México: Urgente implementar partos humanizados

Por Gabriela Ramírez
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México, mayo (SEMlac).- El nacimiento es un instante trascendental, pero representa para las mujeres y sus bebés uno de los momentos de mayor riesgo de perder la vida.
En el mundo, 800 mujeres mueren cada día por causas relacionadas al parto y al embarazo. En México sumaron 893 muertes maternas en 2014, lo que plantea un cambio en la atención.
Según un informe de la organización Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), 75 por ciento de las mujeres que son madres podrían haber sido víctimas de violencia obstétrica, otro de los riesgos del momento de parir, violencia que deja marcas de por vida, sobre todo emocionales y psicológicas.
Al día, cerca de 7.000 mujeres están en riesgo de sufrir este tipo de violencia en los hospitales y centros de salud, lo que incrementa el riesgo de muerte materna.
En la Ciudad de México, en 2015, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal emitió una recomendación por 23 expedientes de quejas y denuncias de violencia contra embarazadas o aquellas que están al término del período de gravidez.
De la violencia obstétrica cada vez se habla más, pero sus víctimas no tienen espacios o son muy pocos los lugares donde encuentran apoyo y contención para sobreponerse.
Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la propia Secretaría de Salud y organizaciones sociales se han pronunciado por la urgencia de implementar partos humanizados, en donde haya un pleno respeto de los derechos de las madres y sus hijos e hijas.
Del 16 a 22 de mayo se conmemoró la Semana Internacional del Parto Respetado, cuyo lema este año es: "Mi decisión, mi cuerpo, mi bebé".
En México, pocas actividades se hacen para conmemorar esta fecha. En cambio, en países como Argentina, Francia o España se preparan ciclos de conferencias, de cine, mesas redondas, exposiciones fotográficas y otros eventos donde reflexionan sobre el parto humanizado y el respeto a los derechos fundamentales.

¿Qué es el parto humanizado?
Según la OMS, los elementos indispensables en un parto son tiempo, paciencia, intimidad, libertad de movimiento y un acompañamiento amoroso. El equipo médico debe tener un rol diferente, el de un observador discreto y respetuoso de las necesidades de la mujer e intervenir solo si algo conllevara peligro para la madre o el bebé.
El parto humanizado se basa en el respeto de una serie de derechos fundamentales: no considerar a la mujer una enferma, recibir un buen trato, pedir la participación de su pareja, que la mujer decida sobre su cuerpo y su proceso, no someterse a rutinas médicas innecesarias, expresarse según su necesidad y al vínculo inmediato con su bebé.
"El momento del parto es otro espacio que nos han arrebatado los hombres, parimos como quieren, dónde quieren y a la hora que quieren", explica Talina González, terapeuta postparto y una de las fundadoras del proyecto Florecer desde la Cicatriz.
Precisa que actualmente hay una inercia para tratar todos los partos como enfermedades, con medicamentos, en una postura completamente incómoda para la madre y con una atención que lejos de hacer que ella se sienta tranquila, la vulnera, la asusta y la violenta.
Datos históricos revelan que la forma actual que en la que las mujeres dan a luz, acostadas sobre una mesa de expulsión lo impuso un obstetra francés llamado Francois Mariceau, en el siglo XVIII.
Los médicos se quejaban de la incomodidad de las posturas que tenían que adoptar en los nacimientos y resolvieron acostar a las mujeres para que ellos pudieran estar sentados y tener una mejor visión.
"Esto implica mayores esfuerzos para las mujeres y genera más complicaciones, pues cuando pares en cuclillas o parada hay menos riesgos de desgarres, por ejemplo", aclara González.
Además, puntualiza que las intervenciones médicas en los hospitales evitan que las mujeres tengan libertad de movimiento, privacidad y libertad de decisión sobre sus cuerpos.

