México: Los huracanes de 2017 afectaron a miles de veracruzanas
Por Ana Alicia Osorio
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Veracruz, México, enero (SEMlac).- Cuando Estela mira hacia arriba, puede ver los restos de láminas, madera y lodo que quedaron de lo que era su casa, tras el derrumbe del cerro donde vivía. Era de madrugada. De entre los escombros, ella salió con ayuda de sus vecinos al igual que su hija y nieto, pero su yerno no corrió con la misma suerte, y murió.
Ahora, su casa está casi abajo, construida con lonas y láminas; aunque quisiera irse lejos, no puede. Sin recursos para hacerlo, sus vecinos ayudaron a darle un lugar en lo que era un campo de fútbol. Es la colonia Luis Donaldo Colosio, donde el discurso del que fuera candidato presidencial aún está vigente: "La Nación no puede seguir adelante con ese abismo de marginación y de atraso. Tenemos que cumplirles a los pobres entre los pobres".
Para llegar allí se debe caminar cerca de un kilómetro subiendo un cerro, pues los vehículos no pueden ingresar al lugar. Pero no está enclavado en alguna sierra veracruzana, sino en plena capital del estado, donde a la distancia los gobernantes toman las decisiones que conducirán la entidad y donde se habrían fraguado las empresas fantasmas y el desvío de recursos del sexenio pasado.
Cuando el huracán Katia entró en septiembre del 2017 por la costa, hasta allí llegaron las lluvias, y con ello el riesgo, el derrumbe de un cerro, dos muertos y la desgracia. Estela formaba parte de los dos millones y medio de personas de Veracruz que, de acuerdo con la secretaria de Protección Civil, Yolanda Baizabal Silva, están en algún tipo de riesgo por fenómenos naturales en la entidad.
Su casa tenía todo para estar entre las más de 1.000 que necesitan ser reubicadas, según el censo de dicha dependencia y que no han podido hacerlo por falta de recursos en el estado.
"Se ha dictaminado durante varios años que hay viviendas en riesgo. Tendríamos oficialmente dictaminadas más de 1.000 viviendas […]. También [está] el problema económico que atraviesa el estado, y ante la falta de atención de anteriores administraciones, esto ha derivado en que no se han realizado estas reubicaciones", indicó la funcionaria.

Vivir con miedo
"Mi mamá a veces se despierta en la noche y, pues, ahora sí, con el miedo, con el trauma de ese día, algo insuperable", relató Angélica García, hija de Estela, quien contó que a veces en las madrugadas su mamá aún grita al revivir aquel momento. Esa reacción no es para menos, cuenta, pues ese 9 de septiembre fue enterrada viva en un alud de tierra, cuando el cerro se desgajó y se llevó su casa, sus pocas pertenencias y la vida de su yerno.
Su nieto tuvo que ser operado tras el golpe en la cabeza. Cerca de allí, en la misma colonia, hubo otro muerto. La otra hija de Estela, dijo Angélica, se fue de allí, pero ahora vive con su suegra, ya que el salario que obtiene limpiando casas le es insuficiente. "Cuando llueve mucho, pues no [hay que] dormir mucho y estar al pendiente", señaló que así pasa las noches, tras el miedo.
Ella se dedica también al trabajo doméstico y su mamá es ama de casa. La pobreza en que viven, les impide buscar otro lugar. Al igual que ellas, el 17,35 por ciento de las mujeres en Veracruz viven en pobreza extrema en la entidad, según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2014.
La cifra es mayor en mujeres que en hombres (16,94), por la feminización de la pobreza que personas expertas han planteado. Esa la padecen las veracruzanas, viviendo en zonas de riesgo para evitar pagar los 2.000 pesos de renta (111 dólares), como le pasa a Irma Monfil Perea.
"Nos invitaron una gente. Vivíamos por allá. Estábamos rentando; nos cobraban 2.000. Era mucho", relató otra de las habitantes de la colonia Luis Donaldo Colosio, quien solo alcanzó a escuchar de lejos el estruendo que provocó la caída de la vivienda, el riesgo y el rescate. Prefirió quedarse en su casa de lámina a resguardarse del frío, junto con los más pequeños de sus 10 hijos.
La colonia es una de las tantas irregulares que existen en el estado de Veracruz, donde las personas que la habitan no tuvieron que pagar para poder vivir allí, y construyeron sus viviendas con lo que pudieron, hasta con material de desecho, como las lonas que los partidos políticos usaron en campañas.
El huracán Katia provocó, además de dos muertos, más de 200 viviendas inundadas, evacuaciones y cultivos echados a perder. Por él se declararon en desastre 73 municipios de Veracruz, entre ellos Xalapa, donde la familia de Estela vivió los daños. Ella y varias vecinas fueron reubicadas con ayuda de quienes vivían en la misma colonia.
Un mes antes, en agosto, el huracán Franklin impactó en la entidad. Aunque se aceptó una emergencia para 70 municipios que se vieron afectados por las lluvias y vientos con inundaciones de viviendas, pérdidas de cultivos y daños en la infraestructura, no hubo una declaratoria de desastre por parte de la Secretaría de Gobernación.
Un mes después, en octubre, otra lluvia severa desbordó ríos e inundó varios municipios de la conocida Cuenca del Papaloapan, lo que provocó otra declaratoria de emergencia más.
En total las emergencias del 2017 en Veracruz otorgaron alrededor de 300 millones de pesos (16 millones 666.666 dólares) para reconstruir caminos, carreteras y otras acciones que se necesitaban de manera urgente, indica la Secretaria de Protección Civil.
Sin embargo, Ángela no verá ni un peso de allí, y aún deberá esperar a que haya recursos suficientes para reubicarla, si con suerte está contemplada en el censo de emergencia, pues aún no llega el dinero para la reconstrucción ni saben de cuánto será el fondo, según Baizabal Silva.
Tampoco verá nada de los 81.592 millones de pesos (4.532 millones de dólares) que tiene este 2018 asignados para el área de Protección Civil, presupuesto insuficiente para las reubicaciones, pero además tuvo un recorte de 7,5 por ciento con respecto al año pasado.

