Género

Género (381)

De la Redacción
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La Habana, junio (SEMlac).- Poner fin a los estereotipos que deben desterrar las emprendedoras cubanas es uno de los mensajes clave de Mujeres…los poderes vitales del éxito, obra de las realizadoras Ingrid León y Lizette Vila, presentada el pasado 13 de junio en el espacio mensual Moviendo Caracoles, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac).
La obra insiste en demostrar que el proyecto de país en Cuba requiere tanto de estas mujeres como de cualquier profesional ubicada en el sector estatal. 
Cuando nos empoderamos, todo cambia, dicen las dueñas de sus negocios y jefas de sí mismas entrevistadas para el audiovisual, quienes se han construido una empresa en la sala de su casa, mientras sustentan a la familia y siguen encargándose de las labores domésticas del hogar.
No se trata solo de soñar, sino de realizar los sueños, incitan desde las experiencias propias contadas desde la pantalla de un documental que, más que dar a conocer la realidad de estas luchadoras, invita a pensar junto a ellas en qué reside la clave de su conquista.
"El éxito es disfrutar lo que hago". "El que no arriesga no triunfa". "Hay que elegir sentirse bien". "Si haces lo que te gusta, el sacrificio tiene otro sabor". Estas frases suenan diferentes cuando se dicen desde las historias de vida de quienes sortean obstáculos para darle un lugar a sus talentos, entre las formas de gestión no estatal que intentan ubicarse actualmente en el mercado cubano. 
Para mirar críticamente estos conflictos femeninos en el nuevo escenario de la economía nacional, el Proyecto Palomas -en su rol de casa productora de audiovisuales para el activismo social- dio vida al material que narra los emprendimientos de 25 mujeres.
Los relatos no fueron escogidos al azar. Detrás de cada uno yace la vivencia de jóvenes y más experimentadas, profesionales y no muy letradas, atrevidas y tímidas, y toda clase de caracteres que llegan a la pantalla para decir que pueden y también cómo lo logran.
La importancia de un oficio en momentos de crisis se une a la capacidad de lideresas que abandonan sus profesiones, con tal de empoderarse como mujeres y ciudadanas, en un contexto lleno de oportunidades por descubrir, aunque desde posiciones que no siempre se corresponden con su formación.
El espacio en la Uneac fue oportunidad para ver dos obras en una: la que se mostró en la pantalla y el debate que la sucedió, aderezado por unas 50 personas.
Lizette Vila habló de diversidad cuando nadie lo hacía, comentó el Doctor Avelino Couceiro Rodríguez, presidente de la sección de Crítica e Investigación de la Uneac, al referirse a la reconocida creadora, quien moderó un panel espontáneo, pero rico en criterios y razones.
Con la presencia de muchas de las protagonistas del documental, el auditorio dialogó sobre el modo en el que el nuevo escenario nacional da lugar a fenómenos como la violencia económica, que limita el acceso femenino a empleos estereotipados.
"Yo esperaba más de la vida, porque quería ser periodista", confesó Melvis Sarduy, quien ejerció por años esa profesión y ahora es arrendataria de viviendas para turistas. En su vida se impuso la competencia con su esposo, también periodista, y ella debió quedarse a atender la casa, compartió Sarduy.
"Cuando llegaban profesionales a Cuba desde otras partes del mundo, contaban que dedicaban tiempo a su pasión, pero vivían de negocios. Eso asombraba", razonó la locutora Rosalía Arnáez, vicepresidenta de la sección de Crítica e Investigación de la Uneac.
"Hoy aquí está pasando lo mismo. Los tiempos cambian el contexto y hay que adaptarse al trabajo en diferentes dimensiones", dijo.
No obstante, "hay un dolor ciudadano ante los problemas de género. Eso se ve en todos los espacios que se están dedicando a debatir sobre estos temas", razonó la profesora de la Universidad de La Habana, María Borges. Apuntó, además, que es preocupante la ausencia de una respuesta estatal.
"Lo que queremos es que nos vean", confirmó Nayvis Díaz, jefa del taller de bicicletas VeloCuba y dueña de una impresionante historia en la que ha sabido involucrar a otras jóvenes emprendedoras, incluso ante causas medioambientales y de activismo social.
"El documental nos ha dado mucha fuerza", reconoció una de las jóvenes de Vitria, Irena Martínez, quien aún permanece sin un local de trabajo, desde hace casi dos años.
En un aparte con SEMlac, el activista social Nacho Ruiz destacó que las mujeres han salvado la desigualdad por género y se han convertido en modelo de lucha. "Es necesario romper estereotipos desde la base, cuando sean niñas y niños", instó.
"El documental tiene muchas lecturas para idear propuestas públicas que faciliten el acceso de las mujeres a estos espacios económicos y de empoderamiento", sostuvo a SEMlac Graciela Morales, representante de la Fundación Nicolás Guillén en República Dominicana.
Para eso sirve el arte, coincidieron en el debate, para adelantarse a la conciencia social. 

 

