto Internacional de Periodismo "José Martí".
Resultado de una investigación aún en curso, la afirmación de González López está respaldada por datos concretos: si entre 1987 y 2007 apenas se realizaron una decena de tesis de licenciatura relacionadas con este tema en la FCOM, entre 2008 y 2013 sumaron 18, dos de ellas de Maestría y una vinculada a un ejercicio de Doctorado.
Este junio, la tesis de Licenciatura en Comunicación Social de Lisbetty Andrade amplía el período y la muestra de González y evalúa la producción de investigaciones sobre género, realizadas entre 1980 y 2014 en La Habana.
El estudio de Andrade identificó 148 investigaciones en ocho centros académicos que incluyen facultades universitarias y algunos centros de investigación como el de Estudios de la Mujer, de la Federación de Mujeres Cubanas, y el de Investigaciones Sociales del Instituto Cubano de Radio y Televisión.
En este amplio universo, solo 44 estudios se dedicaron a la relación entre Comunicación y Género, 25 de ellos en la FCOM y el resto distribuidos entre las Facultades de Sociología y Psicología de la propia Universidad.
El mayor número de investigaciones se concentra entre 2010 y 2014.
Aunque la recopilación de González y la de Andrade no coinciden exactamente en los totales de estudios entre los dedicados al género y la comunicación, ambas indagaciones confirman una tendencia al crecimiento del interés por el tema.
Para Moya, ello puede deberse a tres elementos fundamentales.
"Por una parte, está la voluntad institucional de la Facultad de propiciar la incorporación de la perspectiva de género, no solo como tema de investigación, sino desde la necesidad de posicionarse en ella para mirar los procesos de comunicación", detalló.
Los otros dos serían el efecto acumulado de cinco años de existencia de la asignatura opcional de Género y medios de comunicación y la cada vez mayor presencia de profesores capacitados o sensibilizados en el tema en la FCOM.
Sin embargo, aún resulta una asignatura pendiente la transversalización de la perspectiva de género en el currículo académico de las tres carreras de la facultad, coinciden las profesoras entrevistadas, pero aportan matices para el análisis.
Propuesta por la periodista Karina Escalona entre las conclusiones de su investigación de la Maestría de Género, "la inclusión de la perspectiva de género en la construcción del discurso mediático constituye una de las vías para establecer nuevas propuestas comunicativas más incluyentes y desligadas de la tradicionales prácticas comunicativas verticales y discriminatorias.
Pero, en el caso concreto de las carreras de la Facultad de Comunicación, tropieza con escollos concretos.
"Muchos profesores de la Facultad somos recién graduados que no estudiamos género en la carrera, por tanto difícilmente tenemos preparación para incorporar sus postulados de manera transversal en nuestros planes de clases", explicó a SEMlac Aline Marie Rodríguez, una joven profesora del departamento de Periodismo.
Rodríguez estudió mucho el tema este año, pues se desempeñó como tutora de una de las tesis ya citadas y reconoció su "enorme valor para la profesión, pero también su complejidad".
Por su parte, Zulema Rodríguez Roche considera que "aunque el estado ideal es un sistema de formación que transversalice la perspectiva de género en el lenguaje, en la selección de las lecturas, en el abordaje de los diferentes problemas asociados a la ciencia y a la profesión, aun no estamos cerca de eso".
"Por ahora, la inclusión de una asignatura sobre género en los planes de estudios, no solo como optativa, sería un paso importante por sus efectos rápidamente multiplicadores, pues los estudiantes adquieren sensibilidad y competencias sobre el tema", agregó.
Moya, en tanto, no observa el debate entre estas dos variantes como "dicotómico o excluyente".
"Por una parte es necesario avanzar en que todas las disciplinas incluyan la perspectiva de género, y eso quiere decir visibilizar a las grandes periodistas de este país, o que en Historia de la Prensa, por ejemplo, no se estudien solo los medios de prensa convencionales, sino también un periódico como La Cebolla, hecho por prostitutas a inicios del siglo XX, o Minerva, cuyas autoras eran mujeres negras", insistió.
Sin embargo, esta experta considera también que una asignatura propiamente dicha permite recorrer la teoría, que aún está en construcción, y enriquecer el ejercicio académico, deteniéndose en particularidades a las que no se llega desde otras disciplinas.
Ante todo, Moya defiende la necesidad de introducir en los estudios de la FCOM "temas que hoy son fundamentales para abordar la realidad social desde la perspectiva de los derechos".
"Se trata de promover desde las aulas una concepción más emancipadora, de generar espacios académicos que permitan pensar la Cuba de hoy también desde sus contradicciones y, por tanto, desde el espacio que deben tener los medios de comunicación para problematizarlas y atenderlas", aseveró Moya.

La Habana, junio (Especial de SEMlac).- Quizás de un modo menos evidente y más naturalizado, la violencia hacia las mujeres por motivo de género también aflora entre la juventud, incluida la que cursa estudios en la enseñanza superior.
"En el contexto universitario la violencia suele ser más sutil, pero eso no quiere decir que no exista", asegura a SEMlac la psicóloga y máster en Ciencias Libia Quintana Llanio, profesora del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM) de la Universidad de La Habana.