Cuando el río suena…
Los colores pintorescos y el olor a río inundan Tlacotalpan. Algunos turistas pasean por la zona, mientras que la "Perla del Papaloapan" muestra su esplendor como Ciudad Patrimonio de la Humanidad.
Pero no siempre ha sido así. Cada año, quienes habitan el municipio deben vigilar el nivel río, que al subir inunda sus casas llevándose todo a su paso. Así pasó en octubre, cuando un desbordamiento más hizo que levantaran sus pertenencias, como una comparsa ya ensayada.
Las mujeres son quienes se convirtieron, sin querer y sin saber, en una especie de comité de protección civil, pues son las que vigilan el río para dar la instrucción de cuando es necesario recoger sus cosas y huir el lugar.
"Las camas, los muebles, se hacen con blocs y se alzan con pitas o con un tapanco […]. La mujer [vigila] porque todo el tiempo está en la casa y él anda trabajando", afirmó Maribel Hernández, en un municipio donde asegura que gran parte de las mujeres se dedican al hogar y otras limpian viviendas ajenas, hacen comida u otros trabajos domésticos.
"Las mujeres se dedican a la limpieza de hogares y amas de casa, las que tenemos niños no podemos disponer de tiempo para trabajar. Algunas pueden y otras no", explica Milagros Vergara Cruz, a quien ya le tocó ver cómo se pierden todas sus pertenencias en una inundación. Ahora las cuida cada vez que el agua sube de nivel.
"Cuando podemos sacar sacamos y cuando no, se nos pierde todo", sentenció.
A ella le gustaría irse de la orilla del río donde vive, dijo, pero la falta de dinero le ha impedido dejar su casa que está rodeada de viviendas construidas en segundos pisos o con cimientos que parecen altos muros.
Contó que algunos gobernantes les han dicho que es necesario reubicarlos, pero nunca se ha realizado ninguna tarea concreta. "La verdad, es que aquí somos todos de escasos recursos. Supuestamente habían dicho que iban a darnos un lugar, creo que no aquí en la orilla. En otro lugar […]. Pero acá, la verdad, es que somos muchos, y creo que no les da el presupuesto. O no sé, la verdad", agregó con preocupación.