De la Redacción
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La Habana, junio (SEMlac).- Además de la motivación económica, las mujeres al frente de muchos emprendimientos económicos privados en Cuba buscan ganar conocimientos, autoestima y empoderamiento de cara a la vida cotidiana.
Alina Saborit López lo sabe bien. Líder barrial y emprendedora del proyecto "Mujeres y Desarrollo Local", en Marianao, lleva 12 años construyendo un camino para ella y otras mujeres de su entorno, en busca de incentivar el desarrollo económico, pero también de recuperar la autoestima, perdida a veces en ciclos de maltrato doméstico, o simplemente anulada por mandatos patriarcales.
"Comenzamos en el proyecto cuando mi hija tenía dos años y ya tiene 14. La idea nació en los Talleres de Transformación Integral del Barrio (TTIB) y, al inicio, eran encuentros para detectar formas de violencia contra las mujeres y buscar maneras para ayudarlas a romper con esa situación", explicó Saborit a SEMlac, durante una feria de iniciativas económicas gestionadas por mujeres, celebrada el 15 de junio en La Habana.
El encuentro, promovido por el Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero (OAR), se incluyó en el programa del foro permanente que convoca esa organización de inspiración cristiana y que explora nuevos instrumentos de análisis acerca de la realidad cubana y latinoamericana, estimulando el debate y la lectura sobre el contexto contemporáneo.
"Muchas mujeres violentadas piensan que ese es el pedacito que les tocó vivir y ni siquiera se lo cuestionan; ayudarlas fue el origen de este proyecto", detalló Saborit en alusión a "Mujeres y Desarrollo Local".
Más de una década después, esa propuesta se ha convertido en una iniciativa municipal, con funcionamiento de cooperativa, que cuenta con un atelier, una barbería-peluquería, zapatería y dulcería, entre otros negocios desarrollados por mujeres.
"Ha sido un proceso difícil; muchas mujeres que comenzaron se han quedado por el camino, pero se incorporaron otras. Muchas son amas de casa y partimos de explicarles que esta idea puede ser buena para ellas, en primer lugar, porque no siempre lo tienen claro, pero vamos creciendo", agregó la emprendedora de 51 años.
El desafío más importante que Saborit identifica ahora mismo es lograr más apoyo del gobierno de su localidad para conseguir locales y que la visión de sus negocios crezca.
"Queremos que sea algo más que un negocio en una casa particular. Queremos brindar servicios que sean aprovechados por toda la comunidad y ajustados a sus necesidades", precisó Saborit a este servicio.
Esa aspiración de futuro es compartida por otras de las mujeres emprendedoras reunidas por la OAR este junio, provenientes de proyectos de otros TTIB de La Habana, pero también de Viñales, en Pinar del Río; en el extremo occidental de la isla, y de Jagüey Grande, en Matanzas o Trinidad, en Sancti Spíritus, al centro del país; y de iniciativas vinculadas a los servicios de peluquería, cuidado infantil, pero también artes plásticas, manuales y fotografía.
Entre los desafíos y retos enumerados durante la jornada fueron identificados el difícil acceso a las materias primas para cualquier negocio, la situación de desventaja en que se encuentran las mujeres para aprovechar los cambios económicos que se producen en Cuba y garantizar la sostenibilidad en el tiempo de las iniciativas económicas.
También, la necesidad de capacitación y entrenamiento, pero concebidas a la medida de las necesidades de cada espacio.
"Hoy tenemos muchísimas opciones de capacitación para cooperativistas, cuentapropistas, en múltiples organismos e instituciones, pero están organizadas desde afuera, a menudo desde una perspectiva muy académica y no siempre en función de lo que las personas necesitan en sus negocios", explicó Georgina Alfonso, integrante del grupo América Latina: Filosofía social y axiología (Galfisa), del Instituto de Filosofía.
Para Alfonso, otra buena práctica sería promover intercambios entre emprendimientos similares que les permitan buscar puntos en común y generar una "cultura del trabajo cooperado y solidario", base de la economía feminista.
Laritza González, especialista de la OAR, señaló que el espacio abierto por esa organización apunta, justamente, a la necesidad identificada por Alfonso: abrir espacios de trabajo en red, promover alianzas, fortalecer intercambios mutuos, introducir elementos de la economía feminista que habla de elevar el bienestar y no el capital.

Por Sara Lovera
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México, mayo (SEMlac).- La secretaria de Trabajo y Fomento al Empleo de la Ciudad de México, Amalia García Medina, urgió el pasado día 24 a asambleístas, diputados locales y organizaciones civiles, a solicitar a la Secretaría de Gobernación que envíe la iniciativa para que México firme el convenio 189 de la OIT, que prevé el trabajo decente y los derechos de dos millones 400 personas que trabajan en casas habitación.
En una reunión sobre la situación del trabajo en el hogar, a la que asistieron unas 30 personas, incluidas representantes de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) y la OIT, quedó en claro que el capítulo especial que reglamenta el trabajo en el hogar es discriminatorio, viola la Constitución de la República (artículo 1º) y significa un contrasentido en un estado democrático.
Esta mesa de análisis, constituida por diversas iniciativas para un mismo fin, también analizó la necesidad de hacer una reforma integral para rescatar los derechos de las trabajadoras del hogar (92 % mujeres) y se destacó que se instalaron mesas de trabajo en el Senado de la República en las que participan instituciones involucradas, como la Secretaría del Trabajo, INMUJERES y otras.
Ahora será necesario que también se sienten a discutir representantes del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y de la Secretaría de Hacienda.
Según las participaciones en este foro -realizado a convocatoria de Amalia García- el IMSS niega la inscripción de las trabajadoras del hogar "porque no hay dinero", tema identificado como el principal escollo para lograr "simplemente" que se cumpla con la ley y los derechos humanos, los acuerdos que México ha firmado internacionalmente respecto a la igualdad de hombres y mujeres, los relativos a los derechos laborales y otros.

10.000 contratos
Marcelina Bautista, una de las integrantes de la dirección colectiva del Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar (SINCTRAHO), afirmó que "ha dejado de ser víctima" y que con la firma o no del convenio 189, de aquí a diciembre harán una intensa campaña para lograr la firma de 10.000 contratos; el pago de aguinaldo y que el IMSS responda a dar de alta a cientos de trabajadoras que ven obstaculizado el trámite, cuando "es un derecho de todas y todos los mexicanos".
Por su parte, la Secretaria del Trabajo y Fomento al empleo afirmó que se debe impulsar la firma de los contratos laborales de las trabajadoras del hogar, ya que eso garantizará sus prestaciones mínimas, y anunció que se mantendrá la propuesta para que quienes emplean a estas personas, de fijo o de entrada por salida, mientras se regulariza toda la ley, cumplan con sus obligaciones: salario integral, días de descanso, aguinaldo, prima vacacional, horario de acuerdo con la Ley y otras prestaciones, además de la muy importante relativa a la salud.
Explicó que "México es de los pocos países en Latinoamérica que no ha ratificado el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo", el cual establece pautas de protección social para los y las trabajadoras del hogar.
Por ello, llamó a presionar al Senado de la República y a la Secretaría de Gobernación, porque esta última es la instancia específica que debe hacer el planteamiento al Senado para ratificar el Convenio 189.
Anunció que a través del Instituto de Capacitación para el Trabajo de la Ciudad de México, "se han capacitado a 70 personas trabajadoras del hogar y se han certificado en competencias profesionales de su actividad", además de otras competencias que les dará la posibilidad de mejorar sus ingresos.
Marcelina Bautista agregó que "los y las trabajadoras del hogar debemos tener derecho a la capacitación, a sindicalizarnos, aumento de salario cada vez que aumenten las actividades que realizamos, porque queremos tener un trabajo digno y hacerlo de manera profesional", dijo.
En su mensaje, la presidenta de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de la Ciudad de México, Darlene Rojas Olvera, apuntó que la institución a su cargo tiene 612 expedientes que han sido presentados por trabajadores y trabajadoras del hogar, lo que no representa ni el uno por ciento de los expedientes que atienden, debido al desconocimiento de sus derechos.
Las participantes informaron que en breve realizarán intensas campañas de difusión y acciones sociales para dar a conocer y reforzar los derechos mínimos que deben tener las trabajadoras del hogar, no sólo en la Ciudad de México, sino en el resto del país.