Interrogada sobre este tema, la especialista argumentó que en esos grupos el maltrato existe de una forma a veces más enmascarada y se ejerce con más fuerza a partir de mecanismos de tipo psicológico. 
"Generalmente están muy ligados a la sexualidad, a los estereotipos de género y también a determinados patrones, apreciables ya desde la adolescencia y relacionados con desigualdades sociales que se van generando al vencer diferentes niveles de enseñanza", sostiene Quintana.
Otras veces falta el conocimiento adecuado sobre los hechos que denotan o pueden generar algún tipo de maltrato, a partir de conductas y comportamientos legitimados por la sociedad.
"Hay muy poca comprensión de qué es violencia o no entre las personas de mi edad", reconoce a SEMlac Liliet Leyva Pérez, estudiante de cuarto año de Ciencias de la Información en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.
Estudiando el tema, la joven llegó a alarmarse por haber vivido en carne propia algunas de esas experiencias lamentables.
"Me sorprendí al comprender cómo yo misma había aceptado en múltiples ocasiones algún tipo de agresión, generalmente de tipo psicológico, como presiones, vigilancias y, no solo por parte de algún novio, sino también de mis compañeros de grupo, que se sienten en la obligación de 'protegerme' por ser mujer", confiesa Leyva Pérez, para quien "esa protección suele ser irrespetuosa y dominante". 
Aunque existen manifestaciones diversas de violencia, Quintana señala que es en el ámbito de las relaciones de pareja donde son más comunes las llamadas violencias sutiles, vinculadas al control, los celos y los mitos del llamado "amor de verdad".
"En casi todos los casos, ponen en posiciones de subordinación a las muchachas", precisa.
Para la socióloga y profesora Magela Romero Almodóvar se trata, además, de una realidad comprobada por estudios realizados entre jóvenes universitarias en los últimos años. 
Las investigaciones ubican mucha violencia en el noviazgo, aunque también se aprecien otras manifestaciones de maltrato relacionadas con el lenguaje y la vulneración de los espacios individuales, entre otras variantes.
"La violencia en el noviazgo, en particular, nos parece particularmente grave. El ideal romántico del amor y la búsqueda del 'príncipe azul' siguen vigentes y funcionan como mitos en las relaciones de pareja entre personas jóvenes", describe la profesora de Sociología la Universidad de La Habana.
Pero ese mito lleva a menudo al exceso de control, los celos y las imposiciones, entendidas y asumidas, no pocas veces, como engañosas "pruebas de amor", advierte Romero Almodóvar.
"Al final, se trata de la permanencia de estereotipos de género que ponen a las mujeres en desventaja y en riesgo de convertirse en víctimas de violencia", explica.
Lo lamentable es que esas manifestaciones de maltrato suelen ser ignoradas por las muchachas, que las perciben y evalúan como algo natural, precisa. De ese modo empiezan a ver y asimilar como natural, por ejemplo, una nalgada de aparente cariño o alguna prohibición, que consideran como muestra de interés y amor.
"Estos noviazgos contribuyen a legitimar un esquema de relación amorosa donde las mujeres tienen una posición de subordinación y, por tanto, más posibilidades de ser violentadas", resume Romero Almodóvar al responder un cuestionario de SEMlac.
La profesora recomienda tener muy en cuenta y estudiar las características en torno al noviazgo, más allá de la relación de dos, pues no pocas veces las propias amistades o la familia potencian los mecanismos de control. 
Por ejemplo, se ve bien celar a la novia como señal de que el novio "está enamorado" o que la muchacha salga exclusivamente con su pareja, cuando puede compartir con otras amistades.
"A veces la misma familia la reprime a ella por defender su espacio, pues se siente más tranquila si el novio la acompaña a todas partes", agrega la profesora universitaria.
Otro ejemplo citado por la especialista es el de un contexto social que compulsa a una muchacha a mantener un novio maltratador porque "no se ve bien", según la norma patriarcal heredada y aún vigente, que ellas cambien de pareja o anden solas.
"Es importante atender a la familia y también aportar herramientas para el aprendizaje de los grupos de jóvenes", insiste.
Entre los principales desafíos para atender y prevenir estos problemas, ella identifica dos fundamentales: las relaciones patriarcales al interior de no pocas familias y los estereotipos, naturalizados una y otra vez desde diversos espacios sociales, sobre todo desde los medios de comunicación.
Para Quintana, un reto para considerar es la segmentación de la juventud en determinados ámbitos, pues la heterogeneidad de los grupos juveniles en Cuba conlleva estrategias de prevención, atención y enfrentamiento que no pueden ser homogéneas. 
"Falta investigación y conocimiento de ese grupo social", reitera Quintana.
Pero todavía, al parecer, es insuficiente el tratamiento de estos asuntos en sus ámbitos habituales de estudio y existencia.
"Para mí, la brecha mayor es que se habla poco del tema y los jóvenes no nacemos sabiendo", comenta la joven universitaria Liliet Leyva Pérez.
"El modelo de familia que conocemos es uno donde lo más común es ver al papá levantando la voz y nadie cuestiona eso. ¿Cómo vamos a aprender si nadie nos enseña?", pregunta.

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