México: Petición pública para crear el Colegio Nacional de las Mujeres
Por Gabriela Ramírez
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México, enero (SEMlac).- Ante la misoginia que prevalece en El Colegio Nacional, que solo cuenta con tres mujeres de un total de 38 miembros, se impulsó una petición pública que ha recolectado en dos meses 6.563 firmas, para crear un colegio que agrupe solo a mujeres y que en el existente se queden los hombres.
La solicitud se hizo a través de la plataforma change.org y está dirigida al presidente de la república, Enrique Peña Nieto, al secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, y a la secretaria de Cultura, María Cristina García Cepeda, en la que se exige "La igualdad no en un siglo, ahora".
"Proponemos que El Colegio Nacional pase a llamarse Colegio Nacional de los Hombres y su presupuesto pierda una mitad (la mitad que corresponde a los impuestos de las ciudadanas mexicanas). Y con ese presupuesto, que se financie un Colegio Nacional de las Mujeres, con 40 miembros, que deberán ser elegidas por sus méritos. Los dos Colegios podrían coexistir una década, al cabo de la cual podrían fusionarse en un solo Colegio Nacional, por fin paritario," se expuso en la justificación.
A pesar de las numerosas exigencias de reconocer el talento de las mujeres, El Colegio Nacional, integrado por personas destacadas de vida artística, académica y política de México, ha guardado silencio y sigue invitando solo a hombres como sus integrantes. De los 102 miembros que ha tenido, solo cuatro han sido mujeres.
Las actuales integrantes son María Elena Medina-Mora Icaza, directora del Instituto Nacional de Psiquiatría "Ramón de la Fuente"; Linda Rosa Manzanilla Naim, arqueóloga, investigadora titular del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y Concepción Company, lingüista, filóloga e investigadora, cuyas áreas de conocimiento son la teoría del cambio lingüístico, la sintaxis histórica del español, filología, variación lingüística y ecdótica.
El Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) se ha involucrado también en esta discusión, al señalar que El Colegio tardó 35 años en admitir a la primera mujer, cuando en México hay muchas con infinidad de aportaciones y méritos que no han sido invitadas.
El Inmujeres, incluso, ha presentado ante esta instancia una lista de 24 candidatas. Entre ellas destacan Alicia Bárcena, Elena Poniatowska, Julieta Fierro, Olga Sánchez Cordero, María de los Ángeles Mastretta y Susana López Charretón, entre otras.
El Colegio Nacional se ha caracterizado por su misoginia. A finales de 2017, un total de 13.000 firmas se reunieron para evitar que fuera admitido Christopher Domínguez, notable por la exclusión de mujeres de su Diccionario crítico de la literatura mexicana y su caracterización sexista de varias de las pocas escritoras que sí incluye.
En la demanda, se establece que "El Colegio Nacional es una institución mantenida con los impuestos de las y los mexicanos. Las becas que reciben sus 40 miembros, becas de 100.000 pesos mensuales (5.555 dólares), son pagadas por el dinero tanto de las mujeres como de los hombres del país."
De acuerdo con información publicada en el portal del gobierno federal, el organismo colegiado recibió en 2016 un presupuesto de 158 millones 949.910 pesos (ocho millones 830.550 dólares).

México: Violencia cotidiana normalizada
Por Ana Alicia Osorio
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México, enero (SEMlac).- "Como toda mujer, nos enseñan que debes esperar nuestro príncipe azul y no esperas esto", dice Maru, sentada en la sala de su casa, con su cuerpo adolorido todavía, a causa de las secuelas por las siete puñaladas que le dio su esposo, al atacarla afuera de su trabajo.
El 24 de noviembre del 2017 cambió su vida. La violencia que vivió durante cuatro años de relación, aún después de su separación, llegó a su máximo grado ese día, en que su esposo y papá de su hijo fue detenido tras intentar matarla.
Todo ese tiempo vivió una violencia que no podía ver; una violencia que confundía con amor; una violencia de la que intentó huir; una violencia que solo identificó plenamente, tras separarse de su pareja, tramitar el divorcio y buscar apoyo psicológico. Violencia que reconoció con certeza cuando sintió la sangre correr por su garganta.
"Sí", responde tajante al preguntarle si vivió violencia antes de terminar la relación. "Llevaba más de un año intentando separarme él; pero, normalmente, cada vez que tocaba el tema del divorcio […], él me comentaba que […] el divorcio no era una opción […], que donde quiera que yo fuera, siempre me iba a seguir", narra.
Para evitar la separación, su expareja, Antonio, amenazaba con demandarla penalmente por abandono de hogar, secuestro o cualquier otro cargo, cuenta María Eugenia Cruz Mejía. Sin conocer de leyes, solo recurría a su suegra, quien apoyaba la versión de su hijo y la disuadía de la anhelada separación.
Como ingeniera mecánica, Maru sabía de números, álgebra y certificaciones de calidad, pero en ese momento no conocía la Ley General de Acceso a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV), ni ninguna otra parecida. No sabía que en ese instrumento se considera violencia económica, el que estuviera obligada a trabajar y pedir ayuda a sus familiares para la subsistencia de su hijo, su esposo y de ella.
A Maru nadie le había dicho que los gritos, las amenazas, los menosprecios que le hacía su esposo, eran violencia psicológica. Inclusive, tampoco nadie le dio a conocer sus derechos ni los instrumentos para su garantía, como la Ley de Víctimas, la LGAMVLV o cualquier otra ley que la ayudara.
Pero sobre todo, nunca imaginó ser del 11,1 por ciento de veracruzanas que sufrieron violencia familiar, tan solo en el último año, de acuerdo con reportes del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), pues, para ella, solo tenía una relación deteriorada con su pareja, y creía que juntos podrían componer.