De la Redacción
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México, mayo (SEMlac).- Se abre la puerta blanca y al entrar te encuentras con seis personas adultas mayores, dos mujeres y cuatro hombres, descansando en unos sillones y sillas oyendo música del cantante español Raphael. Sobre ellos, se lee un cartel que da la bienvenida al asilo "Árbol de vida", una casa hogar que hace que sus huéspedes se sientan como en familia, y alberga a 18 personas.
"Nadie está aquí por su voluntad", afirma María de Lourdes, una de las cuatro mujeres que habita la casa.
Doña Lourdes, como la conocen, pasa sus días sentada en una silla de ruedas observando al perro que tienen como mascota. Por momentos, se queda dormida en el mismo lugar.
Tiene 83 años y cuatro hijos, quienes tomaron la decisión de llevarla a ese lugar sin platicar con ella. "Cuando me trajeron creí que venía a una consulta, pero no, y si me dejaron aquí es porque estorbo en casa", dice con lágrimas en los ojos mientras mira sus manos recargadas sobre la falda floreada que lleva puesta.
Los asilos ven pasar los últimos años de vida de mujeres y hombres abandonados por su familia, que no cuentan con una o simplemente no tienen los recursos necesarios para su vejez.
El caso de Lourdes es el de muchas adultas mayores que viven en México. Roberto Pérez, el psicólogo que fundó "Árbol de vida", dice que el principal problema que observa en las mujeres es la depresión. Para ellas, es difícil entender que sus familias ya no las quieren cuidar, de ahí la importancia de las terapias psicológicas y todo el amor posible que se les pueda brindar.
Según datos del Censo de Alojamientos Sociales 2015 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 7 de cada 10 personas que viven en estas residencias son mujeres, es decir, 2.905 mujeres de 4.298 adultos mayores que se tienen registrados en los 160 asilos de la Ciudad de México. A nivel nacional, hay 22.611 personas mayores que residen en casas hogar.

Mujeres y envejecimiento
El perfil del envejecimiento de la población mexicana es femenino: las mujeres mayores hoy son más de cinco millones, de los nueve millones 455.000 adultos mayores de 65 años.
Patricia Kelly, periodista y experta en el tema, explica que las mujeres adultas mayores viven más que los hombres. En promedio, llegan a los 75 o hasta los 80 años y ellos alcanzan en promedio los 73 o 75 años.
"El problema es que estamos viviendo más en condiciones de pobreza ya que a lo largo de la vida ganamos menos y en la vejez estamos en peores condiciones porque generalmente los varones dejan asegurados primero a sus hijos e hijas antes que a la esposa. Vivimos más, pero en malas condiciones de salud, con una economía deteriorada y no tenemos una mejor calidad de vida. No todas tienen una propiedad y viven en casa de las o los hijos o, a veces, son víctimas de invasión de sus casas por su propia familia, ya que muchas ocasiones, las mujeres adultas ceden en nombre del amor y de la comprensión", explica Kelly.
Sin embargo, hay otro sector, que es minúsculo, de mujeres adultas mayores que estudiaron una carrera, que consiguieron abrir un negocio y están haciendo lo que más les gusta o han tenido el privilegio de jubilarse.
En términos generales, Patricia Kelly señala que hasta 30 por ciento de las mujeres adultas mayores tienen una pensión o un dinero por su jubilación; 70 por ciento restante no tiene nada y, por tanto, se ve en la necesidad de seguir trabajando como cuidadora de la familia.
"Otras pueden conseguir empleo de empacadoras en las tiendas de autoservicio, haciendo una labor que puede ser muy pesada, y viven solo de las propinas. Les ponen a cargar cajas, o a realizar labores de limpieza".
Para toda la población adulta su situación se agravará, porque en 2030 serán 20.4 millones, según las proyecciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO), es decir un cuarto de la población total, con enfermedades degenerativas, sin capital, lo cual significará altas inversiones del Estado en hospitales y cuidado.
La falta de ingresos y de seguridad social complica la vida de muchas adultas mayores, por lo que es importante que las políticas públicas se esfuercen por ofrecer bienestar a este sector.
Si la situación es grave -apuntó-, "el futuro será catastrófico", sobre todo para las mujeres que viven más años y representan a más de la mitad de la población, por lo que "nos situamos ante una inversión demográfica sin precedentes", subrayó Alejandro Orozco Rubio, extitular del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam).
Las mujeres de la tercera edad enfrentan un trinomio perverso: el gasto en servicios privados, no contar con pensión y estar en riesgo de enfermarse, lo que obliga a políticas públicas que ofrezcan un esquema de aseguramiento y financiamiento adecuado, según estableció ese Diagnóstico.
Hay un claro desdén hacia las personas adultas mayores que la sociedad considera que ya no le son útiles y un prejuicio sobre su salud mental no justificado, ya que sus capacidades no merman si se hacen los ejercicios adecuados, salvo si se alcanza una edad cercana o superior a los 90 años y no se tienen enfermedades degenerativas, asegura la psicóloga Gabriela Delgado.
*Información de Suplemento Todas de Inmujeres, 22 de mayo 2017.