Violencia obstétrica, mal silencioso
Datos de la organización GIRE, señalan que en México cerca de 6.800 mexicanas al día están expuestas a sufrir violencia obstétrica, es decir, daños físicos o psicológicos durante el embarazo, parto y puerperio, falta de acceso a servicios de salud, trato cruel e inhumano o degradante y abuso de medicalización.
Aunque cada vez más se habla del tema, la mayor parte de los casos queda en el anonimato.
Según las estadísticas de GIRE, presentadas en su informe sobre violencia obstétrica, en 2015 apenas se registraron 216 quejas ante las unidades contraloría de las instituciones de salud en todo el país. Solo hay 203 quejas ante las comisiones de arbitraje médico y 299 ante las comisiones de derechos humanos de las entidades.
En cuanto a la legislación en México, de acuerdo con GIRE, hasta febrero de 2015, los estados de Chiapas y Veracruz han tipificado la violencia obstétrica en sus códigos penales.
Zacatecas y Jalisco cuentan con iniciativas en trámite que van en el sentido de la criminalización. Ocho estados, entre ellos los dos que la tipificaron, definen "violencia obstétrica" en sus leyes de Acceso a una Vida Libre de Violencia, y cuatro estados ya tienen iniciativas para agregar el concepto en su ley.

Las consecuencias
"Los daños cuando las mujeres sufrimos violencia obstétrica son inconmensurables. Muy poco se habla de ello, porque en la sociedad el papel de madre como una figura abnegada no nos permite hablar del tormento que nos ha representado el momento de dar a luz", explica Dunia Verona, terapeuta especializada en respiración ovárica.
Señala que tratos como los tactos vaginales, las amenazas, la intervención sin la aprobación de la madre hacen que se dañe su autoestima, su sexualidad e incluso en algunos casos, las relaciones con sus propios hijos e hijas.
"Para mí dar a luz fue un proceso terrible porque fui víctima de violencia obstétrica. Siembre hablé con mi hija sobre lo horrible que fue ese momento, hasta que pude darme cuenta del daño que le hacía. No había sido culpa suya, fue la negligencia del personal médico. Ella no tenía por qué crecer creyendo que su llegada al mundo había sido la peor experiencia para mí", dijo.
La doula Amaya Suárez explica que estos efectos son muy claros, por ejemplo, en mujeres que han anhelado un parto natural en el que puedan recibir a sus bebés estando conscientes del momento, y que de pronto terminan con una cesárea bajo medicamentos que las tienen casi inconscientes y hasta amarradas, sin la posibilidad por ejemplo, de abrazar a su bebé recién nacido.
Actualmente, más mujeres están optando por regresar a parir a sus casas. Con un buen control prenatal es un proceso que pueden disfrutar sin estar medicalizadas, en un ambiente seguro para ellas y con el acompañamiento de una partera y en algunos casos de una doula 
Según datos de la Asociación Mexicana de Partería, hoy en día, las parteras atienden el uno por ciento de los nacimientos en el país, situación más recurrente en zonas rurales donde, de acuerdo con el del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), atienden cerca de 9.000 nacimientos al año.
Amaya Suárez aclara que la labor de una doula es acompañar a la mujer durante su proceso de parto, incluso en algunos casos desde el inicio de su embarazo. "Nosotras tenemos información médica, conocemos el proceso pero no intervenimos clínicamente, nuestro papel es sólo de acompañamiento, para que la mujer se sienta segura, querida y protegida en ese momento que la hace sentir vulnerable".
Señala que los partos en los que las mujeres se sienten seguras y acompañadas, son 40 por ciento más rápidos y menos dolorosos para las madres.
En este sentido, la terapeuta Dunia Verona explica que lo importante es que las mujeres al momento de parir reciban apoyo y contención, que no sean un número de cama más, que tengan la compañía de personas que las conozcan como sus madres, amigas o hermanas.
Las especialistas coinciden en que es necesario dejar que las mujeres sean las protagonistas de sus partos, que es indispensable dotarlas de información sobre sus derechos y los mitos que muchas veces llevan a intervenciones innecesarias.

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