"Uno de los cuchillos de cocina que yo había comprado"

La relación terminó el día que -durante una pelea- el esposo de Maru la dejó en casa de sus papás, junto con su hijo y sus maletas. Llevaban solo 15 días viviendo juntos en un cuarto con muebles prestados, pero la pelea fue suficiente para separarse.
Tras el incidente, Maru buscó ayuda. Tenía la oportunidad de conseguir el divorcio que había querido desde hace mucho. Su mamá y su papá la apoyaron para contratar una abogada y comenzar legalmente el proceso de separación y custodia; mientras, los mensajes de su expareja continuaban llegando, hasta que lo bloqueó. Entonces percibió que vivía violencia.
Maru recuerda que no tuvieron comunicación hasta aquel 24 de noviembre, mientras se acomoda un poco en el sillón, por el dolor en la espalda. Muestra cómo la mano derecha no la puede cerrar, pues una de las puñaladas le dio cerca de la médula espinal, por lo que perdió movimiento.
Sus ojos se llenan por ratos de melancolía; en otros, de rabia contenida que ahuyenta rápidamente y se recompone para fingir comer la galleta que su hijo le ofrece jugando.
Fue por su hijo, asegura, que permaneció durante mucho tiempo con Antonio, pues creía que era lo mejor. Ahora está convencida que no era así.
"Ese día estaba yo trabajando […] Vino mi jefe a comentarme que me buscaban en la entrada de mi trabajo. Normalmente nadie va a mi trabajo a buscarme, solamente si sucede algo con mi hijo. Pensé que era una emergencia y salí. Al llegar a la entrada lo vi a él y me asusté", cuenta.
Su expareja le pidió hablar lejos de su trabajo, pero ella accedió hacerlo solamente frente al lugar, en la banqueta, donde hablaron sobre la custodia de su hijo, las convivencias y un posible convenio al que Maru se negó.
"Se molestó, y cuando vi esa reacción en él, le dije que ya no teníamos nada de qué hablar […] Me di la media vuelta y fue cuando él me jaló del brazo. Me jaló hacia él por la espalda y me comenzó a acuchillar. Me giró hacia su derecha y comenzó a hacerme la herida del cuello", recuerda, mostrando el corte cocido en la barbilla que es visible por la reconstrucción de la faringe que le tuvieron que realizar los doctores.
En ese momento, sus compañeros salieron y evitaron que el ataque continuara.
"No sabía con qué me había herido. Sentí toques eléctricos todo ese tiempo, hasta que mi jefe pisó su mano para que soltara el arma con la que me estaba lastimando. Me di cuenta que era uno de los cuchillos de cocina que yo había comprado", detalla antes de suspirar para recomponerse, como con la fuerza de voluntad que tuvo y que la ayudó a llegar viva en una batea de camioneta a la Cruz Roja y soportar una intervención quirúrgica que requirió de 10 médicos en un quirófano.
Eso le evitó ser una más de las víctimas mortales de feminicidio, que en Veracruz, de acuerdo con el proyecto Asesinatos de Mujeres y Niñas por Razón de Género, de la Universidad Veracruzana, ocurrieron 177 en el 2017, a los que se suman 84 homicidios de mujeres.