Por Sara Más
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La Habana, mayo (Especial de SEMlac).- Con su trabajo hacen posible la vida de sus familias y propician que otras personas, de otras familias, hagan la suya. 
Las empleadas domésticas, con paga y sin ella, siguen teniendo en sus manos la llave de la conciliación familiar y laboral. Limpian, cocinan, friegan, planchan, cuidan, educan, suministran medicamentos y hacen de todo para que la vida en casa no sea un caos y transcurra lo mejor posible, en su devenir cotidiano, para muchas personas.
Sin embargo, el trabajo doméstico, incluso el remunerado, sigue siendo el menos visible y reconocido, todavía hoy, al decir de la doctora en Sociología Magela Romero Almodóvar, autora de varios estudios e indagaciones sobre ese tema y el de cuidados en Cuba.
Con su investigación "El trabajo doméstico remunerado a domicilio en Cuba. Un estudio de caso en Miramar", esta profesora de la Universidad de La Habana defendió a inicios de año su título doctoral, se adentra en una realidad poco estudiada de la actualidad cubana y rescata la historia invisible de un grupo de mujeres que, desde el anonimato, permiten la reproducción de otros grupos humanos.
Es por ello que en diálogo con SEMlac aboga por hacer más visible el valor económico de esa actividad y llama la atención sobre "un trabajo que no existe, aunque existe", asegura, justamente por lo poco que se le reconoce.

Se supone que, con los cambios económicos y las nuevas opciones de empleo, el trabajo doméstico remunerado ha crecido en los últimos años. ¿Es así?

Ha crecido muchísimo. Las estadísticas son difíciles de obtener, pero datos del Ministerio del Trabajo indican que entre septiembre de 2010 y finales de 2013 habían aumentado en más de 3.000. Si además consideramos los estudios del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, que estiman por cada trabajador no estatal registrado, tres o cuatro sin registrar, el ascenso es mucho más notable.
En el caso de las trabajadoras domésticas remuneradas, calculo siete u ocho por cada una registrada, porque es un trabajo muy invisible, que ocurre puertas adentro de una casa y en muchos casos se suele confundir con vínculos de familiaridad, es más difícil de registrar. 
El trabajo doméstico había desaparecido como empleo en los setenta, aunque se mantenía mediante agencias para el servicio al personal diplomático radicado en el país, de forma legalizada, y algunas otras mujeres pasaron entonces a ejercerlo en el mercado laboral informal.
Las condiciones cambiaron, ante mayor cobertura de empleo y trabajo de mayor dignidad. El cambio más importante en los sesenta fue que las domésticas desaparecieron como grupo social. Se desarticularon y muchas se incorporaron a los programas de empleo y educación, aunque algunas continuaron estas labores. 
El primer incremento, realmente, fue en la pasada década de los noventa, con la crisis económica, cuando se dio una coyuntura específica: lo servicios para garantizar una serie de tareas domésticas fueron decayendo o desapareciendo paulatinamente, dando lugar a que este fuera un nicho de trabajo en el mercado laboral, sobre todo en el ámbito de la informalidad. Eso, a la larga, invisibilizó ese trabajo, sus dinámicas. Y desconoció un ejército de mujeres que seguían dedicadas a esas labores para vivir, así como sus derechos, que tampoco se reconocían.
Esa dinámica continuó en los 2000 y luego, con la reestructuración laboral de 2010, este trabajo se convirtió en una opción de empleo con mayor visibilidad. 

¿Qué ventajas y desventajas encuentran las que se dedican hoy a esa labor como opción laboral?

Podrían verse como ventajas, en el contexto cubano, que ha permitido la entrada de un número importante de mujeres al mercado laboral, con empelo que les generan ingresos, a veces hasta muy superiores a los que podrían estar devengando de acuerdo con sus niveles escolares, profesiones y oficios. 
Este es un trabajo que favorece también la conciliación de muchas mujeres que no pueden trasladarse a largas distancias y consiguen este tipo de alternativas, cerca de sus casas, que les permiten alternar el trabajo con labores de cuidado de sus familias.
Ha sido también una alternativa de socialización de muchas mujeres que estaban en sus casas, asiladas del mundo. A veces se piensa que quienes entran en estos servicios se embrutecen y no tiene que ser así, necesariamente. Muchas veces, cuando el servicio lo demanda, ellas llegan a tener un nivel de especialización que solo es posible con programas de superación que ellas mismas se gestionan, en la mayoría de los casos. Aunque se trata, casi siempre, un trabajo monótono, rutinario y pesado, que no siempre estimula la creatividad.
Como desventaja, todavía falta reconocer el valor económico y social de ese trabajo, no solo por la instituciones, sino también por los decisores.
Aunque hay cambios en el marco jurídico, todavía falta reconocimiento a este tipo de empleo. Se le reconoce como opción laboral, pero la norma no se ajusta a las especificidades de ese desempeño. 
Quienes asumen este trabajo viven dinámicas laborales diferentes al resto de los trabajadores, se insertan en el espacio privado de una familia a la que no se tiene acceso, donde es muy difícil la presencia de inspectores. Además, viven condiciones específicas de trabajo, que pasan por una relación de afectividad, familiaridad y confianza muy peculiares, que no se ven en otro tipo de empleo.
Ello puede beneficiarlas o no, pues a veces sobre la base de esa afectividad las sobrexplotan, pagan mal y se violan los acuerdos, tareas y horarios laborales pactados inicialmente.
Otra dificultad es que estas mujeres a veces no son tampoco conscientes del estado de vulnerabilidad en el que se encuentran. Se sienten muy empoderadas, que son sus propias dueñas, cuando en verdad están en medio de relaciones laborales de explotación, si mucho margen para reclamar.
Por otra parte, la privatización de los servicios domésticos ha abierto estas oportunidades de empleo, pero al mismo tiempo ha incrementado el costo del servicio y hace también que algunas personas no puedan pagarlo. 
Esa privatización y alto costo de los programas de facilitación de tareas domésticas han hecho que, si bien estas mujeres están entrando al empleo, otras no puedan ingresar en el mercado laboral. Cuando se presenta una situación familiar, como un anciano que cuidar, por ejemplo, casi siempre son mujeres las que asumen ese cuidado si no lo pueden pagar, y tienen que dejar de trabajar porque no pueden cubrirlo con sus ingresos.
Esa es parte de la complejidad de este problema hoy, pues faltan servicios estatales con precios módicos que puedan ser de fácil acceso para la mayoría de las personas. Se trata, al final, de una política que no beneficia la conciliación y esta entra en el marco de lo privado, que no siempre se puede pagar.
Esto ocurre, además, en medio de una situación socio-demográfica compleja, en que la demanda de los servicios se incrementa y las mujeres tienen menos ventajas que los hombres para entrar o permanecer en el mercado laboral.

