Kazajstán: Natalia, de presa con VIH a defensora legal

Por Gloria Analco
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México, julio (SEMlac).- "Dos años después de mi diagnóstico de VIH, terminé en prisión. Las y los prisioneros fuimos separados de otros prisioneros y vistos como muertos caminantes. El personal tenía miedo de hablar con nosotros, incluso hoy en día, tal comportamiento es común".
Natalia Minayeva, de Kazajstán, país situado en Asia, narró a ONU Mujeres su historia desde que ha tenido que convivir con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH).
Se lo diagnosticaron hace 20 años y su primer pensamiento fue que iba a morir. "No había mucha información sobre el VIH, sólo rumores no confirmados y desinformación. Aún peor, no había respeto por los que vivían con el VIH", dijo.
Su vida dio un vuelco cuando conoció a Elena Bilokon, directora de la Red de Mujeres Viviendo con VIH de Kazajstán, quien visitó la prisión donde ella estaba y les habló de los propósitos de esa red.
Después que salió de prisión, Bilokon le ofreció un trabajo, comenzó como "oficial de extensión", una actividad de propagación sobre los fines de esa red, y estudió para convertirse en defensora legal.
Natalia, de 47 años, pudo entonces realizar un curso sobre la igualdad de género, auspiciado por las Naciones Unidas en el marco del proyecto de respuesta al VIH y el sida, que le permitió profundizar en ese tema, adquirir habilidades para hablar en público y ganar en liderazgo.
Todo ello le posibilitó, una vez que dejó la prisión, trabajar como "abogada de la calle", término utilizado en Kazajstán para los juristas legales que están capacitados para proporcionar alguna coordinación legal, asesoramiento y apoyo a los sobrevivientes en el acompañamiento de la corte y otros asuntos.
"Soy una de las dos 'abogadas de la calle' en nuestro país", dijo Natalia, con gran orgullo.
Ella se dedica ahora a ayudar a las mujeres con problemas legales o canalizando a quienes padecen de VIH o sida a terapias, y con su trabajo está contribuyendo al número 3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que busca asegurar vidas saludables y promover el bienestar de todas y todos, y con el propósito de poner fin a la epidemia del sida.
Frente a la evidencia de que la discriminación basada en el género mina ese derecho, Natalia, quien ha atravesado por esa situación, señaló que ahora, como "abogada de la calle", ayuda a las mujeres en prisión y a las que han sido liberadas.
"Les aconsejo, les ayudo a reintegrarse en la sociedad y a acercarse a los organismos estatales pertinentes, aquellos que proporcionan apoyo social", manifestó.
Entre las mujeres en edad reproductiva en todo el mundo, el sida es ahora la principal causa de muerte, ya que ellas son biológicamente más susceptibles a la transmisión del VIH, y debido también a la desigualdad y a sus condiciones social y económica, lo que ha socavado su capacidad para protegerse, según señaló un informe de la ONU.
Para alcanzar los propósitos del Objetivo 3 de Desarrollo Sostenible, los países se han comprometido a proporcionar los servicios de atención de la salud sexual y reproductiva, pero muchos obstáculos han frenado progresar en esa meta.
Según la ONU, más de 225 millones de mujeres tienen una necesidad insatisfecha de métodos anticonceptivos, y en las regiones en desarrollo, donde las tasas de mortalidad materna son 14 veces más altas que en los desarrollados, sólo la mitad de las embarazadas reciben el estándar mínimo para la atención prenatal.
Al respecto, el organismo internacional ha dicho que el cumplimiento del derecho a la salud exige que los sistemas de salud se vuelvan plenamente receptivos a las mujeres y las niñas, ofreciendo servicios de mejor calidad, más amplios y fácilmente accesibles.

 

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