No siempre fue un cuento de horror
Maru y Antonio se conocieron en el Instituto Tecnológico de Veracruz. Eran estudiantes de carreras similares por las que coincidían en pasillos de ese centro educativo.
Compartían algunos gustos en común, como videojuegos y cómics. El tiempo que pasaban juntos y un amor veinteañero hicieron lo suyo para que comenzaran una relación que más tarde los llevó a casarse, vivir juntos en casas de sus padres y tener un hijo.
Su relación era, a simple vista, como cualquier otra, y como en cualquier otra, pensaba, había problemas, pero en realidad era violencia: "Uno de los principales problemas que teníamos es que el dinero no alcanzaba y él no quería trabajar […] Mi universidad me la pasé vendiendo dulces para poder tener dinero para cualquier cosa que necesitaba mi hijo y, mientras me iba a la escuela, él a veces se quedaba durmiendo hasta medio día", dice, al recordar tres años atrás.
Como en otros casos, cuenta Maru, la familia y amigos fueron los primeros en reconocer esa violencia. Se lo dijeron, pero ella no lo creyó. Algunas amistades se alejaron y otros, como sus papás, le insistían en señalar que las cosas no estaban bien.
Eso pasó un día cuando se fueron juntos a la escuela en bicicleta, pero ella pasó antes con su abuela para arreglar asuntos de la guardería del niño. Cuando salió, ya no estaba Antonio, ni las mochilas que traían sus útiles escolares y los dulces que vendía ni su dinero, por lo que se quedó sola, sin poder moverse. "Era algo tan cotidiano que ya lo sentía normal", sentencia.
"En una ocasión, uno de sus amigos -enfrente de él- me dijo que yo no valía nada, que yo no servía para nada, ni para estudiar ni para trabajar ni para ser madre ni para ser esposa, y yo le reclamé a él que cómo permitía que sus amigos me insultaran así, y él me comentó: 'Pues es que es la verdad. De hecho, él lo dijo porque yo siempre lo he dicho'," recuerda.

Del amor al miedo

Lo que ella creía que era amor, le bastaron unos años para convertirse en temor. La separación no era viable. Aunque la deseaba, Maru temía que eso implicara quedarse sin su hijo.
El niño, explica, tiene alergias y un problema en las rodillas, por lo que no podía ni remotamente pensar que se quedara solo con su papá, quien en algunos momentos optó por jugar videojuegos, antes que darle de desayunar.
"Tenía mucho miedo, mucho miedo, porque me daba cuenta que la mamá de él tiene muchas amistades, muchas amistades, y me he dado cuenta que parte de lo que me dijo es cierto: que este es un país muy corrupto", afirma.
Las amenazas de violencia de su esposo para obtener la custodia, se mezclaban con los intentos de recomponer una relación y tener esa familia ideal en la que su hijo creciera al lado de su madre y padre.
"Un amigo me contó que me iban a poner un cuatro: que su amigo iba a decir que cuando yo salía de mi trabajo me iba con hombres y [que] mi esposo tenía pensado decir que no atendía a mi hijo, que -de hecho- tengo muy mala relación con mi hijo […] Otro amigo me mandó una captura de pantalla de las conversaciones que tenían. Hablan sobre hacerme photoshop y tener imágenes mías donde apareciera desnuda […] para hacerme quedar mal", narra.
El miedo no termina. Antonio está preso, pero Maru teme que quede en libertad a causa de algún recoveco legal. Ese día del ataque, cuando estaba por ser detenido y ella sostenía su cuello intentando parar la hemorragia, él prometió volver a terminar lo que había comenzado: asesinarla.
"Temo que intente terminar lo que empezó y que intente quitarme a mi hijo", advierte, mientras baja la voz, cansada de los recuerdos y agotada por hablar, pues la lengua le quedó dañada tras el ataque.
"A veces se agrede tanto a una mujer, que ya no nota una cuando la están agrediendo", lamenta. Durante la conversación, uno de sus amigos vigila al hijo de Maru y a su hija que llevó para jugar; otro intenta darle ánimos.
Ahora, asegura, quiere superarlo, recuperarse físicamente, darle apoyo a su hijo para el momento en que se entere de todo. Quiere hacer aquello que en algún momento su pareja le dijo que nunca podría.
"Quiero cerrar este ciclo de mi vida. Espero que sea dentro de muy poco […] Deseo lograr todo aquello que en algún momento él me dijo que jamás podría hacer. En su momento, me dijo que una mujer como yo no sirve para manejar, no sirve para hablar más de dos idiomas, no sirve para muchas cosas. Y eso es lo que quiero hacer. Quiero demostrarme a mí misma que sí puedo", sostiene esta joven de 24 años, segura, decidida, dispuesta a sobrevivir a los recuerdos.

México: Tres niñas, niños y adolescentes asesinados a diario
Por Olga Rosario Avendaño
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México, enero (SEMlac).- El sexenio del presidente de México, Enrique Peña Nieto, ha sido el más crítico en cuanto a feminicidios, homicidios y desaparición en contra de la niñez y adolescencia, afirmó el director ejecutivo de la Red por la Derechos de la Infancia en México (REDIM), Juan Martín Pérez García.