¿Qué determina que se formalicen o no?

En mi estudio constaté que un número considerable de estas mujeres formalizan su empelo porque los empleadores se lo piden y no porque ellas directamente lo decidan.
Otras, en cambio, han tenido a bien hacer sus licencias, por el motivo fundamental de contar con un dinero de jubilación. Pero hay muchas más informales que con licencia. Otras no se legalizan porque consideran muy inestables su trabajo y sus ingresos.
En general se mueven mucho en varios ámbitos de trabajo: el estatal, el no estatal o cuentapropismo, el informal. Es un trabajo que depende mucho de las oportunidades que se presentan y van jugando con eso también.

¿Son estables en ese trabajo?
La permanencia es variable. Algunas que hoy son cuentapropistas no se ven haciendo ese trabajo en el futuro, lo ven como temporal. Otras dicen: "ojalá se mantenga por mucho tiempo más". Depende de las condiciones, las facilidades y los ingresos que obtengan.

¿Cuáles brechas de desigualdad socioeconómicas y de género se expresan en este tipo de actividad remunerada?
Sobre todo está atravesado por brechas de desigualdad social y de género. Estamos hablando de un trabajo que se basa en una desigualdad social: quien tiene dinero para contratar la fuerza de trabajo no vive la misma situación económica, social y de todo tipo que la persona que tiene que vender su fuerza de trabajo para vivir.
Es decir, es un trabajo que se basa en una situación de desigualdad social y ello es más visible en aquellas relaciones laborales donde son mayores las diferencias entre quien emplea y es empleado. Son relaciones que pueden atravesarse también por diferencias de clase, de color de la piel, nivel escolar y otras. Ahí la tensión que genera la desigualdad se hace más aguda, porque no se trata solo de brechas derivadas de la relación laboral.
Esas trabajadoras domésticas se insertan en la vida privada de esas familias y con su trabajo reproducen la vida cotidiana de personas cuyo nivel de vida no llegarán alcanzar, aunque a veces las puedan imitar. Se generan otras contradicciones porque, por mucho que los imiten, no consiguen ese bienestar.
Las desigualdades ahí se agudizan y afectan a las trabajadoras, en este caso.
A diferencia de otros, este tipo de trabajo se ancla en una desigualdad y se sostiene en una desigualdad cada vez más evidente, cruda y que no tributan a que esta mujer que esta hoy ofertando su fuerza de trabajo como domestica puedas salir o revertir su situación, aun queriéndolo.
Las desigualdades de género se aprecian marcadamente en las convocatorias que se hacen y las oportunidades de empleo que se ofrecen. Es evidente una distribución sexual del trabajo hacia el interior de las actividades. Las mujeres limpian, lavan, planchan; los hombres son jardineros, custodios, choferes, administradores, mensajeros. Ellos están en actividades de mayor contacto público y control de recursos.
Las domésticas asumen las labores de casa, puertas adentro, y tienen otros espacios de poder por el contacto más directo con sus empleadores, con su vida íntimas y mantienen muchas veces una relación de afectividad que puede generarles ventaja, porque generalmente se convierten en personas de confianza.
En las actividades, remuneración y horarios de trabajo también se manifiestan brechas de género. Las mujeres asumen en general jornadas hasta las cuatro o cinco de la tarde; los hombres, partir de esa hora. Por tanto, cuando una labor requiere más horas de trabajo, no es para ellas. Incluso si hay recepciones, que se pagan extra, las mujeres están limitadas de trabajar en ellas. 

¿Qué rasgos distinguen a estas trabajadoras domésticas remuneradas?
Una de las características que tipifican el contexto cubano es que las relaciones que se establecen entre empleados y empleadores tienden a la familiaridad.
El grupo es muy heterogéneo, pero es algo sui generis para Cuba la presencia de universitarias y ello supone relaciones laborales específicas: se dan relaciones de explotación, pero se soportan menos; un episodio de discriminación o de violencia se tolera menos y llaman a contar más rápido al empleador. También tienen más posibilidades de negociar condiciones de trabajo.
No hay mucha presencia de mujeres jóvenes, las más jóvenes tienen más de 25 años, y como norma no pernoctan en las casas; es decir, muy pocas son adolescentes ni lo que se conoce como "domésticas puertas adentro", excepto algunas provenientes de provincias, a quienes les conviene albergarse en las viviendas.
Ganan altos salarios respecto a salario medio del país y sus condiciones de trabajo son muy variables, dependen del empleador. Entre las que entrevisté, muy pocas que negocian esas condiciones como punto de partida. Suelen acatar las condiciones que les explican en la entrevista de trabajo, pues están en situación de vulnerabilidad, requieren o necesitan ese trabajo. La mayoría depende de lo que el empleador le ofrece: si este desea, quiere y pretende que ella trabaje con dignidad, así ocurre. Pero si no se ocupa, ellas tienen que asegurarse sus instrumentos y medios de trabajo. A las que prestan servicios mediante agencias empleadoras (Palco y Cimex), sí se los garantizan.

¿Qué desafíos supone esta actividad a la política de empleo en el país?
Debe perfeccionarse el marco jurídico que, en esencia, no las reconoce. Como cuentapropistas, se benefician de todas las ventajas que depara la licencia laboral, como la seguridad social o las vacaciones. Pero otras peculiaridades de este trabajo escapan al marco jurídico actual, como antes señalé, en cuanto a la fiscalización del proceso o el conocimiento real de dónde realizan su trabajo, pues los datos de la licencia solo incluyen su localización personal, no la de sus lugares de empleo. Aunque es complicado, es necesario poder inspeccionar esas condiciones de trabajo.
Aunque son difíciles de recopilar, se necesita de estadísticas. Debiera contarse con instrumentos para verificar las que están inscritas y calcular las que se mantienen e ingresan en el mercado laboral informal.
Es importante crear una estrategia para hacer más visible el valor económico de esta actividad, más en el contexto actual, en que tanto se necesita de ese trabajo.
También hace falta sensibilizar a los decisores. Este es un trabajo que no existe, aunque existe. Si no se reconoce, no se puede influir sobre ello. La visibilidad de este tema debe trasladarse del espacio privado al público y de ahí al de la política, en busca de la conciliación, sobre la base de condiciones de trabajo dignas. Tampoco es un tema muy investigado y se necesita profundizar en ello, pues se trata de la realidad de muchas mujeres.

De la Redacción
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México, mayo (SEMlac).- Lo que tradicionalmente era considerada como una profesión femenina, dejó de serlo: las mujeres son minoría en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en México.
De acuerdo con la información publicada por el SNTE en su portal de transparencia, de cada 10 trabajadores de la educación, sólo cuatro son mujeres.
El SNTE publicó el número de integrantes de cada una de las secciones sindicales, por primera vez en su historia, y derivado de las nuevas disposiciones de la Ley General de Acceso a la Información Pública, y en conjunto la fuerza magisterial del sindicato, el más grande del país y América Latina, está compuesta por un millón 619.990 trabajadores.
Del total de trabajadores, cuatro de cada 10 son mujeres, 645.612; mientras que el resto, 974.378 trabajadores son hombres.
El SNTE presenta la membresía por separado de cada una de las secciones que hay en el país; en total 55 secciones, y contabiliza el número de mujeres afiliadas al SNTE y el número de hombres.
En la información destaca la Ciudad de México con el mayor número de afiliados, 150.945, en las tres secciones sindicales que tiene en la capital del país; la sección nueve de preescolares y primarias; la sección 10 de secundarias y la sección 11 con los trabajadores de apoyo a la educación.
En todas las secciones de la Ciudad de México las mujeres están en franca minoría. En la sección nueve, de preescolar, hay 9.027 mujeres y 43.009 hombres, en la sección 10 de primarias, el número de mujeres es de 30.490 frente a los 43.060 maestros; mientras que en la sección 11, personal de apoyo a la educación, son 10.855 mujeres y 14.504 mujeres.
Es en la sección 10 de la ciudad de México donde está el mayor número de mujeres del gremio magisterial, con 30.490, le siguen la sección 32 de Veracruz con 30.279, y la sección 14 de Guerrero con 28.849.
También es en la Ciudad de México donde el SNTE tiene, en conjunto, el mayor número de afiliados, con 150.945.
Le sigue Veracruz, con 111.330 trabajadores en el sistema público, tanto federalizado como estatal, pues el dato incluye información de las secciones 32 y 56.
Otro dato que revela la membresía del SNTE es el relativo a Oaxaca, donde hay dos secciones sindicales; en la sección 22, cuyos trabajadores forman parte de la disidencia magisterial de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), hay 65.000 trabajadores, de esta fuerza magisterial, 26.650 son mujeres, el 41 por ciento del total.
En tanto, en la sección 59 de Oaxaca, de reciente creación, hay 1.895 maestros, la mitad, 948 son mujeres, por lo que esta es la sección más pequeña del país, junto con la sección tres de Baja California Sur, que tiene 9.506 afiliados, de los cuales 4.171 son mujeres, el 43,8 por ciento; y la sección uno de Aguascalientes donde hay 18.816 afiliados, pues el resto de las secciones sindicales rebasan los 20.000 trabajadores.
Los estados con el mayor número de trabajadores afiliados al SNTE son además de la Ciudad de México y el Estado de México, Jalisco con 92.565, Puebla, con 85.815 y Chiapas con 72.297.


 

De la Redacción
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México, mayo (SEMlac).- La campaña #AfromexicanaSoy fue lanzada aquí con la finalidad de promover el orgullo identitario entre las mujeres de las comunidades negras del país y la visibilización de su lucha a favor de la igualdad de oportunidades.
Realizada por la organización feminista Fondo Semillas, en alianza con la cantante Alejandra Robles, #AfromexicanaSoy incluye historias y frases de tres mujeres activistas de 59, 29 y 22 años que son los rostros protagónicos de la campaña en redes sociales.
"Ser una mujer que se reconoce y rescata su historia". "Darle valor a mi arraigo". "Tener orgullo por mi piel, mis raíces y nuestra cultura". Son las frases con las que Hilda Guillén, Patricia Ramírez y Yara de la Cruz definen qué significa para ellas asumirse como afromexicanas.
Mediante sus historias personales, en formato de spots de menos de dos minutos, se relata cómo es que ellas construyeron su identidad al rescatar su ascendencia negra, históricamente invisibilizada, y dan testimonio del fuerte activismo que desarrollan a través de las organizaciones de mujeres afromexicanas a las que pertenecen y desde las cuales impulsan su agenda.
Esta incluye promover el auto reconocimiento entre otras mujeres negras que por miedo a la discriminación no se atreven aún a nombrarse como tales, y el reconocimiento constitucional de los pueblos afrodescendientes como primer paso para la asignación de presupuestos para políticas públicas y necesidades específicas en materia de salud, derechos sexuales y reproductivos, educación y desarrollo económico.
Según la encuesta intercensal del INEGI de 2015 -la primera medición en el país en la que se incluyeron criterios para la cuantificación de esta población- en México viven 1.38 millones de afrodescendientes, de los cuales 705.000 son mujeres. Según un estudio que sobre esta población realizó la Comisión Nacional de Derechos Humanos y publicado en 2016, 18,2 por ciento no tiene acceso a servicios de salud (porcentaje mayor al de la población indígena, que es de un 16,4%).
"Hacer visible a la población afrodescendiente, en particular a las mujeres que son quienes sufren mayor discriminación, es indispensable para avanzar en su reconocimiento, en el respeto a sus derechos y en la construcción de un país con justicia e igualdad", señaló Laura García, directora ejecutiva de Fondo Semillas.
Como parte de estas acciones, Fondo Semillas -que el año pasado fue aliada de la campaña "Encara al Racismo"- apostó por continuar generando conversación en torno a este tema, aprovechando el potencial que la creciente penetración de las redes sociales permite. Bajo el hashtag #AfromexicanaSoy busca que muchas otras mujeres participen de la campaña compartiendo su foto y por qué ostentan orgullo por su afrodescendencia.
Alejandra Robles, la cantante afromexicana cuya voz musicaliza los spots de la campaña, es oriunda del municipio de San Pedro Mixtepec, en la Costa Chica Oaxaqueña, y a lo largo de su trayectoria ha mostrado un fuerte compromiso con esta causa.