Explicó que las estadísticas de homicidios muestran que durante la presente administración (2013-2016) diariamente tres niñas, niños y adolescentes son asesinados.


En conferencia de prensa, dijo que en los dos últimos períodos de gobierno, más de una tercera parte de las defunciones han ocurrido en tres entidades: Estado de México, Guerrero y Chihuahua.


De acuerdo con las estadísticas de la organización civil, del total de desapariciones en México, una de cada cinco corresponde a algún niño, niña o adolescente, mientras que del total de las desapariciones siete de cada 10 han ocurrido durante el gobierno de Peña Nieto.


Pérez García enfatizó que 2016 ha sido un año históricamente trágico en cuestión de desapariciones de niñas, niños y adolescentes, pues se registran mil 431 casos, casi una cuarta parte, un 23,5 por ciento, del total de desapariciones registradas en el Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED) ocurrieron en 2016.


También en el 2016 ocurrieron en promedio cuatro desapariciones de niñas, niños y adolescentes al día.


Explicó que las niñas, niños y adolescentes corren más riesgo de ser desaparecidos si se encuentran entre los 13 y 17 años; ocho de cada 10 niñas y jóvenes reportadas como desaparecidas se encontraban en ese rango de edad, en hombres, esta proporción es de siete de cada 10.

EDOMEX peligroso para la niñez y adolescencia


El director Ejecutivo de REDIM explicó que el Estado de México es la entidad que registra mayor número de desapariciones en el país, una de cada cuatro personas desaparecidas ocurren en esta entidad. A julio de 2017 se registran 1.498 casos de desapariciones de niñas, niños y adolescentes en el Estado de México; le sigue el estado de Puebla con 647 registros, Tamaulipas con 572 casos y Nuevo León con 424.


En el caso de las desapariciones de niñas y adolescentes mujeres, el Estado de México y Colima encabezan la lista de entidades con mayores casos de desapariciones, 15 desapariciones por cada 100.000 niñas y adolescentes entre cero y 17 años; seguidas de Puebla 13,8 y Sinaloa 12,5 respecto a la misma proporción de población.

México: Lanzan informe Violencia Feminicida 1985-2016
Por Gabriela Ramírez
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México, diciembre (SEMlac).- México registró en los últimos 32 años 52.210 muertes de mujeres en las que se presumió homicidio y 15.535 de ellas ocurrieron en los últimos seis años, es decir, 29,8 por ciento.
La cifra más baja corresponde a 2007, con 1.089 casos y la más alta se registró 2012, con 2.769.
Así lo señala el informe Violencia Feminicida en México, Aproximaciones y Tendencias 1985-2016, realizado por la Secretaría de Gobernación, el Instituto Nacional de las Mujeres y ONU Mujeres, y según el cual la tasa de feminicidios en el país ha aumentado ya que actualmente 7,5 mujeres son asesinadas diariamente.
La índice de homicidios de mujeres se redujo en el año de 2007 casi a la mitad respecto a 1985, pero entre 2007 y 2012 hubo un repunte de 138 por ciento; es decir, no solamente se perdió el avance que se había alcanzado en los 23 años anteriores, sino que, además, se llegó a niveles nunca antes registrados.
Las entidades que registran las tasas más altas de homicidios por cada 100.000 mujeres en 2016 son Colima, Guerrero y Zacatecas. El municipio de Acapulco de Juárez, Guerrero, ocupó el primer lugar en 2016, con 107 de homicidios de mujeres que representó 3,9 por ciento del total nacional.
De acuerdo con el informe, de 2012 a 2016 se redujeron los asesinatos de niñas menores de 15 años, y hubo un aumento notable en asesinatos de las mujeres adultas, entre los 20 y los 40 años de edad, lo que coincide con la etapa reproductiva.
Las armas de fuego comenzaron a ser usadas más frecuentemente para asesinar mujeres desde 2004, cuando representaban 29 por ciento del total, para volverse el medio más utilizado, alcanzando 54 por ciento en 2010.
Se reporta que es cada vez más frecuente el uso de medios brutales para asesinar a las mujeres: en los últimos cinco años los objetos cortantes se usaron 1,3 veces más en los homicidios de mujeres que de hombres.
Asimismo, se recurre tres veces más al ahorcamiento, estrangulamiento, sofocación, ahogamiento e inmersión, y el uso de sustancias y fuego es el doble que en el caso de los hombres.
Los feminicidios ocurridos en el hogar muestran una tendencia al alza, hasta alcanzar un máximo de 47 por ciento en 2004. A partir de ese año, se redujeron hasta llegar a 25 por ciento en 2011, pero volvieron a aumentar hasta alcanzar un tercio en 2014 y 34 por ciento en 2015.
Las agresiones en la vía pública tuvieron una tendencia descendente hasta 2004; sin embargo, en 2004 aumentó, lo cual probablemente se relacione con el incremento en las actividades del crimen organizado, pues a partir de entonces se incrementa su porcentaje, al alcanzar 49 por ciento en 2012, y aumenta a 41 en 2016.
Las tasas de homicidios perpetradas en la vivienda han tenido muy pocos cambios, pero se registró el mayor número casos en 2004. Lo que llama la atención, de acuerdo con este informe, es que hubo un aumento en las tasas de asesinatos en las adultas mayores, después de los 70 años de edad.

México: Mala urbanización agrava violencia contra mujeres en Tlalpan

Por Gloria Analco

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México, diciembre (SEMlac).- Son mujeres que permanecen sólidas e inquebrantables, que además quieren ser bien tratadas y estar protegidas contra las incertidumbres que les plantean los problemas urbanísticos.

 

Realizan un trabajo comunitario que va en aumento, y poco a poco ganan en intensidad, progresivamente vencen temores y proyectan cada vez más donaire: son mujeres de Tlalpan, una delegación que enfrenta graves problemas que ya están colapsando.

 

SemMéxico habló con ellas, con esas mujeres que permanecen fieles a defender sus derechos y a hacer frente al rezago y riesgos que son muy altos en esta demarcación de la Ciudad de México, para mejorar el presente y futuro de ellas y de sus familias.

 

Pertenecen a la Red de Mujeres contra la violencia hacia las mujeres de los Pueblos de Tlalpan, y en los últimos tiempos han recibido talleres, cursos y conferencias que les ha permitido tener conciencia sobre sus derechos.

 

Actúan como Pensadoras Urbanas, que desde esa perspectiva, nacida con la iniciativa de ONU-Hábitat, se dedican ahora a abordar los desafíos de la urbanización en su hábitat, con un enfoque de igualdad de género.

 

Están muy preocupadas por los niveles de injusticia y violencia que se manifiesta en violaciones y maltrato a las mujeres, así como por el crecimiento de la delincuencia, pero también por la falta de respuesta de las autoridades para atender el narcomenudeo, la falta de transporte, escasez de agua, falta de drenaje, mala atención médica, inundaciones, zonas insalubres, mantenimiento de obras públicas, etc.

 

“Ignorar nuestros derechos no nos ha llevado a ninguna parte, ahora que los conocemos notamos más todo lo que está mal. En el pueblo hay muchos problemas: socavones, falta de asfalto y muchos peligros para las mujeres, pero nos hemos convertido en ‘cuchillito de palo’”, nos dice María Inés Romero Avilés, del Pedregal de Santa Úrsula Xitla, uno de los pueblos de la extensa delegación.

 

Tlalpan es la delegación con la mayor superficie de la capital, con 310 kilómetros cuadrados, una población superior a los 600 mil habitantes, está dividida en cinco zonas y las áreas urbanizadas representan sólo alrededor del 15 por ciento del municipio, pues el resto pertenece a áreas de conservación o tierras comunales ejidales.

 

La poca urbanización representa muchos peligros para su población, a lo cual las mujeres de la Red contra la violencia están ahora decididas a aplicar las fórmulas aprendidas al amparo de la ONU y del aprendizaje feminista, y quieren seguir adelante para olvidarse del pasado y convertir su futuro en una tierra de promisión.

 

En su calidad también de integrantes del Campus de Pensadoras Urbanas en Tlalpan, acaban de participar, los pasados días 8 y 9 de noviembre, en el Segundo Encuentro Internacional del Campus Binacional de Pensadoras Urbanas México, que se celebró en la Cámara de Diputados.

 

Ahí les acabó de quedar claro que sin el ejercicio real de los derechos humanos no puede existir un desarrollo igualitario, justo e incluyente, y que tampoco habrá paz ni cohesión social, ni acceso de las mujeres a una vida libre de violencia si ellas no toman la iniciativa.

 

Rosa María Rodríguez, de la colonia Pedregal de San Nicolás, perteneciente a la Primera Sección, es promotora de la Coordinación Territorial, y ella está ahora más dedicada a atender a grupos de mujeres que padecen violencia.

 

“Me siento muy a gusto con esa tarea, y debo decir que no todas las mujeres aceptan recibir información y no todas muestran interés para adquirir algún compromiso que las aparte de su mala situación”, nos cuenta.