 

De la Redacción
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México, abril (SEMlac).- El secretario general de la ONU, António Guterrez, incluyó a la secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano de México, Rosario Robles, entre los ocho expertos que buscarán las mejores fórmulas para alcanzar la efectividad del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos.
Tras la adopción de la Nueva Agenda Urbana (ONU-Hábitat), en Quito, Ecuador, el pasado mes de octubre, Guterrez acaba de conformar un Panel de Alto Nivel, el cual será el encargado de "evaluar y mejorar" ese programa.
Dicho panel, al cual pertenecerá la titular de la SEDATU, realizará una evaluación independiente que contendrá recomendaciones para mejorar la efectividad, la eficiencia, la rendición de cuentas y la supervisión de ONU-Hábitat.
Esas recomendaciones servirán de base para el funcionamiento de la agencia en los próximos 20 años y se presentarán en una reunión de alto nivel que se llevará a cabo durante la septuagésima primera reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, a realizarse en septiembre próximo.
La trayectoria de Rosario Robles como jefa de Gobierno de la Ciudad de México; como secretaria de desarrollo social desde donde impulsó la política social de nueva generación y en el proceso y posicionamiento de la Nueva Agenda Urbana desde su actual encargo como secretaria de la SEDATU, han contribuido para que sea seleccionada como integrante de ese panel.
El Panel reportará directamente al Secretario General, y se compone, además de la Titular de la SEDATU por el arquitecto, diseñador urbano y socio fundador del Congreso para el Nuevo Urbanismo, Peter Calthorpe, y la alcaldesa de París, Anne Hidalgo
También lo integran la ministra de Salud y Previsión Social de Lesoto, Ponsto Sekatle; la fundadora y directora de la Sociedad para la Promoción de Centros de Recursos de Área, Sheela Patel; el presidente de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos, Mpho Parks Tau; el representante permanente de la República de Eslovaquia ante Naciones Unidas, František Ruži?ka, y el representante de Indonesia ante Naciones Unidas, Dian Triansyah Djani.
La Nueva Agenda Urbana fue aprobada en Ecuador por los estados miembros de las Naciones Unidas como una visión colectiva y un compromiso político para promover el desarrollo urbano sostenible, en el contexto de que el paradigma cambió, repensando cómo se deben planear, administrar y habitar las ciudades.
"Vivimos en un siglo con un crecimiento urbano sin precedentes. Por primera vez en la historia, alrededor de la mitad de la población mundial vive en ciudades", dijo António Guterres, en el marco del anuncio de la integración del panel.
Allí se discutirá la efectiva implementación de la Nueva Agenda Urbana y la participación de ONU-Hábitat al respecto.

Por Sylvia Torres
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Managua, abril (SEMlac).- ¿Debo cambiar mi círculo de amistades por personas más felices, o empezar a indagar?, ¿cuándo es que en Nicaragua nos empezamos a conformar con tan poco?, expresó Bertha Massiel Sánchez, una joven feminista originaria de Chinandega. 
Antes de semana santa, la población nicaragüense amaneció ocupando el número 43, entre los países más felices del mundo de un total de 157. Fuera de los medios oficiales, la noticia causa incredulidad o risa. El año pasado, Nicaragua también apareció ocupando el sexto mejor lugar para ser mujer.
"Ser feliz es una ambición y un estado de ánimo deseables. Pero, hacia donde vea, la gente está abrumada, porque no encuentra empleo, le despidieron del trabajo, tuvo que pagar sobornos, la presionan en el trabajo, las leyes no se cumplen, hay cucarachas en los hospitales públicos. Y, además, un 25 por ciento ha emigrado de la felicidad del país, o está pensando en irse ante la falta de oportunidades y, cada día, cuatro niñas son violadas", dijo. 
En este contexto, Marta María Blandón, directora centroamericana de IPAS, hizo público un informe que revela que, desde que asumió el gobierno el presidente Daniel Ortega, más de 16.400 niñas han sido violadas y además forzadas a convertirse en madres. La maternidad temprana, expone a las niñas a más violencia por parte sus parejas, o las nuevas familias con quienes conviven, además de hacer más difícil su retorno a la educación formal y, por tanto, a mejorar su nivel de vida.
Blandón cuestiona que a la sociedad le preocupa más el boxeo que estos casos de abuso sexual. Recientemente, el boxeador Román González, conocido como "el chocolatito", perdió una pelea por un cinturón mundial, y los reclamos de la población y la crónica deportiva incendiaron medios tradicionales y redes sociales, reclamando por el fallo, y acusando a los jueces de robo. 
"No puede ser", dijo la feminista y condenó que la sociedad se quede impasible ante actos violentos y de duras consecuencias para las niñas, mientras se indigna a más no poder por un asunto de boxeo. Me pregunto, agregó, ¿cuáles son los valores que se están inculcando a las personas?
El índice de felicidad, en el que Nicaragua avanzó unos cinco puntos en relación con la medición de 2015, fue elaborado por la Organización de las Naciones Unidas y estuvo a cargo del economista Jeffrey Sachs. El informe se base es variables como: Producto Interno Bruto per cápita, apoyo social, expectativa de vida, libertad para tomar decisiones, generosidad y percepción de la corrupción. 
Magaly Quintana, líder de Católicas por el Derecho a Decidir (CDD) en Nicaragua, se pregunta; ¿a quienes están escuchando las personas que redactan ese informe para calificar al país? Ella cuestiona la veracidad de las estadísticas oficiales; según dijo, hay un interés de esconder los femicidios, para mejorar los indicadores a nivel internacional. 
El año pasado, la policía solo aceptó 11 mientras que el Observador que ella coordina reflejó 49, y eso según la definición limitada de la policía, después de las modificaciones a la Ley 779, que redujo la definición del delito solo para aquellos casos en los que media una relación de pareja, o una expareja.
Si dolo tuviéramos 11 femicidios, a lo mejor estaría Nicaragua en ese lugar y a lo mejor seríamos felices, pero es un engaño, dijo. 
Las cifras oficiales de medicina legal indican que el año pasado hubo 4.923 peritajes de violencia sexual. De estas denuncias recibidas en el Instituto de Medicina Legal, 51.36 por ciento corresponde a niñas y niños, de 28 municipios, en los que el instituto tiene sus delegaciones de los 153 que existen en Nicaragua. O sea, la muestra equivale al 18.3 por ciento del territorio de Nicaragua.
Durante lo que va de año, según CDD han ocurrido 14 femicidios y 18 en grado de frustración, de acuerdo a lo que reconoce en la ley 779. 
La cifra ascendería a 15, agregó, si se aplicara la definición de feminicidio, no reconocido en la ley 779, pero ocurre cuando una mujer mata a otra mujer y está de por medio, la disputa por un hombre, o su protección. Como es el caso de una suegra que afirma asesinó a la ex esposa de su hijo. En 2016 hubo 49 femicidios, de acuerdo con la definición de la ley. 
Juanita Jiménez, líder del Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM), ha declarado a la prensa nacional que le llama la atención que en los datos estadísticos de 2016, en el apartado sobre Violencia Intrafamiliar y Sexual, hayan aumentado los casos resueltos como faltas y fueran enviados a mediación. Estos pasaron de 4.363 casos en 2015 a 9,774 casos el año pasado.
Para Jiménez, se trata de un ocultamiento premeditado porque las faltas sujetas a mediación constituyen "juego estadístico", lo que implica menos sanción y la posibilidad de resolverlo de forma administrativa. "Están enmascarando un problema real que hay de violencia y que es grave", dijo Jiménez.