 

Reconoce que las mujeres en ese lugar sufren de mucha violencia, donde la policía no va, como si estuviera huyendo de los numerosos asaltos, muertes, violaciones, secuestros, narcomenudeo y la existencia de bandas que pululan en esa zona.

 

También ahí se ha presentado el monopolio de algunos comerciantes que han ocupado amplios espacios, obstruyendo las vías públicas, sin que se sienta la mano de la autoridad.

 

“Por el momento, hay promesas de que se intervendrá pero nada concreto se ha producido”, agrega.

 

A su vez, Patricia Segura Gallegos, coordinadora del Comité Ciudadano en el Pedregal, Segunda Sección, es organizadora de las festividades que se organizan ahí, tarea para la cual se requieren más apoyos de la Delegación.

 

Ella habló de los numerosos “puntos rojos” en su demarcación, que además de los antes mencionados habría que agregar los baches, donde no hace mucho una persona de la tercera edad cayó en uno de ellos lastimándose seriamente.

 

Segura Gallegos afirmó que la Red de Mujeres de Tlalpan lleva el conocimiento de sus derechos a muchas mujeres, pero no todas se suman porque sus maridos no se los permiten, aunque hay otras que se arman de valor y toman la determinación de empoderarse.

 

Mencionó la existencia de muchos arbustos donde se esconden los delincuentes y cometen muchas fechorías, entre ellas, la más grave: raptar a muchas mujeres entre 14 y 18 años.

 

“Falta prevención del delito”, en su opinión, y considera que las autoridades deben prestar mucha atención a los asuntos en los que existe un clamor por parte de las y los ciudadanos para ser resueltos.

 

Por su parte, Eva Pérez Gómez, también del Pedregal, trabaja con mujeres que sufren violencia, con quienes ella establece el primer contacto, algunas padecen más de un tipo de violencia, entre psicológica, física o emocional, las cuales luego son canalizadas a institutos como el Inmujeres y del UNAVI, con representación en Tlalpan.

 

“Los casos más graves son del abuso sexual a menores de edad, aunque no son los más numerosos, se les da cobertura por parte de la Delegación, se les mide su grado de vulnerabilidad, y también vemos casos de adultos mayores que son amenazadas por hijos y maridos que las despojan de sus bienes, y entonces se echa mano del Instituto de Atención al Adulto (IAAM)”.

 

También muchas mujeres están demandando la pensión alimenticia que no se da de manera automática al cumplir los 68 años, sino en ocasiones tarda en ser entregada hasta por más de tres años.

Pérez Gómez propuso cambiar el enfoque de la violencia, por medio de políticas públicas que coadyuven al cambio cultural desde la información y que desde la niñez se conozca el derecho de la igualdad entre niñas y niños.

 

Selene Esquivel, quien trabaja en tres pueblos de Tlalpan -Chimalcoyotl, San Pedro Mártir y San Andrés Totoltepec-, dijo que en su tarea las integrantes de la Red llevan metodología durante sus recorridos, con lo cual pueden detectar los puntos rojos de violencia hacia las mujeres, sobre todo en veredas que por su conformación facilitan el delito y donde no hay pavimentación, luminarias o transporte, y es donde por lo regular se producen las violaciones.

 

Señaló que los talleres que se imparten permiten ampliar la perspectiva para elaborar medidas de prevención de riesgos y desastres, y proponer a las autoridades su intervención para su inmediata solución.

 

Esquivel dijo que en San Andrés no hay drenaje, sino fosa séptica, y padecen inundaciones con pestilencia por la falta de mantenimiento, especialmente en un puente subterráneo que fue construido hace más de 30 años, donde se filtra mucha agua y la gente tiene que atravesarlo con todos los riesgos que eso implica.

 

María Dolores Arana, promotora de la Red de Mujeres, quien se ha integrado al grupo apenas hace dos meses, realiza labor en la calle también con el fin de detectar problemas para luego elaborar medidas de prevención y protección cívica que deben aplicar las autoridades.

 

Por último, hizo uso de la palabra Cecilia Castro, del Centro de Investigación y Estudios para el Desarrollo y la Igualdad Social (CIEDIS), quien recalcó que hay mucha resistencia en los pueblos de Tlalpan al cambio, pero que las mujeres de la Red están decididas a contribuir a la construcción de una ciudad que tenga derechos, donde se vinculen las autoridades a esos propósitos para un ejercicio real de los derechos humanos.

 

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