Por Lirians Gordillo Piña
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La Habana, abril (SEMlac).- Estadísticas revelan que las cubanas son minoría en los Premios Nacionales que se otorgan a artistas y profesionales de distintas esferas en esta isla del Caribe.
Un trabajo periodístico reveló que las mujeres representan solo 24 por ciento en las 27 esferas que entregan galardones a personalidades relevantes por la obra de toda la vida.
"La primera mujer que recibió un premio fue Dulce María Loynaz y, desde entonces, en esos premios la huella femenina ha sido relevante, pero no suficiente", afirma el equipo de realización del reportaje "Premios Nacionales: mujeres a la sombra", publicado por el sitio especializado en periodismo de datos Posdata.club.
El texto reconoce que, pese a la amplia participación de ellas en la sociedad cubana, solo 202 han alcanzado la máxima distinción, frente a 636 hombres galardonados.
A la ensayista cubana Zaida Capote Cruz no le sorprenden estos resultados.
"Las mujeres siempre hemos llegado tarde al reconocimiento y seguro en los premios internacionales ocurre lo mismo; es un arrastre de la desigualdad instalada como hábito; al hacer un conteo general, siempre vamos a estar en desventaja", dijo Capote a SEMlac.
Para la crítica literaria, hubiera sido productivo hacer cortes y análisis por etapas para poder evaluar cuánto se avanza o no en el reconocimiento público de las profesionales en Cuba.
"Tengo la esperanza de que sí. Tomo como ejemplo el Premio Nacional de Literatura; si en la primera década solo hubo una mujer, esa proporción fue cambiando luego", aclara.
El equipo que publicó el artículo indagó sobre las distinciones que ha otorgado la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba (UNAICC) en distintas especialidades y de otras áreas como el cine, la literatura, las artes plásticas, la televisión, la radio, las ciencias sociales, el derecho, la física y la matemática, el periodismo, entre otros.
A pesar de la amplia presencia de muchachas en las universidades del país, que asciende según datos oficiales a más de la mitad del estudiantado, ellas tienen mayor presencia en las ciencias sociales, la medicina y las ciencias de la educación, no así en las ingenierías.
Sobre las ciencias técnicas, el texto informa que "si tenemos en cuenta los datos del Censo de Población y Viviendas de 2012, en esa fecha eran 128.700 los egresados de esas especialidades en Cuba, y de ellos, menos del 30 por ciento eran mujeres".
La división sexual de roles continúa influyendo en el espacio público. Los tres premios con mayor presencia de las profesionales son el Premio Nacional de Danza (52%, 13 mujeres y 12 hombres), Premio Nacional de Enseñanza de la Matemática y la computación "Raymundo Reguerra" (seis mujeres e igual número de hombres), Premio Nacional de Televisión (36%, 47 hombres y 27 mujeres).
En el otro extremo se ubica el Premio Nacional de Artes Plásticas, en el que solo se ha premiado a una mujer de un total de 24 condecorados, seguido por el Premio Nacional de Economía (8%, 12 hombres y una mujer) y el Premio Nacional de Ingeniería Civil (9%, 48 hombres y 5 mujeres).
Si bien el grupo de autores no indaga en las causas de tales resultados, reconocen la subjetividad como mediador.
"Las razones por las cuales la cantidad de mujeres resulta tan pequeña en comparación con los hombres, van más allá de su formación. Otras posibles causas parten desde el reconocimiento social de determinadas profesiones hasta la manera en que un jurado determina quién merece qué premio", afirman.
Para Zaida Capote, la mirada desde las estadísticas resulta importante si bien necesita ser argumentada y complejizada.
"Estas cifras, si se cruzan con datos de otro tipo, pueden proveer una información más amplia. Por ejemplo, ¿cuántas graduadas universitarias han abandonado su profesión? ¿Cómo se ha comportado ese abandono? Para nadie es un secreto que hay más mujeres que hombres dedicadas al cuidado familiar de niños y ancianos, aunque guarden un diploma universitario en alguna gaveta", reflexiona la intelectual feminista.

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